Juanito, el muchacho que llevaba el baile en la sangre.

Los guaracheros de regla, fotografia tomada de Google.
Su mamá no dejo de bailar mientras duro el embarazo. Los dolores del parto le comenzaron justo en una rueda de casino, en una fiesta en Centro Habana. Fue casi un milagro que no naciera al ritmo de la Aragón y los Van Van. Esto lo marco para siempre, casi decidió su futuro, su vida; nació llevando el baile en la sangre.

Desde que era un bebé recién nacido se movía al ritmo de la música. Su mamá gustaba de escuchar música mientras lo amamantaba. Se reía sintiéndolo moverse rítmicamente, como si bailara en sus brazos. Cuentan que sus primeros pasos, fueron pasos de baile; bailo, antes de caminar.

Cuando lo llevaban a cumpleaños y fiestas, con dos o tres añitos, todos se sorprendían viéndolo bailar. Hasta círculos le hacían y siempre terminaban aplaudiéndolo.

En la escuela, perteneció a grupos de danza, siempre fue el solista. Lo bailaba todo, desde Chachachá, casino, rumbas, guaguancó, hasta bailes folclóricos, nada bailable le era ajeno. Cada vez que empezaban a bailar, todos exclamaban; ¡Este muchacho lleva el baile en la sangre!

Una noche, mientras se preparaba para ir a una fiesta, su mamá lo llamo.
-Ven Juanito, siéntate, quiero hablar contigo.
-¿Pasa algo malo? No me digas que llamaste a tía y abuela esta malita.
-No mi hijo, no son malas noticias, más bien son buenas, quiero discutirlas contigo. Mamá ya es ciudadana americana, va a reclamarnos. Tu padre y yo decidimos que era lo mejor para todos. Este año terminas el preuniversitario, mi hermana me dijo que ella se ocupaba de pagarte los estudios, es tu futuro, una oportunidad que no podemos perder. Hasta ahora tu padre ha podido resolver en el trabajo, pero todo se está complicando y tal vez lo boten o lo metan preso. Nos vamos Juanito, en unos meses estaremos en Miami.
-Estoy de acuerdo, es mas siempre quise irme, reunirme con abuela, mi tía y mis primos. En la escuela siempre me han mirado mal, dicen que prefiero irme a bailar que ir a un trabajo voluntario y que mejor me aprendo un pasillo de baile que una consigna. Dile a abuela que cuanto antes, mejor.

Juanito y sus padres llegaron a Miami una tarde de abril. Abril es un mes especial para los inicios, por eso lo escogieron para su salida de Cuba. Cuando terminaron los trámites de rigor, a la salida de Aduana, los esperaba toda la familia. Sus primos decidieron recibirlo con “La vida es un carnaval” de Celia Cruz. Juanito salió bailando, todos le abrieron paso y el salón de espera estalló en aplausos. Algunos hasta pensaron que estaban grabando para algún programa de televisión.

En el viaje hasta la casa de la familia, todo lo deslumbro, las palmas, el sol, el cielo. Cuando sus primos le preguntaron cómo se sentía, respondió riendo.
-Es como estar en La Habana y con ustedes, siento que el tiempo no ha pasado. Si nos encontramos un bache pensaría que el viaje es mentira, dijo entre risas.

Juanito pronto se adaptó a la nueva vida. Lo llevaron a matricular inglés en el College, a pesar de haber terminado la escuela de idiomas en La Habana, debía perfeccionarlo para poder estudiar una carrera.

Todos los fines de semana después de estudiar y hacer tareas, se iba a bailar. En todas las discotecas de Miami lo conocían, apenas empezaba a bailar, le hacían coro. En el College las muchachas lo invitaban a fiestas, todas querían lucirse con él.

Un día, alguien le hablo de una profesora de ballet muy famosa. Una tarde tocó a la puerta de su academia de Ballet. Charin en persona le abrió la puesta. Él le hablo de su pasión por el baile.
-Quisiera aprender algo de ballet, he visto algunos de sus videos, son apasionantes.
Ella sonrió y accedió a darle algunas clases. De su mano entro al mundo de los saltos, los fouettes, las pirouettes y Grand jetes. No pensaba dedicarse al ballet, pero disfrutaba su magia y encanto.

