Dos hermanos.

hermanos fotografia tomada de google
Eran hermanos, de padre y madre, casi gemelos, sus mapas genéticos eran casi idénticos. Ambos nacieron en Maternidad Obrera con solo un año de diferencia. Fueron amamantados por los pechos de su madre, una mujer que quedo viuda muy joven, cuando su hijo mayor tenía solo 3 años. Asistieron a la misma escuela. Sus vidas parecían coincidir. Muchos aseguraban que Luisito y Manolito, serian siempre inseparables, de esos hermanos que nada ni nadie puede separar, solo la muerte.

Fueron niños pobres, en uno de esos barrios habaneros donde todas las casas y las familias se parecen; la pobreza, a veces, elimina diferencias. Su madre, con mucho sacrificio, logro terminar los estudios de técnico medio, eso le garantizo un aumento de sueldo, no mucho, pero cuando se tiene muy poco, todo es relativo; lo poco puede ser mucho y se agradece.

Su madre fue madre y padre para ellos, nunca volvió a casarse. El recuerdo de su primer esposo y su dedicación por sus dos hijos, no le dejaban tiempo para romances. Era una mujer hermosa, se arreglaba, pero solo por sus hijos, para agradarles. Hizo oídos sordos a piropos y propuestas, su mundo eran sus dos hijos, esos niños que ella se empeñaba en vestir iguales, como si fueran gemelos.

Como en todas las historias, paso el tiempo. Luisito y Manolito crecieron, los años, los sueños y aspiraciones los fueron separando poco a poco, haciéndolos diferentes. Luis, siempre fue muy estudioso, se gradúo de ingeniero mecánico. Era un tipo sencillo, soñaba con una buena mujer que le diera hijos y amor, mucho amor. Una mujer que cuando su madre estuviera viejita y no pudiera valerse, lo ayudara a cuidarla, con parte de ese amor que los uniría. Luis, quería una mujer que se pareciera a su madre, linda, buena, decente y sencilla. Era feliz con su trabajo, no le importaba pasar el día con las ropas sucias arreglando cualquier maquinaria. Si algo se rompía, era el primero en tratar de arreglarlo, su trabajo era su pasión.

Manuel, dejos los estudios universitarios en el primer año. Un amigo le propuso irse a trabajar en turismo. Si era hábil, podría hacer dinero y disfrutar de un Standard de vida elevado. Quería ser un tipo importante, tener mucho dinero. Se imaginaba viviendo en una buena casa y teniendo dos o tres amantes, era un tipo mujeriego, tal vez demasiado. Cuando llevaba un año en el nuevo trabajo, se compro un apartamento en una zona más céntrica de La Habana, se mudo solo.

Luis y Manuel, apenas se veían, solo algún que otro domingo cuando almorzaban en casa junto a su madre. Un día, mientras servia el potaje, su mama les dijo:
– Después de almuerzo, tenemos que hablar, es algo serio que puede cambiar nuestra vida para siempre.

Termino el almuerzo, mientras saboreaban el café, su mama se sentó frente a ellos y les dijo.
– ¿Recuerdan a su tío Francisco, el hermano mayor de su papá? Hace años vive en Miami, le ha ido bien, me llamo hace unos días. Si ustedes aceptan, nos manda a buscar a los 3. Nunca pensé en irme, pero por ustedes lo haría. La fabrica de Luisito esta a punto de cerrar y tu Manuel, hace dos meses que te despidieron del trabajo y estas pendiente de un juicio por el faltante que encontraron en el almacén del hotel. No quiero una respuesta ahora, piénsenlo bien y después me dicen.
– No tengo nada que pensar mamá, ¡nos vamos! Es tremenda oportunidad y no podemos dejarla escapar. Dijo Manuel entusiasmado con la idea.
– Tengo que pensarlo mamá, las cosas andan mal en el país y nunca he sido comecandela, pero eso de irme y vivir en un país extraño, hay que pensarlo muy bien.
– No hay apuro mi hijo dijo su mamá, mirándolo a los ojos. Solo recuerden, nos vamos los tres juntos o nos quedamos los tres, ese fue el acuerdo con Francisco.

Pasaron los días, los dos hermanos volvieron a reunirse en el almuerzo del domingo. Al terminar, el primero en hablar fue Luis.
– Ustedes saben que esta idea de irme no me convence mucho. Preferiría quedarme, si la fábrica cierra, buscar otro trabajo, esto no me gusta mucho, pero es mi país y confío en que un día las cosas mejoren. También se que tu mamá, no soportarías si meten preso a Manuel y quiero evitarte ese disgusto, verte sufrir me destrozaría, ¡nos vamos! Llama al tío Pancho y arregla todo.

