Si me pides el pescao, te cobro a 20 pesos la libra.

Reglita y Yusimí se encuentra en la parada de la guagua, se saludan, hablan del calor, de precios y helados prometidos.

-¡ Qué calor mi santa! No quiero ver cuando llegue agosto.

– Agosto no ha llegado, pero los apagones sí. Yo voy pa’ Coppelia a ver si refresco con una ensalada, todas las bolas del mismo sabor, como si fuera una orientación de arriba, de los 3 o 4 sabores que deben quedar. Aquí llevo un termo pa’ llevarme unas bolas de helado pa’ Pancho, le encanta, pero hoy trabaja hasta tarde, quiero sorprenderlo cuando llegue con una bolas de helado, aunque sea de mantecao.

– Pancho va a disfrutar el helado, pero tú vas a llegar hecha leña mi amiga, esa cola de Coppelia se las trae y el viaje en guagua le quita las ganas de comer helado a cualquiera.

– Lo sé mi santa, pero hay que hacer algo en las vacaciones de verano, todo el día metía en la casa, pensando en que cocinar, es mucho para un cartucho. Por lo menos salgo veo gente y como helado, aunque llegue entripá de sudor y tenga que darme otro baño, por suerte hoy es día de agua y puedo darme una ducha cuando llegue.

-¿ Ya compraste el pescao esta niña?

– No andes en esa gaveta que tiene cucarachas. El otro día fui a buscarlo y el jodedor del carnicero me dijo: si me pides el pescao te cobro a 20 pesos la libra. Gracioso el tipo, al final tuve que reírme, si no fuera por la risa que nos ayuda a bajar malos tragos y ratos, ya más de uno se hubiera vuelto loco.

– Oye y la guagua no pasa, yo creo que te vas a quedar con las ganas del helado.

– Esto de las guaguas no mejora, molotera, empuja, empuja. El único buen recuerdo que tengo de las guaguas es que un día al bajarme en 23 y 12, conocí a Pancho. Yo me bajaba y él quería subir por la puerta de atrás, me vio y se quedó muerto conmigo, me siguió como una cuadra hasta que me hice la que buscaba una dirección y lo dejé que se acercara y hasta el sol de hoy. Yo creo que por eso me gustan las guaguas; gracias a ellas encontré al amor de mi vida.

– Mira ahí viene, pero no va a parar el muy hijo e’ puta. Yo me voy pa’ la casa, ya llevamos más de una hora aquí y nada.

– Voy a tener que coger una máquina hasta Coppelia, le dije a Pancho que le tenía una sorpresa pa’ cuando llegara del trabajo y primero muerta que desprestigiá.

– Yo voy echando, iré otro día a casa de Cunda a buscar unos muslos e’ pollo que me resolvio.

– No te demores en ir, que si viene un apagón, se pudre el pollo.

– Ay chica, no seas pájaro de mal aguero.

Allá tú, yo voy a parar la máquina que viene, hoy le doy helado a Pancho.o me cambio el nombre.

– Menos mal que te dio por el helado, si te da por conseguirle un buen bistec , te iba a poner un nombre bien cómico, algo así como Nacianzena o Hermenegilda. Me voy echando mi amiga, mañana me cuentas del helado y de Coppelia.

Fotografía tomada de Google.

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Micaela dice que, ahora si vamos a construir el socialismo.

Allá en La Habana de todos, donde el calor abraza y el mar refresca, allá donde se juntan recuerdos, presente, fantasmas y futuro, allá en un barrio habanero perdido en el mapa de la ciudad, Cunda y Micaela toman café y conversan.

– Ven acá mi santa, hasta cuando van a ser pollos los gallos de Menocal, cómo es eso de que ahora si vamos a construir el socialismo, ¿Que coño hemos estado haciendo estos 60 años?¿Jugando a las casitas?

– Ay Cunda no te me pongas difícil que tú sabes muy bien que somos un país bloqueado por el país más poderoso del mundo, que no nos dejan respirar mi santa, la culpa de tó la tienen los americanos.

– O tú te has creído tó los discursos y las mesas redondas esas que aburren y dan mareos o tú ligaste el café mezclaó con la chispa e’ tren¿ Dónde están los barcos bloqueandonos? Aquí entra y sale el que le da su reverenda gana, la culpa de tó la tienen los que han acabado con este país mi negra, que ni centrales tenemos ya y tomarse un guarapo está más difícil que tomarse una cocacola. Que mientras unos viven bien, otros no tenemos ni un cable pa’ mordisquear. Esta bueno ya de confundir y vamos a llamar las cosas por su nombre.

– Ay Micaela, tú estás hablando como los gusanos y no como una revolucionaria, presidente del comité y trabajadora de avanzada.

