¿Donde buscarme?

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Si me pierdo, no me busquen en Paris o en New York, en Roma o en Berlín, no estaré entre puentes o rascacielos, muchedumbres apuradas, metros y autos del año.

Si me pierdo no me busquen entre poemas o novelas clásicas, aunque los ame, no me perderé con Víctor Hugo o Shakespeare, no estaré releyendo Wilde o Saint-Exupéry.

No intenten encontrarme en El Louvre, entre esculturas y pinturas muy famosas.

Si un día, al llamarme no respondo, no me busquen en islas exóticas o en orquídeas. No estaré en playas mediterráneas, no andaré por volcanes, ni navegare por ríos caudalosos. Cuando decida perderme, no me iré a selvas intrincadas, ni a desiertos candentes.

Si me pierdo, no me busquen en robles centenarios o en desconsolados sauces. No andaré perdido entre abedules.
No se les ocurra buscarme entre las nieves o explorar los hielos en mi busca.

No me busquen jamás en el reposo, en una cama o a la sombra descansando.
No griten mi nombre en catedrales, no intenten encontrarme en NortreDame, en iglesias famosas, entre lujos.

No hurguen por mi entre restas, divisiones, no andaré entre números irracionales. Estaré entre sumas, multiplicado, de la mano de números naturales.

Búsquenme siempre al sur, allá en mi Isla. Andaré entre calles rotas y abandonos, componiendo sueños e ilusiones.
Entre palmas y cañas, en un solar habanero, en una vieja cuartería; entre mi gente, levantando la esperanza y el futuro.

Calentándome al sol, sostenido por mi madre y por mi tierra. Estrechando manos, dando abrazos.

Encontrando ansias y recuerdos, me hallaran en La Habana, con libros de Marti y Dulce María, releyendo a Jamis y Delfín Prats, persiguiendo a Cecilia por el barrio. Tal vez buscando en un museo a las mulatas que raptaron, acariciando a la Virgen del camino o escuchando al gallo de Morón. Entre colores, paisajes y guajiros, escondido en un sombrero, robándome La Habana y sus recuerdos.

Búsquenme, seguros de encontrarme, entre girasoles y Colibríes. En una mariposa, entre palmeras. Griten mi nombre en el Rincón o allá en El Cobre, seguros de encontrarme entre la fe de un pueblo y los humildes.

Me encontraran haciendo, insomne, tomándome el café de la esperanza, compartiéndolo con mi gente y con ustedes, allá en el comienzo de los sueños y de la historia. Acariciando esa patria que se anuncia; con todos y para el bien de todos.

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Una madre y su espera.

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Allá donde el tiempo se detuvo y la esperanza aguarda,
Ella se mira al espejo,
Se examina el rostro y los detalles.
No usa maquillajes para ocultar sus años.
Los muestra orgullosa, complacida, son las medallas que le regalo la vida, sus trofeos.
Cada arruga fue una experiencia, una ganancia, una victoria de su fuerza y su constancia.
Recuerda días de llantos y de angustias, de beberse una a una lagrimas y penas,
De esconderlas donde nadie las miraba, siempre fue avara en su tristeza, fue lo único que nunca compartió,
Se basto para vencerlas, sostenida en ella misma, en su sonrisa, que nunca hubo llanto que borrara.

Amanece, el sol, reflejado en el espejo la embellece, siente que vuelve a ser joven, fuerte, vital.
Recuerda días de alegrías, de risas desbordadas, compartidas,
Fue generosa en la dicha, en la sonrisa, las compartió con todos, regalándolas esplendida y sonriente. Las sigue compartiendo día a día.
Revisa unos papeles, los relee, los estruja emocionada junto a su pecho.
Guarda como tesoros los escritos de su hijo, son la mejor medicina a sus achaques, el mejor maquillaje de sonrisas.

Mira el almanaque, los días que faltan ya son pocos,
Se mira de nuevo en el espejo y el milagro de la espera le da fuerza, brios, resta años, ausencias, lejanías.
Suena el teléfono, no se preocupa, sabe que no es día ni hora de llamadas que espera. Deja que otros respondan esta llamada, recuerda los últimos “te quieros”, cada timbre es una caricia en la memoria.

