Dos mujeres frente a frente.

Se encontraron frente a frente, se abrazaron. Todos comprendían que asistían a un abrazo especial, único y esperado, mítico. No era un abrazo, era el abrazo. El tiempo se detuvo, nadie quería perderse un detalle.

Ambas estaban cansadas de años de uso y abuso, de maltratos y vejaciones. Decidieron compartir sus secretos y angustias, desahogarse. La mas joven se apareció desnuda, la mayor descolorida y sucia.

– ¿No tienes frío así desnuda? ¿No sientes pena de mostrarte desnuda, de enseñar intimidades, arrugas, deterioros y horrores?
– ¿Acaso sientes pena de tu descolor, de estar marchita, de casi no tener fuerzas ya?
– Tienes razón, seguiremos siendo las mismas, unidas en la gloria y la desgracia. Inseparables, como hermanas, sosteniéndonos una a la otra, más allá de los tiempos y la razón.
– Invencibles mi hermana, sin importar que nos usen a su antojo y en nuestros nombres, por mas de un siglo, atropellos y negaciones, se repitan una y otra vez.
– Somos y seremos más que gobiernos y partidos, más que ideologías y hombres.
– Llegara un día que todos entenderán quienes somos, la razón de nuestra existencia. Hoy no me avergüenzo de mi pobreza, ni mi desnudez. No me quitan ganas, ni fuerzas mis arrugas, mis carnes flácidas, esta apariencia de estar muerta en vida.
– A ti, como a mi, no nos falta la fe en el futuro. Otros hombres se unirán a nuestro influjo y obra y otros amaneceres nos esperan.
– Tú recobraras tu color, tu brillo, yo renaceré como ave fénix y vestiré el traje de honor que corresponda. No me avergüenzan desnudeces, no escondo nada. Quienes deberían sentir vergüenza son los vivos y los muertos que nos han llevado a este estado.
– No aprenden aún que ellos nos conforman, que somos más que símbolos o tribunas, más que ruinas o frustraciones.
– Somos el pasado, el presente y el futuro. Somos la suma de todos y por todos seguiremos unidas e invencibles. Sin vergüenzas, sin odios, abiertas a los tiempos por venir.
– Muchos nos llevan en los labios, nos invocan para ganar batallas y partidarios, olvidan que deben llevarnos en el corazón.
– ¡Servirnos mi hermana y no usarnos! Mi desnudez no me avergüenza, me avergüenzan oportunismos y abusos, demagogias y mentiras. Que de un lado y otro, nos arrancan color y vestiduras, nos destruyen.

Se unieron en un fuerte y prolongado abrazo, la república y la bandera, mientras una le susurraba a la otra al oído.
– No pierdas la fe mi hermana, llegara el día que seremos, “con todos y para el bien de todos”.

Por si me pierdo.

Por si me pierdo, quiero una bandera cubana, enorme, aqui en mi pecho. Que al quitarme la camisa, se disipen dudas y alguien grite ¡Cubano! Mientras sinsontes y colibríes me guían al sur, seguro de regresos y bienvenidas.

Quiero en mis ojos, siempre, la imagen de mi madre. Si me pierdo, si no encuentro caminos, que al mirarme al espejo su imagen grite, ¡Al sur, mi hijo, aqui, en mis brazos!

Quiero en mi mente la historia de mi patria, sus logros y virtudes, fracasos y defectos. Si vagando por el mundo me perdiera, me baste recordar historias y se me multipliquen ganas de verla florecer, libre y segura.

Por si mi pierdo, uno nunca sabe que podría pasar en esos caminos de la vida, llevaré siempre, un poco de tierra colorá en mis bolsillos, junto a la foto de mi madre y mi bandera. Es el conjuro perfecto del recuerdo, el boleto seguro del regreso; la dirección donde enviarme si me pierdo, donde me espero y tejo, futuros y mis sueños.

Jóvenes con verguenza, insultos absurdos, hipocresía.

