Regalos de La Habana.

La Habana, tiene una magia especial, es una ciudad capaz de mejorarle el día y la vida a cualquiera. Cuantas veces, cuando vivíamos allá, nos levantamos mal humorados, molestos hasta con nosotros mismos. Maldecíamos al despertador, al cepillo de dientes, al café mezclado, a  la guagua que no llegaba, al centro de trabajo, al almuerzo escaso y a todos con los que tropezábamos. Nuestra ciudad, nos miraba, se burlaba de nuestro mal genio, guiñaba un ojo y hacía el milagro. Se las ingeniaba, para hacernos algún regalo que nos hiciera olvidar disgustos y molestias. Bastaba caminar por sus calles, sentir una mirada sobre nosotros, detenernos a conversar, intercambiar teléfonos. Las muecas de disgusto, se transformaban en sonrisas, las miradas adquirían un brillo especial. Nuestra ciudad, experta en asuntos de amores y de la vida, sabe como dibujar sonrisas, hacer regalos especiales, guarda siempre, una carta de triunfo, para sacarla en el momento justo, cuando creemos que todo esta perdido.

Me cuenta un amigo que su último viaje a La Habana, fue un poco desafortunado, a pesar de su amor por la ciudad, casi jura no regresar más. La Habana, se las arreglo para hacerle un regalo que compensara malos ratos, que le dejara un sabor dulce en el alma y en los labios. Casi a punto de cancelar su viaje y regresar a Miami, mi amigo se reencontró con un amor de  20 años atrás. Paso días maravillosos entre te quieros y recuerdos evocados. El viaje que amenazaba convertirse en el último y dejarle un  eterno sabor amargo en el alma, tuvo un final feliz, inesperado. Fue como si La Habana,  dijera; te vas y no piensas regresar? Ya veras como vuelves pronto, yo se como hacerlo!

No hay otra ciudad capaz de hacer regalos especiales, es algo que se fue conformando desde sus orígenes,  su posición en el mar, los vientos que la acarician o algún conjuro u oración dicha a tiempo, hicieron el milagro! La Habana, regala amores, sonrisas  y te quieros capaces de cambiarnos la vida, de volver un día gris, en un día de soles y arco iris.

Mi amigo, habanero por amor y por decisión, hijo adoptivo de nuestra ciudad, no escapo a su magia. Estoy seguro que se imagina andando de nuevo entre columnas, esquivando la lluvia, negándose a despedidas, escondiéndose en el bolsillo de su amante, para escapar del tiempo y de finales.

La Habana, carga un saco enorme de oportunos y necesarios regalos. Hace uso de ellos como el hada del cuento, en el momento justo; cuando todo oscurece, un rayo de luz ilumina la esperanza y la vida. Hace años que mi ciudad, no me regala una aventura de amor, muchos. Es inteligente, sabe que necesito otro tipo de regalos, otro tipo de aventura de amor. Ella y mi madre, se alistan para mi regreso, intercambian entre si secretos para regalarme una estancia feliz, inolvidable. Me esperan los brazos de mi madre, los únicos que necesito para ser el hombre mas feliz. Brazos mágicos que tienen la rara virtud de convertirme en niño y hacerme olvidar penas y años, desencuentros y ausencias. Gracias Habana, por regalarme cada mes de mayo, la mejor aventura de amor, del brazo de mi madre!

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