Un domingo, mientras almorzaban, le dijo a sus padres.
-En el verano, en las vacaciones, quiero ir a La Habana. Tengo amigos allá, me gustaría andar por el barrio, visitarlos. Hacer un par de cosas que se me quedaron pendientes.
-Como quieras, respondió su padre, nosotros nos encargaremos de todo.

Juanito contacto por teléfono y por email a algunos de sus amigos en La Habana, quería asegurarse de poder realizar todos sus planes. Coordino hasta el último detalle. Llego a La Habana un día antes que empezaron los carnavales, lo esperaban unos amigos en el aeropuerto.
– No perdamos tiempo, directo para Regla, les dijo al subirse al auto.
Fueron a ver al director de la comparsa, Los guaracheros de Regla. Mientras Juanito hablaba, el tipo negaba con la cabeza.
-Es una locura, no te sabes los pasos, nunca has bailado en una comparsa, no hay tiempo para hacerte la ropa. No podrás inaugurar el carnaval mañana bailando con nosotros.
-Mira la ropa ya está lista, mis amigos se encargaron de todo. Déjame incorporarme a los ensayos, si en media hora no lo hago bien, tú ganas, si lo hago bien, gano yo.
– Está bien, pero estoy seguro que será imposible que puedas hacerlo. Te dejare intentarlo para que te convenzas.
Juanito ocupo el lugar que le indico el director. A los 10 minutos de estar bailando, ya se sabía la coreografía. Cuando terminaron, el director los llamo a todos.
-Este muchacho se ha ganado bailar con nosotros mañana. Creo que todos estarán de acuerdo que debe estar en la primera línea de bailadores, abriendo la comparsa.
Todos asintieron. La noche siguiente, Juanito fue feliz luciendo su traje multicolor y arrollando por todo Malecón entre los aplausos del pueblo habanero, que lo premiaba en cada movimiento.

Regreso a Miami, le conto a sus padres la historia, su mamá, entre risas, le dijo.
-Creo que ya no te queda nada por bailar. Ni yo en mis buenos tiempos me hubiera atrevido a bailar con los Guaracheros de Regla. Nadie puede negar que llevas el baile en la sangre.

Al día siguiente, Juanito se despertó con un fuerte dolor abdominal en el lado derecho. Sus padres lo llevaron corriendo para el hospital más cercano. Es apendicitis, hay que operar de urgencia, dijo el doctor.

Prepararon todo, cuando el cirujano hizo la primera incisión y brotó la sangre sucedió algo sorprendente, inimaginable. Los glóbulos rojos, las plaquetas y los glóbulos blancos, al ritmo de Los Van Van, La Aragón y Tchaikovsky, inundaron el salón de operaciones, ofreciendo un espectáculo único, irrepetible. El personal médico atónito y extasiado, por vez primera en su vida, opero con música y cuerpo de baile incluido. Desde una rumba de cajón hasta un Pas de deux del Lago, nada falto en ese alarde y demostración de lo que es; llevar el baile en la sangre.

Fotografia de Los guaracheros de Regla, tomada de Google.

Como hacer un buen cubano.

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Hace días, un amigo publico en su página de Facebook, una receta para hacer una cubana. Su escrito me gusto, me dejo pensando ¿Y como hacer un buen cubano, hombre o mujer, pero cubano 100%? Esta es mi receta personal, mi sugerencia o especial del día.

Un buen cubano, debe hacerse al aire libre; cuando el sol calienta y el viento sopla entre palmeras. Si por alguna razón, no dispone de un buen patio, o no tiene tiempo para ir hasta el campo, al menos asegúrese de abrir puertas y ventanas, que sea de día; un día de verano o primavera. El sol debe calentar la piel y los sentidos, así se obtiene un mejor producto. Un buen cubano, sin sol, nunca alcanza el punto justo, se corta, como la mayonesa.

