Un Hombre en la mitad del tiempo y del camino.

IMG_0006
Quien fuera ola recurrente y necesaria para golpear una y otra vez contra obstáculos y muros y poco a poco, partícula a partícula, irlos venciendo. Borrarlos, con mi fuerza y mi constancia.

Quien fuera brisa o viento y rozar cada mañana tu mejilla con un te quiero dulce, pequeñito, casi imperceptible, pero cierto, real, imprescindible, mío.

Quien fuera lluvia o nube, ¡Huracán! y dueño de olas y vientos, cambiar el curso de mi vida y de la historia. Empezar los tiempos de mi cuento, sin magos ni hechiceros, sin caminos de espinas y caídas, sin gigantes gritando por bocinas, sin decretos absurdos, sin barrotes, sin salidas y regresos.

Quien fuera tiempo relativo, exacto y preciso y detenerme justo en el mejor segundo, burlarme de relojes y almanaques y gritar para siempre; ¡Aquí me quedo! Detenido y feliz, burlón e inmóvil, disfrutando de lo bueno de esta vida, aunque fuera solo un segundo detenido.

No soy ni tiempo, ola, huracán, ni brisa, soy solo un hombre en la mitad del tiempo y del camino. Me conformo con ser un beso intenso, imborrable, inolvidable, deseado, mítico y estallar en tu mejilla, una y mil veces.

Advertisements

Santiago de Cuba, despues del huracán.

Solo la visité en dos ocasiones; de niño, con mis padres y en el año 91 con un amigo que me invito a casa de su familia. Santiago de Cuba, es una ciudad, con un encanto especial, uno lo siente al llegar. No es solo el clima, el calor o las montañas, es su gente, su gracia natural. Nuestra islita, a pesar de ser pequeña, exhibe una diferencia marcada en paisajes y ciudades. Somos, siempre lo digo, un delicioso ajiaco donde puede incluirse todo, absolutamente todo, nada nos falta, ni nos sobra.

En estos días leímos y escuchamos sobre el paso de un huracán por el Oriente de  Cuba. Las noticias hablaban de destrucción, de gentes sin casa, de muerte. Vi algunas fotos, me preocupé, les confieso que deje un margen a la duda. A pesar del video de un locutor de la televisión cubana, informando de derrumbes y pérdidas de vidas, seguía pensando que acá, exageraban el daño, como al sur, exageran lo bueno. Algo en mi se negaba a aceptar tanta destrucción, tanto dolor.

Un nuevo amigo, uno de esos amigos virtuales que aunque desconocidos, terminan compartiendo con nosotros; amigos de nuevo tipo que nos regalan la Internet y la Globalización, se excuso hace un par de noches por no haber leído mi ultimo cuento. No puedo leerlo por ahora, me decía. Allá, en Oriente, su familia había perdido su casa, estaban sin techo, incluyendo a su abuela de 90 años. Yo, que tanto me gusta jugar con las palabras, me quede en silencio, no encontraba un par de ellas para consolarlo, devolverle la paz. La realidad es aún más terrible que las noticias.

Dicen que hasta El Cobre, llego la destrucción, que el viento daño la Catedral, que se ensañó con la ciudad, pretendiendo destruirla, borrarla. Se necesita muchos más que un huracán o un cataclismo para poder borrarla, para vencer al oriente cubano. Nuestro pueblo aprendió a sobrevivir a todo, a revivir la esperanza, aunque sea lo único que nos queda.

Imagino a nuestros hermanos, levantándose de las ruinas, muchos lo perdieron todo y no saben si algún día, lo podrán recuperar. En un país todo se guarda por si algún día se necesita, amanecer sin nada, es un golpe terrible, devastador. Se que miraran a su alrededor desolados, secaran sus lagrimas y se levantaran sobre ellos mismos. Nada puede ya vencerlos, quitarles la esperanza. Se inventaran un techo y un sueño y seguirán adelante, esperando el mañana que llega, seguro y prometedor.