¡Mi hija es ahora mi hijo, es hombre!


Desde que Diana quedó embarazada sabía,  presentía que sería  un varón. Estaba feliz, radiante, esperando su primer hijo. A pesar de su juventud, Diana era una mujer madura, de esas que saben lo que quieren y luchan por ello, con un corazón enorme, capaz de dar albergue a todo el amor del mundo.

Cuando le  dijeron que el bebé sería  una hembrita, se sorprendió, estaba segura que traía  un varón,  pero no por ello dejo de amarle y esperar con ansias el momento de tener a su hija en sus brazos.

Luisita nació y Diana estaba feliz con su hijita, orgullosa y llena de ilusiones. Una hija que sería su amiga, se entenderían muy bien, lo sabía.

Luisita creció, siempre prefirió  jugar con sus amiguitos, correr y mataperrear con ellos por las calles del barrio, como uno mas del grupo. Jugaban a los bandidos, a los cogios, a subirse a los árboles, mas de una vez tuvo que correr Diana al hospital por partiduras de cabeza y hasta fraturas de Luisita.

Un día una amiga le dijo a Diana.

-Ay mi amiga, ¿Tú  no ves algo raro en Luisita?

-¿Raro?  No, es una niña completamente sana y con muy buenos sentimientos, mejor no la quiero.

– No me refiero a eso mi santa, yo sé  que esa niña es de oro puro. Tú  no te has dado cuenta que se viste como varón, y juega como varón, es algo más  que ser marimacha.

– Si me he dado cuenta, soy su madre y a una madre no escapa nada. Sólo la dejo encontrar su camino en la vida, sin imponerle reglas, ni tabúes,  que crezca feliz eligiendo su camino y lugar en la vida.  Cuando vamos a comprar su ropa, la dejo elegir, sus juguetes los  elije ellas; es su vida y sólo  ella tiene derecho a vivirla. No seré  yo quien le imponga un futuro a mi hija.

-La  verdad que te admiro, si a mi una hija me saliera de esas de pan con pan; tortillera, me daba un yeyo y tú lo  coges todo  tan tranquila.

-Primero que todo, Luisita no es lesbiana, tortillera como tú  dices. Yo creo que nació  en el cuerpo equivocado, que es un chico atrapado en el cuerpo de una mujer, pero eso sólo  lo dirá  el tiempo. Mi hija o mi hijo, encontrará  su lugar en el mundo y cualquiera  que sea  estaré siempre a su lado, con el mismo orgullo del primer día  que le parí.

-Tú  eres una mujer que se manda y se zumba, una cojunua mi amiga, contigo hay que joderse y sabes qué,  te admiro; gente como tú hay pocas, por eso todo el mundo te quiere y te respeta en todo el barrio.

– Déjate de guataqueria y vamos p’ la cocina, voy a colar café. 

Asi, poco a poco, Luisita se hizo “mujer”, cumplió sus 18 años. Estrenó  una camisa a cuadros, jeans y unas botas que Diana logró comprarle para complacerla. Cuando Luisa salió  del cuarto vestida para salir con sus amigos, Diana la besó  y le dijo.

– Ay mi hijita, cada día estas mas linda.

-Mamá, me gustaría que me llamaras Luisito y me trataras como a un hijo. No me siento mujer, me siento hombre, pienso y actuó como un hombre, no me considero gay mamá,  me siento hombre. Yo no soy una mujer que le gustan las mujeres, soy un hombre encerrado en este cuerpo, luchando por escapar de él.

-Siempre lo he sabido mi hijo, siempre, pero tenía que esperar por ti, que tú  decidieras, dejarte elegir libremente tu lugar y tu camino en la vida. Ven, sientate a mi lado o mejor en mis piernas, como cuando eras chiquito y mis brazos bastaban para protegerte del mundo.

-Mamá,  mamá,  eres de oro, la mejor madre del mundo, estoy tan feliz y orgulloso de ti. Sólo  me preocupa papá.

-Soy yo la que esta orgullosa de ti, de que tengas el coraje de luchar por ser quien  quieres ser. Yo no podré protegerte de todos,  ni de todo, pero siempre me tendrás  a tu lado, incondicionalmente. No te preocupes por tu padre, ya hemos hablado sobre esto y no lo elegí como padre de mis hijos por gusto.

– Mamá,  yo siempre pensé que esto no tenia remedio, que tendría que conformarme con vestir y actuar como hombre, sin llegar a serlo nunca. Anoche, en casa de Yazmani, vi un video y leí  la historia de Laith Ashley de la Cruz, es un hombre mamá,  un machazo, trabaja como modelo, pero nació  mujer, como yo. Luchó duro, se enfrentó  a todos y hoy es un hombre que se come el mundo. Saber su historia me hizo ver el camino a seguir; mamá,  quiero ser hombre, transformar mi cuerpo del todo y ser macho, macho de verdad. ¿Me ayudarías y apoyarías en este difícil  camino que voy a iniciar para ser realmente un hombre?. No sé para que pregunto, si sé  la respuesta. Mamá,  quiero comenzar a cambiar del todo, quiero ser  un hombre pleno, un macho mamá.