Una noche una lancha rápida los recogió en el sitio exacto donde les indico el tío. El viaje fue rápido. Después de los trámites de rigor, el tío Francisco los recogió. Se saludaron entre abrazos y besos. Subieron al auto del tío.
– Estarán en la casa de huéspedes por un tiempo, hasta que puedan independizarse. Mientras tanto, no tienen que preocuparse por nada, yo me ocuparé de todo.

Al día siguiente el tío, los llevo a comprarse algunas ropas. Luis, eligió para él ropas sencillas, solo lo necesario, ayudo a su madre a elegir sus ropas y zapatos, quería verla hermosa. Manuel, solo se fijo en las ropas de marca, hasta le pidió al tío unos zapatos Ferragamos.

A los pocos días Luis hablo con su tío.
– Quiero empezar a trabajar pronto tío, soy ingeniero mecánico, podría trabajar en cualquier factoría. Ayúdame en eso, quiero rentar un apartamentico y llevarme a mamá conmigo, ya has hecho bastante por nosotros.
– Para mi, es un gusto tenerlo aquí, pero se que es solo temporal, mañana salimos a ver a un amigo mío que tiene dos o tres factorías, en alguna hará falta un buen mecánico.

Luis, empezó a trabajar. Enseguida se gano la confianza del dueño que término dándole cada día más responsabilidades. Al mes, le subió el sueldo, no era mucho, pero para un recién llegado era bastante.

A los dos meses, Luis converso con su madre y su hermano.
– Tengo un dinero ahorrado y ya vi un apartamento para rentar. Podemos mudarnos los tres juntos, si tú quieres irte con nosotros Manolo.
– No, no he pensado en irme por ahora y cuando lo haga, me mudare solo. Cuando tenga un dinero reunido comprare un buen apartamento en una buena zona, múdense ustedes, yo me quedo.

Su madre miro muy seria a Manuel, sus ojos estaban húmedos cuando le dijo.
– Como has cambiado hijo, a veces ni te reconozco. Quédate aquí, yo me voy con Luisito, ya Francisco ha hecho bastante por nosotros y no quiero abusar. Cuando quieras nos mudamos Luisi. Dijo con lágrimas en los ojos.

El nuevo apartamento era sencillo, pero cómodo. Tenia dos cuartos y un pequeño balcón. El tío Francisco, les regalo unos muebles y los ayudo en la mudada. La primera noche Luis y su mamá durmieron juntos. Amanecieron abrazados, ella se levanto, hizo café y se lo llevo a la cama.
– Ahora si empezaremos una nueva vida mi hijo. Se que poco a poco iremos mejorando. Sabes anoche durmiendo contigo, recordé cuando eran niños y se metían en mi cama cuando tenían pesadillas. Solo faltaba tu hermano, pero decidió coger otro rumbo, le pido a Dios que lo guíe y lo mantenga por el buen camino.
Se abrazaron, Luis termino sentándola en sus piernas y besándola.

A Luis, cada vez le iba mejor en el trabajo, el dueño, le dio otro aumento.
– Serás el manager general, siempre he estado al frente de todos mis negocios, pero por vez primera encontré a alguien honrado y capaz, se que puedo confiar en ti, no me defraudaras, lo se.

Luis, llego feliz a su casa, se sorprendió de ver a su madre llorando y triste.
– ¿Que pasa mamá, alguna mala noticia de Cuba?
– No mi hijo, hoy me llamo Francisco. Le dijo a Manolito que tenia que mudarse, dice que esta seguro que anda en negocios turbios, se compro un carro caro y sigue sin trabajar. Dice que no puede arriesgarse a seguir teniéndolo en su casa, que si tiene dinero para un carro así, que se mude solo. Le da pena con nosotros, pero no puede verse envuelto en nada sucio, tiene un nombre y prestigio que cuidar. Llame a tu hermano al celular, pero no me respondió la llamada.
– Tranquila mamá, yo lo voy a llamar y pedirle que venga el domingo a almorzar con nosotros, como hacíamos en Cuba.

Luis, llamo a su hermano, conversaron un rato, su madre intento escuchar algo pero no pudo, solo alcanzo a oír el final; entonces el domingo pasas por acá y almorzamos juntos.

El domingo, a la hora del almuerzo, llego Manuel, vestía ropas de marca y tenia puesto un reloj carísimo. Su madre lo recibió con un beso y un gran abrazo. Mientras lo abrazaba, su rostro de espalda a todos, reflejaba angustia y dolor. Las madres siempre lo adivinan y presienten todo.