– Bájame los títulos y súbeme la cuota. Una se cansa mi negra, llevamos años de lo mismo con lo mismo. Pasó el período especial y por poco nos morimos, que si el derrumbe del campo socialista, que si la Union Sovietica había desaparecido, el caso es que pasamos más hambre que un foro e’ catre. Resistimos, resistimos y seguiremos resistiendo, chica estas olimpiadas de la resistencia no se acaban nunca. Que es muy fácil hablar de tiempos difíciles y poner un miserable pescao por núcleo y carísimo y meterse después una buena langosta o un buen filete, que no jodan.

– No te conozco Micaela, dónde está la que siempre estaba dispuesta pa’ tó, la que fue al Cordón de La Habana, a las escuelas al campo, chica si hasta cortaste caña en la zafra del 70, por ahí debe andar la medalla que te dieron. No hables así que me duele el pecho de oírte, me va a dar una sirimba por tu culpa.

– Sirimba me va a dar a mi si me sigues recordando tó la mierda que comí. Si, yo, como muchos, creí en esto y le puse corazón y fuerzas. Quería que mis hijos vivieran en un país mejor, sin escaseces, que pudieran estudiar, trabajar, que no tuvieran lujos, pero que no tuvieran carencias, vaya que me creí tó los cuentos que nos hicieron, hasta que me di cuenta que aquí no había mejoría, que los discursos estaban muy lindos y las consignas emocionaban, pero la jama seguía perdía y esto se ponía cada vez más difícil. Que me duelen mis hijos graduados de la Universidad, trabajando en el turismo pa’ poder inventar algo y sobrevivir, me duelen los jóvenes vendiéndose por unos dólares de mierda o planeando como irse del país. Este no es el futuro con que yo soñaba, que se me cayó la venda Cunda y yo, como La Habana, ya no aguanto más. ¿Y tú por qué estás llorando mi santa? ¿Qué muerto oscuro se te ha montao?

– Es que una se engaña una misma Micaela, que no quiero ver pa’ no volverme loca, que quiero creerme tó los cuentos que nos hacen pa’ no morirme de angustia, pa’ no perder la razón y empezar a dar gritos como una loca. Estamos casi al final de nuestras vidas y se nos han roto tó los sueños, seguimos arando en el mar sin encontrar el camino. Es que no te das cuenta de que tengo que creerme eso de que ahora si vamos a construir el socialismo pa’ poder seguir viviendo, pa’ no mandar tó pal carajo y buscarme una salación.

Micaela se levanta del sillón, abraza a Cunda y entre lágrimas le dice.

– Perdóname mi negra, yo no quería que te pusieras así, cálmate que no quiero que tus hijos te vean así. Mira vamos a casa de Pancha pa’ que nos tire los caracoles a lo mejor nos dice algo bueno y se nos arregla la tarde.

Cunda sonríe y se seca las lágrimas

– La verdad que tú eres la pata del diablo. Si vamos a ver a Pancha, total un cuento o una mentira más, no nos van a hacer daño.

Fotografía tomada de Google o tal vez de la página de Facebook de algún amigo.

Dos cubanas conversando en Hialeah.

En Hialeah, una mañana cualquiera, Regla visita a Yusimí en su casa, toman café y conversan.

– Ay mi amiga, esto si es café y no lo que nos daban allá que uno no sabía si era un café o un potaje recalentado, te quedó especial.

– Tú sabes que yo soy la mejor y la más completa en la cocina, que lo mismo te hago un café, que unos moros pa’chuparse los dedos. ¿ Qué es eso que tienes ahí en la cartera? Por tu madre, no me digas que tú también compraste el librito del tal Habanero2000.

-Pues mira que si y ya voy por la mitad, me gustó, yo no sé por qué tu la tienes cogia con el pobre hombre.

– Me aburre esta niña, siempre es la misma cantaleta que si La Habana, los girasoles y los sinsontes volando, que si la musa transoceánica, que si Rosita Fornés, ya me tiene cansa, obstiná, ¡ hasta cuando los 15 de Yakelyn! Siempre es lo mismo con lo mismo. Me imagino que ahora que publicó el librito ese, se creerá un gran escritor, la última coca cola del desierto.

– Tú eres malísima, él no te ha hecho nada pa’ que tú hables así de él. Ama a Cuba, a su madre, y escribe lo que le da la gana. Dice una amiga mía que trabaja con él que es buena persona, que no se cree escritor, que se sorprende y se pone colorao cuando alguien al presentarlo dicen: un escritor cubano

-Tu amiga es una mártir, hay que darle una medalla, soportarlo en Facebook con sus escriticos y tener que empujarselo en el trabajo, eso es mucho para un solo corazón, si yo fuera ella, pedía la baja, prefiero trabajar en una factoría que tener que verle la cara to’ los días.

