Un juicio.

Justicia y libertad, tomada de Google.
Si me acusan, que sea de un pecado mayor, algo terrible.
Que hurgen en mi vida y en mi obra y busquen un hecho digno de publicarse a voces, de estremecer conciencias, catedrales.
Algo que garantice conmociones, caras de asombro, rosarios por el suelo, pataletas.
Quiero ver la gente desmayarse, mientras su último gesto acusador es convulsivo, incontrolable. Un dedo intentando señalarme mientras la mano tiembla sin atinar a acusarme, buscando un culpable en el vacío

Si me juzgan, no quiero un juicio con tontos, mojigatos, que volteen el rostro de vergüenza, cuando el fiscal lea mis culpas y mi crimen.
Quiero un jurado de grandes pecadores, de expertos en la vida y sus misterios.
Gente que nada le espante o ruborice, gente de pelo en pecho y mirar profundo.
Conocedores de peligros, desafíos, adivinos, brujos, guerreros, creadores.
A esos quiero verlos juzgarme y condenarme. Comentar encerrados en un cuarto; este hombre es peligroso, pero nos gusta, hizo todo lo que quisimos y no pudimos, por falta de valor, por comemierdas.

Si me condenan, si la balanza se inclina en contra mía, quiero que una voz grave lea el veredicto.
Que pongan altavoces en las calles y todos escuchen consternados. Que nadie pueda taparse los oídos, decir luego; no supe nada. No quiero desconozcan mi sentencia, ni mis culpas.
Que conozcan mi sentencia allá en mi Isla, mientras mi madre se ríe de los jueces y dice a los vecinos; no hagan caso, el vuelve pronto.

Si me absuelven, si el juez burlando veredictos, golpea con fuerza con su mazo y con risa misteriosa y contagiosa, declara mi inocencia. Si eso pasara, quiero arco iris estallando en plena sala, mientras me pongo de pie y circunspecto, declaro; todo eso hice y mucho mas y volvería a hacerlo si pudiera, si las fuerzas me acompañan en el intento, pero soy inocente.

Amar en exceso no es pecado, decir las verdades mucho menos, gritar mis ideas a los vientos, abrirme el pecho en el intento, mientras me muestro transparente, libre; no es un crimen.
Solo que en tiempos difíciles, en épocas de hablar bajo, caminar entre sombras, reverenciar extremistas, aplaudir copias, mirar al suelo; suele ser algo condenable, espantoso, una vergüenza que debe silenciarse.
Tengan bien claro, solo una vez pueden juzgarme por mi crimen

Fotografia tomada de Google.

El que diran.

Con los años, aprendemos que la opinión de los demás, no determina. Es imposible complacer o quedar bien con todos, como escuche decir una vez; la opinión, es como el ombligo, todos tenemos uno. Estar pendientes del que dirán, pretender quedar bien con todos, nos convertiría en un monstruo, con mil pedazos y actitudes diferentes; ajeno y falso.

Por suerte llega un momento en la vida que mandamos al diablo el que dirán. Dejan de importarnos murmuraciones, comentarios, miradas, dedos acusadores. Es como si la vida, poco a poco, nos vacunara contra las lenguas venenosas, contra intrigas, dimes y diretes. Nos vamos inmunizando, maduramos. Terminamos entendiendo que la vida es breve, vivirla a plenitud, aprovecharla al máximo, no nos deja margen para preocuparnos por opiniones ajenas.

Nosotros, los cubanos, que nos la sabemos todas, muchas veces nos metemos en la vida de la gente, pretendemos arreglárselas a nuestro modo y manera. Que si esa ropa no te queda bien, que si baja de peso o aumenta unas libritas que estas muy flaca. Que si ese novio no te conviene. ¡Un hijo ahora, te volviste loca! Opinamos de todo lo ajeno, sin reparar en la vida propia, la única que tenemos derecho a dirigir y enmendar. En fin, que si alguien se guía por el que dirán del barrio, termina volviéndose loco, listo para Mazorra. Aumentas dos libras y ya te dicen; ¡Ay pero que gordo te has puesto! Bajas una libra, de las mismas dos que aumentaste y te sueltan; ¿Estas enfermo? ¡Ay niño, coge unas libritas que pareces un cadáver!

