Las mañas de mamá o el Zun zun de mamá .


Pancha se acostumbró a sentarse en el portal todas las mañanas. Allí miraba a los vecinos pasar, los saludaba. Su mirada se perdía en el horizonte, tratando de adivinar qué hacía su hijo, de comunicarse con él, mas allá de mares y distancias.

Panchita se entretenía mirando las flores del jardín y las abejas que venían a visitarlas. Una mañana un pequeño Zun zun apareció en el jardín, entre él  y Panchita se estableció una extraña relación,  un misterio. Por las mañanas se apuraba en desayunar para poder sentarse en el portal;  sus encuentros eran una cita a la que ninguno de los dos podía, ni quería faltar.

Una mañana amaneció nublado, amenazaba llover, Panchita terminó su desayuno y apoyandose en su bastón se dirigió al portal. Su hija le dijo.

– Mamá hay aire de lluvia, no puedes sentarte en el portal, te puedes enfermar.

– Ponme el abrigo que me trajo Luisito,  con él  estaré bien abrigada; nada ni nadie impedirá que me siente un rato en el portal.

Su hija no discutió,  busco el abrigo,  le tiró un chal sobre la cabeza y la dejó salir al portal.

Pancha se sentó mirando al jardín,  como si esperará a alguíen, unos minutos despues apareció el Zun zun. Revoloteo entre las flores, tomó su nectar y se acercó a Panchita, sus alas casi rozaban su rostro.  Asi estuvieron unos minutos, despues comenzó  a llover y el Zun zun se fue y Panchita entró  a la casa, se quitó el abrigo y el chal y se sentó  a esperar la llamada de su hijo.

Al segundo timbre Panchita cogió el teléfono. 

-Si mi hijito, estaba esperando tu llamada. Oye, no comas tanto dulce en el desayuno vas a terminar engordando.

-Ay mamá fui con unos amigos a desayunar y había unos dulces riquisimos, no pude resistirme. ¿Mamá, como tú  sabes que comí mucho dulce? 

-Cosas mias mi hijito, yo tengo mis mañas. ¿Te mojaste mucho? Cuando salgas lleva paraguas, no me tienes a tu lado para cuidarte si te enfermas. 

-Si mami, llovió un poco, pero la lluvia me hizo bien, espera y ¿Como tú sabes que llovió? Oye me estas asustando, sabes casi todo lo que hago.

-Ay mi hijito es que te quiero tanto que a veces adivino lo que haces. Te quiero mucho mi hijito.

-Yo te quiero más mami.

-Si ya sé que madre hay una sola y esa es la tuya,  pero no tienes idea de cuanto te quiero mi hijito. Te espero mañana. 

-Mamá,  mañana no puedo llamar, trabajo y las llamadas son muy caras, no puedo llamar todos los días. 

-Lo sé  mi hijito, es un decir, una madre siempre espera. Cuidate mucho mi hijito,  un beso enorme.

-Un besote mami, te quiero, reina de mi corazón. 

-Te espero siempre, besos.

Panchita colgó,  miró  a su hija y le dijo.

-Mañana me lavas la cabeza y me arreglas el pelo, y quiero ponerme la bata de casa azul que me trajo Luisito.

-Está bien mamá, pero mañana  no viene nadie, ¿Por qué tanto arreglo?

-Siempre viene alguíen mi hija y  me gusta lucir bien. Ah y dile al jardinero que quiero más flores en el jardín,  muchas flores para cuando él llegue.

-Está bien mamá,  tendremos mas flores en el jardín,  todo será como tú  digas. 

Panchita sonrío,  solo ella sabía  su misterio,  su hechizo, cerró sus ojos e imagino el encuentro de mañana.  Quería que su Zun zun la encontrara hermosa; ella estaria esperándolo,  como siempre.

Una madre sabe de magias y mañas, lo sabe todo.

Nota aclaratoria.

Un domingo mi amigo Joaquin Perez, nos contó la historia de su mamá  y un Zun zun. Yo sólo le añadí fantasías y la adorne,  a lo Habanero2000.

Entre el norte y el sur de mis memorias.

abrazando amami
Al norte de recuerdos, infancias, ganas y futuros, preparo regresos, viajes, reencuentros. Ensayo alegrías, guardo besos, abrazos, almaceno caricias, halagos, miradas y ternuras. Miro al sur de nostalgias, ensancho el pecho, se agiganta mi corazón en el intento.

Desde el barrio, mi casa se ilumina. Mi brújula apunta a una sonrisa enorme, allá en el sur, en el comienzo de mi vida y de mi historia. Mi estrella polar es un barrio habanero, la mirada de mi madre, su suspiro, su decir; ya vuelve pronto, su eterna espera.

Subo al palo mayor de mis amores y un grito anuncia mi destino, mi llegada. Mis ojos gritan, ¡CUBA! Mis sentimientos aplauden, preparan desembarcos, la conquista de fantasmas, amaneceres.

Juego a convertir una semana en vida, a ganarle la batalla a la distancia, a vencer al tiempo. Cronos sonríe, me deja hacer, es tu era dorada, me susurra. Reino entre afectos y te quieros, retengo entre mis manos la esperanza. Acaricio la vida, mis recuerdos, desando los caminos, deshago maleficios y conjuros.

Siembro en el jardín, un montón de ilusiones, sueños, palabras nuevas. Alimento la alegría del mañana. Aro campos, aseguro cosechas de esperanzas, de hermanos abrazados, de arcoíris estallando en cada esquina.

Invento un modo de decir, vuelvo pronto, no me voy del todo, regreso en cada gota de roció, en cada aguacero de verano, me voy y me quedo, para siempre.

Regreso al norte, feliz, seguro de mi destino, de mis dos vidas, mis dos almas compartidas, entre el norte y el sur de mis afectos, mis memorias.