Se mira en el espejo, en el pasado, adivina el futuro y se sonríe.
Vienen a verla familiares y vecinos, le preguntan su secreto, su misterio, su bastarse para vencer la vida sonriendo y susurrando palabras dulces que acarician.
Se mira en los ojos que la admiran, descubre su misterio, estalla a voces su secreto.
– Saben, siempre lo espero, sé que vuelve, debo vivir para cada regreso, mientras él vuelva, debo esperarlo, ¡Sin importar el tiempo ni los años!
Es mi sitio, mi razón, mi gran tarea,
Tener mi abrazo listo, oportuno y necesario, pintando de arco iris nuestro encuentro, estrenando alegrías y sonrisas.

Inventario de recuerdos y esperanzas.

Baul, fotografia tomada de Google.
Ordenando recuerdos, objetos, pertenencias, decidí escoger lo mejor de cada uno, lo imprescindible, lo que baste para recordar lo que he vivido y planear lo que aún me queda por vivir. Guardarlos en un baúl viejo y hermoso, donde pueda repasarlos a mi antojo. Jugar entre ellos, en días grises y sacarlos a pasear en días de sol. Darles brillo y uso, una y mil veces, reciclarlos cada instante de mi vida.

Entre todas las sonrisas, la de un niño, solo ellos saben estrenarlas, anunciar en ellas el mañana. En la sonrisa de un niño, vive el futuro y alienta la esperanza. Guardare las sonrisas de mi infancia.
De todas las lagrimas, las mías, cada una me dio una lección, me hizo crecer. A ella debo cicatrices, crecimientos. Las recuerdo todas, las guardo y repaso en días de alegrías. Como ensayo y rebusco las sonrisas en días de tristezas y agonías.

Solo un par de manos de entre muchas, guardaré en el baúl de mis recuerdos. Manos viejas y gastadas por los años, pero magas, prodigiosas, dulces, tiernas. Capaces de crear sonrisas, de inventarlas. Las pondré bien lejos de mis lagrimas, en extremos opuestos, si las rozan, las borrarían todas para siempre; las manos de mi madre, exactas y precisas, jugando, acariciando eternamente mis recuerdos y mi vida.

De los besos, guardare un puñado, uno no basta. Mezclados entre recuerdos, sonrisas, lágrimas, compartirán espacio los besos de mi madre, un par de besos de amor y un beso que aún no he dado. Que estrenare un día de estos, una mañana o madrugada, cuando el amor encuentre el camino de regreso.

Entre todos los viajes, el de regreso, las partidas desgarran y destrozan, prefiero un eterno viaje de regreso. Entre todos los regresos, el primero, el del enorme susto del reencuentro. La alegría de correr a brazos que me esperan y a besos que estallan a mi encuentro. Un miedo enorme de morirme en ese encuentro, de no aguantar tanta dicha, tanta alegría y explotar en mil pedazos en mi regreso. En el centro del baúl, mi primer viaje de regreso, revivirlo apuntala mi esperanza y reestrena alegrías, primaveras.

De entre todos los mares, ¡El Caribe! entre todas las islas, ¡La mía! De las ciudades, ¡La Habana! Siempre La Habana, a pesar de huecos, basureros y derrumbes, a pesar de consignas y carteles, de marchas y repudios. Una ciudad que basta nombrarla y se sienten olas, abrazos y recuerdos. Siempre La Habana, guardada en mi baúl, entre sonrisas, lagrimas, regresos.

Así, ordenados en mi baúl, recuerdos, pertenencias importantes, lo mejor que he encontrado en este mundo, podré sacarlos uno a uno, en el momento preciso de mi vida. Toda cabe y se conserva en mi baúl que aunque pequeño, guarda vidas, memorias y futuro. Conservado y cuidado en el centro de mi pecho, latiendo 100 veces por minuto, para disimular su encubierta labor de almacenar mis valores y recuerdos.

Fotografia tomada de Google.

Una maleta cargada de recuerdos.

