Un amor vencedor del tiempo y los perjuicios.


Enrique es de esos hombres dedicados a su trabajo en cuerpo y alma. Emprendedor y luchador, logró sacar adelante su negocio. Triunfar en una ciudad donde el éxito se vuelve esquivo e inatrapable, no es fácil, como dicen en Cuba y hasta dijo Obama en su discurso.

Dedicarse a su trabajo, ponerle ganas y tiempo, le hizo olvidarse del amor. Después de su divorcio pensó que el amor y él, habían terminado para siempre. Sabía que un sexo eventual o una salida, no eran amor, solo desahogo, escape de pasiones y urgencias.

Inmerso en su trabajo, Enrique ni había reparado en la linda y joven recepcionista de uno de los negocios que visitaba semanalmente. Cuando llego, ella le dedico una sonrisa capaz de derretir al polo norte, sus buenos días, le sonó a canto de ángeles. Como si esto fuera poco al levantarse a abrirle la puerta al despacho del jefe, un rayo de sol la envolvió, vistiéndola de sueños y esperanzas. Enrique tartamudeo al decirle gracias, ya no quería entrar a esa oficina, quería quedarse afuera con ella, sin mañana, ni ayer. La muchacha sonrió, como adivinando sus pensamientos y le dijo.
– Mi jefe lo espera.
Enrique frunció el ceño, puso la mano en la puerta, mientras la muchacha le decía.
– Y yo estaré aquí afuera, esperándolo también.
Enrique ni se acordaba para que había ido a esa oficina, saludo a su amigo, se tomaron un café y le dijo.
– Vengo mañana, hoy no tengo cabeza para negocios.
Su amigo lo miro sorprendido, se despidieron, con una cita para el día siguiente a la misma hora.

Afuera, estaba Luisa, más linda que nunca, con sus 23 resplandecientes años y un montón de sueños por estrenar. Enrique se le acerco.
– Puedo recogerte a la salida, iremos juntos a dar una vuelta por Miami. Tenemos mucho que conversar.
– Pensé no te decidirías nunca, estaré esperándote, llevo meses esperando que te fijaras en mí, que notaras mi presencia.
Enrique se puso rojo y solo atino a balbucear.
– Te recojo a las 5 en punto.

A las 5 en punto, Enrique estaba parqueando frente a la oficina. Cuando Luisa abrió la puerta del auto, sintió que el corazón se le desbocaba, se sintió un adolescente en su primera cita. Haciendo un esfuerzo logro decirle.
– Vamos a comer algo, conozco a un restaurante muy bueno por aquí cerca.
– Que sea comida cubana, quiero que nuestro primer encuentro tenga sabor a Cuba, como si nos hubiéramos encontrado en una de esas calles habaneras que recorría hace 5 años.
– Así será, comida cubana y de la buena, con café cubano y guarapo incluido.

Llegaron al restaurante, se sentaron. La camarera muy cortes llego y les dijo.
– El señor y su hija ¿Qué van a comer? ¿Quieren algo para tomar?
Enrique se puso rojo y Luisa estalló en carcajadas.
– No es mi papá, es mi novio y si Dios quiere, un día será mi esposo y el padre de mis hijos.
Enrique sonrió, mientras la camarera enmudecía, no sabía que decir. Tomo la orden y desapareció.
– ¿No te preocupa que te doble la edad? ¿Que puedan confundirme con tu padre?
– ¿Te preocupa a ti doblarme la edad? El amor no cree en números y estoy enamorada de ti desde el primer día que te vi en la oficina, pero tú no me hacías caso. De ti, me importa que eres un buen hombre, que tienes un corazón muy grande en medio del pecho y mucho amor para darme.
Enrique le tomó la mano y con voz temblorosa le dijo.
– Eso de que yo sería tu esposo y el padre de tus hijos, ¿lo dijiste en serio?
– Claro, ya no te me escapas, te lo aseguro. A menos que la idea no te guste. Yo no busco en ti una aventura, busco al hombre con quien compartir el futuro, mi vida. Quiero estar a tu lado, mientras nos dure el amor, si tú quieres.
– Por supuesto que quiero. Algunos dirán que esto es una locura sin sentido, que no va a funcionar, sabes, mientras dure, mucho o poco, lo voy a disfrutar intensamente y a ponerle ganas y empeño.
Se miraron como descubriéndose el alma y el futuro y se besaron, su primer beso, sellando una unión decidida a triunfar a vencer perjuicios y comentarios, ¡a ser feliz!