– No te hagas que tu leias sus escritos.

– Si, eso fue el principio, después me aburrí, era siempre lo mismo, con lo mismo, cualquier día le hace un escritico a los chícharos y a la ensalada de aguacate. Ya no sabe sobre qué escribir. Un día de estos le mando un mensajito y lo pongo de vuelta y media a ver si se le quita esa majomia con La Habana.

Mientras las amigas conversan, llega el correo.

– Mira te dejaron un paquetico en el buzón.

-Si déjalo ahí, cuando Pancho venga del trabajo lo recoge.

Reglita sonríe y le dice a Yusimí.

-Voy a ir a buscarlo, capaz que llueva y se te moje.

Sin tiempo para que Yusimí la detenga, Reglita sale y va directo al buzón. Regresa y mirando con picardía a Yusimí le dice.

– Que casualidad, el paquetico viene de la editorial La Pereza, la misma que publicó el libro del habanero.

– Debe ser un error, debe ser pa’ otra gente.

– Aqui dice bien clarito Yusimí Perez y es tu dirección.

– Dame acá y no jodas más, esta bien. Lo compré y qué.

– No te pongas así mi santa, tanto cuento con que no lo soportabas y terminaste comprando su libro.

– No es pa’ mi, es pa’ una amiga en Cuba que me lo encargó.

– Si, si, ni que yo fuera boba o me chupara el dedo. Admítelo que a ti también te gusta como escribe el tipo y déjate de tanta bobería.

– Está bien, déjame en paz, si lo compré pa’ leerlo y tener sus cuentos a mano. Ay mi santa tú me harías el favor de decirle a tu amiga si ella puede llevarle mi libro, pa’ que me lo firme.

Reglita ríe a carcajadas y exclama.

– A ti cuando te hicieron se rompió el molde. ¡ qué gente caballero, pero que gente!

El libro del tal Habanero2000, lo pueden comprar en este link. También está a la venta en Amazon.

https://www.lapereza.net/product-page/un-habanero-que-emigr%C3%B3-con-el-siglo

#memoriasdeunhabaneroqueemigroconelsiglo

Fotografía de Alba León.

Una conversación en CentroHabana.

Regla y Micaela conversan en la sala, toman café y comparten chismes y secretos. Allá en una modesta casita de CentroHabana.

– Tú eres mi amiga de muchos años, contigo puedo hablar sin tapujos, a camisa quitá. Ay chica, Manolito me tiene muy preocupá.

– ¿Tienes problemas en la Universidad? Mira que ese muchachito siempre ha sido muy estudioso.

– No, no es eso, si se pasa la vida estudiando, yo creo que cuando único no está estudiando es cuando va al gimnasio, ¿ Tu has visto el cuerpazo que tiene?

– Entonces, ¿ Qué te preocupa Micaela ?

-Ay chica, es que con lo lindo que es y nunca me ha traído una novia. Se la pasa estudiando con Yasmani, a veces pienso que mi único hijo me salió maricón y eso me tiene trastorná Reglita, no hago más que pensar en eso y llorar.

– Ven acá mi santa y ¿ Por qué ese llantén y esa trastornadera? Acaso Manolito no es un muchacho de oro que cualquier madre estaría orgullosa de tener, mejor que él hay que mandarlo a hacer y tú lo sabes. Su gusto o preferencia sexual, solo le importa a él y no lo hace mejor, ni peor que nadie; solo diferente. Déjate de comer tanta mierda y ponte pa’ las cosas, gira que te veo fija.

– Para una madre eso es muy duro, Regla, muy duro.

– Duro es que te salga un delincuente, como el hijo de Cunda, que tiene que ir to’ los meses a llevarle la jaba al combinado o que se te enferme y se te muera como le pasó a Eloina con su hijo Luisito, que en paz descanse. Abre tu mente mujer, abre tus entendederas, antes que se te cierre el corazón y pierdas de verdad a tu hijo.

En eso llega Manolito, con Yeny, una mulata linda como un sol, vienen tomados de la mano y riendo.

Micaela sonríe feliz y le dice bajito a Regla.

– Olvidate de lo que te dije y mira esto mi santa, yo estaba equivocá

Regla sonríe, como quien adivina misterios y está de vuelta de todo.

– Ay mi hijito que alegría verte con esta muchacha tan linda, vamos dime el nombre de tu novia.

