¡Es primavera!

Es primavera y tú no estas, tal vez ni existes, para compartir versos y flores. No hay una mano que me extienda girasoles, ni besos que me animen al camino, pero sabes, es primavera y me regalo flores en tu ausencia. Estreno aromas y suspiros.

Es primavera anuncian en la tele y muchos le dan la bienvenida. Es primavera gritan y en sus almas, un eterno invierno los habita.

¡Mamá es primavera! Grito con la esperanza que me escuche. Ella sonríe desde La Habana, siempre lo es cuando tú y yo estamos juntos, susurra a mis oídos. No me anuncies estaciones hijo mío, dime solo el día del regreso. Ese día tendremos flores y sinsontes; estrenaremos primaveras los dos juntos, burlandonos de anuncios y reclamos.

Es primavera en el arbol del patio, en la sonrisa del niño, en el azul del cielo. Es primavera y alguien entierra a sus muertos y añora el olvido del invierno. El naranjo se muere de vergüenzas, alguien usa su color y lo degrada.

Es primavera, los jóvenes lo saben y marchan a su encuentro, sin miedos, sin tropiezos. Reclamos y discursos, palabras como puños, acciones, aseguran eternas primaveras; dibujan enormes girasoles, apuntando al futuro y libertades.

Es primavera mi amor ausente y no te necesito. Mamá me espera, los jóvenes me alientan y flores de sueños y esperanzas se bastan; estallan anunciando eternas primaveras.

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La lluvia necesaria.

Hombre bajo la lluvia, fotografia tomada de Google.
Llueve en Miami y en La Habana, lluvia intensa, prolongada, fresca, necesaria diría yo. Cae la lluvia con ganas, limpia calles, autos, arrastra suciedades, polvos, fangos.
Después de la lluvia las ciudades resplandecen, baño celestial que las despoja de basuras acumuladas. El agua en torrentes cae sobre la ciudad, muchos esperan que escampe para comenzar su domingo. La ciudad y nosotros, somos como amigos, esperando que su baño termine para salir juntos.

Mirando la lluvia, ver el agua correr arrastrando basuras, limpiando todo a su paso, dan ganas de pedir lluvias personales. Bañarnos todos, aunque sea una vez al año, en un tremendo y esperado aguacero. Desnudarnos y dejar que la lluvia se lleve lo malo, lo que sobra, los desechos.
Abrir los brazos y el alma. Mientras dejamos al agua hacer su trabajo de limpieza anual. Renovarnos el alma y la piel. Estrenarnos después de la lluvia. Una lluvia así, seria necesaria, imprescindible, casi invocada. Dejarla llevarse odios sin sentido, rencores, malos recuerdos, sueños rotos, miedos, que nos deje la esperanza reluciente, brillante, hermosa. Que renueve y pula nuestros sueños y ganas. Una lluvia así seria bienvenida por todos.

Pidiendo lluvias, se me antoja pedir lluvias para países y gobiernos. Que se abran las puertas y ventanas de cada país, que se abran las puertas y ventanas de cada casa de gobierno, de cada palacio presidencial. Que una lluvia torrencial imparable, incontenible y tenaz, se lleve funcionarios corruptos, oportunistas, dictadores indeseados, leyes absurdas, partidos obsoletos. Una lluvia que dure días, que limpie cada país y gobierno de prohibiciones absurdas, que desate voces y libertades. Un aguacero que se lleve el miedo de los pueblos a reclamar sus derechos, que desate las ansias y las ganas de un futuro mejor para cada pueblo y cada hombre. Un torrente de agua que nos ponga a todos de pie, que una nuestras manos en un reclamo mundial, que borre fronteras, diferencias. Una lluvia impredecible que escape a pronósticos, no quiero gobiernos con gigantescos paraguas y carteles prohibiendo salidas a la calle, ordenando a todos permanecer bajo techo. Lluvia inesperada, sorpresiva que moje y destruya títulos y decretos, que borre leyes totalitarias e impopulares, que imponga libertades y derechos. Señor, concédenos la lluvia necesaria, no demores.

Fotografia tomada de Google.