-Estaré  a tu lado mi hijo, pero no sólo para tomar tu mano y decirte aqui estoy; lucharé junto a ti por lograrlo,  hijo mío. Tu padre, yo y tu hermano, estaremos contigo, no lo dudes.

Se abrazaron muy fuerte, uno de esos abrazos capaces de sellar alianzas y vencerlo todo; un abrazo que asegura victorias.

Poco a poco Luis, como ya lo llamaban todos, comenzo a cambiar. Primero tratamiento de hormonas, operaciones, atención de sicólogos, no era fácil ,  pero Luis sabía  que lo lograría ;  tenía una voluntad de hierro y buenos aliados a su lado.

Una tarde, conversando con su mamá le dijo.

-Mamá me siento bien, cada día mas fuerte y seguro. ¿No te arrepientes que tu hija sea ahora un hombre, no se te han perdido sueños en el camino?

-No mi hijito, un hijo o hija, siempre es nuestro, tome el camino que tome. Sentiría verguenza de ti, si fueras una mala persona, un ladrón,  un asesino, tú  no elegiste nacer en el cuerpo equivocado. ¿Sabes que cuando estuve embarazada de ti estaba seguro que traía un varoncito? Parece que al final no me equivoqué y mi hija encontró el camino para ser mi hijo. Estoy feliz por ti, por tu fuerza, por no darte por vencido, eres un hombre mi niño; todo un hombre.

-Gracias mamá,  gracias, sin ti todo hubiera sido distinto, difícil y duro.

-Para eso estamos las madres mi niño, para luchar con dientes y uñas por nuestros hijos. No me des  todo el mérito,  tu padre, tu hermano y tus abuelos han hecho lo suyo. Todos hemos estado junto a ti. Eres lindo Luisito, lindo, fuerte y bueno, te mereces este triunfo. 

-Gracias mamá ,  gracias, te amo tanto.

Se abrazaron, madre e hijo, seguros de su amor y sus victorias
La historia es real, yo sólo la conté  a mi manera. Mis respetos y admiración para Román  y para esa madre con un corazón,  donde cabe todo el amor del mundo.

La Monalisa en La Habana.

Monalisa en La Habana, de Fuentes Ferrin.
Aislada de todo y de todos por un cristal antibalas que la protegía de balas, ácidos, chorros de pinturas y hasta tazas lanzadas contra ella, se aburría enormemente. Cansada hasta el cansancio de que miles la miraran y ni uno solo le dedicara una palabra de cariño. Por las noches conversaba con ella misma, aburrida de su vida solitaria.
– Hasta cuando tendré que estar aquí encerrada, sin conocer el amor, sin vivir. No se cuanto tiempo me quede siendo aún atractiva, cualquier día me desmorono o desintegro, seré solo un recuerdo. Me iré sin conocer el abrazo de un hombre de verdad, sin disfrutar de la vida, sin conocer sus milagros y misterios. Ay Leonardo, por que me convertiste en una obra de arte, preferiría ser una mujer común y corriente. ¡Quiero vivir!
Así se lamentaba cada noche de su suerte la Monalisa. Por el día, fingía su sonrisa, cruzaba sus brazos y se hacia la desentendida, la enigmática.

Una tarde de domingo la Monalisa se sorprendió por un colorido grupo que la visitaba. Hablaban alto, gesticulaban, mezclaban modas y tendencias, reían a carcajadas, casi, casi logran transformar su enigmática sonrisa en una carcajada. Hasta ganas sintió de extenderles la mano. Socializar con ellos se le antojo el non plus ultra de la felicidad y la alegría.

Cuando cerraron el museo, aprovecho para preguntar a uno de los personajes de Las bodas de Caná.
– ¿Quienes eran esos que vinieron hoy y armaron tanto alboroto? Me gustaron.
– Son cubanos, deben ser recién llegados, como les llaman a los que acaban de salir de Cuba.
Pronuncio con especial deleite la palabra Cuba, dejando intrigada y pensativa a Monalisa.

Una semana de reparaciones en el museo, juntaron en la misma habitación a Monalisa y a la Venus de Milo. Comenzaron a cuchichear entre ellas, la Venus, por su experiencia, más de 2 000 años vividos, se las sabía todas, como diríamos nosotros.