Mientras tomaban el café, Manuel le pregunto.
– ¿Donde estas viviendo? Sabes que para acá puedes venir cuando quieras. Mamá estaría feliz de tenerte aquí, no tenemos lujos, pero nada nos falta.
– No gracias, estoy viviendo con unos amigos hasta que cierre la compra de un apartamento en la playa, creo que será pronto.
La madre, interrumpió la conversación entre los hermanos.
-¡Comprando un apartamento en la playa! Con qué dinero mi hijo, si no tienes trabajo, por Dios no me asustes, tú no estarás metido en algún negocio sucio. Mira que esto no es Cuba, ni hay otro tío que nos mande una lancha.
– Tranquila mamá, son negocios limpios, este país es para la gente como yo, gente hábil, inteligente, sin miedo. En un par de años estaré muy bien, súper bien, ya veras.

Manuel se despidió, Luis insistió en acompañarlo hasta el auto, allí, lejos de la madre, donde nadie podía escucharlos le dijo.
– A mi no me engañas, tu andas en algo sucio y bien sucio, nadie se compra un apartamento en la playa y un BMW, al año escaso de estar aquí. Lo que hagas con tu vida, es asunto tuyo, pero si haces sufrir a mamá, te mato coño, ¡te lo juro!

Manuel, subió al auto sin responder, nunca más se vieron, ni siquiera hablaron por teléfono.

Manuel, solo llamaba a su madre una vez al mes, para saber como estaba, no la visito más. Se olvido de su familia. A pesar de estar metido hasta el cuello en negocios sucios, tuvo suerte, hizo dinero y mucho, nunca tuvo problemas. Sin saberlo él, las oraciones de su madre a la Caridad del Cobre, lo protegían. Compro casas, propiedades, invirtió en negocios, hasta termino metido en la política.

Un día, Manuel conoció a una muchacha cubana, recién llegada. Isis era linda, como un sol. Cuando llegaba a un lugar todos la miraban. Se deslumbro con ella y se decidió a conquistarla. Iba todos los días a almorzar al restaurante donde trabajaba de camarera para verla, le dejaba siempre muy buenas propinas y le decía piropos. Un día le dio su tarjeta personal, escribió por detrás, llámame.

Isis, lo llamo y salio algunas veces con él. No llegaron a nada serio, era de las que no se vendían, el mundo que Manuel le ofrecía, no era para ella.

La vida a veces juega con nosotros, es como un carrusel o una montaña rusa. Una tarde de domingo, Luis llevo a su mamá a almorzar al restaurante donde trabajaba Isis, la muchacha que había deslumbrado a Manuel y a otros más. Luis, se quedo mirándola, cuando ella se acerco a la mesa y pregunto.
– ¿Que quieren?
Luis, solo dijo.
– Lo que tú quieras.
Se rieron como bobos, así pasaron el tiempo que duro el almuerzo, mirándose y riéndose. A Isis, le gusto ese hombre varonil y atractivo que cuidaba de su mamá como si fuera su novia. A veces durante el almuerzo, le tomaba la mano y le daba un beso, eso la conmovió. Isis había perdido a su madre un mes antes de salir de Cuba. Antes de irse, Isis y Luis, intercambiaron números de teléfonos, pasaron la semana hablando. Quedaron en salir el viernes en la noche.

Isis y Luis, parecían hechos el uno para el otro, a los pocos días de estar saliendo, Luis, le propuso matrimonio.
– Se que es muy pronto, pero también se que eres la mujer que llevo una vida buscando, esperando por ti. Quiero que seas la madre de mis hijos, que nos muramos juntos un día, muy viejitos, mientras nos besamos.

Isis, acepto, Luis era el hombre que siempre soñó, hasta imaginaba que su madre desde el cielo, lo había traído hasta ella.

Luis, le dio la noticia a su mamá que la recibió feliz, sabía que ganaría una hija y que su hijo seria muy feliz.

Isis, dejo el restaurante, comenzó a estudiar Ingles y a trabajar part-time en una de las factorías del mismo dueño de la que administraba Luis.