Yusimì, la vigilante.

vigilante, foto tomada de yo extraño a Cuba y tu.
Desde los primeros días de nacida, cuando abrió los ojos al mundo, observaba todo detenidamente. Sus grandes ojos parecían hechos especialmente para captar hasta el mas mínimo detalle de todo lo que ocurría a su alrededor. Miraba fijamente, nada escapaba a sus enormes ojos, que parecían traspasar paredes y almas.

Creció, comenzó a hablar muy pronto, fue una niña precoz, tal vez demasiado precoz. Aprendió solita a leer y a escribir, cuando lo logro, se sintió feliz, muy feliz. Empezó a coleccionar libretas y lápices, sabía usarlos muy bien. Se acostumbro a escribir en esas libretas que coleccionaba, todo lo que veía y escuchaba durante el día. En su cuarto se amontonaban libretas repletas de todo lo que Yusimì pensaba que un día seria importante recordar.

Un día, su mamá conversando con una vecina le dijo.
– Yo creo que esa vocación por vigilar y saberlo todo, la heredo de su padre. Ese hombre, en su obsesión por vigilar, y poder informarlo todo, dejo de dormir por las noches y recorría las calles de madrugada. Se acercaba a las casas y trataba de escuchar algo. Recuerdo una vez que discutimos por eso y me respondió.

– A veces, las personas hablan dormidas, toda información es valiosa y debe recogerse, archivarse, lista para ser usada en el momento oportuno. Un informe no esta completo mientras la persona siga viviendo, decía muy serio, en esos escasos minutos que dejaba de vigilar o apuntar alguna información.

Yusimì, fue concebida durante unas vacaciones obligatorias que su padre tuvo que tomar a instancias de su jefe. Encerrado en su casa, aislado del mundo, sin tener a quien vigilar, decidió hacer el amor con su esposa. Así vino al mundo Yusimì, la vigilante, como la conocían todos en el barrio.

Siempre fue una alumna aventajada, era rápida tomando notas y memorizando cifras y datos. Un día una amiguita del aula le pregunto como se las arreglaba para tener siempre tan buenas notas, ser la mejor en la clase, la respuesta de Yusimì la dejo boquiabierta.
– Muy sencillo, no la atiendo, la vigilo durante la clase, así nada se me escapa y logro memorizar todo.

Cuando su padre fue obligado a retirarse de su oficio de vigilante mayor por un Alzheimer prematuro, Yusimì, por derecho propio, ocupó su lugar. Nadie mejor que ella, fue la única propuesta en la reunión de vigilantes. Su nombre fue el único en la boleta. Yusimì, estaba radiante, inmensamente feliz. Temblorosa recibió los prismáticos de manos del vigilante en jefe. Prometió cumplir y no defraudar la confianza depositada en ella.

Al terminar la asamblea de vigilantes y regresar a su barrio, todos la miraron recelosamente, con temor. Las vecinas cerraban las ventanas de la cocina al cocinar, aprendieron a freír bistecs, cuando los conseguían, sin que nadie sintiera el olor. A la hora de comer, se cerraban puertas y ventanas. La vida en el barrio, cambio para siempre.

Yusimì, sentada en portal de la casa, estrenando sus prismáticos, trataba de no perder detalle de la vida del barrio. Una mañana, le asombro el silencio reinante.
– Mamá, y este silencio, no se escucha una voz, esto me aburre.
– Ay mi hijita, los vecinos han aprendido a hablar por señas, tienen miedo que un informe tuyo pueda perjudicarlos. ¡Es lo único que nos faltaba, un barrio en silencio por el miedo a un informe!

Yusimì, se disgustó mucho, los vecinos deberían cooperar y no hacerle mas difícil su trabajo. Llamo a sus superiores y pidió información sobre el lenguaje por señas. Algo grande y terrible traman mis vecinos, dijo a sus superiores. Dos días después, Yusimì, recibía un libro y varios DVDs para aprender el lenguaje de las señas.

