Hasta que nos dure el deseo.

asaltante tomado de la pagina de Joaquin Perez.
Elena, vivía en Miami, en la ciudad de Coral Gables. Quedo viuda muy joven. Su matrimonio duró solo dos años, la muerte de su esposo en un accidente fue un golpe del cual nunca se repuso del todo. Vestía siempre de negro o gris, a veces se permitía usar una blusa blanca, nada de ropas de colores ni maquillaje. El dinero que recibió al morir su esposo y la pensión de viuda, le aseguraban una vida cómoda, tranquila. Iba mucho a la iglesia, hacia obras de caridad, ayudaba a niños necesitados. Siempre le habían gustado los niños, justo cuando se habían decidido a buscar un hijo, la muerte se llevo sus esperanzas.

Elena, se había olvidado del sexo, a sus 43 años, aún seguía siendo una mujer hermosa. A pesar de sus ropas oscuras y de su rostro sin maquillar, recibìa miradas y piropos que ella ignoraba. Después de 15 años de la muerte de su esposo, el único hombre en su vida, estaba seguro que el sexo había sido olvidado para siempre, enterrado junto con su esposo o esfumado con sus ilusiones de ser madre. A veces, conversando con amigas, le decían.
– Elenita, pero ¿no sientes ganas, no te despiertas de noche con urgencias de un hombre?
– No, nunca, desde que murió mi esposo, no tengo urgencias, ni ganas, duermo tranquila, de un tirón.

Joaquín, un joven habanero de 27 años, siempre fue un tipo muy bien parecido. Durante mucho tiempo en La Habana, vivió de su belleza física. Tuvo relaciones con extranjeros, mujeres ricas y hombres de negocios, solo le importaba llevar una vida cómoda y no pasar hambre. Le habían comprado y amueblado un apartamento en el Vedado, tenia ropas de marca y recibía todos los meses dinero de sus diferentes amantes, con eso le bastaba para ser feliz. Hacia años lo habían expulsado de la Universidad por tener relaciones con extranjeros, las mismas relaciones que hoy le garantizaban un buen nivel de vida, sin preocupaciones materiales.

Una mañana, el jefe de sector, un personaje que había comprado por unos cuantos dólares y alguna ropa que no le gustaba toco a su puerta.
– Joaquín, te abrieron expediente por peligrosidad, hice todo lo que pude, pero estas en una lista que vino de la Dirección provincial del Ministerio. Mañana o pasado, vendrán a llevarte preso, te harán juicio, pasaras lo menos 5 años en la cárcel.
-¡5 años presos yo! No, yo me piro pa’ la Yuma esta misma noche.

Recogió el dinero que tenia y salio corriendo para casa de un amigo. Esa misma noche, en un bote viejo con motor, Joaquín hacia el viaje hasta Cayo Hueso. Su carnet de identidad que probaba su condición de cubano, le evito ir a Krome, lo procesaron rápido. Cuando se vio en Miami, quiso llamar a uno de sus amantes que vivía en la ciudad, pero en el viaje lo había perdido todo, solo conservaba la camisa, el jeans y unas sandalias.

Recordaba que el tipo le había dicho que vivía en Coral Gables y decidió caminar la ciudad de arriba abajo hasta encontrarlo. Después de 2 días buscándolo, cansado, hambriento y sin esperanzas de encontrarlo, se sentó en el banco de una parada de ómnibus. En pleno agosto el calor era sofocante y se quito la camisa.

Elena, venia de regreso de la iglesia, la luz roja la obligo a detenerse justo frente a la parada del bus donde estaba Joaquín. El la vio, le toco en el cristal de la ventanilla.
– Por favor, deme algo para comer, llevo dos días en esta ciudad y ni agua he tomado, ¡ayúdeme por favor!