– ¿Mi novia? En todo caso sería mi cuñadita, es la hermana de Yasmani y si quieres ponerle nombre a todo, quien es mi novio es Yasmani. Mami, yo creo que tú vives en la luna, nunca pensé que a estas alturas tú no te hubieras dado cuenta que Yasmani y yo somos pareja hace 1 año. Si no hablé contigo antes fue porque pensé que no era necesario, tú y yo siempre nos adivinamos y entendemos, sin necesidad de palabras.

– A mi me va a dar algo, tráeme un vaso de agua Reglita, que yo creo que me muero.

– Aquí está el vaso de agua y bien fría, pero creo que en vez de dártelo pa’ que te lo tomes, debería tirartelo por la cara, a ver si reaccionas mujer. Este es tu hijo y tú lo tienes que querer y aceptar como es, que él no eligió que le gustaran los hombres. Aterriza antes que sea tarde mi santa y ponte pa’ tu número que te veo perdía. Es el mismo Manolito de siempre, tu hijo, por quien darías tu vida una y mil veces, no ha cambiao na’, sólo que ahora y trabajo que costó, ya sabes que le gustan los hombres y no las mujeres. Déjate de tanto aspaviento y dale un abrazo a tu hijo y alégrate que se encontró un buen muchacho como Yasmani.

Micaela se toma el agua, mira a Regla, a Manolito y en cubanísima anagnorisis, abre sus brazos y estrecha a su hijo.

– Es verdad mi hijo, que tú y yo hemos sido uno desde que tu padre murió y eres de oro. Yo hubiera querido verte con una mujer y tener nietos, una a veces se ciega, pero si es un hombre lo que tú quieres, pues tendremos otro hombre en la casa. Dile a Yasmani que venga el domingo a almorzar, ya yo veré como lo convenzo pa’ que se mude con nosotros.

Allá en la modesta casita de CentroHabana, el domingo, a la hora del almuerzo, cuentan que un arcoíris inmenso iluminó la cuadra.

Fotografía tomada de Google

Una historia de amor en La Habana.

Yenisleidy vive en un barrio de La Habana, en esa cara oculta que no visitan turistas, ni políticos. A Yeni, como le dicen sus amigas, le gusta caminar por su barrio, se conoce cada rincón, cada calle, siempre saluda a sus vecinos, le acepta un café, una conversadita y sigue; su barrio y ella se saben de memoria.

En una época que muchos han desistido de estudiar y buscan vías fáciles para vivir y sobrevivir, Yeni apuesta por los estudios, en 2 años se graduará, dirá adiós a aulas y libretas, será una mujer de ciencias. Recuerda cuando sus amigas le dijeron; ¡Bioquímica, tu estas loca está niña, tu quieres que se te caiga el pelo estudiando y se te quemen las pestañas! Ella no hizo caso, mientras sus amigas hacían negocios o se vendían en ventas desiguales, ella se aferraba a los libros y al futuro.

Un día, al salir de un laboratorio de proteínas, conoció a Manuel, mejor dicho, Manuel y ella se encontraron; como si llevaran toda una vida buscándose.

– Hola soy Manolo

– Hola, Yenisleydi, pero todos me dicen Yeni.

– Ya te buscaré un nombre que sólo yo pronuncie.

Yeni río con esa risa franca y abierta que solo tienen los que no ocultan nada.

-¿De dónde eres? Tienes un acento que me parece que no eres cubano.

-De Islas Canarias, hablamos muy parecido, pensé no ibas a descubrirme. Iba a decirte que era de CentroHabana, pero no quise empezar con mentiras.

-¿Vas a estar mucho tiempo en La Habana?

Preguntó Yeni con un deje triste y de esperanzas.

— No sé aún, por mi estaría todo el tiempo del mundo con tal de poder mirarme en tus ojos. Estoy trabajando, no me pagan mucho, pero me gusta la ciudad.

Yeni bajó sus ojos, tenía miedo que delataran sus deseos de atarlo para siempre a su mirada, de embrujarlo y llevarlo a ese mundo donde no hay razones, ni leyes.

– Ven, vamos a caminar, si seguimos por San Lázaro llegaremos a mi barrio, me gustaría andarlo contigo.

– Adónde tú quieras mi reina, guíame a tu barrio y a tu vida.

Ella le habló de su infancia, sus estudios, de esas ganas de graduarse y llegar a ser una científica de renombre, de su madre, de esa gente del barrio que la quería y saludaba día a día, entre tacitas de café y buenos deseos.

– Mira, está es mi cuadra, aquella es mi casa, si quieres entras y pruebas el café de mami.

– Vamos, tomar ese café, será como adivinar tus secretos.

La mamá de Yeni, no hizo preguntas, le caía bien ese muchacho que sonreía a Yeni mientras tomaba su café. Pensó que era de Camagüey, por lo bien que pronunciaba y lo despacio que hablaba.