Una tarde, su mamá, la obligo a sentarse en el sofá de la sala, de espaldas a la ventana, al mundo exterior.
– Mi hija, ¿Piensas pasarte todo el tiempo vigilando a los demás, pendiente de la vida de todos, olvidándote de vivir la tuya? No me divorcie de tu padre, por ti. Ahora que perdió la razón y pasa el tiempo dibujando barquitos y palmeras en sus viejos informes, me da pena recluirlo en un asilo y lo cuido, pero no lo amo. Esto no es vida mi hija, no sales, no disfrutas, no tienes novio, todo el tiempo vigilando y tomando notas, informando, es una locura. Nadie nos visita, vivimos aisladas, a veces siento ganas de dejarte con tu padre y largarme a un lugar donde no existan vigilantes, ni informes.

– Mamá, esta es mi vida, lo disfruto, ya aprendí el lenguaje de las señas y hasta a leer los labios; soy una vigilante perfecta, ningún detalle se me escapara. No conozco otra vida, ni la deseo.

– Solo pido a Dios que te enamores y ese amor sea más fuerte que tu pasión por la vigilancia y los informes, quiero un nieto, no un informe para estrechar entre mis brazos.

Los vecinos de la casa de enfrente, fueron detenidos por unos días. El informe detallado enviado por Yusimì, provoco que perdieran su casa por alquilar sin permiso a habitantes de otros pueblos. La vigilante mayor estaba orgullosa de su trabajo, recibió felicitaciones y un diploma de reconocimiento. El vigilante en jefe le escribió una carta de su puño y letra, “en estos tiempos difíciles, pocos mantienen su integridad y dedicación en el oficio de vigilar e informar”.

Meses después, en la casa de enfrente se mudo un matrimonio, tenían un hijo de 24 años, solo 2 más que la edad de Yusimì. Yohandry, estudiaba en la Universidad, practicaba varios deportes y le gustaba hacer pesas en el patio de la casa. Una tarde, sentada con sus prismáticos en el portal, Yusimi, descubrió a Yohandry en short, sin camisa haciendo pesas. Se olvido de los vecinos que estaban comprando carne y de Yenisleidy, la que vendía ropa que la hermana le mandaba de un pueblo cercano. Se olvido de informes y vigilancias, se olvido de todo. Solo tenia ojos para Yohandry, paso horas mirándolo con sus prismáticos. Esa noche antes de acostarse, Yusimì, se arreglo el pelo y eligió la ropa que se pondría mañana. Se despertó temprano, desayuno de prisa y prismáticos en mano se puso a vigilar la casa de enfrente. Siguió a Yohandry hasta la Universidad, lo observo toda la mañana, lo vio tomar notas, responder preguntas, conversar en los intermedios entre los turnos de clase. No queria, ni podía apartar sus prismáticos de ese muchacho, pensó que debía ser su labor de vigilante que le hacia intuir alguna pista que no lograba descubrir.

Yusimí, descuidaba su labor de vigilante mayor. Aumentaron las ventas de productos prohibidos en el barrio, la gente se atrevía hasta a cocinar y comer con las ventanas abiertas. Todos se dieron cuenta que la vigilante mayor solo tenia ojos para el muchacho de la casa de enfrente.

Una tarde mientras lo vigilaba, Yusimì, vio a Yohandry, desnudo en su cuarto, se puso muy nerviosa, temblaba. Comprendió de golpe que vigilaba al muchacho porque le gustaba, esa era la razón y no ningún informe ni tarea por cumplir. La imagen de Yohandry desnudo, no se apartaba de su mente, hasta fiebre tuvo y su madre la llevo al medico; le mandaron reposo y mucho liquido, nada mas.

Una tarde de abril, Yusimì y Yohandry se cruzaron en la acera. El la saludo, la invito al portal de su casa, tomaron jugo de naranjas, ella por poco le pregunta el origen de las naranjas fuera de temporada, la fuerza de la costumbre es terrible. Después de tomarse el jugo y hablar de mil cosas, él la invito a ver una película en su cuarto.
– Un amigo me presto su video casetera y varias películas, mañana tengo que devolvérselas, ven vamos a ver una que esta muy buena.

Yusimì, asintió, Yohandry ejercía una fuerza irresistible sobre ella.

