Mami, el barrio, recuerdos y yo.

Anduvo todo el barrio, una y mil veces, hizo mandados, colas. Recorrió tiendas buscando lo necesario para la casa, para nosotros. Nunca fue de visitar vecinos, no tenía tiempo para visitas, cocinar para 7 personas, limpiar la casa, tener la ropa de todos lista, le consumían prácticamente, todo el tiempo del día, del año, de su vida.

Recuerdo cuando se arreglaba, para acompañar a mi padre a recepciones en embajadas y a comidas importantes. La mirábamos salir del cuarto, transformada, bella. Los que la saludaban y hasta piropeaban en sus salidas, no podían imaginar que antes de maquillarse y con las uñas pintadas, fregó hasta el ultimo plato, la ultima cazuela. Al regresar, siempre nos traía algo en su cartera, no podía disfrutar la noche, si no compartía aunque fuera un bombón con nosotros.

El tiempo ha pasado, ha visto partir a muchas de las vecinas de años, a todos sus hermanos. Un día, me miro a los ojos, me dijo; sabes tu padre, siempre me decía que yo iba a vivir muchos años, que seria muy longeva. Suma años, amores y afectos, muchos se dejan conquistar, no se resisten a su encanto. Sin saberlo, se ha convertido, poco a poco, en un símbolo en el barrio. Es como si los años y su experiencia, le hubieran otorgado un cargo especial, es punto de referencia, un ejemplo.

En uno de mis viajes a La Habana, una amiga de mi hermana, experta en asuntos de amores, demasiado experta tal vez, me dijo; es increíble, ella, me aconseja, le cuento mis problemas y su consejo es siempre el mas acertado. No se si un día irán personas de diferentes rincones del país o el planeta a pedirle consejo. Ella, los recibirá, les sonreirá, los escuchara y les dirá que hacer, sin alzar la voz, como acariciándolos con las palabras.

Se sienta en el portal, mira la gente pasar, la saludan. Muchos, le dicen; tomando el fresco? Sonríe, asiente, no es capaz de decirles que espera. Aunque falten meses para mi regreso, se sienta en su sillón, se mece, cierra los ojos, me imagina junto a ella. Siempre espera, en un lugar, donde muchos ya no esperan nada. Ella, no pierde la esperanza, ni la sonrisa. Desterró, para siempre, las lagrimas, solo se da el lujo de llorar de felicidad en cada reencuentro, en cada emoción compartida.

Hace unos años, la primera vez que mi sobrino, pasaba días fuera de casa,  mi hermana desolada y triste, le pregunto; como pudiste soportar la partida de todos tus hijos, como puedes soportar tener lejos a Joseito, su respuesta fue corta; sólo yo se de ese dolor!

Siempre pareció frágil, hasta débil, tras esa aparente fragilidad, hay una mujer de acero, que ni penas ni ausencias, logran vencer. Recuerdo cuando murió mi padre, llegue a La Habana a las 3 de la tarde, el entierro había sido en horas de la mañana. Cuando entre en la casa, mami dormía, llevaba dos noches sin dormir. Mi hermana, la despertó, se abrazo a mi llorando y riendo, fue la primera vez que comprendí que alguien puede estar muy triste y muy alegre a la vez, sus ojos lloraban  y su boca reía. Esa imagen se grabo en mí, para siempre.

Una vez, en unos de mis viajes, aprovechó unos minutos  a solas, me miro a los ojos y me dijo; cuando ya no este, no quiero que llores, ni sufras, me iré, sin que me debas nada, todo me lo diste en vida, eres el mejor hijo del mundo, cuando ese momento llegue, quiero que estés tranquilo. La abracé llorando, solo le dije, pero mami, para eso faltan como 50 años, nos reímos juntos.

Me confeso algo que nadie sabe, cada noche besa dos fotos mías, en una estoy alegre, en otra triste, pensativo; es una forma de estar junto a ti, en tus alegrías y en tus tristezas, me dijo. Tal vez por eso, mis alegrías se multiplican y mis tristezas duran poco, ella, desde La Habana, hace el milagro.

Una tarde, conversando con una amiga, me decía, nada malo puede pasarte, cuando se tiene una madre como la tuya, pensando constantemente en ti, pidiendo por ti, estas protegido. Mami, desde La Habana, mira al cielo, habla con Dios, sabe que él la escucha. Se interpone ante las penas y abre el camino a alegrías. A veces, me pregunta, cuando vas a enamorarte? Quiero verte con una buena persona a tu lado, tal vez, me enamore pronto y la complazca, tal vez no y así se quedara muchos años mas entre nosotros, sabiéndose necesaria, imprescindible.

Una vez, escribí algo corto, dedicado e inspirado por un joven mejicano, que fue abandonado por su madre. El la busca desesperadamente, solo para darle un abrazo y decirle que es un hombre de bien, que no tiene que avergonzarse de él. En mi escrito, yo, que guardo montones de besos y abrazos de mi madre, le regalaba uno, uno solo bastaba para hacer el milagro y darle la fuerza necesaria para continuar en su búsqueda.

Pensé no escribir mas hasta mi regreso de Cuba, pero la cercanía del viaje, la certeza que me esperan los brazos de mami, han revuelto ideas y recuerdos en mi mente. Mami, allá, en el barrio, desde su portal, me espera, los vecinos pasan, la saludan, preguntan por mí, una sonrisa gigante les responde, vuelve pronto!