Regalos para mamá!

Cada año al acercarse el día de las madres, muchos pensamos cual será el mejor regalo para mama. En ocasiones recorremos tiendas, buscando algo especial, no importa el precio, nuestro objetivo es deslumbrarla con un regalo. Nos perdemos en la búsqueda de algo material, cuando realmente, el mejor regalo para nuestras madres, somos cada uno de nosotros, nuestro cariño, nuestro contar a diario con ellas. No necesitan mas, solo tenernos. Para toda madre, el mejor regalo es el cariño de sus hijos, mirarse en sus ojos y descubrir en ellos, todo el amor del mundo.

Cuando publique, Regalos de La Habana, una amiga, que el azar y abril hicieron que nuestros caminos se cruzaran, me dijo; De parte tuya ¡Que mejor regalo que la compañía de un hijo! Es cierto, aunque no dejo de llevar maletas cargadas de regalos, se, que para ella, tenerme a su lado es, el mejor y el único regalo que su felicidad necesita. Para cada madre, sus hijos son un regalo, un autoregalo que gestó en su interior y fue modelando día a día, con su esfuerzo y amor.

La profesión de madre, se aprende sobre la marcha, no vinimos al mundo con un libro de indicaciones. Cada madre, tuvo que improvisar, día a día. Guiadas por el amor y su natural inteligencia, dieron, dan siempre, lo mejor de ellas. Dueñas de la magia de curar dolores con besos, penas con caricias, angustias con palabras, son, entre otras cosas, una luz de esperanza en nuestras vidas. Ella, nos guían siempre hacia el bien, allanando el camino, haciendo caminos para nosotros. Como me dijo Mi amiga diferente; las madres, son como un velo, que nos protegen de todo mal.

Yo, propondría cambiar el día de las madres, por, todo el tiempo de las madres. No nos basta un día para homenajearlas, no es suficiente un regalo especial al año o una postal. Termina el segundo domingo de mayo y nos quedamos con las ganas de seguirlas mimando, de seguir regalándoles un día especial. Emigrar, nos da algunos privilegios; cada día que estoy junto a mi madre, se convierte en un día de las madres y así, tenemos 15 o mas días de celebraciones al año. Convertimos cada día juntos, en una fiesta, celebramos todos los días festivos del año, en especial, el día de las madres, que siempre me lleva a su lado, como el mejor y más necesario regalo mutuo. Los días que pasamos juntos, reúnen navidades, día de las madres, cumpleaños, fin de año, en un coctel de fiestas y alegrías, que bebemos sorbo a sorbo y nos dura hasta el próximo encuentro.

Allá, en La Habana, mi madre, junto a otras, detiene el tiempo en su sonrisa, mira fotos, revive recuerdos, acaricia objetos y lugares que conocen de mi. Se inventa un mundo donde no existen ausencias ni lagrimas. Un mundo nuestro, pequeñito y mágico, donde ella y yo, andamos del brazo. Su risa y su voz sin edad, tejen historias y dibujan sueños, nos mantienen unidos. Tiene la rara virtud de convertir el día de las madres en mi día, comenzamos a celebrarlo uno o dos días antes y la celebración, termina con el último beso antes de partir al aeropuerto.

No, realmente mami, no necesita una maleta cargada de regalos. Sus manos se aferran con fuerza a las mías, intentando quedarse,  para siempre, con mi huella en su piel. Tal vez este año, le haga una broma y entre a la casa con una cinta de colores al cuello y un cartel en el pecho que diga, Felicidades, mientras mi sobrino baja las maletas del auto. Imagino su risa inmensa, iluminando la casa.

Ya termine de preparar las maletas para mi próximo viaje a La Habana. En ellas, montones de regalos para mami, cada viaje se convierte en algo paradójico y complejo. El mas importante de todos los regalos, carga las maletas, extiende los brazos en la distancia y grita; espérenme pronto, ya casi nos vemos! Desde La Habana, meciéndose en su sillón, sus ojos brillan, miran a la distancia, pretendiendo adivinarme y sus labios responden; Te espero siempre!

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¡Esperas!

En un lugar, donde nadie espera  nada, todos esperan, sin saberlo, sólo por la costumbre o el vicio de esperar. A veces un acto repetido, se incorpora a la vida, se hace hábito. Cuando no hay otra opción, esperar, da sentido a la vida.