Cuando faltaba un mes para la boda, fueron los tres a almorzar en el restaurante donde se habían conocido. Luis llevaba del brazo a su madre y a su novia, se sentaron a la mesa, ordenaron. Mientras almorzaban, Manuel llego acompañado de una rubia despampanante con un escote que solo ocultaba lo imprescindible. Todos, aunque por razones diferentes se sorprendieron.
– ¡Que casualidad mi hijo y que bueno que te veo! Ven dame un beso, creo que los dos lo necesitamos.
Manuel, estaba pálido, beso a su madre. Luis le presento a Isis, su futura esposa, nadie se dio cuenta que Manuel contraía el ceño y se mordía los labios. Su, mucho gusto, fue forzado, casi inaudible. Se sentó en otra mesa, con la mujer que le acompañaba y que no se atrevió a presentar.

Cuando Isis se levanto para ir al baño, Manuel fue tras ella y lejos de las miradas de su madre y su hermano le pregunto.
-¿Por qué lo elegiste a él y no a mi, que puse el mundo a tus pies? ¿Por que?
– Primero, no sabia que era tu hermano, lo supe hoy y me sorprendí tanto como tú y sabes por que lo preferí a él, porque en este mundo Manuel, el dinero no lo es todo, la gente vale por quien es y no por lo que tiene.

Después de la boda se mudaron los tres para la casita de 3 cuartos que Luis había comprado con sus ahorros. Cuando nació el primer hijo, le pusieron Francisco. Cuando nació la niña, le pusieron Esperanza, como su abuela.

Fotografia tomada de Google.

Salvando mi memoria y los recuerdos.

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Ahora que solo confundo lugares y olvido nombres, que conservo intacta mi memoria, que atesoro recuerdos y momentos, es el momento exacto de un recuento. De almacenar lo mas valioso, lo que no debo olvidar, ni aún en el olvido o la demencia.
Antes de terminar como la vieja Eulalia, dando brillo sin final a objetos y recuerdos, con la mirada perdida en el pasado. Quiero hacer un balance necesario, guardar para el olvido mis tesoros, mis mejores momentos, mis rostros mas queridos, mi ciudad, mi gente y mis palabras.

Hare un álbum inmenso, donde guarde fotos, diálogos, personas, amigos, hermanos. Escribiré en la puerta de mi casa un cartel enorme que recuerde; ¡Abrir el álbum cada mañana y cada noche! En la portada, la foto de mi madre sentada sobre mi, mientras la beso, sin comentario, sin palabras. Aún en el olvido más terrible, sabré que es ella, recordaré su aliento y sus abrazos.

Mis hermanos, mis amigos, todos tendrán su sitio exacto. Allí estarán sus fotos, nombres y sus huellas. Cuando vayan a verme, en algún sitio con luz, allá en La Habana, les diré entre risas; estas aquí, mira. Les mostrare sus fotos, los mirare con ojos de pasado, recordare cada instante compartido.

Estarán también todos mis escritos, los buenos y los malos; a todos los amo, no es culpa de ellos no ser mejores, solo es mía. Entre ellos, una foto de mi musa con su nombre y un comentario; todo empezó una tarde de noviembre cuando soplo el polvo de mis alas, no hará falta más en el recuerdo.

Tendré montones de fotos de La Habana, de sus calles, muros y su gente. Un breve; Mi ciudad, desatara memorias, olas. Andaré por sus calles en el recuerdo. Salvare para mi olvido, sus adoquines, sus huecos, sus columnas, sus largas caminatas, su alegría. Mirare sus fotos y uno a uno, se harán presentes instantes de mi vida.Convocados por la magia de mis raíces, escaparan del olvido o la demencia.

Guardare en un álbum mi memoria, no olvidare un detalle. Cuando abra mi álbum, cada día, entre colibríes y sinsontes, olas y soles; mariposas del recuerdo, alegraran mi vida, salvada, para siempre del olvido.

Amigos, afectos y exilios.

Los cubanos, somos sociables por naturaleza. Abrimos nuestro corazón y dejamos entrar a personas y afectos. Allí dentro, compartiendo el amor por nuestra Islita, conviven gentes, amores, recuerdos y sueños. Como siempre digo; en un corazón cubano, cabe todo lo bueno del mundo.

En este andar y desandar el mundo, dejamos, mar por medio, afectos imprescindibles, de esos que nada ni nadie, podrá romper jamás. Madres, hijos, hermanos y amigos, que aún en la distancia, siguen con nosotros, nuestro corazón nos lo recuerda en cada latido. Corren por nuestra sangre, se hacen presentes en cada alegría y en cada pena. A esos afectos que dejamos atrás, que trajimos con nosotros, vamos sumando nuevos. Entran a nuestra vida y a nuestra alma, personas que llegan para quedarse, seres que llegan ligeros de equipaje y sin pedir permiso, abren la puerta de nuestro corazón y deciden quedarse ahí, felices y seguros; fieles.

