Covergencia de talentos en Miami.

Covergencia
Miami tiene la cualidad de sorprendernos, de tener cartas escondidas. Sabe como sacar un as de la manga y regalarnos noches y recuerdos especiales. No sé si es su complicidad con La Habana o su agradecimiento eterno por nuestra presencia y amor. Lo cierto es que sabe como hacerlo y lo hace bien.

Anoche asistí a la inauguración de la exposición Convergencia, un dialogo visual de 5 pintores cubanos. Conocer personalmente a uno de los pintores que expondrían, mi querido Miguel Ordoqui y la invitación de los organizadores, me hizo declinar otras invitaciones y ser parte de una noche de buen arte cubano.

La lluvia no impidió que en el centro de la más cubana de las ciudades que conforman a Miami; Hialeah se reunieran artistas y amantes del arte, amigos y desconocidos. El arte convoco a muchos y la hospitalidad del lugar y calidad de la muestra nos obligo a dedicarle una noche, una noche cubana en el corazón de Miami.

La cubanìa de una noche es algo que va más allá de palmeras o guayaberas, banderas o lugares de nacimiento. Estábamos en Miami y desde el sur, La Habana nos hacìa un guiño. Se invitaba en imágenes y colores, en voces y versos, en notas musicales. Lleva años haciéndolo, inventándose en cada grupo de cubanos, paliando nostalgias, soñando con futuros.

Disfruté de las pinturas de mi amigo Miguel Ordoqui, las de Ladrón de Guevara, que se que me harán inventar historias de recuerdos y búsquedas, las de Sergio Chávez, Yuniel Delgado y Orlando Naranjo. Todas aportaron y enriquecieron la muestra en dialogo artístico, generacional y cubano. La noche fue esplendida, también regalo música con el saxo de Diego Fernández Medina y versos en las voces de los poetas Mirtha María López y Carlos I. Naranjo. Todo se conjugó para crear un ambiente de esos que se recuerdan y agradecen al día siguiente, que dejan ganas de repetir o recordar en un escrito.

Convergencia nos hizo reencontrar amigos, conocer a otros. Desde todos los lugares de Cuba y por caminos diferentes, con historias distintas, al final el arte y la cubanìa nos hizo a todos converger en una noche especial, una fiesta de nuestro arte.
Ordoqui
Naranjo
Ladron de Guevara
Sergio Chavez

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Amigos, cumpleaños y arroz con pollo.

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Escribir es, muchas veces, atrapar momentos, hacerlos vivir para siempre en letras. Aquí estoy, con la disyuntiva de irme al gimnasio o narrarles una tarde especial, entre amigos y afectos. Desde la primera palabra adivinaran que van ganando las letras y pesas y barras, tendrán que esperar; al menos hasta que este escrito este publicado y compartido con amigos y seguidores.

La semana pasado, un grupo de amigos del trabajo había decidido reunirnos y almorzar juntos el día de mi cumpleaños. Por diferentes razones, el almuerzo se pospuso, pero el lugar elegido se mantuvo. Todos acordamos que fuera en Yoyito Restaurant. ¿Por qué Yoyito? La elección no se basó solo en la calidad de la comida o en el trato especial y familiar que se recibe en el lugar. Elegimos el lugar, porque almorzar o cenar allí, es borrar distancias y tiempos.
Yoyito, es un restaurant pequeño, familiar, abrir la puerta de la entrada es como traspasar un “portal” tiempo-espacio. Nos sentimos en nuestra Isla, almorzando en La Habana, olvidamos exilios y lejanías. Es un pedacito de Cuba en el Miami de las nostalgias y los suspiros. Aunque pagamos la cuenta, nos sentimos siempre, como si un amigo nos hubiera invitado a almorzar, a compartir un almuerzo cubano y familiar.

Mis amigos me habían oído elogiar el famoso arroz con pollo del lugar. Muchos de ellos trabajan el domingo, que es el día que lo hacen. Decidieron hacer un grupo de 10 y disfrutar del famoso mejor arroz con pollo del sur de la Florida.

Conversamos, disfrutamos una vez más del lugar, nos hicimos fotos; llego el momento de disfrutar del famoso y anunciado arroz con pollo. Mis amigos casi sufren un orgasmo alimentario; esto esta delicioso, que rico, así es como me gusta. Uno tras otro dedicaban su frase al plato, mientras lo disfrutaban.Todos pensaron que era mucho y todos terminaron dejando solo los huesos del pollo en el plato; estoy seguro que regresaran a saborearlo, es adictivo.