– Cuéntame de los cubanos y de Cuba, hace días conocí a un grupo y me dejaron con ganas de saber más de ellos, de contagiarme con su risa, de inventarme gestos con mis manos.
– Los cubanos son tremendos, uno me dijo un piropo una vez que nunca he podido olvidar. Cuando me siento sola, aburrida, cansada de tanto exhibicionismo, de este mármol frío y de esta ausencia de brazos, me ayuda a soportarlo todo.
– ¿Y que te dijo ese cubano Venus?
Suspiro lentamente, como reviviendo el momento en que lo escucho.
– Tú con esas curvas y tu experiencia, yo con estas ganas y este ardor…
– No dijo más, pero desde ese día solo pienso que saldría de esa combinación de ardores y experiencia.
– ¿Venus, has pensado alguna vez en ir a Cuba? ¡Te imaginas un encuentro con ese cubano del piropo!
– Lo he pensado un montón de veces, pero sola no podría, mírame, sin brazos.
– Yo voy contigo, me muero por conocer esa gente, sus costumbres, caminar por las calles de La Habana.
– Si vamos a ir, creo que lo mejor es invitar a Davicito.
-¿Davicito?
– Si el David de Miguel Angel, es muy amigo mío y siempre será bueno que nos acompañe un hombre.

Monalisa le envío un email a David con la invitación para que se les uniera en su viaje a La Habana. Allá en la Galería de la Academia de Florencia se armó un revuelo enorme cuando se enteraron que David, planeaba viajar a La Habana. Esto va a ser peor que “El rapto de las sabinas”, dijo uno. Los cuatro prisioneros, intentaron inútilmente salirse de su escultura sin terminar, acompañarlo. Hasta Venus y Cupido interrumpieron su idilio, asombrados de la osadía de David. Monalisa recibió un email muy escueto; acepto, compro ropa y me uno a ustedes en Paris.

David, demoro poco en viajar a Paris. Fue directo al Louvre, vestido con ropas modernas y con espejuelos de sol nadie lo reconoció. Cuando estuvo frente a la Venus de Milo, se quito los espejuelos.
– Voy a comprar ropas para ustedes esta tarde y a sacar los pasajes de avión. Esta noche vendré a buscarlas, mañana a primera hora saldremos para La Habana.
– Confiamos en ti David, mañana, estaremos en La Habana.

No tuvieron grandes dificultades para salir de Paris. Nadie podía imaginarse que esas dos mujeres y ese muchacho que viajaban en clase económica y hablaban varios idiomas, eran las tres obras de arte más conocidas y cotizadas del mundo.

– ¿Motivo del viaje? Pregunto el inspector en la inmigración de La Habana.
David, ágil y rápido respondió.
– Venimos a ver si aquí pueden resolverle el problema de los brazos.
– Bienvenidos.

Recogieron su equipaje y salieron corriendo de la aduana. Al menos hasta ahora, nadie había notado nada raro en ellos. La primera parte del viaje había sido un éxito. El sol los deslumbro, el azul del cielo los sedujo, se abrazaron emocionados, ¡Estamos en la Habana! Tomaron un taxi al centro de la ciudad, se bajaron en cualquier esquina. Caminaban por esas calles, deslumbrados por todo. Tenían pocos días para pasear por La Habana, sabían que muy pronto se dispararían las alarmas y la policía de todo el mundo estaría buscándolos. También sabían que el último lugar donde buscarían seria en La Habana, eso les daba un tiempo de ventaja para recorrer la ciudad, conocer a los cubanos y regresar con recuerdos y sueños.

Cuando apenas habían caminado unas cuadras, Venus se detuvo, solo dijo; ¡Es él! La vio de lejos, no podía creerlo, se acerco a ella y cuando estuvieron frente a frente le dijo.
– Las ganas y el ardor han aumentado, tú sigues con tus curvas y tu experiencia. Vivo cerca, en un cuartico de un solar, pero cabemos los dos y eso basta.
Venus miro a sus amigos suplicando permiso, implorando la dejaran ser llevada en brazos hasta un pequeño y destartalado cuartico de un solar habanero.
– Vete Venus, pero recuerda en 5 días tenemos que regresar. Nos vemos en el aeropuerto.

Venus se dejo llevar en brazos por ese mulato que olía a tabaco y a hombre. El primero y único que la amaba como mujer y no como obra de arte. Llegaron a su cuartico, la dejo sobre la cama, entonces ocurrió el milagro del amor; la Venus de Milo, asombrada y feliz, vio crecer sus brazos, hermosos y fuertes. Brazos que se bastaban para retener a su hombre, aunque solo fuera por unos días.

Monalisa y David siguieron andando La Habana. Se cruzaron con un grupo de jóvenes que salían de la Universidad. David solo dijo.
– Me quedo con ellos, son mi gente y el futuro de este país.
– Recuerda, en 5 días nos vemos en el aeropuerto.