A pesar de las historias de desconocidos que pedían ayuda y terminaban asaltando y matando gentes, Elena sintió pena de ese muchacho de ojos color del cielo y cuerpo de Dios griego. Abrió la puerta del auto.
– Ven siéntate, te darás una ducha en mi casa, te daré unas ropas que aún guardo de mi esposo y te hare algo de comer. Seria inhumano dejarte morir de hambre y sed en esa parada.

Llegaron a casa de Elena. Ella abrió la puerta.
– Siéntate mientras te traigo las ropas de mi esposo.
Regreso con dos camisas y un pantalón.
– Báñate mientras te caliento algo para que comas, el baño es allí, en la 2da puerta.

Elena, calentó la comida, cuando llevaba el plato de comida para la mesa, apareció Joaquín, recién bañado, cubierto solo por una toalla que tenia sujeta a la cintura. Cuando Elena lo vio, dejo caer el plato de comida al suelo, al intentar socorrerla Joaquín, la toalla que cubría su desnudez, cayo al suelo, justo al lado de los restos del plato de comida. Al verlo desnudo frente a ella, Elena sintió que perdía el conocimiento, cuando él intento sujetarla, terminaron abrazados, ardiendo en deseos. Joaquín hábil en esas lides, la despojo de sus ropas con solo un gesto, la llevo desnuda en sus brazos hasta el cuarto. Se olvido de su hambre y su sed, ella se olvido de su luto, de sus años sin sexo, mientras hacían el amor una y otra vez, insaciablemente, desesperadamente durante horas.

Pasaron todo un día en la casa sin salir. Comían algo, una ducha y volvían a la cama. Vivian una inesperada y pasional, ardiente luna de miel. Elena decidió quitarse el anillo de compromiso, mientras lo guardaba en un cofre pequeño que tenia en la mesa de noche, Joaquín le pregunto.
– ¿Que tienes ahí?
– Algunas de mis joyas, las que uso a diario, las otras las tengo en el banco.

Al día siguiente, cuando se despertó, Joaquín no estaba en la casa, tampoco el cofre con las joyas, ambos habían desaparecido. Elena, lloro de rabia y despecho, llamo a la policía.
– Me robaron oficial, entro mientras dormía, alcance a verlo cuando me despertó el ruido de la puerta.

Le describió al oficial como era Joaquín, hasta le dijo las ropas que usaba.

Tres días después la llamaron para que identificara a Joaquín. Cuando lo tuvo frente a ella, le faltaron las fuerzas y le sobro el deseo.
– No, no es él, se parecen pero no es él, estoy segura.

Elena salio, parqueo el auto cerca de allí. Espero dos horas a que Joaquín saliera, lo siguió con su auto, cuando Joaquín se dio cuenta, se detuvo. Ella parqueo el auto frente a él.
– ¿Quieres subir?
– Gracias por no denunciarme, tus joyas las tengo enterradas, prometo devolvértelas.
Elena volvió a repetir.
-¿Quieres subir al auto? Si quieres puedes estar en mi casa unos días, te aclaro que todo lo de valor esta guardado en el banco. ¿Quieres ir para mi casa?
– ¿Estarás tú en mi cama? Pregunto Joaquín mirándola con deseo.
– Estarás tú, en la mía. Podrás quedarte hasta que encuentres trabajo y puedas rentar algo.
– ¡Me quedare hasta que nos dure el deseo!

Joaquín subió al auto. A la mañana siguiente, Elena hizo una hoguera en el patio donde ardieron todas sus ropas negras y sus recuerdos. Meses después, Joaquín acompaño a Elena a comprar ropas apropiadas para una mujer embarazada.

Fotografia tomada de Google.

