Remesas a Cuba.

Hoy, temprano en la mañana, vi en un periódico de Miami, una caricatura sobre las remesas de los cubanos a sus familiares en Cuba. Un tema difícil, que molesta a algunos, hiere a otros y al final, interesa a todos.

Ante todo, el envío de remesas a su país de origen, no lo inventamos los cubanos, tampoco es privilegio absoluto nuestro. Todos los inmigrantes, envían remesas a su país de origen y en muchos casos, en sumas más altas a las que enviamos nosotros.

A la hora de enviar dinero y ayuda a familiares en Cuba, pensamos en ellos, en los lazos que nos unen, en las dificultades que enfrentan día a día. Nadie, tendría la fuerza suficiente para obligarme a dejar de ayudar a mi madre de 84 años. Estar lejos, dejar de compartir la vida, provoca un dolor que no se disminuye con remesas, nada material sustituye a un ser querido lejano. Al menos saber que nuestros familiares escapan a escaseces y racionalizaciones, da fuerzas para continuar luchando y enfrentando la vida.

Intentar prohibirlas, disminuirlas, burlarse de los que cada mes, separamos una parte para nuestros familiares en Cuba, es una sin razón absurda. Es, al final, algo muy fácil para los que no tienen familiares allá o simplemente se olvidaron de ellos y no les importa si comen o no, si están enfermos o sanos. Se historias terribles de hijos que olvidaron para siempre a padres y hermanos, no se como pueden andar por la vida, sonreír, con carga tan pesada en sus almas.

Los que siguen mi blog, saben la historia de Marta, la muchacha con cáncer que vive en un solar habanero. Cada vez que podemos, convocados por mi escrito y conmovidos por su historia, un grupo de amigos, cada vez mayor, le enviamos algún dinero. En un correo electrónico que me envío, me daba las gracias, me contaba como en sus noches de dolor y lagrimas, pensar en todos los que la ayudábamos, le daba fuerzas; sin ustedes, todo habría sido más difícil, me dijo. Ayudarla, nos hizo mejores seres humanos, conocerla, nos dio una lección de vida.

Ayudar a los que dejamos atrás, es algo intrínseco a nuestra condición humana, a nuestro ser cubano. Cuando vivíamos allá y sabíamos de alguna necesidad, compartíamos lo poco que teníamos con amigos y familiares, un poco de azúcar, sal o café. El cubano, es solidario por naturaleza, no abandonamos a amigos en desgracia.

No, no me pidan nunca que deje de ayudar a mis familiares en Cuba. No me lo perdonarían ni en el infierno, hasta el propio diablo, si existe, me miraría con desprecio.

No dudo del efecto de las remesas en la economía cubana en general. Un efecto secundario que no podemos evitar; toda medicina lo tiene. Invocarlo, no es razón suficiente para burlarse de remesas o estar en su contra. No hacemos como otros inmigrantes que envían altas sumas, saben que algún día regresaran e invierten en su país. Nosotros, solo enviamos lo necesario para paliar dificultades, no son limosnas como un día me dijo alguien en un alarde de desprecio a familias y vínculos afectivos. Nuestras remesas, son expresión de amor, agradecimiento, apuestas por la vida, deseos de, al final, ser mejores seres humanos.

Apostamos por la vida, el amor, el vínculo entre familias. Ayudar a alguien en general, dibujar una sonrisa en un rostro, escuchar un gracias que nace del corazón, recompensa sacrificios y lejanías, ustedes y yo, lo sabemos.

Advertisements

Una niña atrapada en el espacio.

Un amigo me hablo de ella, tiene solo 12 años. Es una de los tantos niños que viven en La Habana, que sufren limitaciones y escaceses. La vida, sin querer, sumo una limitacion mas; una complicacion en algo que pudo ser sencillo, obligo a los medicos a amputarle parte de una pierna. Sus ojos tristes no se resignan a verse asi. A veces toda la tristeza del mundo puede encontrar albergue en una niña. Cuando alguien la mira, trata de esconderse detras de ella misma, de pasar inadvertida.

Mira a los niños correr despreocupados y sus ojos se humedecen. No le gusta hablar de eso, quisiera ser invisible y poderse mover en el viento, escapar a miradas y ataduras. Mira al cielo y pide el milagro de tener alas.

Hasta ahora, pudo mal adaptarse a una protesis, de no muy buena calidad, que al menos le permitia moverse sin utilizar muletas ni sillas de ruedas. Dice que preferiria no salir de la casa, renunciar para siempre a ver el sol y La Habana, si tuviera que hacerlo en silla de ruedas.

Me contaron que un problema con la pieza de la protesis que ajusta con su pierna, le impide usarla ahora. La niña, se niega a ir a la escuela, no quiere que la vean asi, se abraza a la tristeza y se esconde del sol. Se refugia en las sombras para esconder su tristeza. Su padre, busco desesperadamente, en todos los sitios la respuesta fue igual; no tenemos, no hay en los almacenes. Familiares de mi amigo, al saber de la niña, le escribieron, le dieron los datos de la pieza; trata de conseguirla, le dijeron. Mi amigo hizo el intento, pero el alto precio de la pieza le impidio comprarla. Una amiga peruana, cuando supo la historia de la niña, le pidio los datos, llamo a su hija en Peru. Ahora esperamos que ella pueda conseguirla y el precio no sea muy alto. Otra amiga cubana, se ofrecio a hacer gestiones a ver si aqui, en Miami, podia conseguirse mas barata. Varios amigos nos hemos unido en el intento de dibujar una sonrisa en el rostro de Yoanet. Todos los que hemos conocido la historia, hemos tenido que desatar nudos en la garganta, sobreponernos a la angustia y a la impotencia, para unir esfuerzos y alientos. Cuando encontremos una opcion mas facil de costear, uniremos voluntades y esfuerzos. Yoanet, regresara a la escuela, nosotros, haremos el milagro!

Tal vez La Habana, en un gesto supremo de comunicacion, me hizo llegar la historia de Yoanet, sabe que despues de conocerla, no podria voltear el rostro, abandonarla. Mi ciudad, fue hasta su casa, trato de hacerla volver a la escuela, pero no pudo, no se dio por vencida, busco aliados, la quiere de nuevo en sus calles. Toco puertas, llego a amigos comunes, unidos todos, devolveremos el andar y la sonrisa a una niña atrapada en el espacio. Unos amigos desconocidos, seran las alas que con tanta fe pidio al cielo!