¡TALISMAN!

Arrancó un vuelo tricolor de su bata, lo lanzó al aire y una inmensa bandera cubana, cubrió la casa, protegiéndola de lluvias y vientos.

Habanero2000.

Andamos dispersos por el mundo. Nos hemos inventados nuevas casas, nuevas tierras, nuevos mundos. Otros cielos y nubes, adornan nuestros amaneceres y noches. Nosotros, los que nos fuimos, los que un día decidimos partir, cargando solo con recuerdos, sin mirar para atrás, por miedo a no poder irnos. Nosotros, los cubanos, más allá de religiones y creencias, llevamos siempre, en el alma, visible en la piel, tatuado en la frente y en los ojos! Un talismán o resguardo que nos protege de penas, tormentas y angustias. No es un resguardo del folklore, tampoco una estampita, oración o escapulario que tomamos en la mano en momentos difíciles, es algo más fuerte, más importante. Nos acompaña en las buenas y en las malas. Cuando faltan las fuerzas, cuando el cielo oscurece, lo desplegamos, nos cubrimos con él, seguros y confiados que nos basta para capear temporales y relámpagos. Bajo su protección, nada nos asusta, nada nos vence ni intimida; nuestro talismán es; nuestra bandera!

Basta mirarla ondear al viento y sabemos que todo va bien, no hay dolor que se le resista. No importa donde estemos, si muy al norte o muy al sur, entre hielos y nieves o sudando a mares, entre rayos de sol y sequías extremas. Nuestra bandera, cambia de forma, se adapta a climas, esta siempre con nosotros, no nos abandona. Es el brazo poderoso de la patria, que nos sostiene, nos levanta en alto, cuando el vacío se abre a nuestros pies. Lo dejamos hacer, seguros que a su sombra, todo esta bien. Talismán único e inigualable que no distingue entre cubanos, protege a todos por igual.

Sus poderes, le permiten ser puente, transporte, cielo y tierra, mar y viento. Alfombra mágica que nos lleva a recuerdos y nostalgias, mezcla inigualable de color y sabor cubano. En este, nuestro andar por el mundo, hemos aprendido a amar y respetar otras banderas, pero el lugar de la nuestra, permanece intacto, intocable, seguro.

No hay cubano, que no ame a su bandera, especialmente entre los que un día, decidimos o tuvimos que partir a luchar por nuevas vidas. La trajimos con nosotros, allí, donde decidimos quedarnos, la clavamos bien hondo. Ella, como nosotros, echo raíces en otras tierras, se rodeo de palmeras, girasoles, se ungió de miel, guarapo y ron. A su alrededor, revolotean colibríes y tocororos. Junto a ella, armamos vidas, familias y sueños, a su influjo nos trajimos nuestros barrios y ciudades, nuestros campos, nos inventamos una Cuba, en el exilio.

Muchos, la llevan en el auto, otros, la ponen en la casa, en el jardín, o la llevan en la camisa y la blusa. Cualquier pretexto u ocasión es bueno, para lucir una bandera cubana. En esta forma nuestra de gritar; cubano ciento por ciento!

Nuestra bandera, se despliega por el mundo, como nosotros. Va a nuestro lado, abre caminos. No nos deja olvidar nuestro origen, asegura el camino de regreso, se lo inventa en cada franja, lo ilumina con su estrella. Nos recuerda la sangre derramada, nos compromete y alienta, a regar la tierra con la nuestra, si fuera necesario.

Talismán gigantesco, que es a veces un nudo en el pecho, unas ganas inmensas de hacer algo. No son tiempos de esperar a verla deshecha en pedazos, para que muertos y vivos, se levanten a defenderla. Son tiempos de hacer algo por ella, antes que se nos rompa de tanto extenderse en esa ansia de cuidarnos, de tanta pena acumulada, de tantas lágrimas secadas. Pongamos la bandera en nuestro pecho y a su fuerza e influjo, seamos, entre todos, el asta que la levante a lo más alto, segura del futuro y la esperanza.

Fotografia de Yohandry Leyva.

La Habana en el recuerdo.

Cuando vivíamos en La Habana, soñábamos con irnos, con abandonar la ciudad, para siempre, salir de ella, a cualquier precio, de cualquier forma. Todo nos molestaba, la espera de las guaguas, las colas, las calles sucias, odiábamos carteles, consignas y prohibiciones. En mas de una ocasión escuche hasta maldecirla; maldita ciudad, dijeron mas de uno. Cansados de apagones y racionalizaciones, culpábamos hasta a las piedras de nuestra frustración y limitaciones. Queríamos alas y volar cuanto antes.

Muchos logramos irnos, después de intentos y sueños. La Habana, quedo lejos, inaccesible en cierta forma. Parte del pasado, no mas presente, ni futuro cierto. Entre ella y nosotros; recuerdos, luchas, mar y restricciones de un lado y del otro. Habana, inalcanzable del todo, inabarcable en el recuerdo.

Nos inventamos otra Habana, recreamos otra ciudad en nuestros sueños y memoria. Vestimos La Habana de blanco, la adornamos de girasoles y la hicimos nuestra eterna novia. Novia fiel que espera y no traiciona. Aprendimos a mirarla diferente, la despojamos de escombros y carteles. En la distancia, aprendimos a valorarla y  agradecerle por existir.