Aclaración necesaria, este cuento nacio a partir de la foto y el siguiente comentario publicado en la página de Facebook de mi amigo, Joaquin Perez.
“Mire yo le explico, yo iba camino del trabajo y me senté en el banco de la parada y vino este joven señor y me explicó que habia sido asaltado que si yo lo dejaba llamar a la policia Yo sabiendo lo peligroso que eso de dejar entrar desconocidos en casa ni lo miré y le dije Señor, lo sieeeeeeeeeeeentooooo (y levante la mirada mientras decia lo siento) por el asalto pero claro! pobre hombre que barbaridad claro que si venga ud tome un baño y sientase en su casa ….de esto ya hace unos tres dias que estoy amarrado a una silla hasta que logré escapar y pedir ayuda….. Señor Policia ud cree que demoraran mucho en traerlo de regreso?…”
Los amigos comenzaron a comentar y Joaquin me dijo; ” Habanero Dosmil a que no tienes huevos de seguir ese cuento”
Asi nacio, Hasta que nos dure el deseo.

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Lagrimas y alegrìas.

Reconozco que cuando estoy indignado, cuando me domina la ira, puedo ser un tanque de guerra, casi como una aplanadora. Claro nunca como esa dinosaurica y ridícula que a veces sale por la calle 8, para espanto de la libertad de expresión y el progreso, pero aplanadora al fin. Cuando alguien o algo me provoca, puedo competir con gladiadores y centauros. Tal vez por eso muchos se sorprenden cuando me ven llorar, soy capaz de ganar una batalla a sangre y fuego y luego llorar de emoción por una manifestación de amor, con una foto, con solo un gesto. No soy un llorón, pero lloro fácil de emoción, de felicidad, si algo me conmueve.

El lunes pasado, fue abundante en lágrimas, de nervios, de alegría, de felicidad. Tengo un amigo que hace 10 años no ve a su mamá, 10 largos años, se dicen fácil, pero asustan, créanme. Dejaron de verse cuando él tenía solo 16, hoy ya es un hombre, todo un hombre que vela por su mamá y sus hermanos, que no lo olvida, a pesar del tiempo y la distancia. Ellos son su fuerza, su motor impulsor, su energía. Yo, que el mayor tiempo que estuve sin ver a mami fueron menos de 2 años, que ese tiempo me pareció enorme, insoportable, me sorprendo de la fuerza de mi amigo, de cómo pudo aguantar todo este tiempo. Esos dos años, me parecieron eternos, sentía a mi madre, mi hermana y mi sobrino, como si fueran voces inaccesibles, voces que nunca mas volverían a tener cuerpo y peso exacto. Aún hoy, más de 10 años después, recuerdo todos los detalles, los días anteriores, los diálogos, el día del reencuentro.

Le he contado a mi amigo, un montón de veces, todos los detalles del reencuentro con mi madre. Como ambos, estábamos nerviosos, impacientes, con miedo que la emoción nos jugara alguna trampa, hiciera de las suyas. Al llegar a mi casa, allá en Playa, en la Habana, nunca sabré que sucedió; al abrir la reja del jardín, me pareció que nunca me había ido, que regresaba de la escuela o el trabajo. A mami, le pasó igual, fue un milagro mas, como un acuerdo entre Dios y mi ciudad, para que nada nos pasara, nada de presión por las nubes y corazones desbocados.

Mi amigo, se imagina el reencuentro con su madre, sueña con él, le da color a sus sueños y los adorna. Anoche, vino a tomarse un café y multiplicar su alegría juntos. No olvidare sus lágrimas de felicidad, su voz entrecortada; te imaginas Jose, ¡Voy a ver a mi mami, a abrazarla! Le he dicho muchas veces que lo admiro, es mas fuerte que yo, lo se. Ignoro de que puede estar hecho un niño, que decide emprender solo una nueva vida, lo logra, triunfa, se inventa la alegría, se hace hombre, sin olvidar sus raíces, llorando cada día por su madre ausente, inventándosela para poder seguir viviendo. Si, es muy fuerte, tiene una Fe enorme en Dios y en el amor. El, también puede ser un tanque de guerra y llorar de emoción a la vez, así somos muchos, una mezcla rara fundida a golpes de la vida y sueños por hacer.