David, fue uno más en ese grupo de jóvenes. Fue con ellos a conferencias en el Aula Magna, compartieron juntos en el muro del Malecón, las olas lo salpicaron y La Habana lo adopto como un hijo más. Una mañana, un grupo avanzaba por las calles de la ciudad, con banderas al aire, carteles y gritando consigas, David se sumo al grupo.
-¿Por qué protestan?
– Estamos protestando contra el enemigo
– ¿Quien es el enemigo? ¿Por que protestan?
– Quien es no importa, un enemigo si no se tiene, se inventa. Llevamos años en esto. Sigue en el grupo, grita algo de vez en cuando y en cualquier esquina te separas del grupo y se acabo la marcha para ti, chao, yo me “piro” en la próxima esquina.

David se quedo desconcertado, no entendía esa marcha y esas consignas, ese enemigo inventado y reinventado una y otra vez.

Una tarde vio un grupo de jóvenes con banderas de arco iris, carteles y tumbadores, se acerco a ellos.
– ¿Qué hacen?
– Es la marcha por la diversidad sexual. Contra la homofobia.
– Un problema de siempre que aún no se resuelve, me voy con ustedes.
– ¿Tú también eres gay? Le soltó uno.
– Yo soy David, ser o no gay, no es el punto, lo importante es condenar la homofobia. Si supieran cuantos grandes hombres, genios, la han sufrido.
De pronto David se sorprendió y río a carcajadas, el grupo a golpe de tumbadoras coreaba un estribillo mientras avanzaba por la ciudad. “Yo soy David, ser o no gay, no es el punto”.

Monalisa, siguió sola su recorrido por la ciudad, decidida a conocer a los cubanos, a llevarse con ella su esencia y sustancia. Entraba en solares, en tiendas, hacia colas sin saber para que eran. Una tarde en plena hora pico se subió a una guagua.
– Caballero, caminen que todavía hay gente afuera.
– No empujen, poco a poco, pasito alante, vamos, vamos que cabemos todos.
Cuando por fin logro acomodarse, se le planto detrás un tipo de más de 6 pies.
– Señor por favor, tiene ahí algo duro que cada vez que frenamos o doblamos me molesta.
– Tranquila mami, no te pongas así, yo soy incapaz de molestarte. ¿Cómo te llamas?
– Monalisa.
– De lisa no tienes nada, estas muy bien y muy mona si eres. Me quedo en la que viene, este es mi número y mi nombre, llámame cuando quieras.

Atónita, seducida y casi violada en una guagua, Monalisa disfrutaba cada instante de este viaje por una ciudad detenida en el tiempo y en los recuerdos. Entro en Maternidad de Línea, vio y compartió el milagro de la vida. Se sintió madre por vez primera, cargó bebes, cambio pañales, fue feliz.

Entraba en las casas, la invitaban a almorzar. Compartió las alegrías y tristezas de un pueblo que no se da por vencido, que no renuncia a sus sueños. Un pueblo que mantiene viva la llama de la esperanza aunque un huracán de dificultades quiera apagarla. Jugó domino, bailó, tomó ron. También lavó ropa, limpio casas, trabajo en el campo, aró la tierra y recogió sus frutos. Termino amando a este pueblo que la acepto como una mas, sin preguntas. Un pueblo que la amo por ella, no por su historia, títulos o valor monetario.

El tiempo vuela, los 5 días pasaron rápido. Monalisa, Venus y David, ya tenían noticias del revuelo por su desaparición. Algunos pensaban que era una conspiración de grupos extremistas para destruir la cultura occidental, otros que algún multimillonario loco, lo había planeado todo y las tenía escondidas en alguna bóveda secreta.

Venus, se despidió de su amante con lagrimas en los ojos, a medida que se alejaba, sus brazos desaparecían.
– Volveré, lo juro, no me olvides.
– Te estaré esperando, no tardes.

David se despidió del grupo de jóvenes que lo había acompañado.
– De ustedes depende el futuro de este país. No se inventen enemigos, únanse y hagan el milagro de ese país que sueñan aquí; no lo busquen mas en otro lugar.

Monalisa, no quería irse, sabia que la opción de quedarse era una locura. Dijo adiós a amigos recién estrenados, abrazo a algunos.
– Debo irme, otros me necesitan. No dejen nunca que la llama de la esperanza se apague, luchen por mantenerla viva entre ustedes.

Se reunieron en el parqueo del aeropuerto. No tuvieron dificultades en los trámites de rigor. Un día mas tarde, sin explicación, como por arte de magia, las tres obras de arte más famosas, reaparecieron en sus sitios exactos, como si nada hubiera pasado. Ni siquiera los expertos pudieron notar un brillo diferente en sus ojos. Tampoco nadie noto un cambio imperceptible en la sonrisa de la Monalisa.