En el cuarto, mientras empezaba la película, Yohandry, se quito la camisa.
– No soporto el calor, en cuanto pueda me compro un aire acondicionado o un ventilador aunque sea.
Yusimì, no podía mirar la película, el torso desnudo del muchacho la atraía demasiado. Yohandry no tardo en darse cuenta, terminaron abrazados. La noche los sorprendió desnudos y exhaustos en la cama.
– Debo irme, mi mamá debe estar preocupada, es muy tarde.
Yohandry la beso intensa y apasionadamente.
– No te vas sin jurarme que volverás mañana.
– Sabes que volveré siempre, no se como, ni por qué, pero este es mi lugar; entre tus brazos.

Cuando llego a su casa, su mamá estaba despierta, sentada en su sillón, sonriendo. No hizo preguntas, beso a Yusimì, le dio las buenas noches y se fue a dormir, segura que la fuerza del amor podría más que informes y vigilancias.

En su cuarto, a solas, Yusimi, comenzó a redactar su informe final, un informe en contra de ella misma. Se consideraba indigna del puesto de vigilante mayor, no solo indigna, ya no le interesaba esa posición. Escribió a su jefe; he comprendido que la vida no es vigilar y hacer informes, la vida hay que vivirla, disfrutarla, dejar a los demás vivir a su manera, sin acumular datos y estadísticas, informes y notas. Adjunto a mi carta de renuncia los prismáticos, de ahora en adelante no los necesitare, estaré muy ocupada mirando con mis ojos y con mis manos. Envío la carta y los prismáticos, salio corriendo para casa de Yohandry, se encerraron en su cuarto. Cuentan los vecinos que 9 meses después nacía el hijo de Yusimi y Yohandry. Todos aportaron algo a la celebración sin temores, ni jugando a las escondidas. Su barrio era el único sin vigilantes, ni informes, pero con mucho amor, un barrio que ardía en deseos y esperanzas.

Fotografia tomada de la pagìna, Yo extraño a Cuba! Y tu?

¡Al sur, me esperan!

Paseando por La Habana.

Allá al sur, inquietas y felices, me esperan dos mujeres, dos amores, intercambian miradas, cómplices y pícaras. Compartirme las une, me las funde, se hacen una en amores y recuerdos. Mi amor se multiplica y se engrandece, se hace eterno entre sus brazos y memorias.

Desde el norte, sueño en estar con ellas, alisto maletas y recuerdos, calmo nervios e inquietudes. Vivir lejos de ellas ha sido duro, lo sabemos, pero ha valido la pena, lo agradecen mis sueños y mis letras, mis amigos y mi musa, hasta ellas mismas. Amar en la distancia desgarra el alma y nos curte en el viento del dolor, termina haciéndonos crecer, nos mejoramos.

No se cual de las dos fue la primera en saber de mi llegada y salio corriendo gritando a toda voz; ¡Ya viene pronto! El eco de su grito estremeció ruinas y arrugas, recuerdos e ilusiones. Ambas se maquillan la tristeza, se dibujan sonrisas y alegrías, saben que amo la belleza. Se perfuman de futuro, están de fiesta.

Desde aquí, adivino sus suspiros, sus juegos, su intercambio de colores y de luces. Una me llegara en un instante, será la primera en recibirme, me tomara de la mano y de los sueños, cuidara de mi, por todo el tiempo. Sin celos, me llevara hasta la otra y contemplara orgullosa nuestro abrazo, nuestros besos. Sabe que mi amor es suficiente para tenerlas a ambas en el centro del pecho y la memoria.

Cada mañana, cuentan los días que faltan para vernos. Una sentada en el portal, mientras se mece en su viejo sillón y en sus recuerdos, revive momentos compartidos. Sonríe desde lo hondo de su alma, feliz y plena. Ensaya abrazos, besos y sonrisas. La otra, dueña del sitio exacto donde comienzan mi historia y mis amores, alista plazas, balcones, calles y personajes que me esperan. Sabe que iré a su encuentro, una y otra vez, me regala historias y reencuentros. Se saben el aliento de mi historia y comparten felices lugares y memorias.