Hace días me acosan ideas y frases sobre los jóvenes del movimiento #neveragain. Despues del éxito y la capacidad de movilización en #marchforourlives, no faltaron detractores, entre ellos muchos mal intencionados, algunos desinformados, otros sólo por escasez neuronal.

Cuando Enma Gonzalez, una de las lideres de este movimiento, luce con orgullo en su brazo la bandera cubana, a mi el orgullo de ser cubano se me dispara y le agradezco el gesto de no olvidar raices y homenajear nuestra bandera. Otros, entre los que, ¡que vergüenza!, no faltan cubanos, le gritan ¡Comunista! Como si de pronto la bandera cubana perteneciera a un partido o gobierno. La bandera cubana pertenece al pueblo, es un símbolo que nadie puede robarnos. Muchos la lucen con orgullo en el pecho, en el carro, en sus casas, si le hicieramos casos a esos que le acusan, Miami sería mayoritariamente comunista desde el día que el primer inmigrante cubano llego a estas tierras, cargado de sueños y esperanzas. Torpe intento que no alcanza a manchar nuestra bandera; se sacude orgullosa el fango que pretenden lanzarle, ondea al viento y grita, ¡Bravo Enma, yo tambien estoy contigo!

También la emprenden con su chaqueta verdeolivo y no falta quien sonría y suba a las redes sociales fotos de Melania en atuendos verde olivos. Lesbiana, le gritan algunos, como si su orientacion sexual restara fuerzas a su acción. Recordé tanto la frase que cuando alguien, ausente de argumento y razones termina diciendo, tenias que ser maricón.

Enma no tiene la exclusividad en ser atacada, el joven David Hogg también lo es y no falta quién terminé disculpándose, el dinero manda señores.

Si usted está a favor de que continúen la venta de armas de asalto y las masacres en escuelas y lugares públicos, si usted apuesta por la muerte y no por la vida, si usted vende principios y dignidades por dinero o apoyo a figuras políticas, digalo claramente compadre y deje a estos jóvenes que se visten de esperanzas en paz. Ataque sus ideas y desnudese de falsedades e hipocresías. Una idea o movimiento no es menos fuerte porque sus lideres luzcan en sus brazos banderas cubanas, usen chaquetas verdeolivos, sean bisexuales o los rechaze alguna universidad.

Hoy quería escribir de cumpleños, de alegrías, amigos y conciertos, perderme entre los recuerdos de una semana de celebraciones y agradecer a amigos, regalos y palabras, no pude. Tenía que sacarme del pecho mi opinion sobre estos jóvenes que desde ya cambian el panorama político del pais. Estos jóvenes que, no lo duden, hacen y harán historia y de la buena. Yo apuesto porque no se detengan, porque no se desvirtue la esencia de este movimiento.

Saber que en cualquier escuela y lugar habitan jóvenes como ellos, devuelve esperanzas y fe, confianza en el futuro. Ellos vienen a ofrecer su corazón y el futuro lo acepta y lo magnifica; ¡No desmayen!

Fotografía tomada de Google.

Soy una isla entre sueños y memorias.

Soy una roca en un mar enfurecido, una isla asida al tiempo, sostenida por recuerdos, un ala rota, una esperanza luchando su futuro.

Asi empujado por vientos y tormentas me aferro a memorias, me niego al desapego. Lucho por mantener a flote los principios, me niego a negociarlos, no están en venta.

Por mas que insistan, no olvido ni un minuto de existencia y repaso insistente cada instante. Juego al rompecabezas de mi vida, hinco con fuerzas mis manos en tierra roja. Escarbo en recuerdos y los rescato, me basta mi memoria para ser, a ella le basto yo, para existir.

Soy una isla aferrada al tiempo de su vida, negandose a no ser o a ser distinta. Una isla con otra isla en las entrañas, floreciendo entre rosas, girasoles. Una isla que puede ser bandera, orgullo y dignidad, nunca una mierda. Entre palmas que custodian mis recuerdos, revolotean zun zunes, tomeguines y hasta gorriones que se posan en mi hombro, en tardes de domingo solitarias.