Emigrar, dejar a nuestras madres detrás, seguir amándolas, enfrentarnos a la vida y vencer, nos hermana a todos. No importa donde nacimos, ni el acento, ni la supuesta cultura diferente, al final, terminamos siendo hermanos, compartiendo sueños y luchando juntos. Guerreamos y lloramos juntos en gesto supremo de hermandad.

¡Barbara!

Desde niño, siempre escuche el dicho, “solo se acuerda de Santa Bárbara, cuando truena”. También escuche muchas veces decir, “ay Santa Bárbara, bendita, ayúdame” Fui creciendo, anduve caminos, hice amigos, conocí el “Folklore”. Mis amigos, saben que no practico ninguna religión, hablo con Dios, directamente, sin intermediarios. Visito iglesias, me arrodillo, pido y oro, por mí, por mi madre por mis amigos, converso con Dios y con sus amigos, con los más cercanos a El. Un día, como muchos, me encontré frente a la imagen de Santa Bárbara.

Muchos cubanos son devotos de Santa Bárbara, realmente en nuestro delicioso ajiaco religioso, no creo que exista santo alguno a quien alguna vez, no le hayamos pedido algo. Sin dudas, Santa Bárbara, esta entre los mas conocidos. Se le han dedicado canciones, nuestra Celina González, hacia una versión especial de ¡Que viva Chango!

Siempre me llamó la atención, ese extraño sincretismo o simbiosis, entre Santa Bárbara, mujer armada de una espada y el guerrero Changó, dios supremo de  la virilidad. La historia de la mujer que después fue conocida como Santa Bárbara, es triste. Chango, jugador, mujeriego, enredado en luchas por mujeres, solo tiene en común con ella, la espada, una ocasión que se disfrazo de mujer para escapar de sus enemigos y los rayos. No se  que tormenta o que rayo, los unió para siempre. Así quedaron por siempre, fundidos en uno, Santa Bárbara  y Changó.

Tengo amigos, que celebran el 4 de diciembre de forma especial, son hijos de Changó. He asistido a sus fiestas, he compartido junto a ellos ceremonias, no comparto su religión, si su amistad. Me honran invitándome a celebraciones y ceremonias,. Al final, todos los caminos conducen a Dios; los andamos juntos.

En  mi primera visita al Rincón, hace ya muchos años, me arrodille frente a la imagen de Santa Bárbara y pedí con todo la fe del mundo. Alguien, me dijo una vez, que era hijo de Changó, tal vez por mi forma de ser, mi carácter. Un día leí los atributos de sus hijos  y me reí, en muchas cosas pensé que estaban hablando de  mi. Cada vez que regreso al Rincón, me arrodillo frente a ella, doy gracias. Mi madre, me acompaña, suma su fe a la mía. Siempre digo que Dios, esta en todas partes, pero por alguna extraña circunstancia, su  presencia, la siento, aún con más fuerza, en la humilde  y sencilla iglesia del Rincón.

En mi última visita a La Habana, me sorprendió encontrarme  una imagen de Santa Bárbara en la calle Obispo, en plena calle. Rodeada de ofrendas, atraía la atención de todos, como si hubiera decidido sumarse al río humano que recorre esa calle, ser una mas entre su pueblo. Dejar altares y tronos, salir sencilla, sin lujos, casi en silencio, de incognito, a compartir con todos.

Este 4 de diciembre, muchos harán fiestas, otros lo celebraran en silencio, encenderán una vela, harán una oración. Muchos cubanos, miraran al cielo, pedirán en silencio, seguros que entre truenos y relámpagos de esperanza, son escuchados; no perdemos la fé, ni la esperanza.

 

 

REGRESAR!

Partir, la primera vez, todas las veces; partir, es siempre difícil. Regresar, volver una y otra vez, es una mezcla de sentimientos y  emociones. Regresar, aunque solo sea por unos días, acelera el ritmo cardiaco, provoca un estado de ansiedad, que no disminuye ni el mejor ansiolítico conocido, ni siquiera hacer el amor.