El postre fue inesperado y especial. Eduardo, me llevo a la mesa un cake con, ¡Felicidades Habanero! Una amiga me envió un mensaje; lo tuyo no es un cumpleaños, es más bien una fiesta patronal, ¡Cuantos días de celebraciones! Nos hicimos fotos, disfrutamos el cake, nos despedimos de todos, con la promesa de volver, de repetir esta tarde entre amigos. Siempre nos quedamos con ganas de más, cuando se pasa especialmente bien.

La tarde finalizó en casa de una amiga, tomamos tragos, escuchamos música. Terminamos viendo videos de Polo Montañez en alarde de cubanìa y palmeras al viento. No faltó quien aprovechara para “echar un pie”. Al final, otro cake y otra vela que soplar entre amigos, con un mismo deseo que se repitió 3 veces este año; Caridad del Cobre, reúne a tus hijos en esa “patria con todos y para el bien de todos”.
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Un almuerzo entre amigos, sin exilios.

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Por esas raras y felices coincidencias de la vida y la historia, el pasado 24 de febrero cumplió años mi amigo Sergio. Mis amigos y los seguidores de mi blog, lo conocen por mi escrito, Mi amigo del exilio y por las veces que compartió con nosotros en los Encuentros entre amigos que hacíamos en The Place of Miami, con cierta frecuencia.

Sergito, como le decimos los que lo queremos, por cierto muchos, es un cubano de pura cepa, de esos que llevan a Cuba en el alma, dispuesto a morir por ella y no en los labios, como muchos, para vivir de ella. La coincidencia de su cumpleaños con un aniversario más del Grito de Baire, apuntala y reafirma la cubanìa de este hombre que revive recuerdos y estampas cubanas en cada conversación. Gracias a él, conocí a La Habana de los 50s, supe de luchas y frustraciones. Pertenece a ese grupo de hombres que se trajeron a Cuba al exilio, asegurándola y dándola a todos los que venimos después. Ese grupo de hombres, sin los cuales Cuba y su historia, estaría incompleta.

En complicidad con un amigo- hermano, decidimos invitarlo a almorzar. Compartir una tarde con él es regalarnos un encuentro especial con recuerdos y sueños. Sergito pasa los 80s, pero sueña y palpita con la misma fuerza con que andaba por las calles habaneras en su juventud de luchas y fiestas. Convencimos a su esposa, Mi ángel del exilio, que aceptaran la invitación. Ellos, acostumbrados a dar, querían ser quienes nos invitaran. Trabajo nos costo convencer a Teresita, su esposa y dejarle la misión de convencerlo a él; ¡O invitamos nosotros o no hay almuerzo!

Elegir el lugar adecuado para este almuerzo especial, no fue difícil. Queríamos un sitio cubano ciento por ciento. Un lugar donde almorzar fuera hacerlo en familia. Una curvatura del espacio-tiempo capaz de trasladarnos a una Habana, vencedora de años y distancias. Yoyito restaurante, era el lugar exacto, sencillo, cubano y familiar.

La tarde del sábado, una tarde entre amigos y Ángeles, fue mas que un regalo a Sergito, un regalo a nosotros. Un recuerdo para atesorar, inolvidable.

Mi amigo y mi ángel del exilio, conocían a Yoyito solo de nombre. Hasta ellos había llegado la fama de su arroz con pollo. Se extasiaron mirando el lugar, disfrutándolo. Nosotros disfrutamos cada instante, cada palabra, seguros que compartir con este hombre, es una lección de historia y amor por Cuba.

Por momentos olvidábamos el lugar y el minuto exacto donde estábamos. Estuvimos en la Cuba de los 50s, caminamos esas calles repletas de recuerdos y sueños, convocamos huelgas, vendimos bonos del 26, nos enfrentamos a oportunistas. Nos opusimos al cambio de color de la revolución y junto a Sergio, nos subimos a un avión rumbo a Miami, para salvar la vida. De su mano llegamos a una ciudad que se hizo grande al influjo y empuje de esos cubanos que supieron traerse a Cuba con ellos y sembrarla en cada esquina de la ciudad que construían.

No solo viajamos al pasado, nuestro almuerzo conjugo todos los tiempos. Celebramos triunfos y sueños realizados en esa patria que se anuncia en cada gesto; “con todos y para el bien de todos”.

No falto la palabra de apoyo a otros pueblos. Una señora venezolana, antes de irse, se acerco a la mesa, agradeció a mi amigo del exilio sus palabras de aliento.