Fotografia “Monalisa en La Habana”, pintura de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.

Despedidas.

Emigrar, nos sumerge en un mundo de holas y adioses.  Hemos vivido y sufrido despedidas,  aún nos quedan por vivir muchas más. Llevamos con nosotros la maldición del  eterno adiós. Nosotros, que vivimos entre bienvenidas y despedidas, holas y adiós, sabemos muy bien el significado de separarnos de un ser querido, aunque sea por breve tiempo.

Ver a dos personas desgarrarse en un adiós, siempre nos conmueve, estremece recuerdos y vivencias. Saber de despedidas, nos hace solidarios con los que se despiden, nos hace comprenderlos y conmovernos. Nadie sabe mejor que nosotros el dolor de decir adiós, de retener en el recuerdo a seres queridos.

Hace un par de días, vi despedirse a dos muchachos, dos amantes, un fuerte abrazo y un beso que se resistía a terminar, hizo volver a muchos la cabeza, no falto algún gesto de desagrado, como si su condición de gays, les negara el derecho a despedirse, a decirse adiós libremente. Cuando uno de ellos abordo el avión, el otro, con lagrimas en los ojos se sentó a mirar el avión. Pretendía adivinar a su amigo en su asiento, decirle de nuevo adiós, aunque no podía verlo, mirar fijo al avión, los acercaba, alargaba en cierto sentido el momento de la despedida. Cuando el avión despego, lo siguió en la distancia, se paso la mano por los ojos y se fue. La tristeza, el dolor, el amor y los adioses, desconocen de fobias y frustraciones, no entienden de cara serias e incomprensiones, son como los besos, libres, desconocedores de condenas y mentes estrechas.

Entre las caras de disgusto, los gestos desaprobatorios y el amor que emanaba del adiós de los dos muchachos, me quede, para siempre, con el amor. Mis amigos, saben que siempre apuesto por el amor. Créanme, no recuerdo los rostros de los que se molestaron por esa expresión de amor, solo recuerdo los rostros tristes y enamorados de los muchachos al despedirse, sus miradas que se negaban a dejarse ver, su querer retenerse uno al otro a pesar de la conciencia del adiós inevitable.

Muchos que son incapaces de condenar el mal, de ayudar a alguien si cae, de dar una mano en el momentos justo. Esos que no tienen tiempo para dedicar a hacer de este, nuestro mundo, un sitio mejor, son incapaces de conmoverse ante una expresión de amor. Ante un hecho que debería conmoverlos y hacerlos aplaudir el amor, prefieren contraer el rostro y hacer un gesto de negación con la cabeza; niegan el amor, que no conoce de reglas, prohibiciones, ni incomprensiones.

La emoción solidaria con estos muchachos, me impidió reaccionar y pedirles permiso para hacerles una foto que me sirviera para el escrito que ya daba vueltas en mi mente, se que no se hubieran negado. Es mejor así, tienen el rostro de cualquiera que ame, de cualquiera que su amor se eleve por encima de tabúes y absurdos, tienen el rostro de la esperanza y de un mundo mejor, el rostro de los que aman sin temores, con la certeza que el amor, todo lo puede y vence!

Fotografia tomada de la pagina WHOF.

Mi amigo Travesti!

La primera vez que conocí, converse y tuve amistad con un travesti, fue por los años 90s, en una de las famosas fiestas de diez pesos. No les niego, que antes de conocerlos, tenía mis prejuicios, a veces, juzgamos lo desconocido, solo por la apariencia, no llegamos a la esencia de las cosas. Por muy liberales que nos creamos, todos tenemos nuestra parte conservadora y rígida que a veces se nos sale.

En las fiestas que un buen día, vistieron de lentejuelas y colores las noches habaneras, conocí muchos travestis, me hice amigo de algunos. Conocerlos de cerca, entenderlos, me enriqueció como ser humano, me enseño a ver los matices de la vida, a ampliar horizontes. El travesti, es  un ser humano, con inquietudes artísticas, el travestismo, con rigor y respeto, un arte, aunque algunos se escandalicen, volteen el rostro y prefieran ignorarlo.

Recuerdo a Tahomi, sus ansias de ser actor, lo llevaron a travestirse. Para él, subirse a un escenario, era una meta, el camino no importaba, si al final, lo esperaban luces y aplausos. En uno de mis viajes a La Habana, me lo encontré caminando por Obispo, me contó, emocionado, que estaba en un grupo de teatro, que próximamente haría un personaje en una telenovela. Tahomi, lo aplaudía desde el recuerdo, aunque vestidos y pelucas, se llenaran de polvo en un rincón.