Siempre doy gracias a Dios, por mis amigos, ellos iluminan mi vida, están siempre ahí, acuden en el momento justo, sin tener que llamarlos, adivinan cuando los necesito. A un buen amigo, no tenemos que llamarlo, viene solo cuando lo necesitamos.

El exilio, ha sido generoso conmigo, pienso que desde nuestra Isla, mi madre y mi ciudad, le hicieron un guiño a Miami. Una le dijo, no lo abandones, la otra, con lagrimas en los ojos le soltó un; ¡Cuídamelo siempre! En Miami, he encontrados amigos especiales, de esos que todos quisieran tener siempre a su lado. Recuerdo la última gripe que tuve hace unos meses, mis amigos, me trajeron tantas cosas de comer que un mes después, aún mi refrigerador y mis estantes guardaban jugos, comidas y un montón de cosas más. Llego un momento que les tuve que decir; no me traigan nada mas, no tengo donde guardarlo, tengo gripe, no desnutrición. Saberse querido, rodeados de buenos amigos, de personas especiales, convierte cada día en un arco iris. Mis amigos, son como alas, con ellos a mi lado, todo es posible! Hubo una vez, que mis amigos, fueron mis dos piernas, meses con una pierna enyesada, en casa. Ellos, a mi lado, casi me cargaron día tras día. Tenerlos a mi lado, me ayudo a soportar dolores y ausencias, a vivir!

Mi más reciente amigo, entró por el mundo virtual, me saludo una mañana en Facebook. No se como se las arreglo y de un empujón se coló en mi vida, decidido a quedarse para siempre. Una vez le dije; si la reencarnación existe, en otras vidas, fuimos hermanos, amantes o padre e hijo, (eso de padre e hijo, no me hizo mucha gracia). Tenemos diferencia de edades, pero el mutuo afecto, borra todas las barreras, riendo juntos, vuelvo a tener veinte años. Mi nuevo amigo, es como un cascabel, alegrándome mis días. El, junto a los amigos de siempre, que ya hizo suyos también, andará por siempre a mi lado. Logro hacerse imprescindible en muy poco tiempo.

Si, tengo mucho que agradecer a la vida a Dios, a las oraciones de mi madre, a los conjuros de La Habana. Tener tantos afectos a mi lado, es como tener una almohada donde me recuesto, cuando otras ausencias me hacen nudos en el pecho. Mis amigos vienen, me llaman, saben como desatar nudos y alegrarme el dia.Tomados de la mano y del alma, seguiremos juntos. Un día nos reuniremos todos a la sombra de una Ceiba gigantesca y tomando el café de mami o saboreando su comida, daremos gracias a la vida por juntarnos y hacer realidad nuestros sueños.

¡LAZARO!

lazaro
San Lázaro, uno de los santos mas conocidos en Cuba, suma devotos y seguidores cada año. Su día, convoca a miles, millones a rendirle homenaje y cumplir promesas.

Una tarde, conversaba con un cura, mientras esperaba el agente que lo llevaría  a recoger equipaje y tomar el auto, una persona encantadora. El agente que llego a recogerlo es muy católico, lo reconoció al instante dijo su nombre, era el párroco de la Iglesia de San Lázaro. Le comente que cada año, iba con amigos a esperar el 17 de diciembre en su iglesia, A cual vas?  Me  pregunto; la del Rincón en la 4 avenida del East. Me aclaro que no pertenecía a la iglesia católica, que ellos la respetaban y atendían. Por más que me explico, termine sin entender. Mis amigos, saben que no se mucho de religiones, de divisiones de la Fe. A veces pienso que, las religiones, como las fronteras, dividen en vez de unir.

Respeto, aunque no las practique, a todas las religiones. Siempre digo a mis amigos, que si Dios, quisiera que todos pensáramos igual, nos hubiera dado un cerebro colectivo y no uno a cada uno. Fue sabio al hacerlo, si no, padeciéramos de constantes y terribles dolores de  cabeza.

San Lázaro, santo o solo el viejo Lázaro, como le decimos con esta acostumbrada confianza nuestra de tutear a santos y hacerlos miembros de la familia, sabe que no solo el 17 de diciembre, todos los días del año, sus fieles, miran al cielo o al altar, le piden con Fe. No nos abandona, ni quiere, ni puede, es parte nuestra.

