Asegurando el camino de regreso

Todo está listo, como el último día, tal vez como el primero, como siempre.

Tu café humeante y dulce, tu baño listo, tu almohada preferida, tus chocolates. Todo te espera, los recuerdos se niegan a tu ausencia.

Afuera la vida sigue, aquí el tiempo se detuvo, esperando tu regreso.

Yo sigo en mi rutina, no omito un detalle, el más pequeño puede ser parte del conjuro del regreso. Los repito día a día, tengo miedo te me pierdas en el camino de regreso, que no encuentres estos brazos que te aguardan, esta vida que huele a a ti, en todos los rincones de mi alma. Todo sigue igual, esperando regresos alma, corazón, sentimientos, sueños; se niegan a tu ausencia y siguen, como yo, aguardando tu vuelta, tu feliz regreso

Ignoro, desconozco en que forma volverás, si serás luz, flor, mariposa o ave, viento o bandera, libro o verbo, pero sé que no te perderás este reencuentro.

Para asegurar regresos, te hice trampas, libere el conjuro perfecto, ese al que sé, no puedes, ni quieres resistirte, tu libro ya es real, tangible, sólido. Habitas en cada frase, en amigos que te leen, te multiplicas en sonrisas y lágrimas de muchos que te evocan.

Así regresas en cada cuento de tu libro, en cada uno que relee tus historias. Cumpliste la urgencia de mi grito, aquel que en supremo desespero, lancé a los vientos y a la historia; ¡hazte eterna mamá, hazte eterna!

Fotografía tomada de Google.

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Un tipo directo, transparente.

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Soy un tipo directo, sin segundas, ni terceras o cuartas intenciones, de los que gustan de llamar al pan, pan y al vino, vino. Y mojan el pan en el vino y se lo tragan, sin miedo al que dirán, a comentarios.

Detesto las mentiras, insinuaciones, que me quieran llevar donde no quiero. No soy, ni permito que me hagan, el tonto del cuento, el pobrecito, que llevan de una oreja, casi a rastras y lo tiran como un trasto usado y viejo. Ando y desando caminos a voluntad, voy donde quiero ir, seguro e imprevisto, confiado en mi, feliz.

Me gusta mirar a los ojos cuando hablo, que me sostengan y respondan mi mirada. Me gustan las gentes transparentes, sinceras francas. Las que ríen mostrando hasta las vísceras y estremecen muros con su risa. Las que no inventan palabras que no dije o cuentan historias que no fueron. Detesto la mentira, aún la más suave, la verdad es mi aliada, somos amigos, casi amantes.

En este levantar polvos por caminos, aprendí a no fingir, a no inventarme disfraces, ni caretas. Soy de una sola pieza, maciza, fuerte, expuesta a vientos y criticas, amores, odios.
Mi rostro me descubre sentimientos, mis ojos delatan mis ideas, mis gestos anuncian mis acciones. No ensayo posturas ni actitudes, no actúo, siento, existo, soy.

Cuando algo o alguien me seduce, lo conquisto, directa, abiertamente. Sin caras de zorros acechando o simulando algo que no siento. No hay tiempo para hacerse el tonto, el yo no fui. No es el siglo de falsas caras de inocente.

No tejo redes, con hechos o palabras, para atrapar amigos, amantes o enemigos, solo extiendo mis brazos y mis manos, ellos se bastan en su labor diaria.
No me gusta hacer trampas en el juego, no oculto nada, no hay nada que ocultar, abro mi pecho, me muestro tal cual soy y disfruto ser. No me invento rostros, ni matices, no ensayo sonrisas, ni actitudes. Exploto sincero y franco a cada instante, sin margen para farsas o comedias. Grito, lloro o río cuando quiero desde el centro de mi mismo y de mi aliento. Un tipo tal vez raro, pero sincero, honesto, transparente, con una Isla en el pecho y la memoria y un puñado de sueños como antorcha.