Madres, sentadas en portales, que esperan hijos ausentes. Miran al horizonte, presienten llegadas, su oficio es esperar, con el alma servida de afectos, desencuentros y regresos. Se despiertan y acuestan esperando, mirando fotos que hablan y besan. Esperan con la fe inmensa de quien confía en el milagro del amor. Escuchan timbres, voces, la espera se congela, se espera a si misma.

Amantes, que esperan a otros amantes, amores truncados, terminados a la fuerza, que siguen en la espera. Penélopes, que desconocen la labor de tejer, cocinan, lavan, ponen ladrillos, cortan hierba, sin dejar de esperar, sin saber a quien o que esperan. Esperar, puede convertirse en una obsesión, una idea fija que puede ayudar a levantarse cada mañana.

Muchachos que dicen; estoy cansado de esperar por la hora de irme, para donde sea, pero irme! Estoy cansado de tanta espera. Cada día amanecen con la idea fija que hoy su espera puede terminar. Hoy puede ser el día de terminar una espera y comenzar otras, vivimos así, de espera en espera, por un futuro que no llega.

Ciudad, que reúne esperas, apoya sus codos en el muro de todos, suspira, y espera regresos que no llegan, sueños que no cuajan. A veces, la espera puede ser palpable, maciza, un cuerpo físico. De tanto sumar esperas, un día, la espera, tomo vida propia, es un personaje mas, anda entre nosotros. Se sienta en un muro junto a muchos, alarga su rostro y dice; ya ven, yo también espero, ni yo, puedo escapar a mi suerte.

A  veces, no sabemos que esperamos, lo hacemos por costumbre, estamos enfermos de esperas. Nos miramos reímos, soñamos, hacemos el amor, sin olvidar que esperamos, en una espera larga, interminable y angustiosa. Una espera de años. Una espera de muchos, anula soledades, se hace colectiva.

Las palmas, esperan, las montanas esperan, los ríos y el mar, se unen a la espera. Una espesa niebla, pegajosa, contaminante, obliga a todos a esperar. Cada uno espera a su modo, se suma a la espera colectiva, aportando su propio sueño, su esperar. Allá, donde la espera puede a veces romperse con un grito, una palabra o un abrazo.

Por instantes, estallidos de afectos, conjunción de recuerdos, hacen el milagro de iluminar la espera, de adelantar finales. Un aire de esperanza recorre la ciudad, se olvida la espera y se disfruta el minuto. Después, volvemos a la espera, nos sentamos, nos miramos sin ver y hablamos sin palabras.

Una mañana, tanta espera, será recompensada, arco iris de esperanzas y realidades adornaran un cielo nuevo. Un viento incontenible hará danzar palmas y olas, desbordara ríos. Un rayo de sol disipara neblinas, dibujara sonrisas. Será una mañana de fiestas, de encuentros, de esperas olvidadas y afectos. A partir de ese día, si esperamos, lo haremos con alegría, haciendo, de pie, con sonrisas en el rostro y miradas encontradas, con certezas, sin miedos. Una mañana así, vale la pena esperarla!

Fotografias de Yohandry Leyva. 

Mami, el barrio, recuerdos y yo.

Anduvo todo el barrio, una y mil veces, hizo mandados, colas. Recorrió tiendas buscando lo necesario para la casa, para nosotros. Nunca fue de visitar vecinos, no tenía tiempo para visitas, cocinar para 7 personas, limpiar la casa, tener la ropa de todos lista, le consumían prácticamente, todo el tiempo del día, del año, de su vida.

Recuerdo cuando se arreglaba, para acompañar a mi padre a recepciones en embajadas y a comidas importantes. La mirábamos salir del cuarto, transformada, bella. Los que la saludaban y hasta piropeaban en sus salidas, no podían imaginar que antes de maquillarse y con las uñas pintadas, fregó hasta el ultimo plato, la ultima cazuela. Al regresar, siempre nos traía algo en su cartera, no podía disfrutar la noche, si no compartía aunque fuera un bombón con nosotros.