Mi madre es un recuerdo mayor; ¡Es el recuerdo¡ y a ella vuelvo en cada turbulencia de la vida. Ella arregla las plumas de mi alas y sopla con fuerza un nuevo vuelo. Alista esperanzas e ilusiones, compone sueños rotos, frustraciones; me hace ser roca, hierro, acero, dinamita luchando por la vida y por mis sueños.

Soy una isla, es cierto, afianzada entre un montón de recuerdos y principios. Solitario tal vez y algo distinto, pero que se abre el pecho en cada intento y estalla en rojo azul y blancos arcoiris que besan tierras y futuros, seguros que allá, entre recuerdos, las rocas vencen mares y las islas se hacen libres.

Fotografia de la obra de Feliz Gonzales Sanchez, Un balsero sin puerto de entrada.

Fe de erratas de un cubano en el exilio. 

No sé  la causa, pero  a veces, cuando intento escribir, se me confunden las palabras. Trato de corregirme en una interminable fe de erratas.  Cuando quiero escribir olvido, salta una ola gigantesca, se me corre la tinta y escribo, amor intenso, del bueno. Las palabras no significan lo mismo, del otro lado de las olas.

Quiero escribir, deshojo tulipanes lentamente y un ramo de girasoles, destroza mis palabras, casi me golpea el rostro;  reclama espacio y recuerdos. Asi, hablando de Jazz,  las letras se rebelan, dibujan tumbadoras;  termino escribiendo, Rumba, guaracha y son.

Pretendo vestir personajes a la moda con camisas Armani, Prada; mis letras dibujan guayaberas, a un muchacho descalzo y sin camisa, andando, bajo la lluvia, los caminos de su infancia.

Brindemos con champagne querida y un trago de ron revuelve las palabras, el aguardiente de caña rehace las palabras. Pretendo contar la historia de dos que juegan cartas y el ruido del dominó confunde mis palabras, ¡Caballero me pegué! Y mi historia huele a caña, tabaco y ron.

Y el hombre se vistio de verde en el día  de San Patrick,  un amarillo intenso cubre el papel, cambia el color de la tinta. Cambia imágenes y aparece Cachita  en mis historias

Sirvió el té, ¿esta bien de azúcar? ¿crema?. Un fuerte olor a cafe inunda el cuarto, borra palabras y allá  en el norte, una pálida joven,  se toma un buen café cubano y su rostro cambia de color, sonríe. 

Sus amigos pasaron a recogerlo en su Mercedes y mis letras dibujan empujones,  me quedo en la que viene, caminen que hay gente afuera. Comparto sudores, soy uno mas corriendo a coger la guagua. 

Quiero hablar del exilio, de ese dolor de estar lejos de historias y comienzos, termino hablando de mi patria, de esa Cuba que nos lleva atados en las palmeras. No hay dolor en mis palabras, no hay pena. En mis palabras estallan recuerdos y futuros y abrazo emocionado mi bandera, presiento, esa patria, “con todos y para el bien de todos”.
Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, José Chiu 

Dos mujeres frente a frente.

Yohandry Leyva
Se encontraron frente a frente, se abrazaron. Todos comprendían que asistían a un abrazo especial, único y esperado, mítico. No era un abrazo, era el abrazo. El tiempo se detuvo, nadie quería perderse un detalle.

Ambas estaban cansadas de años de uso y abuso, de maltratos y vejaciones. Decidieron compartir sus secretos y angustias, desahogarse. La mas joven se apareció desnuda, la mayor descolorida y sucia.