Manolo prometió a Yeni, esperarla a la salida de las clases.

A las 5 de la tarde allí estaba Manolo, sentado en la escalinata con un ramo de flores, girasoles, rosas, mariposas. Cuando Yeni se acercó se lo ofreció

– Toma, Flor será tu nombre secreto, serás mi flor y yo tu eterno jardinero.

-Pareces un cubano piropeando.

-Algo se le pega a uno con amigos cubanos y hospendandose en casa de cubanos, no tengo mucho dinero y no puedo rentar en hoteles, siempre me quedo en casa de amigos que rentan barato.

– En mi casa hay un cuarto vacío, puedes quedarte allí cuando lo necesites, no tenemos lujos, pero te ahorrarás gastos, donde comen 2, comen 3.

Al día siguiente, Manolo llegó a casa de Yeny con su maletín.

-No tengo muchas cosas, solo unas mudas de ropa, vine por trabajo.

La mamá de Yeni le preparó el cuarto y le puso agua a calentar.

– Hoy es día de agua, pero la ducha está rota. Tendrás que bañarte con un cubo de agua.

A Manolo no le importaba la humildad de la casa, con tal de estar cerca de Yeni, se sentía capaz de todo.

Los días transcurrían como en un cuento y Yeni disfrutaba esa felicidad. Le gustaba que Manolo le dijera flor, cuando estaban a solas. Prepararle algo de desayuno antes que se fuera a trabajar y esperar por él a la salida de las clases, se fue haciendo una rutina feliz.

Yeni no le hacía preguntas sobre su trabajo. El día que se apareció con unas compras en la casa, la mamá de Yeni se enojó.

-No tenía necesidad de hacer este gasto,eres amigo de mi hija y aquí estamos para ayudarte, para compartir lo mucho y lo poco.

-Elena, es justo que si hoy me pagaron, los ayude en algo, no sería justo que me comiera la comida de ustedes y no los ayudara.

– Está bien, pero sabes que nosotras somos gente sencillas, sin lujos, pero lo que tenemos lo damos de corazón y ve a bañarte que se te enfría el agua.

Esa noche, después de comer, Yeni y Manolo se sentaron en el portal, mientras conversaban pasó Lucy, amiga de Yeni en el preuniversitario, había dejado los estudios, cuando decidió tomar un camino “fácil” y mejorar su nivel vida. Se saludaron y aunque a Yeni le sorprendió la cara de asombro de Lucy, no le dio mucha importancia.

A la mañana siguiente, cuando Manolo se marchó a trabajar y Yeni se preparaba para ir a sus clases, alguien tocó a la puerta.

-Soy yo, Lucy, ábreme, tenemos que hablar.

Lucy se sentó en el sofá, al lado de Yeni.

-Sabes que te tengo afecto y aunque hemos dejado de vernos sigo siendo tu amiga, tú me criticaste por esta vida que elegí y sé que tienes razón, pero es la única forma que encontré para que mis viejos no se me murieran de hambre. Me hubiera gustado ser como tú y tener cabeza pa’ los estudios, a mi Dios me dio un culo grande, pero no me dio cabeza pa’ los estudios. Sé la clase de persona que eres y te quiero y admiro, por eso me atreví a venir a hablar contigo. ¿Conoces bien a ese hombre con el que estabas anoche en el portal? Me enteré que esta parando aquí, ¿Sabes quién es?

-Se llama Manolo, está aquí por trabajo, no le pagan muy bien, pero dice que le gusta La Habana, yo le ofrecí mi casa, para que se ahorrara el dinero de rentar en otro sitio y pudiera ahorrar.

Lucy casi se atraganta con la risa.

– ¿Ahorrar? ¿ Que le pagan poco en el trabajo? Ese tipo es uno de los gallegos más ricos que ha pisao La Habana mi santa, tiene un baro que pa’ que. Me extrañó verlo aquí, porque tú no naciste pa’jinetera, contigo Diosito si se botó, cabeza pa’ los estudios y un culo más grande que el mío, que ya es mucho decir, pero lo tuyo es estudiar y triunfar por ti. Por eso vine a verte, ¿ Qué cuento chino te ha contado el tipo ese?.

Yeni la escuchaba con todo el asombro y el dolor del mundo.

– No puede ser Lucy, tú estas equivocada de persona, confundida, Manolo es pobre y es un buen hombre.