El tiempo ha pasado, ha visto partir a muchas de las vecinas de años, a todos sus hermanos. Un día, me miro a los ojos, me dijo; sabes tu padre, siempre me decía que yo iba a vivir muchos años, que seria muy longeva. Suma años, amores y afectos, muchos se dejan conquistar, no se resisten a su encanto. Sin saberlo, se ha convertido, poco a poco, en un símbolo en el barrio. Es como si los años y su experiencia, le hubieran otorgado un cargo especial, es punto de referencia, un ejemplo.

En uno de mis viajes a La Habana, una amiga de mi hermana, experta en asuntos de amores, demasiado experta tal vez, me dijo; es increíble, ella, me aconseja, le cuento mis problemas y su consejo es siempre el mas acertado. No se si un día irán personas de diferentes rincones del país o el planeta a pedirle consejo. Ella, los recibirá, les sonreirá, los escuchara y les dirá que hacer, sin alzar la voz, como acariciándolos con las palabras.

Se sienta en el portal, mira la gente pasar, la saludan. Muchos, le dicen; tomando el fresco? Sonríe, asiente, no es capaz de decirles que espera. Aunque falten meses para mi regreso, se sienta en su sillón, se mece, cierra los ojos, me imagina junto a ella. Siempre espera, en un lugar, donde muchos ya no esperan nada. Ella, no pierde la esperanza, ni la sonrisa. Desterró, para siempre, las lagrimas, solo se da el lujo de llorar de felicidad en cada reencuentro, en cada emoción compartida.

Hace unos años, la primera vez que mi sobrino, pasaba días fuera de casa,  mi hermana desolada y triste, le pregunto; como pudiste soportar la partida de todos tus hijos, como puedes soportar tener lejos a Joseito, su respuesta fue corta; sólo yo se de ese dolor!

Siempre pareció frágil, hasta débil, tras esa aparente fragilidad, hay una mujer de acero, que ni penas ni ausencias, logran vencer. Recuerdo cuando murió mi padre, llegue a La Habana a las 3 de la tarde, el entierro había sido en horas de la mañana. Cuando entre en la casa, mami dormía, llevaba dos noches sin dormir. Mi hermana, la despertó, se abrazo a mi llorando y riendo, fue la primera vez que comprendí que alguien puede estar muy triste y muy alegre a la vez, sus ojos lloraban  y su boca reía. Esa imagen se grabo en mí, para siempre.

Una vez, en unos de mis viajes, aprovechó unos minutos  a solas, me miro a los ojos y me dijo; cuando ya no este, no quiero que llores, ni sufras, me iré, sin que me debas nada, todo me lo diste en vida, eres el mejor hijo del mundo, cuando ese momento llegue, quiero que estés tranquilo. La abracé llorando, solo le dije, pero mami, para eso faltan como 50 años, nos reímos juntos.

Me confeso algo que nadie sabe, cada noche besa dos fotos mías, en una estoy alegre, en otra triste, pensativo; es una forma de estar junto a ti, en tus alegrías y en tus tristezas, me dijo. Tal vez por eso, mis alegrías se multiplican y mis tristezas duran poco, ella, desde La Habana, hace el milagro.

Una tarde, conversando con una amiga, me decía, nada malo puede pasarte, cuando se tiene una madre como la tuya, pensando constantemente en ti, pidiendo por ti, estas protegido. Mami, desde La Habana, mira al cielo, habla con Dios, sabe que él la escucha. Se interpone ante las penas y abre el camino a alegrías. A veces, me pregunta, cuando vas a enamorarte? Quiero verte con una buena persona a tu lado, tal vez, me enamore pronto y la complazca, tal vez no y así se quedara muchos años mas entre nosotros, sabiéndose necesaria, imprescindible.

Una vez, escribí algo corto, dedicado e inspirado por un joven mejicano, que fue abandonado por su madre. El la busca desesperadamente, solo para darle un abrazo y decirle que es un hombre de bien, que no tiene que avergonzarse de él. En mi escrito, yo, que guardo montones de besos y abrazos de mi madre, le regalaba uno, uno solo bastaba para hacer el milagro y darle la fuerza necesaria para continuar en su búsqueda.

Pensé no escribir mas hasta mi regreso de Cuba, pero la cercanía del viaje, la certeza que me esperan los brazos de mami, han revuelto ideas y recuerdos en mi mente. Mami, allá, en el barrio, desde su portal, me espera, los vecinos pasan, la saludan, preguntan por mí, una sonrisa gigante les responde, vuelve pronto!