– ¿No tienes frío así desnuda? ¿No sientes pena de mostrarte desnuda, de enseñar intimidades, arrugas, deterioros y horrores?
– ¿Acaso sientes pena de tu descolor, de estar marchita, de casi no tener fuerzas ya?
– Tienes razón, seguiremos siendo las mismas, unidas en la gloria y la desgracia. Inseparables, como hermanas, sosteniéndonos una a la otra, más allá de los tiempos y la razón.
– Invencibles mi hermana, sin importar que nos usen a su antojo y en nuestros nombres, por mas de un siglo, atropellos y negaciones, se repitan una y otra vez.
– Somos y seremos más que gobiernos y partidos, más que ideologías y hombres.
– Llegara un día que todos entenderán quienes somos, la razón de nuestra existencia. Hoy no me avergüenzo de mi pobreza, ni mi desnudez. No me quitan ganas, ni fuerzas mis arrugas, mis carnes flácidas, esta apariencia de estar muerta en vida.
– A ti, como a mi, no nos falta la fe en el futuro. Otros hombres se unirán a nuestro influjo y obra y otros amaneceres nos esperan.
– Tú recobraras tu color, tu brillo, yo renaceré como ave fénix y vestiré el traje de honor que corresponda. No me avergüenzan desnudeces, no escondo nada. Quienes deberían sentir vergüenza son los vivos y los muertos que nos han llevado a este estado.
– No aprenden aún que ellos nos conforman, que somos más que símbolos o tribunas, más que ruinas o frustraciones.
– Somos el pasado, el presente y el futuro. Somos la suma de todos y por todos seguiremos unidas e invencibles. Sin vergüenzas, sin odios, abiertas a los tiempos por venir.
– Muchos nos llevan en los labios, nos invocan para ganar batallas y partidarios, olvidan que deben llevarnos en el corazón.
– ¡Servirnos mi hermana y no usarnos! Mi desnudez no me avergüenza, me avergüenzan oportunismos y abusos, demagogias y mentiras. Que de un lado y otro, nos arrancan color y vestiduras, nos destruyen.

Se unieron en un fuerte y prolongado abrazo, la república y la bandera, mientras una le susurraba a la otra al oído.
– No pierdas la fe mi hermana, llegara el día que seremos, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografia de Yohandry Leyva.

Helen y Yeniley, dos niñas, dos banderas.

dos banderas

Ellas, no sabían nada de prohibiciones, ni de odios. Tenían la inocencia de la niñez, esa que solo se tiene una vez en la vida y que cuando se pierde, cambian los colores de la vida. Amaban a sus abuelos, los respetaban, acariciaban sus arrugas y recuerdos. También amaban al mañana, donde sabían que ellas y sus hijos vivirían un día.

Helen vivía en Miami, sus padres emigraron cuando ella tenía 4 años, Yeniley vivía en La Habana, en Centro Habana, en el barrio de Cayo Hueso. Luisa, la mamá de Yeniley, decidió quedarse, cuando su hermana Elena le dijo que se iba. Aquella mañana que se despidieron entre lágrimas y abrazos que amenazaban impedir el viaje, Luisa le dijo a Elena.
– Yo me quedo a cuidar a mamá, todos no podemos irnos. Eso de que el último que apague el Morro, es solo una broma, siempre habrá alguien que se quede y mantenga su farola encendida. Alguna luz tiene que guiarlos a ustedes para el regreso. Vete tranquila, yo cuidare de mamá y de la casa.

A pesar de los años separadas, Helen y Yeny eran, casi hermanas. Cada verano los padres de Helen viajaban a La Habana a llevarla a pasar las vacaciones junto con su prima. La abuela, desde su sillón, sonreía feliz de verlas jugar, como si la risa y la inocencia, hicieran el milagro de borrar lejanías y ausencias. A los dos días, ya Helen perdía su acento y el sol la bronceaba. Las primas hermanas, intercambiaban ropas, modales, dichos y costumbres. Entre las dos armaban un “arroz con mango” que daba gusto escuchar y contemplar.