Cambio la imagen de nuestra ciudad, nuestros pasos al andarla, real o imaginariamente, nos llevaron a nuevos sitios. El sol de la nostalgia, ilumino cada rincón de nuestra ciudad. La memoria, reedito lo mejor de nuestras vivencias. Nuestros ojos, tras lentes de inmigrantes, descubrieron colores, arco iris y palmeras al viento, se deslumbraron ante tanta luz. Poco a poco, se fue hermoseando, nuestra ciudad, como mujer embarazada de futuro, se hizo mas bella y mas amada, especial!

La  ciudad, que un día cargamos con culpas ajenas, fue declarada inocente. En juicio publico con miles de testigos y abogados defensores, fue liberada de cargos. La ausencia de acusadores, garantizo su absolución total. El juez, dio su veredicto, cuando golpeo sobre la mesa con su mazo, cientos de colibríes volando, ratificaron sus palabras; inocente de  culpas, culpable de provocar amor y añoranzas, libre para siempre, condenada a amar y ser amada eternamente.

La ciudad, un día maldecida, se lleno de bendiciones, donde hubo molestias y hastíos, descubrimos amor, sueños por realizar, tareas por hacer. Donde pensamos existía sólo pasado, descubrimos, poco a  poco, el futuro. Donde había oscuridad, poco a poco, anunciando un mañana mejor, la luz, se fue abriendo paso.

No, La Habana, no es una ilusión óptica o un recuerdo de algo que un día existió, es real, tangible, nuestra. No existe solo en nuestras mentes, no la inventamos una tarde de nostalgias, esta allá, esperando, soñando junto a nosotros y el futuro.

La ciudad, de la que tanto quisimos huir un día, termino, para siempre, atrapándonos, no nos resistimos, la dejamos hacer. Terminamos enredados en recuerdos y sueños. El amor, la nostalgia, rompieron velos que no dejaban verla, apreciarla plenamente. Fantasmas amigos, se encargaron de habitarla y cuidarla por nosotros, nos la muestran en cada reencuentro, nos la traen al exilio. La Habana, abre sus brazos, reclina su cabeza en el malecón y espera. Sabe que el futuro que lleva en sus entrañas, no tardara en nacer, acaricia su vientre, nos mira, sonríe, sabe que no esta sola, cuenta con nuestro amor y presencia.

El teatro musical de La Habana.

Consulado y Virtudes, una esquina, donde el teatro insiste en nacer, en florecer, luchando contra derrumbes y abandonos. Primero el Alhambra, después el Musical de La Habana. Hasta esa esquina, me guiaron mis pasos, me llevo la magia de La Habana, una tarde que decidí salir a caminar y conversar.

Acompañado de fantasmas, andando entre ellos, recorrí gran parte de la Ciudad. A veces, aunque ellos me apremiaban a seguir, tenia que detenerme, uno pierde la costumbre de ese caminar por horas por nuestras calles. Persiguiendo balcones y sabanas blancas al aire, me vi de pronto, frente al Musical de La Habana, un teatro que en más de una época, hizo historia en La Habana. Su estado, casi en ruinas, casi me impide reconocerlo, no era así como vivía en mi memoria.

Recuerdo sus revistas musicales, con estampas costumbristas, sus pinceladas de humor, que intentaban criticar y comentar la actualidad; La negrita catedrática, La Mazucamba y un sinfín más. De la mano de Héctor Quintero, vivió momentos de esplendor, lo fundo y guío durante años. Mi bella dama, donde Mirtha, demostró todo su potencial en el teatro musical, La Fornes en el musical y muchos espectáculos mas, que dejaron su huella, para siempre, en la historia del teatro habanero y en nosotros. El musical, como ningún otro teatro, se acercaba a nosotros, a nuestra realidad.

De todos los rincones de La Habana, acudía su público, convocado por el arte y el buen hacer. Nos burlábamos de guaguas llenas y apagones y nos reuníamos a su convocatoria y embrujo, seguros de pasar un buen rato, de ver algo diferente; nuestro. Si el Lorca, nos ayudaba a evadirnos y a soñar con mundos desconocidos, El musical, nos llevaba por las calles habaneras, con el, entrábamos a solares, y cafeterías, recorríamos nuestra ciudad.

Ver El teatro musical de La Habana, en ese estado, casi me deprime. Un buen y querido fantasma tuvo que darme una palmada en la espalda y decirme; que pasa, acaso no has visto cosas peores? Esto tiene solución, hay otros sitios, que nunca mas volverán a existir. Me tomo de la mano y me llevo al interior del teatro. La portero, me dijo, no puede hacer fotos, mi amigo fantasma, tomo la cámara; total a mi no pueden verme, me dijo, reímos juntos.

Allí, en medio del abandono total, como flores vencedoras, entre escombros y abandonos, ensayaba un grupo de jóvenes. No todo esta perdido, me dijó mi amigo, ellos, harán el milagro! Me dio un abrazo y desapareció, rumbo a la eternidad, donde habita. A esos jóvenes, no les importaba el estado ruinoso y de abandono del lugar, ensayaban entre risas, miraban al futuro con ojos de juventud, confiados y seguros que, nada es imposible.

Se que el teatro musical de La Habana, algún día, renacerá de sus ruinas, tal vez yo no asista a su función de apertura, iré a otras. Muchos, de una forma u otra estaremos presentes, de la mano de fantasmas o siendo uno de ellos. Evocaremos funciones pasadas y entre aplausos y recuerdos, nos fundiremos con esa juventud, que a pesar de ruinas y escombros, abandonos y negaciones, con solo existir; asegura el futuro!