– Buen hombre puede ser, yo no digo que sea mala persona, pero es muy rico y no sé porque ese cuento chino de que es pobre y esa telenovela de ahorrar y contar los pesos, aquí hay gato encerrao mi santa, ese tipo se trae algo escondió. Él no me conoce, pero yo sí lo he visto, todas las jineteras de La Habana están puestas pa’ él, ha estado con algunas y siempre paga bien. Dice mi amiga Cristy que es buena cama, que ella trató de engatusarlo, pero el tipo es un camaján y después de 3 noches le vendió el cajetín.

– ¡Manolo pagando jineteras y con dinero! No te creo, no te quiero creer, si nos enamoramos a primera vista, si parecía que toda la vida nos habíamos estado buscando, no, no puede ser, mi Manolo no es el hombre que tú conoces, tú hablas de otro.

Gritó Yeni, conteniendo el llanto, negándose a aceptar una verdad que le traspasaba el alma, que mataba ilusiones, que derrumbaba sueños.

– Cálmate Yeni, que tu mamá se va a enterar, yo solo vine a contarte porque estaba segurísima que ese tipo te había contao un cuento. Lo que no sé, es que se trae entre manos, si esta jugando sucio, si está enamorao, si se quiere acostar contigo y después decirte, quita catao que voy echando, si te he visto no me acuerdo o si de verdad está cogió contigo y quiere hacer hueso viejo a tu lado, no sé. Yo sólo vine a abrirte las entendederas, que soy tu amiga y no me gusta que te cojan de comemierda. Lo que tu hagas, pa’ mi esta bien hecho.

Yeni despidió a Lucy y fue a su cuarto, a llorar su rabia y su pena, no fue a la Universidad, no podía. Después de horas llorando, se dio un baño, se arregló y esperó a Manolo.

Cuando Manolo se bañó, Yeni le pido ir para la sala, para conversar antes de comer y que su mamá no los escuchara.

– Manolo, voy a ser directa contigo, no me gustan las mentiras, ni los juegos sucios.¿Como es eso de que eres muy rico y que has estado con jineteras? ¿ Que daño te hice para que te burlaras de mi? ¿En que momento se te ocurrió jugar conmigo y burlarte de mi?

– Flor

Me llamo Yeni y por favor no vuelvas a llamarme nunca más así, la flor se marchitó Manolo, la mataron tus mentiras y tu burla.

– No me condenes sin escucharme, déjame hablar. Es cierto que soy rico, que si vengo acá es por negocios, soy accionista de varios hoteles. También es cierto que he estado con mujeres y que les he pagado, sexo fácil que no pasa de ahí, desahogos de calenturas y como sé que pasan trabajo, siempre les regalé algo. Pensé hablar contigo más adelante, pero disfrutaba tanto esto de compartir tus necesidades que créeme, hubiera pagado por borrar mi pasado y ser pobre con tal de poder estar a tu lado en esta casita. Te vi varias veces al salir de la Universidad, pasaba en el coche y te seguía hasta tu casa. Averigüe todo sobre ti, todo y planee nuestro encuentro, no con el afán de llevarte a la cama, que te consta que siempre te he respetado y de besos y alguna caricia robada, no hemos pasado, te quiero para siempre Yeni, no quiero perderte, entiendeme.

– Entiendeme tú a mi, como creerte si todo fue mentira, que no me dijiste que eras de CenteoHabana para no empezar con mentiras, coño Manolo, si todo fue mentira, una tras otra. Yo, la tonta del pueblo, soñando que un día te quedaras fijo a trabajar aquí y casarnos, vivir en mi casita y ser felices. Manolo, porque la felicidad existe, aún entre nosotros, los pobres. ¿ Por qué te burlaste de mi? ¿Por qué coño?

– Sabia que si me acercaba a ti como Don Manuel, bajandome de un Mercedes y con ropas de marca, me habrías rechazado, acéptalo Yeni, tú no eres de las que se vende y no hay dinero en el mundo para comprar a una mujer como tú. Cuando te vi, cuando supé de ti, comprendí que no te quería para una o tres noches, te quiero para siempre. Te mentí, es cierto, nunca pensé que en este barrio alguien pudiera reconocerme, quería ganar tiempo y cuando estuviera seguro, contartelo todo mi amor. Esto parece una novelita de Corin Tellado, de esas que guarda tu mamá, pero es real, tan real como mi amor Yeni. De ti depende perdonarme o condenarme, salvarnos o hacernos sufrir toda la vida por este desencuentro. Todo puede ser una mentira, menos este amor, perdóname mi florecita, déjame ser tu eterno jardinero.

Yeni, confundida y enamorada, dejó a las lágrimas hacer de las suyas, Manolo la tomó en sus brazos y las besó una a una.

– Mi florecita linda, no llores, que se mueren de envidia en el jardín. Dejame quererte, no voy a interferir en tus estudios, ni en tus sueños; déjame solo ser parte de ellos y ayudarte a alcanzarlos.