Si el hijo de María, tiene 20 años y no se le ha conocido novia, ya empieza todo el barrio a comentar y hasta lo vigilan. No faltara quien diga; yo lo veo un poco raro, muchos libritos bajo del brazo, siempre anda solo. Pobre María, un solo hijo varón y salirle así, rarito. Opinan, compadecen a María, que feliz y orgullosa de su hijo, hace caso omiso de comentarios y manda al carajo al que dirán.

Cuando hablo del que dirán siempre recuerdo el chiste de dos vecinas conversando y una le dice a la otra; ¿Estas enferma mi amiga? Ayer vi salir un medico de tu casa, la vecina se pone la mano en la cintura y le responde, por eso no, ayer vi salir a un militar de tu casa y que yo sepa, no estamos en guerra. Que manía la de muchos de meterse en la vida ajena, opinar, pretender dirigir vidas en vez de ocuparse de la propia.

Tengo un amigo que acumula años y experiencia, sabiduría e ironías. Conversando una noche me comento que en un viaje a Cuba, luciendo sus pull overs Armani y sus jeans de ultima moda, una parienta le comento; ¿No te parece que estas vestido demasiado a la moda, no acorde para tu edad? Mi amigo la miro, se sonrío y le dijo; hace tiempo tuve dos opciones en mi vida, ser un ancianito respetable o un viejito ridículo. ¿Sabes que hice? Regale todos los trajes, las corbatas, compré ropa moderna, comencé a hacer ejercicios y aquí me ves feliz, sin importarme el que dirán, solo me importa como me siento yo. Bravo por mi amigo que vive la vida a su manera, feliz y complacido, sin preocuparse jamás por el que dirán.

Si alguien, tiene una pareja mas joven, el que dirán comienza a hacer de las suyas. Empiezan los comentarios; están locos, dentro de 10 anos el tendrá 65 y ella 35, que disparate. No entienden que dentro de 10 años, nadie sabe que pasara y lo que importa es el ahora. Los amantes, lo saben y lo disfrutan mientras dura. Mandan al diablo al que dirán y se aman, como un regalo divino.

Hoy, comente con una amiga que estaba escribiendo sobre el que dirán. Se río y me dijo; no me importa, que digan lo que quieran, si hablaron de la Virgen María que todos la conocían, que hablen de mi, que no me conoce nadie, no tiene importancia!

Al final, el que dirán, opinar sin derecho de la vida ajena, es solo una manifestación de falta de valor para vivir la propia a plenitud. Se comenta y critica lo que hacen los demás, se opina, porque a fin de cuentas, subyace una envidia por el valor de otros a vivir acorde a sus reglas, sin hacer daño a nadie. Seguros que lo que cuenta es hacer en cada momento lo que deseamos, sin limitaciones ni falsos perjuicios. Como decía una amiga cuando estudiaba ingles, en La Habana; si tu cuerpo pide maní, dale maní a tu cuerpo. Insatisfacciones, frustraciones, limitarnos por el que dirán, solo nos harán infelices y amargara nuestra existencia.

El que dirán, existirá siempre, mientras exista una persona molesta por la libertad ajena. Mientras quede alguien insatisfecho sin valor para vivir su vida a plenitud, el que dirán andará por ahí, intentando hacer daño, mordiendo vidas ajenas. Al final, allá los que viven pendientes y preocupados por opiniones ajenas. Yo, hace mucho tiempo deje de tenerlos en cuenta. Los años y la vida se encargaron de haceme madurar, como ustedes, me preocupo por disfrutar cada instante de la vida a plenitud, demasiado breve para estar pendientes de opiniones sin importancia. Creo, como muchos, que a esa gente que vive murmurando,  se ignora, se vive la vida a gusto, a plenitud, dandoles motivos para que hablen. Nosotros decidimos hacer lo mismo y vamos por la vida, arrollando al ritmo de; ¿Por que tú sufres, con lo que yo gozo?