Mucho hablamos de cuando nos fuimos, de esa primera vez, que nos desgarro el alma, que tenso el cordón umbilical que nos une a tantas cosas, que casi lo rompe! Partir, fue, es sin dudas, difícil, regresar, también lo es. Cada viaje de regreso, nos revuelve los sentimientos, los recuerdos. Aunque sepamos que la felicidad, esta garantizada, que nos esperan brazos amorosos y todo el amor del mundo en un beso. Regresar, nos alegra, pero también nos tensa, nos desata emociones contenidas, nos desboca en una carrera a un abrazo, a una nueva partida.

Cada vez que regresamos, cambiamos planes, gastamos más de lo debido, sacamos mil cuentas. Siempre se nos quedan un montón de cosas por llevar. Vamos una y mil veces a las tiendas y al mercado, todo nos parece poco.

Recuerdo mi primer regreso, mientras esperaba la salida del avión, escuche a uno de los pasajeros decir; he regresado mas de  20 veces a Cuba, cada vez que veo desde el avión a La Habana, no puedo contener las lagrimas! Volver, es siempre un reencuentro con nosotros mismos, con recuerdos, con raíces.

Muchas veces, fui al aeropuerto a recibir a amigos y hermanas, regresando de visita. Presencie encuentros desgarradores, hermanos, hijos y madres, reencontrándose, después de años de separación. Un día, fui yo, el que regresaba, mi sobrino-hijo, se abrazó a mi llorando. En el auto, rumbo a casa, al reencuentro con mami, me tocaba y lloraba a gritos, se decía a si mismo; existe, esta aquí, no desapareció para siempre. Tuve que hacer un gran esfuerzo, solo le dije; ayúdame, aún me falta ver a mami. Poco a poco controlo sus emociones, se bebió sus lágrimas. Hice el viaje a casa, pensando en el momento del abrazo a mami. Dios, La Habana, mi madre, hicieron el milagro; cuando abrí la reja del jardín, fue como si regresara del trabajo, como si nunca me hubiera ido. Mami y yo, nos abrazamos, como si solo ayer me hubiera ido. Dios, estuvo con nosotros, en ese primer regreso, ha estado en todos.

Son las 5 de la mañana,  me desperté y vinieron a mi mente los preparativos del viaje, del próximo regreso, faltan apenas 4 días, no pude volver a conciliar el sueño. Los últimos días, antes del regreso, son los más difíciles, dormimos poco, el corazón, se nos quiere salir del pecho. Quisiéramos que los días volaran, estar ya en nuestro destino. Siempre le digo a mis amigos, que quisiera obviar preparativos y tramites, transportarme directo a La Habana, a los brazos de  mi madre.

Se que muchos, no han podido regresar nunca, sueñan con hacerlo, imagino  su dolor. Conjugaron el verbo partir una sola vez, para todos los tiempos y esperan por su regreso. Los respeto, pero esconder mi alegría y emoción por mi regreso, seria hipócrita de  mi parte.

Estoy feliz, para serlo, basta la certeza que me esperan los brazos de mi madre, que ella es feliz, repletando congeladores de tamales y croquetas, adornando, aún más, su alma, para la fiesta que se avecina.

Si, el regreso, desata emociones, nos desboca el corazón, nos quita el sueño. Aunque solo sea por unos días, aunque al final, volvamos a partir, regresar, es mirarnos nosotros mismos a los ojos, hacer balance, ensanchar el pecho. Regresar, partir, ser nosotros, ser otros, tener dos casas, dos ciudades. Al partir, solo habrá un pequeño beso, un vuelvo pronto, al regresar, los abrazos serán interminables, los besos inundaran la ciudad. Los brazos de mi madre me esperan; iré a La Habana!

La madre del soldado!