Dicen que siempre se ocupa de cumplir lo que le piden y que a la vez es celoso y estricto con las promesas que le hacen, si se le promete algo, hay que cumplirlo Hace días, una señora me decía; nunca le pido nada, tengo muy mala memoria y se que es de los que cobran las promesas incumplidas. No me imagino a un ser de luz, a un espíritu cercano a Dios, cobrando promesas incumplidas, por si acaso y por aquello de; mas vale precaver que tener que lamentar, siempre cumplo lo que le prometo. La última fue ir con un amigo ateo a dar gracias por su recuperacion, si intercedia por su vida. Una operacìon a corazon abierto y su complicacion, casi le arrebatan la vida. cuando mi amigo se recuperó le dije, vete preparando que un domingo iremos al Rincon de San Lázaro a dar gracias. no costo trabajo llevarlo; alli juntos, dimos gracias y oramos.

Lázaro, obispo o mendigo, con anillo de oro o arrastrando sus muletas, sabe que muchos le piden por problemas de salud. La fe en su interseción, es como una gran vacuna para muchos, la mejor medicina, el cocimiento exacto que cura males y alivia dolores. En su día, allá en La Habana, desde todos los lugares del país, acuden sus fieles a pagar promesas, a rendir homenaje, a pedir, renuevan votos, magnifican su Fe. He sido testigo de promesas cumplidas y renovadas, a veces me asombra la fuerza de la Fe.

Visito sus dos casas, allá en el Rincón y aquí en Miami. En ambas converso con Dios, oro por mi madre, mis amigos, por mí. Recién llegado a Miami, vivía muy cerca de su iglesia, una mañana en que nostalgias y situaciones me agobiaban, me senté en su iglesia, no pedía, solo lloraba en silencio. Un río de lagrimas, una tras otra mojando el piso de la iglesia, de pronto, les juro que escuche la voz de mi mama, llamarme,¡Joseito! Su voz retumbo en mis oídos y en toda la iglesia. Me levante del asiento y empecé a buscarla; no estaba. Dios y Lázaro, me trajeron su voz, como única vía para contener mi llanto, escucharla, cancelo lagrimas y revivió esperanzas, me dio la paz necesaria. Al Rincón, en La Habana, regreso, cada año, del brazo de mi madre, a pedir por amigos, a conversar los 3, seguro de mi fe y mis principios.

El Rincón de San Lázaro en la Habana desbordado de creyentes y hasta no creyentes preside cada 17 de diciembre un acto de Fe, único y especial. Aún en tiempo de religiones prohibidas, supo burlarse de prohibiciones y absurdos. Lázaro, desde su altar convoca a su pueblo que le rinde tributo y amor.

San Lázaro, Babalu Aye, el viejo Lázaro, Lázaro obispo o mendigo, al final, es igual, una vía un camino para llegar a Dios, el nombre y el traje púrpura o de harapos, es lo de menos, ìsolo cuenta la fe! Y esa, ¡es enorme!

¡Barbara!

Desde niño, siempre escuche el dicho, “solo se acuerda de Santa Bárbara, cuando truena”. También escuche muchas veces decir, “ay Santa Bárbara, bendita, ayúdame” Fui creciendo, anduve caminos, hice amigos, conocí el “Folklore”. Mis amigos, saben que no practico ninguna religión, hablo con Dios, directamente, sin intermediarios. Visito iglesias, me arrodillo, pido y oro, por mí, por mi madre por mis amigos, converso con Dios y con sus amigos, con los más cercanos a El. Un día, como muchos, me encontré frente a la imagen de Santa Bárbara.

Muchos cubanos son devotos de Santa Bárbara, realmente en nuestro delicioso ajiaco religioso, no creo que exista santo alguno a quien alguna vez, no le hayamos pedido algo. Sin dudas, Santa Bárbara, esta entre los mas conocidos. Se le han dedicado canciones, nuestra Celina González, hacia una versión especial de ¡Que viva Chango!

Siempre me llamó la atención, ese extraño sincretismo o simbiosis, entre Santa Bárbara, mujer armada de una espada y el guerrero Changó, dios supremo de  la virilidad. La historia de la mujer que después fue conocida como Santa Bárbara, es triste. Chango, jugador, mujeriego, enredado en luchas por mujeres, solo tiene en común con ella, la espada, una ocasión que se disfrazo de mujer para escapar de sus enemigos y los rayos. No se  que tormenta o que rayo, los unió para siempre. Así quedaron por siempre, fundidos en uno, Santa Bárbara  y Changó.

Tengo amigos, que celebran el 4 de diciembre de forma especial, son hijos de Changó. He asistido a sus fiestas, he compartido junto a ellos ceremonias, no comparto su religión, si su amistad. Me honran invitándome a celebraciones y ceremonias,. Al final, todos los caminos conducen a Dios; los andamos juntos.