Después de ese día, se vieron todos los días. Al mes dormían juntos, abrazados y exhaustos de amor. A los dos meses decidieron casarse. No faltó quien pusiera el grito en el cielo, es una locura, dijo alguno, piénsalo bien, le dijo otro. Ellos sonrientes y felices, fijaron fecha y lugar. Su amor vencía el tiempo y los perjuicios, demostraba que amarse es la mejor opción en estos tiempos, sin tener en cuenta tabúes, ni reglas.

El día de la boda, Luisa estaba bellísima y Enrique, orgulloso y feliz, dijo un si, que retumbo en la sala. Al finalizar el beso tradicional, Luisa le susurró al oído, estoy embarazada, dos meses exactos, te lo dije, serias el padre de mis hijos. Enrique la tomó en sus brazos y la llevo hasta el auto, la sentó, se arrodillo ante ella, puso su cabeza en sus piernas y con lágrimas en los ojos, dijo gracias, una y otra vez, mientras estrechaba sus manos y miraba al cielo.
Fotografia tomada de Google. 

Una limosna.

hombre pidiendo limosna fotografia tomada de Google.
Ricardo siempre fue un hombre que se consideraba a sí mismo, un tipo buena gente. Era de esas personas que le gustaba compartir con los demás. En Cuba, logro tener buena posición y siempre ayudaba a su familia, le daba una mano a todo el que la necesitara.

Un buen día, como muchos, dejo todo y se lanzó al mar, quería probar suerte del otro lado. Sus primeros años fueron duros, pero poco a poco se fue encaminando, monto su propio negocio y triunfo. Triunfar en Miami, no es fácil, pero Ricardo era un hombre luchador, inteligente y que sabía abrirse caminos.

Ricardo, ayudaba a su familia y amigos en Cuba. Cada vez que iba alguien conocido, les mandaba dinero y regalos. Una vez una prima le escribió una carta que guardaba orgulloso; “gracias a ti, la niña pudo tener los 15 que soñó y que yo siempre quise darle, todo lo que le mandaste le quedo perfecto y con el dinero hicimos la fiesta, eres un ángel para todos nosotros”.

Conoció una buena mujer, se casaron. Vivieron un romance intenso. Cuando su esposa tenía 3 meses de embarazo, un terrible accidente se llevó su vida, su futuro y sus sueños. Dejo de ir a la iglesia. Miraba al cielo y decía; no merezco este dolor, eres injusto. Se endureció, la vida es así, con sus golpes nos va moldeando, haciéndonos más duros, más fuertes. Siguió creyendo en Dios, a su manera.

Se dedicó con más fuerza, pero sin ilusión, a su trabajo, su negocio creció, mientras su alma se sentía vacía, hueca.

Ricardo, siguió ayudando a su familia y amigos en Cuba, pero con menos frecuencia. Ni siquiera ayudar a los demás lograba hacerlo feliz, darle la satisfacción interior que sentía antes.

Una tarde, fue a visitar a unos amigos que vivían en la Pequeña Habana. Parqueo el carro y se le acercó un hombre en sus 40s.
-Por favor, ¿podría darme algo para completar el pasaje para el bus?
Ricardo lo miro despectivamente, mientras pensaba, este hombre seguro está pidiendo para comprar drogas o alguna bebida. Es muy fácil pedir limosna en vez de ponerse a trabajar. Le respondió.
-No tengo un centavo conmigo, fíjese que estoy esperando a ver si aparece alguien que me dé para pagar el parqueo.
El hombre lo miro, busco en su bolsillo.
-Mire yo solo tengo 50 centavos, no me alcanza para pagar el bus, pero a usted si le alcanza para pagar el parqueo.
Ricardo sintió como si le hubieran dado una bofetada en el rostro, bajo la cabeza avergonzado. Mientras sacaba su billetera.
-Estaba bromeando hombre, mire tome estos cien dólares, cómprese unas ropas buenas y busque un buen trabajo, Dios lo ayudara.
El hombre lo miro sorprendido y mientras le agradecía, le dijo mirándole a los ojos.
-Dios es grande. Voy a una entrevista de empleo y pensaba que con esta pinta no me aceptarían, pasare a comprarme unas ropas, me vestiré en la tienda e iré directo a la entrevista. Gracias señor, gente como usted le devuelven la Fé a cualquiera.