Para las madres, sus hijos, son, seremos siempre, niños, pasan los años, pero nos siguen viendo con el mismo cariño, la misma ternura, nos quieren proteger siempre. Sus brazos, son el escudo que intenta parar golpes, ampararnos. De pronto, el niño, se hace hombre y a veces, se hace soldado.

Ser madre de  un soldado, de un joven que recién se estrena como hombre, es una tarea difícil para cualquier mujer. Si la mujer, es inmigrante, si la única familia que tiene de este lado, es ese hijo, que decidió ser soldado, la mujer necesita fuerzas extras. Las mujeres, a veces asombran con su fuerza, su valentía. Tengo una amiga joven, que convierte lagrimas en sonrisas, ausencias en fuerzas, que es capaz de reunir en una oración, toda la fe del mundo cuando pide por su hijo; su hijo, que se hizo soldado.

Como ella, muchas llegaron a este país con su hijo en brazos, en balsas, aviones, cruzando fronteras. Sus hijos crecieron, los niños de ayer, son hoy hombres, deciden su vida y destino. Aunque les causen dolor sus decisiones, las aceptan y apoyan. Las madres, saben que llega un momento que aconsejan, pero son sus hijos quienes deciden su rumbo, el camino a seguir. Esos niños de ayer, no dejan de ser cubanos, pero también se sienten americanos, sienten orgullo infinito ser parte del Army, de arriesgar su vida por este país. Aunque las madres, los quieren a su lado, la vida  y voluntades los envían lejos.

Esta mujer, mi amiga, es una mujer común y corriente. Cuando sonríe, nadie puede imaginar que cada minuto del día pide a Dios que proteja a su hijo. Su hijo es un hombre valiente, supo decidir que rumbo dar a su vida, su madre, es doblemente valiente. El, sabe que si un día gana una medalla, ella, la merecerá tanto como él, será una medalla compartida.

Compartí su angustia cuando su hijo decidió entrar al army, intento disuadirlo con todas su fuerzas, no entendía que su hijo volara tan lejos. Un día conversando le dije; le diste alas para que volara, no para que se quedara a tu lado, es su vida y tiene que vivirla. Cuando su amor de madre, le dejo entender que su hijo tenia todo el derecho de decidir el camino a tomar, lo apoyo. Hoy, lo alienta y lo sostiene. Multiplica sus fuerzas y espera segura. Dios y sus santos, se lo traerán de regreso, sano y salvo.

Aún le queda un año, un año mas esperándolo, pidiendo cada día que regrese, que nada malo le suceda. Mi amiga, la madre del soldado, sabe que no esta sola, que puede contar conmigo y con muchos mas. El hijo soldado, me conoce, conoció a los nuevos amigos de su madre, ahora, esta mas tranquilo. Sabe que su madre no esta sola, nosotros, estamos junto a ella.

Tuve la suerte, el privilegio, de acompañarla a recibir a su hijo, cuando vino de vacaciones, se abrazo a mí llorando, sus lágrimas humedecieron mi camisa y mi alma. Su hijo, le dijo; mami, por qué lloras? Le aclare, estas son lagrimas de felicidad. Se que dentro de un año, volveremos a estar juntos, en la puerta de otro avión, esperándolo. Se que tendré el privilegio de ser uno de los primeros en abrazar al soldado, a su regreso definitivo, otra vez, la madre del soldado, mojara mi camisa con sus lagrimas. Estaré con ellos, cuando juntos, levanten la mirada al cielo y ella diga; gracias Dios mío!

Flat screen TVs en La Habana.

Hace un par de días, comentábamos sobre los viajes a Cuba. Una señora, que no es de origen cubano, decía entre molesta y resentida; casi toda La Habana tiene televisores último modelo, flat screen Tvs, que manera de ostentar! No entiende que no es derroche, ni ostentación, es amor por los que dejamos atrás, amor del bueno.