Mi Habana, mi madre, ambas se me confunden en la distancia. Caminare por mi ciudad, con mi madre del brazo, andaremos esas calles repletas de historias y esperanzas, nos sentaremos en sus bancos. Nos burlaremos de epidemias y muertes anunciadas, seguro que estar juntos; derrota la muerte y pesadillas. Inventaremos sueños, hablaremos de próximos encuentros. Mi ciudad soplara en mis oídos nuevos temas. Me guiara del brazo de mi madre por esos sitios que anduve hace ya mucho. Me asombrare en cada esquina, estrenaremos carcajadas, vidas, ilusiones. Abrazaremos fantasmas y recuerdos.

En algunos momentos, escribiré apuntes, retendré con palabras cada instante. Cada viaje a La Habana, a los brazos de mi madre, es una fiesta, un paréntesis que abre y cierra la alegría. Saberse amadas, las protege de todo, las sostiene. El amor es una columna, un brazo fuerte, un aliento de vida en la distancia.

Norte o sur, ayer, mañana, aquí o allá, cuando de amar se trata, no pone limites, ni frenos. Seguiremos ellas y yo, sosteniéndonos, amándonos, no importa donde estemos, ni el momento.

Amanecer.

Me despierto, salgo al patio, una vez mas los olores me tienden trampas, me hacen confundir tiempo y espacio; mi patio, acá en Miami, huele exactamente como el de mi casa en La Habana, allá en Playa. Un olor a tierra y sol inunda mis sentidos. Cierro los ojos, me transporto, olvido donde estoy, los olores, pueden ser también, un medio de transporte. Me parece que voy a escuchar a mi madre llamarme; Joseito, el café!

El sol, me acaricia, el mismo sol que entra por la ventana allá en La Habana y despierta a mi madre, nos da los buenos días a ambos. Borra distancias, nos acerca. Entro a la casa, preparo mi café de la mañana. Recuerdo amigos que vienen a menudo a compartirlo, un olor, también puede hacer presente a personas. Evoco el café que me llevan a la cama, allá en mi ciudad, es el mismo olor, pero algo falta a este café para ser perfecto; las manos de mami, dándome la tacita. Este primer café del día, tiene un encanto especial. Algo mágico lo endulza, ¿Será la esperanza de un nuevo y maravilloso día? ¿La certeza que basta proponérmelo, para materializar sueños y anhelos?

Comienzo el día entre olores que revuelven esperanzas y sueños. Olores que borran distancias y disminuyen ausencias. Preparo mi nuevo desayuno, con claras de huevos, frutas y avena, quaker, como decimos nosotros, allá en la Isla y acá. Créanme cada yema de huevo que echo a la basura, me recuerda escaseces. Pienso cuantos serian feliz allá, al sur de la abundancia, con un plato lleno de yemas de huevo. No puedo evitarlo, se incorporó a mis genes la necesidad de ahorrar. Aprendimos, para siempre, a ahorrar y guardarlo todo. Este desperdicio alimentario duele en los recuerdos cada mañana.

Intercambio mensajes de texto con un nuevo y especial amigo, reímos juntos. Reír temprano en la mañana, es como asegurar todas las risas del día, sonreírle a la alegría, invocarla  y asegurarla para el resto del día. Despertar sonriendo, es como sonreírle a la vida, a los sueños, una sonrisa, puede hacer el milagro de hacernos felices.

Vuelvo al patio, tomo otro poco de café, miro al cielo, las nubes dibujan figuras que se me antojan regalos, hechos especialmente para mí. Disfruto este despertar, este comienzo del día. Un amanecer, siempre tiene un encanto especial, no importa donde estemos. Cada salida del sol, es un canto a la vida, a la esperanza.

Me pregunto si la libertad, tiene algún olor característico, si puede sentirse, olerse, mas allá de sentirse y disfrutarse. Recuerdo otros amaneceres, otras mañanas. Todos tenemos despertares especiales, que estarán siempre con nosotros, evocados y presentes, en cada salida del sol. En este regarnos por el mundo, cargamos con ellos, serán parte de un amanecer gigante, que entre todos, vamos amasando y soñando, seguros que tendrá un olor característico, nuestro y libre!