En  mi primera visita al Rincón, hace ya muchos años, me arrodille frente a la imagen de Santa Bárbara y pedí con todo la fe del mundo. Alguien, me dijo una vez, que era hijo de Changó, tal vez por mi forma de ser, mi carácter. Un día leí los atributos de sus hijos  y me reí, en muchas cosas pensé que estaban hablando de  mi. Cada vez que regreso al Rincón, me arrodillo frente a ella, doy gracias. Mi madre, me acompaña, suma su fe a la mía. Siempre digo que Dios, esta en todas partes, pero por alguna extraña circunstancia, su  presencia, la siento, aún con más fuerza, en la humilde  y sencilla iglesia del Rincón.

En mi última visita a La Habana, me sorprendió encontrarme  una imagen de Santa Bárbara en la calle Obispo, en plena calle. Rodeada de ofrendas, atraía la atención de todos, como si hubiera decidido sumarse al río humano que recorre esa calle, ser una mas entre su pueblo. Dejar altares y tronos, salir sencilla, sin lujos, casi en silencio, de incognito, a compartir con todos.

Este 4 de diciembre, muchos harán fiestas, otros lo celebraran en silencio, encenderán una vela, harán una oración. Muchos cubanos, miraran al cielo, pedirán en silencio, seguros que entre truenos y relámpagos de esperanza, son escuchados; no perdemos la fé, ni la esperanza.

 

 

REGRESAR!

Partir, la primera vez, todas las veces; partir, es siempre difícil. Regresar, volver una y otra vez, es una mezcla de sentimientos y  emociones. Regresar, aunque solo sea por unos días, acelera el ritmo cardiaco, provoca un estado de ansiedad, que no disminuye ni el mejor ansiolítico conocido, ni siquiera hacer el amor.

Mucho hablamos de cuando nos fuimos, de esa primera vez, que nos desgarro el alma, que tenso el cordón umbilical que nos une a tantas cosas, que casi lo rompe! Partir, fue, es sin dudas, difícil, regresar, también lo es. Cada viaje de regreso, nos revuelve los sentimientos, los recuerdos. Aunque sepamos que la felicidad, esta garantizada, que nos esperan brazos amorosos y todo el amor del mundo en un beso. Regresar, nos alegra, pero también nos tensa, nos desata emociones contenidas, nos desboca en una carrera a un abrazo, a una nueva partida.

Cada vez que regresamos, cambiamos planes, gastamos más de lo debido, sacamos mil cuentas. Siempre se nos quedan un montón de cosas por llevar. Vamos una y mil veces a las tiendas y al mercado, todo nos parece poco.

Recuerdo mi primer regreso, mientras esperaba la salida del avión, escuche a uno de los pasajeros decir; he regresado mas de  20 veces a Cuba, cada vez que veo desde el avión a La Habana, no puedo contener las lagrimas! Volver, es siempre un reencuentro con nosotros mismos, con recuerdos, con raíces.

Muchas veces, fui al aeropuerto a recibir a amigos y hermanas, regresando de visita. Presencie encuentros desgarradores, hermanos, hijos y madres, reencontrándose, después de años de separación. Un día, fui yo, el que regresaba, mi sobrino-hijo, se abrazó a mi llorando. En el auto, rumbo a casa, al reencuentro con mami, me tocaba y lloraba a gritos, se decía a si mismo; existe, esta aquí, no desapareció para siempre. Tuve que hacer un gran esfuerzo, solo le dije; ayúdame, aún me falta ver a mami. Poco a poco controlo sus emociones, se bebió sus lágrimas. Hice el viaje a casa, pensando en el momento del abrazo a mami. Dios, La Habana, mi madre, hicieron el milagro; cuando abrí la reja del jardín, fue como si regresara del trabajo, como si nunca me hubiera ido. Mami y yo, nos abrazamos, como si solo ayer me hubiera ido. Dios, estuvo con nosotros, en ese primer regreso, ha estado en todos.

Son las 5 de la mañana,  me desperté y vinieron a mi mente los preparativos del viaje, del próximo regreso, faltan apenas 4 días, no pude volver a conciliar el sueño. Los últimos días, antes del regreso, son los más difíciles, dormimos poco, el corazón, se nos quiere salir del pecho. Quisiéramos que los días volaran, estar ya en nuestro destino. Siempre le digo a mis amigos, que quisiera obviar preparativos y tramites, transportarme directo a La Habana, a los brazos de  mi madre.