No dudo que algunos van a Cuba y ostentan, gastan lo que no tienen. Lucen prendas y ropas, por encima de su nivel económico. Eso pasa en todos los países del mundo con los emigrantes. No es exclusividad nuestra. Nosotros, exagerados en todo, tenemos personajes que lucen gruesas cadenas de oro y manillas y gritan, estoy muy bien, aunque lleven un año viviendo del unemployment y reciban ayuda del gobierno. Esta no es la mayoría del exilio cubano. Parte visible, pero que no nos representa, no son mayoría.

Los que vivimos dificultades y escaseces, casi hasta el otro día, tenemos muy claro, que ayudar a los que dejamos atrás, es nuestra obligación. Los que amamos a los que dejamos atrás, los que a pesar de los años, no podemos olvidar a quienes están del otro lado, sentimos que ayudarlos, es un placer, nuestro tributo al amor, a nuestros recuerdos, a nosotros mismos. Tenemos bien claro que este es ahora nuestro país, no podemos mal vivir, por garantizarle un alto nivel de vida a quienes dejamos atrás, pero tampoco podemos abandonarlos a su suerte. No podemos olvidarnos de ellos.

Para muchos de nosotros, un número elevado, ayudar a nuestras familias, es un gustazo, una bendición. Muchos apenas llevamos ropa para cambiarnos, en aras de poder llevar un poco mas para ellos. No es complejo de culpa, por haberlos abandonado, no hay nada material, que pueda ocupar el lugar del hijo ausente. Esos familiares que quedaron allá, son los que nos alentaron y apoyaron a partir. Aún en la distancia nos sostienen y apoyan, por eso regresamos una y otra vez a sus brazos.

No señora, se equivoca, cuando cargamos con flat screen Tvs en nuestros viajes, no ostentamos, no pretendemos que la gente diga; que bien esta, hasta un televisor trajo! Lo hacemos, por amor a los que dejamos detrás, por llevarles un poquito del confort material que ahora disfrutamos. La familia cubana, es así, hacerlos felices, es también nuestra felicidad.

Desde ayer, mi mama, tiene en su sala, por fin, su televisor ultimo modelo. Pude haberme comprado unos cuantos T-shirts de AX, mis amigos, saben cuanto me gustan. También pude comprar algunos jeans o zapatos de marca. Créanme, no hay satisfacción mayor que saber a mi madre disfrutando, a sus anchas, de un buen televisor. Se las horas que pasa, sentada frente a él, disfrutando de su programas favoritos.

Para recordarme, mi madre no necesita nada material; ambos estamos unidos por lazos muy fuertes, un amor infinito. Las madres, solo quieren vernos, un abrazo nuestro, un beso, vale por todos los electrodomésticos del mundo. Se que mi madre, mirara al televisor, ahora, de modo diferente. Su mirada penetrante y brillante, lo vera como un puente a su hijo del alma, una forma de comunicarnos, una mas que nos inventamos para seguir juntos a pesar de lejanías y ausencias. Como ella misma me dijo al llamarla; vas a tener que devolverlo, no puedo ver mis programas favoritos, cada vez que lo miro, veo tu cara

Por eso repito, no ostentamos, amamos, dos verbos muy diferentes. Llegamos a este país, dispuestos a luchar. Todo lo que tenemos, ha sido ganado con el sudor de nuestra frente. Cuando las fuerzas faltan, desde el sur sopla un viento que nos anima. Si el viento no basta, llamamos por teléfono y las voces de nuestros seres queridos, hacen el milagro. Llevarles o mandarles algo, es solo una forma de ayudarlos, una manifestación de amor, jamás ostentación, quedo claro señora?

Si algún día, tiene la suerte de visitar La Habana, si entra a una casa y ve en la sala un flat screen TV, no piense que esa familia, tiene alguien en Miami que ostenta; ellos tiene en Miami o en cualquier parte del mundo, alguien que los ama, que no los olvidara nunca!!