Ricardo se recostó a su auto y lloro. Lloraba por su fe que volvía, por la vergüenza de haber sido duro y dejar que el dolor cambiara su vida. Cuando se reunió con sus amigos, uno de ellos le dijo.
-Coño Ricardo que buena cara tienes, ¿Hiciste alguna picardía?

La anécdota de la limosna es real, yo solo invente una historia para poder contarla.

Fotografia tomada de Google.

Llegar!

La llegada! Un momento difícil para muchos, para todos. Hace días, llego a Miami, la hija de mi mejor amigo, un hermano que la vida, el exilio y la voluntad de mi madre, me regalaron. Hizo una llegada digna de un cuento de hadas, su abuela, viajo a La habana, para hacer el viaje con ella, en el aeropuerto la esperaba el abrazo de  papa. Fueron directo para The Place, allá nos reunimos un grupo de amigos, celebrábamos su llegada y disfrutábamos del concierto de Moneda dura. Yo, mirándola, sentí envidia sana por ella, qué diferente de  mi llegada, de la llegada de muchos, ella no sabia, no sabe el regalo inmenso que le dio la vida.

Enfrentarse a un mundo nuevo, es siempre difícil, a veces la vida, lo suaviza, lo adorna con amores y afectos que sirven de almohada, que evitan golpes y ayudan a soportar nostalgias. Mi llegada, no fue de las mas duras, pero tampoco fue color de rosa, fue color naranja, en Krome, menos de 24 horas, pero estuve allí. No todos tuvimos abrazos y afectos esperándonos en el aeropuerto, muchos, ni siquiera llegaron por él, otros, aún buscan afectos y abrazos que los sostengan.

Conozco de muchos que llegaron en balsas, aún guardan cicatrices en la piel y en el alma de esos momentos. Se de muchos que llegaron incompletos, en el viaje perdieron familiares, se vieron de pronto solos. Siempre digo que detrás de la sonrisa de cada inmigrante, hay una historia, en muchos casos, historias terribles, de esas que agotan lágrimas, que estrujan almas.

La llegada, es como un terrible choque, un detenerse de los sueños por un instante, un decirnos por un segundo; esto es con lo que tanto soñé? Después pasa, damos gracias por haber llegado, nos inventamos un coraje y unas bolas gigantescas y conquistamos el mundo.

Lo importante, es que llegamos, después de soñarlo, intentarlo, planearlo, al final, lo logramos. Los malos momentos, van quedando atrás, vamos haciendo, poco a poco, a este país, nuestro; lo cambiamos y nos cambiamos. Rara fusión de pueblos y costumbres que sin proponérselo, en extraña simbiosis, amanecen a los sueños.

Partidas, regresos, llegadas, forman parte de la vida de muchos de nosotros. Decidimos partir, enfrentar riesgos, desafiar derrotas, conquistar triunfos, inventarnos sueños.

Anoche, esperando el nuevo año, sin ponernos de acuerdo, mi amigo, su hija y yo, vestimos de morado, como si el color quisiera ratificar, aún más, los fuertes lazos que nos unen. Abrazado a ellos, di la bienvenida al nuevo año, el abrazo mas fuerte, el beso que me arranco lagrimas, fue el de mi amigo. Se que trato de compensarme de besos y abrazos lejanos, me conoce muy bien. Los tres, llegamos de forma diferentes, los tres conquistamos sueños y extrañamos afectos. Unidos en un abrazo, sin final, dimos gracias por estar aquí, no lo duden, a pesar de ausencias, por encima de malos ratos, todos sabemos que; valió la pena!