En el verano del 2014 justo unos días antes del viaje, Helen ingreso en el hospital, tenían que operarla de urgencia. Su vida peligraba, los médicos decían que las posibilidades de salvarla eran pocas. Antes de acceder a la operación, su mamá llamó a La Habana y habló con su hermana.
– La niña está muy malita, dice el médico que solo un milagro podría salvarla. No le digas nada a la vieja, no quiero que sufra, pero necesito desahogarme contigo, estoy desesperada mi hermana.
– Todo saldrá bien, cuando cuelgue contigo voy Para El Rincón a hacerle una promesa al viejo. Este 17 de diciembre, Helen, Yeny, tú y yo iremos a darle gracias, te lo prometo.
– Gracias mi hermana, yo sabía que tú me darías fuerzas y aliento, un beso, te llamo más tarde. Pide por mi hijita con mucha fe.
– Un beso mi hermana, mientras la operen, estaré en el Rincón orando por ella y el 17 de diciembre se la llevó al Rincón a San Lázaro.

La operación fue un éxito, casi un milagro. Helen se recuperaba día a día y aunque no pudo empezar la escuela en septiembre, ya casi estaba bien. Su mamá les pidió permiso a los médicos para que viajara a La Habana. Los médicos le dijeron que si, solo que nada de correr ni hacer disparates. Debía guardar cierto reposo y alimentarse bien. El 14 de diciembre viajo con su hija a La Habana.

El 17 de diciembre las niñas se despertaron nerviosas, nunca antes habían ido al Rincón. Ese cuento del viejo milagroso que les contaba la abuela, se les antojaba como una historia fantástica que las seducía.

Luisa y Elena acordaron salir para el Rincón después de almuerzo. En auto el viaje seria rápido y cómodo, llevarían alguna merienda por si las niñas sentían hambre y se antojaban de algo.

A las 12 del día, Elena encendió el televisor quería ver las noticias de Miami. Gracias a un vecino que les pasaba un cable, podían coger 2 ó 3 canales de allá. La fuerza y sorpresa de la noticia solo le permitió gritar.
– ¡Luisa corre, no vas a creer esta noticia!
Luisa llego, justo a tiempo para escuchar al presidente de los Estados Unidos anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Desde la casa de al lado Chencha gritaba.
-Luisa pon el televisor que Raúl está anunciando las relaciones con los americanos. Si quitan el bloqueo voy a ver a quien carajo le van a echar ahora la culpa de todo.
– Habla bajito Chencha por tu madre que nos vas a buscar a todos una salación.

Desde el cuarto, jugando con sus muñecas, Yeny y Helen, oyeron las noticias. Empezaron a hablar bajito y a buscar en maletas y gavetas, parecían dos hormiguitas revolviéndolo todo y tramando alguna travesura. Guardaron algo en sus mochilas y siguieron jugando. Almorzaron y partieron hacia el Rincón. Hasta la abuela la acompañaba, ella también quería dar gracias por la salud de su nietecita, por tenerla a su lado sana y salva, por la vida.

Llegaron al Rincón, a pesar del gentío lograron llegar al altar y colocar flores. Las 5 abrazadas daban gracias. Las niñas no entendían las lágrimas de sus mamás y de la abuela, pero estaban felices de estar juntas. Un señor le ofreció un asiento a la abuela en un banco frente al altar mayor. Las niñas se miraron con picardía. Ante la mirada atónita de todos, sacaron dos banderas tricolores y las desplegaron al viento. Ellas, desconocían de odios y de heridas, respetaban el pasado, pero se preparaban, ansiosas, para vivir el futuro. Helen levanto orgullosa la bandera cubana y Yeniley desplego de un golpe la bandera americana. Fueron hasta la fuente de agua bendita y rociaron con agua sus banderas, como bautizándolas de una nueva vida, ratificando el milagro y reafirmando el futuro. Desde el otro lado de la iglesia, La Caridad del Cobre las bendecía e iluminaba, mientras el viejo Lázaro, hacedor de milagros, sonreía.

Fotografia tomada de la página de Barbara Casanova, una amiga que ama dos banderas.

Cuca y Mimì, dos hermanas diferentemente iguales.

