Mis palabras perdidas.

Y de pronto, sin previo aviso, me quedé sin palabras. Yo, que jugaba con ellas, que las hacía esperar y les daba vida y luz, enmudecí. Mis manos no atinaban a escribir una sola, la mas breve y fácil huía de mi, se me escapaba.

Invoque fantasmas, de esos imprescindibles que nos acompañan y protegen; no pudieron hacer nada, no tenían palabras que ofrecerme. Lamenté despilfarros, malos usos, pedi perdón por las malas y las buenas que dije alguna vez.

Recordé libros, poemas, me releí un monton de veces, repasé mis historias, las malas y las buenas. Mudo, sin letras, quise pedir por señas, agité mis manos en el aire, quise inventar un modo de decir te quieros, de gritar, no te olvidos.

Un viento del sur me trajo nuevos brios, acarició mi frente, deshizo maleficios y un ¡Te amo! enorme estremeció la noche, mientras mis palabras se hacían girasoles.

Fotografía tomada de Google.

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