Hablamos español o cubano?

Recuerdo una vez que le dije a una persona en el aeropuerto: a esa viejita, le dio una sirimba, posiblemente no pueda hacer el viaje, me miraron como si hablara en otro idioma. Explícame, que cosa es una sirimba, yo, la mire asombrado de tanta ignorancia; un patatús, que es eso? Me reí, le explique que para un cubano una sirimba o patatús, es perder el conocimiento, poner los ojos en blanco, como un desmayo, pero mas folklórico!

Tenemos nuestra forma peculiar de usar el idioma, La Habana, cada provincia, tienen sus modismos, su propio idioma. Recuerdo la primera vez, allá en mi infancia, que una vecinita dijo que no encontraba las cutaras y que se había comido un guineo. Ante mi asombro tuvo que hacer la traducción necesaria.

Nunca olvido cuando comencé a trabajar como profesor en Guanabacoa, apenas entendía a mis alumnos. Poco a poco, incorpore palabras y frases nuevas, no las decía, pero al menos sabía el significado. Algo parecido a lo que nos pasa a muchos con el ingles, terminamos entendiéndolo, aunque no lo hablemos.

Hablamos cubano y se lo enseñamos a los demás. Cuando alguien me pregunta; habla español? siempre respondo sonriente, y cubano también! Cuando recién llegue a Miami, traía conmigo la costumbre de corregir lo mal dicho, intente corregir a medio Miami, termine dándome por vencido. Lo que mas risa me causó fue la forma de conjugar el verbo venir, la primera vez que una amiga soltó delante de mi; “yo me vine temprano en la mañana“, sólo le respondí, suerte que tú tienes. Muchas de mis primeras amistades aquí, jamás han vuelto a soltar un “me vine” delante de un cubano.

La Habana, exhibe, orgullosa, un lenguaje propio. Los habaneros, hablamos un poco mas duro, atropellamos más las palabras, tenemos tanto que decir, que a veces el tiempo no nos alcanza. No aceptamos interrupciones, nuestro discurso a toda velocidad, no conoce freno ni stops. Los camagüeyanos, son más pausados, tienen más tiempo, paran, toman aire. Los orientales, son más caribeños, más…santiagueros. 

La Habana, acuña, día a día frases antológicas, renombramos lugares. Un buen día, al influjo de una telenovela, la palabra fonda, desapareció, cedió su espacio a una nueva; nacieron las paladares, ya llevan años entre nosotros. Un día, alguien, cambiara su nombre, serán rebautizadas. Cada día surgen frases, palabras para definir situaciones, nombrar lugares.

Cuba, una isla pequeña, crea y recrea el español día a día. Hablamos cubano, saboreamos el idioma a ritmo de rumba y ron. Nos pegamos en el domino, pedimos otra fría y a veces, paradojas del idioma, nos quejamos de que la fría, esta caliente.

Si alguien se equivoca, le decimos que se tiro con la guagua andando, a los que no son muy duchos en el arte de amar, los llamamos “mala hoja”, uno de los peores insultos que se le pueden decir a un cubano que se respete. Cuando el idioma español llego a Cuba, se deslumbro con la belleza de la isla, aún no ha salido de su asombro. Anda ahora por las calles de La Habana persiguiendo a una sensual mulata que al movimiento de sus caderas le hace olvidarse de reglas, diccionarios y academias, por más reales que sean. Hablamos cubano, los que vivimos lejos, reforzamos y acentuamos nuestra cubania con frases y dichos, aunque nuestros hermanos de Latinoamérica, a veces, no entiendan ni malanga de lo que decimos.

Hablamos alto, nos ayudamos con las manos, inventamos palabras, cambiamos su significado. Aportamos al castellano, una versión nueva, tropical y caribeña, cubana!