Dos hermanas , fotografia tomada de google
Cuca y Mimí, siempre fueron dos hermanas muy unidas. Su infancia fue feliz, muy feliz. Vivian en una casa muy linda con palmeras en el patio y girasoles y mariposas en el jardín. Crecieron, siempre orgullosas de su casa y su familia.

Un buen día se mudó una familia nueva a su acera, justo en la casa vecina. Todo empezó a cambiar en ese lado de la calle. Ponían el radio a todo volumen con discursos interminables. Se pasaban el día hablando mal de los vecinos de la acera de enfrente, criticándolos y culpándolos por todo. Los vecinos de siempre, empezaron a hablar bajo, no querían buscarse problemas con esos vecinos nuevos que dictaban reglas y decretos de conducta. Algunos decidieron mudarse para la acera de enfrente, les molestaban prohibiciones y regulaciones. Acostumbrados a hablar claro y sin miedo, no querían hablar bajo para evitarse problemas.

Una mañana Mimí le dijo a su hermana Cuca, siéntate, tenemos que hablar.
-Sabes que siempre me ha gustado vivir aquí, tú y yo hemos sido más que hermanas, lo hemos compartido todo, lo bueno y lo malo. No tolero más a esos vecinos nuevos, se han adueñado de la acera, apenas podemos salir a dar un paseo. He decidido mudarme a la acera de enfrente.
-Yo me quedo, alguien tiene que cuidar de mamá y de la casa. Vete, yo me quedo, este es mi lugar.
De nada valieron las insistencias de Mimí, Cuca, se mantuvo firme en su decisión.

Pasaron los años, muchos. Entre las dos aceras la comunicación era poca, casi nula. Alguna llamada por teléfono, algún paquetico que Mimí lograba enviar para ayudar a su familia, nada más.

Una tarde, sin previo aviso, sin decretos, ni folletos aclaratorios, se permitió la visita a los vecinos de la acera de enfrente. A esos que habían decidido mudarse al otro lado de la calle.