Detrás del maquillaje, los vestidos y las pelucas, hay un hombre con un gran corazón y unas ganas enormes de triunfar, de  hacer algo que transcienda, de ser artista.

En Miami, he conocido a muchos travestis. Sachy, ya retirado definitivamente, hasta libretos le escribí para sus shows. Aún guardo la esperanza que un día salga de su retiro, aunque sea solo por una noche y me regale su actuación en mi, “Monologo para un travesti”.

Una noche, en un restaurante familiar, donde un grupo de amantes de lo bohemio y la descarga se reúnen, sin previo aviso, un travesti, hizo su entrada. Les confieso, que comente con un amigo, que no me parecía apropiado un travesti en ese lugar. Esa noche, leí por vez primera en publico, uno de mis escritos. Cuando termine y aún saboreaba los aplausos y comentarios, el travesti, se  me acerco, me pregunto mi nombre, quería que fuéramos amigos en Facebook, no quería perderse mis escritos; tengo que seguir leyéndote, me dijo. Mi amigo, me miro, solo me dijo, que te parece? Sigues pensando que este lugar no es apropiado para un travesti?

LadyCharisse, se adueño de  las noches de Tinima y de mi amistad, sumo amigos y admiradores. Una vez, nos regalo un número especial, fue el mejor regalo de cumpleaños que alguien pudo recibir. Cuando comenzaron los acordes de “Amor perdido”, sin proponérnoslo, nos transportamos a esas noches habaneras, donde los amores, nunca se pierden, siempre terminan encontrándose. Me acompaño en la primera lectura de mis escritos en The Place. Un día, le dije que le haríamos un homenaje a Rosita, le explique lo que quería, como siempre, no me defraudo. Su actuación, un regalo extra a Rosita y  a sus admiradores.

Los travestis, son como mariposas de la fantasía,  gente talentosa y atrevida, hombres que enfrentan la vida, con o sin maquillaje. Seres humanos con virtudes y defectos. Hombres capaces de esconder por horas su virilidad, para darnos su arte. Ellos, como la vida, están llenos de matices, de  ilusiones y sueños. Están entre nosotros y junto a nosotros, aquí o allá, son parte del presente y del futuro. Si, tengo, tuve y tendré amigos travestis, como tengo y  tendré amigos camioneros, estibadores, escritores, obreros; el oficio, no cuenta, importa el ser humano.

Maricon y marxista!

No, no se asusten, no voy a volverme mal hablado ahora, tampoco pretendo escandalizarlos, tranquilos. Siempre le digo a un amigo que el exilio es duro, cuando quiero justificar algo, que antes no hacía, o se me va alguna palabra o expresión que no solía decir. Este no es el caso, voy a tratar de un caso de discriminación. Un caso real, aunque ocurrió en el mundo virtual de la Internet. Agravado, porque el acto discriminatorio, fue cometido por personas que pertenecen a minorías y algunas que presumen de mente abierta y libre pensadores.

Tengo un  amigo, que gusta de llamar las cosas por su nombre, no se anda por las ramas, va directo al grano y dice lo que piensa. Además de ser directo y claro, escribe muy bien, sabe usar el español y lo usa bien, se hace entender. Un día lograre sentarlo a mi lado y hacerlo leer en público, algunos de sus escritos. Hace un par de días, me contaba, que en una pagina de Facebook, luego de expresar sus ideas, un grupo, integrado por personas de origen haitiano y cubano y una supuesta/o libre pensadora/o de mente abierta, al calor de la discusión, lo llamaron; maricón y marxista. Fue excomulgado, bloqueado de la página, vaporizado. Mi amigo se convirtió de pronto en un disidente de nuevo tipo, sin saberlo, sin proponérselo.

Converse con mi amigo, le di mi punto de vista. Realmente, me parece muy fuerte llamar a alguien; maricón y marxista, solo porque no coincide con nuestros puntos de vista. Minutos antes el maricón marxista, era un amor. Se atrevió a discrepar y ante la fuerza de  razones y palabras para discutir, resulto más fácil intentar ofenderlo. Como le dije a mi amigo, lo de maricon, dicho con alguna palabra mas suave y menos ofensiva, puede perdonarse, pero marxista! No hay derecho a ofender a nadie de esa manera! Solo bromeo, si el marxista es consecuente con sus ideas, lo respeto y hasta podría darle, “un sobrio apretón de manos”. Discriminar o despreciar a alguien, porque no piense como nosotros es tan terrible, como hacerlo por su origen, color u orientación sexual.