– ¿Te casarias conmigo Manolo, con esta pobre muerta de hambre que un dia será una gran científica? Porque yo no nací para querida de nadie, ni para bajarle calenturas a ningún hombre.

– Llama a tu mamá.

– Mami, ven, Manolo quiere hablar contigo.

– Dime Manolo, ya casi está la comida, el potaje me quedó delicioso.

– Elena, ¿Usted aceptaría que Yeni y yo nos casaramos la próxima semana?, algo sencillo, pero no quiero esperar, quiero que sea mi esposa cuanto antes.

– Claro mi hijo si desde que te vi supe que la querías de verdad, de esos amores para toda la vida que ya solo existen en la novelitas que leo. Una madre no se equivoca y ustedes se aman de verdad, para saber que eres bueno, no me hace falta saber de ti, basta con mirarte a los ojos.

– ¡Nos casamos Yeni, nos casamos la semana que viene!

Un aroma de flores y un aliento a futuro inundó la humilde casita de CayoHueso.

Fotografía tomada de Google.

 Tremendo sal pa’ fuera en Hialeah.

Esto de escribir dando mi opinión o comentando en primera persona algún suceso,  hace tiempo  que, como que no me gusta. Prefiero inventar una historia donde los personajes hagan de las suyas y si no les gusta lo que dicen, vayan a Hialeah y entiendanselas con Micaela y Juana.

Juana y Micaela eran vecinas en Cayohueso, un barrio de Centro Habana,  por esas casualidades de la vida ahora son vecinas nuevamente. Hialeah las acoge y protege,  casi con el mismo amor que su barrio de antaño. Micaela lleva 20 años  viviendo aquí, Juana sólo 15,  ambas son ciudadanas americanas y cada una ama, a este país que las acogió y les dio derechos, a su forma y manera.

Micaela es demócrata de pura cepa. Cuando la Hillary perdió en noviembre,  estuvo una semana vestida de negro,  los que pasaban por su casa oían  su voz.

-Esto es una pesadilla, en algún momento alguien me despierta y to’ esto es mentira y el Trump no es presidente na’.

Micaela despertó  y Trump seguía siendo presidente. Comprendió que no siempre se gana y que las libertades y derechos que este país le daba, a pesar de no haber nacido en él,  le permitirían criticarlo; decidió  resitir y luchar por este, su país 

Juana estaba más feliz que una lombriz, amaba a Trump, mas allá  de razones y noticias.

Una tarde que Micaela le preguntó el por qué  de ese amor por Trump, sólo  dijo. 

-Porque me da la gana, me sale de la entretela, ese hombre hará grande a este país  de nuevo.  De buena nos libramos, de la vieja mentirosa esa.

Ahí  mismo fue cuando se armó la gorda, aunque las dos eran flacas.

-¿Qué cojones tu estas diciendo de mi Hillary? Tú  puedes apoyar todo lo que quieras al viejo loco de mierda ese, pero ya quisiera él  tener la mitad de la preparación de ella. Ese hombre será presidente y to’ lo que tú  quieras, pero está mas loco que un chivo y mas perdió que un conejo en un campo e’ lechuga.

– Deberías respetarlo y no hablar asi mi santa, es el presidente y punto. Hay que apoyarlo. Te guste o no te guste, perdieron, entiendes, P E R D I E R O N. Y si no les gusta, ¡vayanse!

-Esperate un momentico y explícamelo en letra de molde. Tú  te la pasaste hablando horrores de Obama y burlandote de él,  que fue electo en dos ocasiones y por amplia mayoría y ahora resulta que hablar mal de Trump es ir contra el país  y no ser patriota, pero hablar mal de Obama si se podía.  O sea que al negro lo podían acribillar, pero al naranja no. ¿ Cuál es la diferencia mi santa? Acláramela antes de que me dé  un yeyo. Y dejame aclararte la mente, no soy perdedora a na’. Esto no es un asunto personal, pa’ mi quien perdió fue el país,  elegiendo a ese tipejo. Y pa’ que no te equivoques, no me voy na’, porque éste, es también mi país.  Cada vez te pareces mas a Tete comité,  con eso de que se vayan, que se vayan, cuidao con las consignas, que la que parece comunista eres tú. 

-No es lo mismo Obama que Trump,  mi santa.

-No, claro que no, Obama era negro y eso es lo que muchos no le perdonan.

-Ay Micaela esta niña, no quieras coger el rábano por las hojas . Trump es un gran hombre, dejenlo gobernar, es que la prensa y los medios la tienen cogía con el pobre hombre, dejenlo gobernar en paz y ya verán. 

