¡Un pull-over en la Habana!

Dando algunos retoques a uno de mis escritos, escuché la noticia y vi las imagenes de una marcha contra la homofobia en La Habana. Tal vez yo me adelante a la marcha cuando en mi última visita a la Habana llamé y abrazé a un muchacho que vestía con orgullo un pull- over que podría escandalizar a muchos. Un pull-over que años atras le hubiera costado, al menos, una noche entre rejas.

Hay detalles, instantes que valen por años de recuerdos, por vidas enteras. Mientras celebraba mi llegada a La Habana y disfrutaba en una cafeteria área dolar de mi merienda “obligada”, pasó junto a la mesa un joven cargando algunas cajas. El letrero impreso en su espalda me cautivo, mi esperada merienda perdió sabor y sustancia. No podía dejar de mirar el cartel en la espalda que se perdía en las puertas de la cocina.

Dejamos de conversar sobre mi viaje, no peleé más por la hamburguesa fría y la ausencia de productos que aparecían en la carta. Casi me levanto y entro en la cocina buscando al muchacho del pull- over que me había embrujado. Despues de unos minutos, que me parecieron siglos, regresó el muchacho, de frente, era uno mas. El letrero en su espalda resumía todo el encanto de su presencia, lo elevaba a una categoria mítica que me embrujaba y seducía.

Estos impulsos mios que un día me llevaran al sol, aunque me queme, me hicieron levantarme y ante los ojos atónitos de todos, abrazarlo. Le pedí de favor hacerme una foto con él, pero con él de espalda, quería compartir con mis amigos la magia del pull- over que me sedujo, que me hizo recordar redadas, humillaciones y un monton de cosas mas.

Recordé historias, confesiones. Un compañero de estudios en la Universidad que hace unos meses encontré y me confesó lo mucho que sufrío y soportó; ¡yo no existía!, fueron las palabras que encontró para resumir su sufrimiento y ostracismo.

Mientras unos, con igual inclinación optaron por ser martillo y arremeter con fuerza, defenderse con uñas y dientes, otros, fueron el yunque donde oportunistas y confundidos descargaban sus frustraciones y rencores. Vidas destrozadas, suicidios sin razón, lagrimas que desbordarían al Almendares, madres que nunca encontraran consuelo, tragedias terribles.

Un pull-over, no es jamás un telón gigantesco que pueda ocultar, para siempre, horrores, humillaciones, vejaciones. No devuelve la vida a los que se la quitaron, no basta para secar las lagrimas de tantas madres, pero coño, ¡Que feliz me sentí de ver lucir con orgullo un pull-over asi en mi Habana, en las primeras horas de mi llegada!

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