Fotografia tomada de Google.

El hombre desterrado.

Había una vez, un pueblo, aislado del mundo. Recibía muy pocas visitas de los habitantes de los pueblos cercanos. Los que vivían en él, tampoco visitaban a otros pueblos; rígidas leyes, establecidas por el Alcalde del pueblo, lo impedían. El Alcalde, dueño de toda la tierra del pueblo, de la única fabrica que existía y de la única estación de radio, gobernaba al pueblo con mano de hierro, su voluntad, era ley.

El pueblo, se empobrecía cada vez más. Algunos burlaban leyes y se decidían a buscar trabajo en pueblos cercanos, no podían regresar, pero al menos, ayudaban a sus familias.

Un día, un hombre del pueblo, quiso cambiar las cosas. Se enfrentó al Alcalde, quería seguir viviendo en su pueblo, pero que la situación mejorara, cambiar el estado del pueblo. Entre otras cosas, quería abrir otra emisora de radio y un pequeño taller, que diera empleo a unos cuantos. El Alcalde, se enfureció, lo expulsó del pueblo. El hombre de nuestra historia, se convirtió en un desterrado.

Pasaron los años, muchos. El hombre desterrado trabajo duro, muy duro, triunfo, pero seguía extrañando su pueblito y a su familia, en especial a su madre. Los ayudaba, siempre se las arreglaba para mandarles algo, saberlos bien, lo compensaba, en cierta forma, de lejanías y ausencias.

Después de insistir mucho, un día, el hombre desterrado, recibió permiso para visitar por tres días a su familia. Estaba feliz, inmensamente feliz. Compró regalos para toda la familia y para gran parte del pueblo. Reservo pasaje en el viejo camión que hacia el viaje a su pueblo. Muchos, le aconsejaron que no fuera; es una locura, le decían. Los silencio a todos, cuando mirándolos a los ojos les dijo; ustedes, tienen a toda su familia aquí, pero la mía esta allá, tengo que ir a verlos, abrazar a mi madre, aunque sea lo último que haga en la vida!

Llego el tan esperado día, subió sus dos maletas enormes al camión, se subió, se sentó sobre ellas. Con los ojos llenos de lágrimas y esperanzas, hizo el viaje de regreso a su pueblo.

El camión, se detuvo en el centro del pueblo. Cuando el hombre desterrado, se bajo del camión, se acercó un guardia. Con voz tajante y ruda, le pregunto; a que vienes? A ver a mi familia, a abrazar a mi vieja, respondió el desterrado, mirándolo a los ojos. Deja ver tus papeles, tienes permiso? Le pregunto, el desterrado, le mostró los papeles, firmados por el mismísimo Alcalde; esta bien respondió el guardia. Que traes en esas maletas? Regalos para mi familia y mis amigos. Ábrelas, dijo el guardia. El desterrado, abrió sus maletas, el guardia reviso todo. Saco algunas cosas, esto no lo puedes traer, ordenes del Alcalde. El hombre desterrado, se aguanto las ganas que tenia de partirle la cara al guardia prepotente. Ver a su familia, era su mayor objetivo, llevaba años esperándolo.

Llego a su casa, en el portal, envejecida, inclinada por los años, pero  feliz de volverlo a ver, estaba su madre, esperándolo, con los brazos abiertos. Se abrazaron por horas, todos vinieron a ver, con lágrimas en los ojos, el abrazo mas largo, en toda la historia del pueblo. El desterrado y su madre, se abrazaban y besaban entre lágrimas y caricias que llevaban años acumulando.

Los tres días, pasaron volaron, siempre sucede así, cuando somos felices. El hombre desterrado, disfruto ese tiempo con los suyos. Ese regreso a sus raíces, le servia para volver al pueblo donde vivía, renovado y feliz, seguro que su familia y amigos, no eran sólo, voces y recuerdos. La despedida, fue breve; un vuelvo pronto! Quedo flotando en el aire, mientras subía al camión.