-Tú querrás decir, dejenlo acabar con el país  en paz.  Me recuerda tanto a uno que tú  y yo conocemos muy bien y que mucho que nos jodía a todos. 

-Acabar nada, Trump nos va a salvar del comunismo,  la Vieja Clinton es tremenda comunistona y nos quería hundir.

-Chica yo creo que a ti la Cocacola te ha jodio el cerebro. Asi que la Clinton comunista y ¿Quién  es el amigo de Putin? O ahora resulta que el hijo de la gran Putin no era de la Kgb y tremendo comuniston y dictador que es.

-No te metas con Trump, sabes qué,  gana Trump mil veces, un millon de veces, Trump para todo el mundo, pa’ lo que sea Trump, pa’ lo que sea. La vieja de mierda perdio, por suerte.

-Niña  toma sopa de cabeza de cherna a ver si se te ilumina el cerebro y se te abren las entendederas. Tú  tambien eres de las que estan emocionadas porque el viejo le recogió la gorrita al soldado ¡Que manera de comermierda caballero!

-Eso si es un presidente y aquí la única comemierda que hay eres tú  y todos los demócratas de mierda que quieren joder a este pais.

-Ponte pa’ tu número que el despertar va a ser duro cuando te quiten el Obamacare y ningun seguro te coja por hipertensa. No se si ser comemierda será otra condición mas pa’ que ningún  seguro te coja, porque eso es lo que tú  eres tremenda comemierda.

-¡Comemierda tu madre! 

Tremendo sal pa’ fuera y dale al que no te dio. Micaela y Juana se cogieron de los moños  y parecía que la sangre iba a correr por Hialeah. Salieron Enrique y Manolo, a separar a sus mujeres.

-¿Ustedes que comieron hoy? Aparte de mierda, mas de 30 años  siendo vecinas y ayudándose y ahora faja’s por Trump, Obama y la Hillary. Ninguno de ellos tiene idea de que ustedes existen y a los 3, ustedes les importan un carajo. Por política  no se destruyen amistades, ni familias, que despues ellos se arreglan y ustedes quedan cagaos.  Preocupense por resolver sus problemas y no anden fajas sin motivo real, da pena. Si quieren de verdad meterse en política vayan a covencer a todo el mundo que salga a votar la próxima vez. Que los malos políticos son electos por la gente que no vota. ¡ Que gente caballero, pero que gente!

Fotografía tomada de Google.

Chencha y Asunción van al Artime a ver a Trump. 

Chencha se despertó temprano, se puso su aparatico para poder oír, hacía años no podía oír nada sin él,  llamó a su vieja amiga Asunción .

-Mi santa por tu madre llevame al Artime hoy, tengo todo listo. No quiero perderme el discurso del payaso naranja sobre los cambios en la política  hacia Cuba.

– Tú sabes que yo soy Trumpista hasta la tambora, no me lo llames asi y si tan mal te cae mi presidente ¿Para qué coño  quieres ir a verlo al Artime?

-Quiero estar ahí,  te juro que si vuelve a poner la ley de “pies secos, pies mojados “, aunque sea para que los que están en Mejico esperando un milagro, voy y le doy un beso y lo aplaudo como la que más. Vaya que hasta empiezo a gritar por las calles ¡Gana Trump! Como hace mi amiga Maga.

-Si es asi yo te llevo, te recojo temprano y vamos . Yo sé  que mi presidente es un barbaro y hoy va a hacer historia. Que se preparen los comunistas que le va a dar candela al jarro hasta que suelte el fondo. Esto si es un presidente apululu de ideas.

Chencha y Aduncion, gracias a amistades de Chencha consiguen un buen lugar en el teatro y se alistan a escuchar al presidente. Comienza a hablar. Al final del discurso la gente aplaude enardecida, bravo le gritan. Chencha está fajada con su aparatico para poder oir, le dice a Asunción. 

– Eata mierda se jodió, no pude oir na’, ¿Qué  dijo, me paro y le doy un beso? Dime mi santa.

-Nada, el cuartico se queda igualito, nada de “pies secos, pies mojados”, la embajada sigue abierta, las aerolineas volando, siguen los cruceros, los americanos siguen viajando a Cuba, con un poco menos de relajo, siguen las remesas, vaya como diría la vieja Pancha, mucho ruido y pocas nueces. La culpa es del Marcos Rubio ese,  por mal aconsejarlo, desgraciao.

-Yo seré sorda, pero no comemierda y si nama’ dijo eso que tú dices, ¿Por qué  tanto aplauso y tanto grito?

-Na’ lo mismo con lo mismo, eso mismo me pregunto yo.

-Alabao, entonces casi todito lo que hizo el negro se queda ¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografia tomada de Google.