No se si fue la magia del lugar, el verbo de mi amigo o tanto amor por Cuba. Nuestra mesa se convirtió en tribuna y bastión de sueños. Hasta ella llegaron amigos virtuales a hacerse reales, después de encuentros pospuestos en La Habana, Yoyito lograba reunirnos en Miami. La tarde se extendió, se hizo habanera, contra la pared del frente chocaban olas bautizándonos de cubanìa y sueños.

Nos despedimos con abrazos y promesas de volver, con certezas que los deseos e intentos serán realidades. Saboreamos el café en brindis sui generis por Cuba y nuestros sueños. Al salir, nos sorprendió Hialeah con su presencia, mientras La Habana, en nuestros pechos, estallaba en cada esquina de la ciudad.

Una nueva amiga.

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Últimamente he conocido muchas personas, tanto en el mundo virtual, como en el real. A veces se me mezclan estos dos mundos y creo conocer a personas que solo he tratado por medio de la Internet. Otras las personas se escapan del mundo virtual y se me aparecen en el real, me miran y me dicen; Habanero, ¡Que ganas tenia de conocerte! Me abrazan y tal parece que nos conocemos de hace tiempo, casi amigos de la infancia. Tengo algunos amigos y amigas pendientes de conocernos, de darnos ese abrazo postergado y necesario. El domingo pasado tuve el gustazo de conocer a una de esas amigas virtuales, les cuento el encuentro.

Asistí con uno de mis mejores amigos a Alfaro’s, uno de los lugares que poco a poco se ha convertido en imprescindible en la geografía cultural y musical de Miami. Un sitio donde se presentan cantantes, declamadores, músicos, humoristas, donde el arte fluye sin muchas pretensiones, del artista al público, en un ambiente sencillo y agradable, casi familiar. Mi amigo y yo, nos pusimos de acuerdo para asistir juntos al concierto de María Antonieta, que prometía acompañamiento musical en vivo y sorpresas y no defraudo a amigos, ni admiradores.

Nos sentamos en una mesa cercana al escenario, casi, casi íbamos a tener a María Antonieta sentada en las piernas cantando para nosotros. Eso me gusto, podría hacerle buenas fotos y hasta, ¿por que no? Robarle un poco de cámara, je, je, je. Siempre digo que estos conciertos de artistas cubanos en Miami, sea en teatros, o en lugares como The Place, Hoy como ayer o Alfaro’s terminan haciéndome confundir lugares y ciudades. Escucho a nuestros artistas y no se si estoy en la Habana o en Miami. Confundo calles, lugares y nombres; el arte es como una maquina del tiempo y de la geografía y se las arregla para movernos en el tiempo y el espacio, juega con nosotros.

La lluvia, persistente e inoportuna, retraso a artistas y publico. Mientras esperábamos el inicio del concierto, una señora, cubana de pura cepa, se me acerco, ¿Tú eres habanero dos mil? Mientras le decía que si, me abrazaba y me decía que le gustaban mis escritos, tiene buen gusto la señora, me dije, je, je, je. Comenzó a hablar, a contarme de su vida, se me olvido el lugar y el tiempo. Creí estar en la cola de Coppelia o esperando una guagua en plena hora pico, les juro que hasta escuche a alguien decir, ¡Ahí viene! Así es La Habana que nos envía artistas y personajes para hacerse presente, para recordarnos que no importan años de exilios, ni distancias, Cuba esta allá y aquí, en nuestros hermanos y en nosotros, dispuesta a estallar en una canción o en una frase y sentir de suprema cubania.

Mi nueva amiga, me sedujo, no porque hablara bonito o luciera vestidos caros, me sedujo por su sencillez, por abrirme su corazón como si fuera un balcón de La Habana y mostrarme todas sus sabanas blancas, limpias y relucientes a fuerza de amor, sinceridad y sencillez. Ella es de esa gente que parece gritar a cada instante, “no todo esta perdido, yo, vengo a ofrecer mi corazón”, se da en cada gesto, en cada palabra, sencillísima y natural, cubanísima y exiliada sin pretensiones, ni poses. Mezcla única de promotora cultural y cubana de barrio, de esas que aprendieron que imposible, es una palabra en desuso, cuando el amor y las ganas mandan.

Termino el concierto, aplaudimos de pie a María Antonieta que impresionó a admiradores y deslumbró a algunos que no la conocían y agradecía flores, aplausos y asistencia. Después de las fotos habituales con amigos y con la artista, le dije a mi amigo, quiero una foto con la señora que me saludo, la buscamos. Ven que quiero una foto contigo, le dije, nos abrazamos. Han pasado dos días y aún recuerdo las palabras y el abrazo de mi nueva amiga, una mujer de barrio, con un corazón enorme en el pecho. Alguien que no presume de nada, solo de ser cubana.