A veces, hay personas que presumen de mente abierta, coquetean con la liberalidad, pretenden que nada humana le es ajeno. Si alguien, discrepa de ellos, si se les enfrentan y defienden su punto de vista, se despojan del disfraz, se les cierra la mente, son capaces de, al “amigo” gay, soltarle de pronto; maricon! Como si recordarle su orientación sexual, le restara fuerza a sus argumentos. Es como si me amigo, alterado, le hubiera soltado, cállate tu, heterosexual!

No somos capaces de discutir de forma civilizada, de dialogar. Hay personas que echan mano a ofensas, cuando sus argumentos se diluyen. Momentos antes, abrazaban al negro, le pasaban la mano por el hombro al gay y compartían un café hasta con un chino, pero si algunos de ellos, le rebate un argumento, ausentes de razones, acuden a ofensas e insultos. Creen que así los silencian, se equivocan, son ellos los que se anulan, se auto bloquean, se desploman y auto vaporizan del mundo de las personas racionales. Sus razones y argumentos, si tenían fuerza, la pierden, se diluyen.

Por que si alguien pertenece a una minoría, por origen u orientación sexual, algunos, lo aceptan como iguales, solo cuando son obedientes y mantienen un discurso agradable. Si se les ocurre alzar la voz, si convencidos que todos somos iguales, discuten de tú a tú, cuando sus razones son demoledoras e irrebatibles, entonces  algunos le gritan, tenias que ser…! Como si esa fuera razón para silenciarlo, para quitarle la razón.

Todos las minorías, algunas, no tan minorías, están orgullosas de serlo, exhiben su color, origen y orientación sexual con orgullo.

No conozco a ningún gay, que se avergüence de serlo, al contrario, las marchas de orgullo gay, no son un cuento o propaganda, son realidades. No conozco a hispanos, arrepentidos de serlo, ni negros queriéndose pintar de blanco, si los hay, son aberraciones, excepciones, no mayoría.

Pretendieron silenciar a mi amigo, llamándolo maricon y marxista, me imagino la que se armo en esa pagina. Me hubiera gustado leer todo lo que se dijeron, creo que hasta pagaría por una copia. Saben, al final, me alegro de esa discusión, mi amigo, comprobó, una vez más, que es un hueso duro de roer, que es capaz de cantarle las cuarenta y hasta las ochenta a cualquiera. Yo, me apropie de un titulo que me sedujo. Cuando mi amigo, me contaba lo sucedido, solo le dije; maricón y marxista, que buen titulo para un escrito.

Un puente de manos tendidas!

Hace días, compartí con mis amigos de Facebook, una reflexión, sobre un joven de 19 años, un muchacho, que apenas comienza a vivir. Ya carga a sus espaldas 4 intentos suicidas. Incomprensiones, rigideces, absurdos, a veces ponen fin a una vida que apenas se estrena. Después, los padres se lamentan, no encuentran consuelo, entonces, es tarde para actuar.

Este joven, casi un niño, siente, como muchos, el desprecio e incomprensión, en su propio hogar. No bastan burlas en la calle, abusos, risitas, también tiene que soportar que le controlen hasta el tiempo que pasa en Internet. Sus padres, ni siquiera pretenden llevarlo a un sicólogo que lo corrija de supuestas desviaciones sexuales. Se limitan a hacerle, día a día, la vida imposible.

No tengo el record de suicidios en Cuba o en La Habana, estas noticias, no se divulgan, no salen en periódicos, ni en el noticiero. Nuestra ciudad, nuestra isla, a pesar de marchas gays y banderas de arco iris al viento, sufre, padece y exhibe, intolerancias e incomprensiones. Son muchas las ciudades del mundo, donde en cualquier rincón, un joven incomprendido, intenta el suicidio.

El muchacho, que hablo conmigo, es de origen cubano. Trate de ayudarlo, desde mi visión del mundo y mi experiencia. El busca un novio, a ultranza, que como el príncipe del cuento, rompa el maleficio, con un beso. Le explique que él seria su propio príncipe, buscando un trabajo que lo independizara, estudiando, triunfando. Los besos, no hacen el milagro, somos nosotros, con nuestro esfuerzo y no darnos por vencido, quienes hacemos el milagro!

Cuantos jóvenes en Miami, en La Habana, acarician tal vez la idea del suicidio, como salida a dificultades, que su edad e inexperiencia, ven enormes, insalvables. Cuantos talentos perdimos, cuanta vida joven se perdió y se pierde, por falta de una mano tendida, de una palabra de aliento.

Lamentarnos, llorar, no devuelve vidas perdidas. Todos somos diferentes, únicos! Todos tenemos el mismo derecho a exhibir con orgullo nuestra existencia, lo que nos identifica. Nadie es mejor que nadie, más o menos hombre, por su orientación sexual. Años de intolerancia, solo han logrado un triste record de suicidios y adolescentes que sufren. Todos somos culpables, por cada vida que se pierde por la intolerancia e incomprensión.

