¡Caridad!

Virgen de la Caridad

Patrona de Cuba, madre amantísima de los cubanos. La Caridad del cobre, reina en Cuba y en nuestros corazones. Su día, es un poco o un mucho, un cumpleaños colectivo que celebramos con amor y devoción, no solo allá en nuestra islita. En este regarnos por el mundo, donde hay un cubano, en este, su dìa, hay fiestas y emociones, velas encendidas y esperanzas renovadas.

 Nunca he ido al Cobre, le debo esa visita a la virgen de la Caridad. Pienso hacerlo del brazo de mi madre. Ambas se miraran de frente, una dirá; gracias por cuidármelo, otra responderá; él también es mi hijo, no puedo abandonarlo. Mami, no sabrá que siempre que pido a la Caridad del Cobre, pienso en ella, la imagen de la virgen y de mi madre se me funden y confunden. No sé si es el exilio o los años, pero últimamente, se me mezclan ciudades, banderas y un montón de cosas mas. Mi madre y la virgen, no podían escapar a este sobreponerse símbolos y amores. 

Busque en Internet, el por qué la patrona de Cuba. Pienso que los veteranos mambises, pidiendo al papa Benedicto XV, su proclamación, fue como un mirar al futuro, una premonición de tareas por venir. Me resulta llamativo el hecho de tres hombres en un bote, entre olas, en el mar, junto a ella. ¿Presentirían acaso que tendría que cuidar de muchos cubanos cruzando el mar en botes improvisados? Pienso que sabían que su labor, no terminaría en tierra firme, que tendría que ir con nosotros a recorrer el mundo, a cuidarnos. Así lo ha hecho, no cede en su labor de velar por nosotros, el mar no la detiene, para ella no existen fronteras.

 La Caridad del Cobre, como Cuba, se multiplica. Sigue reinando desde montañas, pero tiene también su Ermita en Miami, uno de los primeros lugares que visitamos muchos al llegar a esta ciudad. Recorre el mundo en maletas, se afinca en Madrid, Paris, Lima. Tiene su rinconcito en cada negocio cubano, en cada hogar. Es parte de la familia.

 Ser patrona de Cuba, virgen, haber sido coronada por Juan Pablo II, no la distancia del pueblo. La hicimos nuestra. En momentos de apuro, nos volvemos a su imagen o miramos al cielo y decimos; ¡Ay cachita, ayúdame! No es exceso de confianza, así somos, si queremos a alguien lo tuteamos, la pasamos la mano por el hombro y andamos juntos. Ella nos conoce, nos da licencia para tutearla y contarle travesuras, ríe con nosotros. A pesar de preocupaciones y tristezas acumuladas, no ha perdido la sonrisa, no la perderá nunca.

Nos sostiene a todos en brazos, dispuesta a defendernos con uñas y dientes. Se sabe nuestra madre, nos protege y enseña a amar. Camina sobre el mar, recorre ciudades, continentes, no descuida a nadie. No nos pide actos de arrepentimiento. No necesita títulos, ni protocolos largos para escucharnos, basta un, ¡Madre, ayúdame! y acude puntual a enjugar llantos, a deshacer tristezas. Mi madre, ella, todas las madres cubanas, se saben necesarias, imprescindibles, basta un grito, una queja y sus manos acuden a curar heridas, a salvarnos del abismo. 

Se mezclo con su pueblo, que le ofrenda miel y girasoles, que se arrodilla ante ella y la llama, Cachita, Oshun, Caridad, ¡Madre! Se sabe símbolo y patrona, protección y guía.

Viste de amarillo y en dias de fiesta luce orgullosa una bata cubana blanca azul y roja y desde lo alto de la sierra, espera con su pueblo, en la certeza de ¡Un futuro de unión, luz y amor!

Fotografia tomada de google.