Mimí llego a su casa, la sorprendió el jardín abandonado, solo dos girasoles y una mariposa casi marchitos, como recuerdo de tiempos mejores. La fachada de la casa sin pintar. Tocó a la puerta.
-Entra la puerta está abierta, llevo días esperándote, tal vez años.
Mimí empujo la puerta, los muebles viejos, las paredes agrietadas y el techo amenazando desplomarse la estremecieron. Sintió angustia, se le oprimió el pecho. Se sorprendió al ver a su hermana Cuca, sentada en una silla de ruedas. Corrió a abrazarla, un abrazo largo, entre lágrimas y recuerdos.
-Mi hermana ¿Qué te paso? Tú tan linda y vital siempre y ahora en este estado, en esta casa, casi en ruinas.
– Hemos pasado mucho, pero sigo viva y eso es lo importante. A pesar de esta silla de ruedas, de estas arrugas, de esta casa ruinosa, soy la misma Cuca de siempre. Ni años, ni penas han podido vencerme.
-Debiste haberte ido conmigo, tus hijos tendrían un mejor futuro. Tú estarías mejor. Te recuerdo tan linda y sonriente, no soporto verte así.
-Todos no podíamos irnos Mimí, alguien tenía que quedarse a cuidar la casa, a mantener viva la esperanza. Una casa vacía se muere, los que nos quedamos la ayudamos a mantenerse viva.
-Esto no es vida Cuca, yo si he vivido, he viajado por barrios diferentes. Mis hijos fueran a buenas escuelas, tienen buenos trabajos. Puedo decir lo que quiera, hasta hablar mal de los vecinos en voz alta, sin que me pasa nada.
-Todo es vida Mimí, la mía ha sido dura, pero no me quejo. Mis hijos se esforzaron y pudieron estudiar, son hombres de bien y eso es lo que importa. Tú puedes hablar mal de tus vecinos sin que te pase nada, a tus vecinos tampoco les pasa nada porque tú hables mal de ellos. A veces con hablar, no se resuelven los problemas. Voy a hacer café.
-Déjame a mí.
-No mi hermana, aún en esta silla de ruedas me basto para colar mi café y para muchas cosas más.
Cuca, fue hasta la cocina, el olor del café recién colado inundo la casa. Regreso con una bandeja con dos tazas sobre sus piernas.
-Como en los viejos tiempos Mimí, el mejor café del mundo, mamá me enseño a colarlo.
-Delicioso, me trae muchos recuerdos. Cuando mamá murió quise venir, pero sabes que no nos dejaban cruzar la calle.
-Yo le cerré los ojos. Murió con una foto de cuando éramos niñas en sus manos. Sus últimas palabras fueron; la familia volverá a reunirse, vendrán tiempos mejores.
-Ay mi hermana ¡Cuanto has pasado! Estas tan acabada, tan viejita. Esta casa en cualquier momento se viene abajo y te aplasta.
-Esta casa y yo, seguiremos juntas hasta que Dios quiera. No pienses que estoy acabada, que mi vida término. En esta acera aún quedan sueños y esperanzas, ganas de hacer. Que no te engañen las ruinas o mis arrugas, hay Cuca para rato.
-Mi hermana, la vida está del otro lado de la calle, en la acera de enfrente. De este lado ya no queda nada, solo recuerdos, ruinas.
-La vida esta donde estemos, una casa no se salva abandonándola. Tú sigues siendo mi hermana aunque vivas en la acera de enfrente. Tenemos que unirnos para salvar la casa Mimí, yo sola no puedo. ¡Es hora de unirnos y salvar la casa!
-Que más quisiera mi hermana. Ver esta casa con flores en el jardín y las palmeras al viento en el patio, pero ya todo está perdido, no hay nada que hacer. Tú en esa silla de ruedas, la casa casi en ruinas, el jardín destrozado, abandonado.
-No te dejes engañar por las apariencias. Las cosas no son lo que parecen, te equivocas. En esas gavetas, hay semillas de girasoles y mariposas para sembrar en el jardín. Las palmas del patio están medio secas, pero con un poco de agua y dedicación, volverán a ser las de antes.
-Y tu mi hermanita, tú, ¿Qué podrás hacer en esa silla de ruedas?
-Vuelves a equivocarte. Estoy en esta silla, casi detenida, pero en cualquier momento me paro y vuelvo a caminar, a echar a andar la vida.
-Mi hermanita, admítelo, tu tiempo pasó. Nada volverá a ser como antes.
Cuca miro a Mimí con fuego en los ojos, el mismo fuego de hace muchos años. Se puso de pie de golpe, le dio un empujón a la silla de ruedas que se estrelló contra la pared.
-Vamos mi hermana, dame la mano, empecemos juntas a arreglar la casa. Es tiempo de unirnos, de hacer juntos, sin reprocharnos nada, sin idas, ni regresos aplazados, sin sueños rotos. Cuca y Mimí harán el milagro que la esperanza vuelva a florecer en esta acera. Ayúdame a ponerme el vestido azul, rojo y blanco de mamá.

Se abrazaron, un abrazo con olor a futuro y a sueños. Un abrazo de uniones. Sin calles separando a las dos aceras. Un abrazo como Dios manda, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de Google. Blog Adictamente. http://adictamente.blogspot.com/2013_10_05_archive.html

Un infeliz acto de protesta.

bandera al viento
Una bandera, no es jamás símbolo de un gobierno o de un partido, nadie puede apropiarse de ella, pertenece a la Patria, a todos. Para nosotros, los cubanos, nuestra bandera es el símbolo mayor de Cuba, de nuestra Patria, la vemos ondear y nuestro pecho se ensancha con orgullo, nuestros ojos se humedecen y nuestras manos intentan tocarla, acariciarla. Amamos sus colores, franjas y estrella, su historia. Pertenece a todos los cubanos, a los que se quedaron en la Isla y a los que emigraron, llevándosela en el pecho y la memoria.

