Los cines de La Habana.

Hace días, conversando con un amigo, evocamos, sin proponérnoslo, La Habana de nuestra niñez y adolescencia. Andándola en la memoria, nos detuvimos un buen rato en los cines habaneros. Hicimos un recuento de los cines que teníamos cerca de casa, él, allá en Luyano, yo, en Playa. Terminamos asombrándonos de la cantidad de cines que existían, casi al alcance de  la mano. Nos preguntamos que lugar ocuparía la Habana entre las ciudades con mayor número de cines. Mi amigo Google, vino en nuestro auxilio. En 1959, La Habana, tenía más cines que New York y Paris, era la ciudad del mundo con mayor número de cines!

En nuestra juventud, pudimos disfrutar de la mayoría de estos cines, de los grandes cines, como el Yara, Payret y Trianon, entre muchos y de los cines de barrios, con menos glamour, pero no menos publico. La Habana, tenía un alto índice de cinéfilos. Recuerdo una época en que la cartelera de los cines habaneros, era extensa, mi hermana mayor y yo, jugábamos a leerla y descubrir si nos quedaba alguna película por ver.

Mi amigo y yo, recorrimos casi todos en el recuerdo, no hay otro modo de hacerlo, aun visitando La Habana, seria imposible; muchos, ya no existen.

En una de mis visitas a La Habana, converse con una persona que pertenece al mundo de la cultura. Me contó que habían asignado los cines a sindicatos o empresas, en un último intento por evitar la desaparición de muchos. El Jigue, que fue en su momento un suceso en la ciudad, ya no existe como cine, el Rex y el Duplex, son parte de la historia de la ciudad, otros, luchan por subsistir. Se aferran a imágenes y recuerdos, se niegan a desaparecer. El cine Infanta ardió una noche de sábado y así quedo, para siempre, en ruinas y cenizas.

Condenados por decreto no escrito a desaparecer, se burlan de abandonos y desidias, de funcionarios ineptos, de limitaciones y escaseces. Convocan a fantasmas en funciones de madrugadas, reeditan momentos de esplendor, cuando largas colas los rodeaban. Proyectan una y otra vez, Hiroshima mon amour, La vida sigue igual, la película de la Massiel, Fantomas,  Fresa y chocolate, reviven proyectores y escenas famosas. Chaplin, los recorre y alienta, resistan, les dice una y otra vez. Cuando las luces de la ciudad se apagan, cuando los fantasmas se adueñan de la ciudad, nuestros cines, vuelven a ser los de antes, no se resignaran nunca a desaparecer.

Heridos de muerte, se miran unos a otros sorprendidos. No comprenden del todo que paso, algunos culpan al desaparecido Noticiero ICAIC,  cuando el aparecio, todo comenzo a cambiar, se dicen unos a otros en voz baja. Aún tienen miedo que alguien los escuche y los cierren definitivamente.

El Yara, desde su esquina privilegiada que le asegura su existencia y alguna que otra película de estreno, ve con tristeza a sus hermanos, desaparecer uno a uno, mira al Malecón y pide ayuda, grita, auxilio! La Giraldilla, detiene su girar y apunta al futuro, sabe que no todo esta perdido; Confia en nosotros, con la misma certeza que confia en el mañana.