Asegúrese que no se cuele ninguna consigna, el cubano podría tener cara de disgusto o aburrido. Si se le cuela alguna, sáquela antes de revolver la mezcla, el producto se lo agradecerá y usted también.

Meta toda la sabiduría y experiencia del mundo, al menos inténtelo. Un buen cubano, se las sabe todas y sino; las inventa. Tenga a mano enciclopedias, clásicos de la literatura, una Biblia, libros de recetas de cocina, filosofía, arte y política. No los agregue, solo manténgalos cerca de la mezcla, con eso bastara, para darle el punto exacto.

Agréguele polvo de adivinos y profetas. Todos los cubanos, podemos predecir el futuro; si nos equivocamos, no es por culpa nuestra; un comemierda cambio todo y nos jodio la predicción.

A la hora de agregar música y ritmo, no escatime, ni use medidas. Sones y boleros, algo de Lagos y Giselles, rumbas y congas, operetas y zarzuelas. Un buen cubano, es capaz de aplaudir a rabiar un Lago de los cisnes y salir después a arrollar con Los guaracheros de Regla, por todo Malecón. Tenga a mano pianos, guitarras y tumbadoras, bien tocados ayudaran a mejorar la mezcla y el producto será de primera calidad.

Para hacer un buen cubano agregue un buen machete, una navaja, un diente de oro. Algo, por qué no, de pluma y lentejuelas, ¡Hay muy buenos cubanos que las usan! Y con mucho orgullo. Un cubano tiene de todo; guapearía, es echao palante, pero también es sensible, capaz de llorar de emoción, aunque como a mi amigo travesti; se le corra el maquillaje.

En cuanto a religiones se refiere; mézclelas todas. Un buen cubano, tiene una Fe enorme y se las arregla para practicarlas todas o casi todas.

No olvide un poco de todas las razas conocidas. Una pizca de cada una, da un sabor peculiar, característico, no omita ninguna. No mida las cantidades de la raza española y la negra, ambas nos conformaron y crearon. Nos hicieron bailar en un tablao y disfrutar un guaguancó en pleno solar. No tenga miedo en agregar la raza negra, aparte del ritmo, nos garantiza pulgadas extras y traseros opulentos, no se arrepentirá, se lo aseguro.

No olvide olas y tormentas, los cubanos, amamos el mar de modo especial. Hemos aprendido a crecer en tormentas y tempestades; a desafiarlas.

Recuerde que para hacer un buen cubano, no se usan medidas. Pizcas, un tim, un burujón, un montón, una pila, son las medidas correctas. No tenga miedo, sea esplendido con las alegrías y solo agregue pizcas, tims de penas. Garantice la sonrisa, que las lagrimas, vienen solas y en los últimos años, ya hemos tenido bastante. No se sorprenda si el cubano obtenido, pasa de la risa al llanto fácilmente, si se seca una lágrima, sonríe y sigue adelante; así somos.

Para dar el punto exacto a su mezcla y obtener un producto de primerísima calidad, agregue polvo de estrellas y un puñao de tierra colorá, arco iris y sueños. En un buen cubano, cabe toda la esperanza del mundo, ¡Todos los sueños!

No se preocupe en poner amor por su tierra, por Cuba, los cubanos, nacemos amándola. El amor por nuestra tierra, es producto de la mezcla, de cocinarnos a fuego lento al sol de la esperanza y de los sueños, del mañana por venir. Nacemos amando una bandera azul, roja y blanca y morimos felices si es por ella. Para nosotros, Cuba, será siempre, la tierra más hermosa que ojos humanos han visto.

No se si la receta será exacta, siempre queda algo, tenemos de todo y de todos. Mezcla rara y única, delicioso ajiaco. Cada vez que prepare su mezcla, tendrá un nuevo producto, diferente, irrepetible. Cada cubano es una pieza original, si ve a otro igual; empújelo, que es de cartón.