Hoy, gracias a las redes sociales, leí una noticia que me molesto, me indigno, fue como una bofetada en el rostro y créanme, no soy Jesús, no he aprendido a voltear la mejilla; un grupo de venezolanos en Mérida, quemaron banderas cubanos en protesta por la presencia del gobierno cubano en el país.

Nuestra bandera, es de todos los cubanos, cuando la queman o insultan, todos los que la amamos nos sentimos arder en ira, insultados. Creo que fue una decisión infeliz quemar nuestra bandera para expresar su descontento con la presencia de cubanos enviados por el gobierno. Nadie tiene derecho a quemar la bandera de ningún país por desacuerdos con gobiernos o políticas. Las banderas no pertenecen a los gobiernos, ni a los partidos; son del pueblo, de su historia y orgullo. Quemarlas, es insultar a los pueblos, es un triste acto de odio mal expresado, manipulado y vulgar. Termina irritando a un pueblo disperso por el mundo.

No voy a caer en la trampa de insultar al pueblo venezolano, primero, no es mi estilo, segundo, el grupo que quemó nuestra bandera ofendiéndola y ofendiéndonos; no representa al pueblo venezolano. Lo veo como un acto infeliz, un intento de dirigir un insulto a un gobierno y terminar insultando a un pueblo que desde todos los rincones del mundo indignado y molesto, cubanísimo y amante de su bandera y sus símbolos, sale en su defensa. Tomamos en nuestros brazos las cenizas de nuestra bandera quemada y ofendida, las echamos al mar y ante el asombro de los miopes y tontos que la hicieron arder, un enorme arco iris tricolor inunda el Caribe. Los cubanos desde Europa, África, Asia y America, se deleitan en su esplendor, se abrazan emocionados. Mientras una estrella inmensa nos ilumina, reafirmando que el intento de destruirla fue en vano, florece multiplicada en nuestros pechos y en los brazos que se alzan para defenderla, borrando llamas e insultos.

Allá en lo alto de una palmera nuestra bandera desafía el viento, huracanes y rayos, se burla de intentos de destruirla y sonríe al mañana.
bandera-cuba-quemada

Fotografia tomada de Google.

Te espero en el presente.

Frente al mar, fotografia de Jorge D'strades.

Me vestí de recuerdos, en un intento vano de retenerte, de acercarme a ti. Los recuerdos me hacían trampas, no lograba encontrarte, no estabas en el sitio exacto donde creí dejarte.
No existías como te imaginaba. Vestido de recuerdos jamás podría encontrarte; no habitabas en el pasado, no eras ayer.
Guarde recuerdos en gavetas, envueltos en nostalgias, húmedos de lagrimas, arrugados y descoloridos de tanto uso y abuso.

Me vestí de futuro, de sueños, seguro que en ellos volverías a mi; los sueños harían el milagro de unirnos, reencontrarnos. Te deslumbrarían con su brillo y destellos, no tendrías valor ni fuerzas para resistirte. No fui capaz de atraparte en mis sueños.
Volviste a ignorarme, del otro lado tu silencio me hizo daño. Llorar en el futuro es triste y duele, no sabes cuanto.

Guarde mis sueños al lado de recuerdos, los acomode, hice espacio para todos. Cerré las gavetas triste, sin fuerzas, sin esperanzas de lograr tenerte de nuevo. Solo y adolorido, con mis recuerdos y sueños guardados, sufrí y llore por ti. Del otro lado, ni un solo gesto, ni una palabra, como si ya no existieras para mí o yo, no existiera para ti.

Me fui a la orilla del mar, desnudo. Vestido de presente, grite tu nombre. Rompí nubes y distancias con mi grito. Tuve frío y cubrí mi espalda con lo mejor de ti, agite al viento tres colores invocando tu presencia. Las olas me cubrieron, del otro lado tu voz calida y maternal me sostuvo entre olas, me aseguro el presente; ¡Aquí estoy hijo mío!

Fotografia de Jorge D’strades.