A su regreso al pueblo donde vivía, sus nuevos amigos, lo esperaban, al bajarse del viejo y destartalado camión. Lo abrazaron, le dijeron; no volverás mas, nos enteramos como te trato el guardia! El hombre desterrado, sonrío, se enteraron también del abrazo de mi madre, de su sonrisa de felicidad? Volveré, siempre que pueda, mi madre, mi pueblo y yo, lo necesitamos!

El Dia de Reyes!

Reyes_Magos

Un Día de Reyes fue durante algunos años, un suceso especial para nosotros, mis hermanas y yo lo esperábamos ansiosos, con toda la inocencia y alegría de los que ignoran todo y descubren el mundo poco a poco. Un día mi hermana mayor me dijo, casi en un susurro, los reyes son los padres, no podía creerla, insistió. Me lamenté de tanta hierba cortada para camellos y meriendas dejadas para reyes magos inexistentes. Días felices en que esperábamos juguetes y contábamos los días para el 6 de enero, soñábamos y escribíamos cartas, “queridos reyes magos, yo quiero que me traigan…”

Un día, cuando soñar estuvo prohibido, cuando las fantasías fueron desterradas, las pocas dudas que tenía si los reyes eran o no los padres, desaparecieron para siempre. Los juguetes no escaparon a la racionalización, fueron clasificados, asignados. De pronto, yo quiero que me traigan…, fue sustituido por, qué quedara cuando me toque comprar. Nos pasábamos horas frente a la vidriera de la tienda asignada, soñando con juguetes que nunca tendríamos.

Recuerdo una vez que había un violín precioso en la tienda que me tocaba comprar. Nunca he tenido aptitudes musicales, pero me gustaba por hermoso, pase horas imaginándolo mío. El día que nos tocó comprar, entré con mami a la tienda, asignaron un solo violín y se lo llevó uno de los primeros en comprar, tuve que conformarme con un juego de carpintero, que al segundo día, termino abandonado en un rincón. Nunca mas volví a ilusionarme con ningún juguete, no importaba si era básico, no básico o dirigido.

A temprana edad aprendí a sacrificar sueños, aunque nunca dejé de fabricarlos. Podían romperme sueños, no la capacidad de hacerlos, de soñar. Tengo un amigo que deseaba un piano y año tras año se quedaba sin él, hoy con casi 40 años, aún recuerda su decepción repetida, imagina el dolor de sus padres por no poder complacerlo. Tal vez por eso cada vez que esta frente a un piano se le escapa una lagrima, agridulce homenaje a su sueño roto.

Esto de tiendas asignadas, juguetes dirigidos fue el primer golpe que recibió el Día de Reyes, pero no el único. Un día a alguien se le ocurrió, reservar los turnos para comprar los juguetes por teléfonos, manía telefónica en una ciudad con escasos teléfonos y una red vieja y casi inoperante. Se imaginan el caos en La Habana y el estado de nervios de las madres habaneras?

Cuando creíamos que ya nada mas podía hacerse en contra del día de reyes, un día, sin previo aviso fue vaporizado, sublimado, desaparecido si era terrible hacer colas con los padres y resignarse a llevar a casa lo que quedara, fue peor verlo desaparecer para siempre. El día de los niños seria el tercer domingo de Julio, abolidos sueños e ilusiones, que es eso de reyes magos y camellos voladores, vayan todos a hacer colas en el mes de Julio!

Un día, junto con los gatos y los barrigones, los juguetes desaparecieron definitivamente de La Habana. Yo, que me quejé de una infancia con juguetes dirigidos y sueños racionalizados, vi, niños, sin sueños, ni juguetes. Ni siquiera quedaban los gatos para jugar con ellos, habían sido cazados y comidos o habían huido espantados, persiguiendo señales que les indicaban donde esconderse mejor.

Sé que los Reyes Magos, no me defraudaran, llevo años escribiéndoles cartas y diciéndoles, yo quiero que me traigan…Ellos saben muy bien que quiero, que queremos y un día abrirán sus sacos sobre La Habana y en un Día de Reyes sin final, tendremos sueños y esperanzas nuevas inundando la ciudad.