En ocasiones, hacemos largos discursos, por el progreso, por la unidad de los cubanos, de todos los hombres. Acaso, los gays de un lado y del otro, no forman parte de esa “patria con todos y para el bien de todos” o repetiremos errores y discriminaciones en nombre de la sinrazón?

Miremos a nuestro alrededor, tendamos sin reservas, ni complejos absurdos, nuestra mano; abierta y sincera a todo el que la necesite. Cada uno de nosotros, puede hacer la diferencia. No esperemos que el vecino lo haga para seguirlo. Encabecemos, con dignidad y orgullo, la marcha de apoyo y reconocimiento a todos los necesitados de un lado o del otro. Una vida salvada, un futuro rescatado, puede hacer la diferencia. Nosotros, podemos hacer la diferencia. Sin himnos, sin banderas al viento, abriendo nuestros corazones y mentes, con solo un gesto de aliento.

El muchacho de mi historia, es real, iba a asistir el domingo a nuestro encuentro entre amigos en The Place of Miami. Imagino que no lo dejaron ir. El sabe que puede contar conmigo, estoy seguro que también podrá contar con muchos de ustedes. Un montón de manos tendidas, pueden convertirse en un puente a la vida, al futuro!

¡Las fiestas de Diez pesos!

Cuando llegaron los terrible años 90s con su crisis, La Habana, se vistió de negro. Fue como si una terrible y ayunante noche, nos cubriera, el golpe fue duro, casi perdemos la sonrisa y los dientes. Pero como cubanos al fin fuimos sobreviviendo y capeando el temporal. Uun grupo , no pequeño, decidio ponerle lentejuelas y plumas a la noche, surgieron asi las famosas fiestas de 10 pesos.

Aquellos que tenían casas grandes, con patios o azoteas capaces de resistir 100 personas o mas, organizaron shows de travestis. Se vendía ron y se cobraban 10 pesos por la entrada y allá ibamos todos, con los 10 pesos en mano a pagar por nuestro pase a un mundo mágico, subterraneo y fantástico, donde la palabra imposible no existía. Bailábamos, enamorábamos, aplaudíamos a rabiar conciertos únicos. Los teatros, estaban cerrados, Mirtha, Annia y Maggie, se nos hicieron inalcanzables y lejanas, una nueva versión de ellas, nos deleitaba cada noche. Vivíamos un mundo inventado por nosotros mismos, donde Rosita Fornes podía ser mulata y Maggie una negrita de Poggolotti.

Gran mérito el de estos travestis que sin ningun recurso, salian a escena transformados en estrellas rutilantes. Llegaron a tener su público y eran seguidos en ese mundo, donde no exitían guardias, ni trabajos voluntarios, solo el deseo de burlar la realidad, aunque solo fuera por unas horas.

No crean que fue fácil convencerme a ir estas fiestas, al principio, me negué, me parecian demasiado subterraneas, para mi gusto, pero tanto insistieron mis amigos, que una noche me ví en una, bailando, sudando a mares, quitandome la camisa y robandole público a las estrellas. Nos hicimos habituales de estos cabarets improvisados, El Eden, la Madriguera, la fiesta de Papito y muchas más, eran la única opción que teniamos, para olvidar estómagos vacíos y apagones , soñabamos o enloquecíamos, esa era nuestra opción cero!

Nuestras estrellas, llegaban a las fiestas como pudieran ,en bicicleta o caminando, pero ahí estaban inventando maquillajes y vestidos a la luz de reflectores improvisados Fue asi como en la Cuba de los 90s, y sin saberlo ellas mismas, asistimos a conciertos de la Streissand, Celine Dion, Ednita Nazario, Olga Tañon y muchas más. Nadie podía imaginar el trabajo que pasaban y cuanto esfuerzo y sacrificio había detras de cada actuación.

No piensen que estas fiestas eran un caos, para nada, security, portero, barman, director de escena, sonidista eran el equipo que garantizaba que la fiesta saliera bien y pudiera competir con las otras Eran muchas, todo estaba organizado y calculado, la inventiva del cubano se lució. Un día alguien penso que aquello no estaba bien y fueron cerrandolas una tras otra, todavía hoy subsisten algunas, cambiado de lugar y burlando el control, desafiandolo todo, donde vivir el día a día es el mayor desafío.

Fiestas de 10 pesos, donde reimos, amamos y soñamos, con mas intensidad que en discotecas de lujo, eran nuestras; hijas de la necesidad de diversión y hermanas de la negativa a aburrirnos en aquella ciudad, donde de pronto un día, desaparecieron los gordos y los gatos.