Se que muchos, no han podido regresar nunca, sueñan con hacerlo, imagino  su dolor. Conjugaron el verbo partir una sola vez, para todos los tiempos y esperan por su regreso. Los respeto, pero esconder mi alegría y emoción por mi regreso, seria hipócrita de  mi parte.

Estoy feliz, para serlo, basta la certeza que me esperan los brazos de mi madre, que ella es feliz, repletando congeladores de tamales y croquetas, adornando, aún más, su alma, para la fiesta que se avecina.

Si, el regreso, desata emociones, nos desboca el corazón, nos quita el sueño. Aunque solo sea por unos días, aunque al final, volvamos a partir, regresar, es mirarnos nosotros mismos a los ojos, hacer balance, ensanchar el pecho. Regresar, partir, ser nosotros, ser otros, tener dos casas, dos ciudades. Al partir, solo habrá un pequeño beso, un vuelvo pronto, al regresar, los abrazos serán interminables, los besos inundaran la ciudad. Los brazos de mi madre me esperan; iré a La Habana!

La familia!

La familia cubana, es peculiar, diferente a todas. Reproduce en miniatura, la población de la isla, sus características y comportamiento. Nuestra familia, es unida, indivisible, aunque a veces parezca que se llevan mal, se quieren entre si. Ni años, ni lejanías han podido destruirla.

Qué madre cubana, no ha gritado a voz en cuello; estos niños me van a volver loca! Si algo le pasa a esos niños, si alguien quiere hacerles daño, se convierte en una leona, dispuesta a defenderlos frente a todos.

Los cubanos, le decimos a nuestra madre, vieja, pura. Tenemos la certeza que no hay vieja mas pura, que esa, la nuestra. Si alguna mujer mayor, nos tiene un cariño especial, nos da su aliento en momentos difíciles, decimos; es como si fuera mi madre, no hay nada más que agregar. La incorporamos a la familia, la hacemos nuestra.

La familia cubana, esta en constante movimiento, los muchachos, llaman a sus amigos, primos. Cuando un amigo, lleva años a nuestro lado, cuando hemos pasado mas de un momento difícil juntos, lo llamamos; mi hermano! Así vamos, sumando familiares, enriqueciendo nuestra familia.

Nuestros sobrinos, hacen añicos, el refrán, “a quien Dios, no le da hijos, el diablo, les da sobrinos”, nos llaman, con orgullo, papa! La escasez de vivienda, obligo a convivir juntas a varias generaciones. El concepto de familia, cambio, se adapto a situaciones nuevas. Los tíos nos convertimos en papás, sin querer y los sobrinos en hijos. Recuerdo mi primer viaje a la habana, mi sobrino-hijo, lloraba a gritos y me tocaba, como diciendo para si; existe, esta aquí! El, sabe que siempre estaré a su lado, cuando me necesite. Como todos ellos estan, siempre, junto a mi.

En nuestras familias, nos fajamos, discutimos, nos tiramos los trastos a la cabeza, parece que vamos a irnos a las manos, al final, todo termina en un abrazo. Los lazos familiares, no los rompemos, están siempre ahí, se renuevan y multiplican, como la vida misma. Dos hermanos discuten, parece que se acaba el mundo, si alguien se atreve a apoyar a uno, ese mismo le dice; es mi hermano, no te metas!

En años de familias dispersas por el mundo, nuestra familia se redefinió, se adapto a nuevos tiempos, la sala de la casa, creció, llego a Europa, a Miami, hasta África. Tal vez no podamos reunirnos todos en un almuerzo de domingo, pero nuestros corazones siguen juntos, lazos indestructibles nos unen. La familia cubana, no cree en lejanías, ni en años sin verse. Siempre que llamo a mami los domingos, pregunto que hizo de almuerzo, junto a ellos saboreo su comida y comparto la sobremesa.

Tengo una amiga que emigro siendo niña. Sus padres, hermanas, están de este lado, pero a cada rato arma maletas y amores y va a Cuba a dar y recibir amor de sus primos, de esa familia que el mar, ni la distancia logra disolver.

Los cubanos, somos todos, al final, una gran familia. Dispersos por el mundo, esperando el momento de ese gran abrazo que nos una y reconcilie definitivamente. Nos tocaremos unos a los otros, seguros que existimos, seguros que el camino por andar, ha de ser unidos, sin tirarnos trastos a la cabeza, dándonos unos a los otros amor, fuerzas para construir la familia mayor, “con todos y para el bien de todos”