Maleta,  Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.
Rodolfo salio de Cuba cuando tenía 22 años. Sus padres siempre habían querido irse, pero el soñaba con ser un gran periodista, hacer algo diferente a lo que siempre leía en el periódico oficial. Sus sueños, fueron destrozados aquella tarde que lo expulsaron de la Universidad. Solo le dijeron, tu conducta social, no es compatible con la de un periodista de nuestro pueblo. Intento hablar, argumentar, un puedes irte, puso fin a la conversación. Esa noche después de la comida, les dijo a sus padres
– Llamen a la abuela, díganle que puede empezar los trámites cuando quiera, mi vida aquí se termino.
Sus padres intercambiaron miradas cómplices.
– Siéntate mi hijo, le dijo la madre, hace un año mi mamá nos reclamó a los 3, en unos meses debe resolverse todo. Siempre confiábamos que a última hora te decidieras, aunque te negabas a irte, teníamos la esperanza que llegado el momento, lo aceptaras y te fueras con nosotros. Sin ti no íbamos a irnos, pero te daríamos un buen susto para obligarte a decidirte. Ahora ya lo sabes, no hay que decirle nada a la abuela, solo esperar unos meses e irnos.
– Me alegro, cuanto antes mejor, mi tiempo aquí se acabo, quiero empezar un nuevo tiempo. Solo una pregunta, ¿El abuelo se va con nosotros?
– No hijo no, respondió su padre, el viejo dice que él se muere aquí, que a sus años se moriría de tristeza viviendo al norte; el viejo, se queda.

En 6 meses recibieron la visa y viajaron a Miami. Dejar a su abuelo fue duro para Rodolfo, ese viejo y él, eran más que abuelo y nieto, eran amigos, en el momento del abrazo final, su abuelo le dijo.
– Este no es nuestro ultimo abrazo, volverás Rodolfo, lo se, hay demasiados recuerdos en esta casa y en esta tierra para que puedas vivir sin ellos, volverás a buscarlos. Yo, estaré esperándote, lo prometo.
Se abrazaron como dos amigos que se dicen hasta pronto. Cuando Rodolfo subió al auto, no tuvo fuerzas para mirar hacia atrás, su abuelo quedo en la reja del jardín, intentando detener el tiempo en sus ojos.

Rodolfo, empezó a trabajar al mes de estar en Miami. Un amigo que trabajaba en el aeropuerto le consiguió el trabajo. Así esta Miami, sin un amigo que te de un buen empujón, no consigues un trabajo que pague mas del mínimo. Unos meses después se presento a pruebas de ingreso para el College. Lo aceptaron, debería tomar unos cursos para completar algunos créditos que le faltaban y mejorar el inglés. Por suerte, logro sacar sus notas de Cuba y eso le dio algunos créditos extras.

Un día, conversando con un nuevo amigo, le dijo que siempre le había gustado escribir, que su sueño era ser periodista y hacer un periodismo inteligente, hacer crónicas que conmovieran e hicieran pensar.
– ¿Por que no escribes en un blog? Eso te ayudara y te dará experiencia, quien sabe un día te lea alguien y te inviten a escribir en un periódico o publiques un libro, le dijo su amigo.

Después de mucho pensarlo, Rodolfo se decidió a escribir en un blog, Recuerdos, lo llamó. Escribía mucho sobre el tiempo compartido con su abuelo, también sobre sus recuerdos y frustraciones. Cada vez que le llegaba alguna noticia de Cuba, la investigaba y terminaba narrándola y analizándola a su manera. Un día recibió un correo electrónico, lo invitaban a escribir en una columna semanal en un periódico de la ciudad. Imprimió el correo y se los enseño a sus padres después de la comida.
– Ves mi hijo, le dijo su madre, poco a poco tus sueños se hacen realidad. En la vida hay que luchar por lo que uno quiere y prepararse con las mejores armas para esa lucha, nada se da fácil, si vale la pena.
– Es cierto mamá, pero cuanto me gustaría que abuelo estuviera aquí para compartir con él esta alegría.
– Nada te impide compartir con tu abuelo esta alegría, prepara el viaje a Cuba y llévale el primer escrito que publiques en el periódico. Nada lo haría más feliz que verte y ver algo escrito por ti en un periódico. Imprime todos los escritos de blog y llévaselos, es el mejor regalo que podrías hacerle.

Rodolfo, comenzó a preparar su viaje a Cuba. Lleno un “gusano” enorme con regalos para su abuelo y amigos. Publico un articulo en el periódico que fue muy bien recibido aunque el editor le dijo; demasiado intelectual para esta ciudad.

Una tarde al llegar del trabajo, su mamá le pregunto.
– Hijo, ya tienes el “gusano” ¿Cuándo vas a sacar el pasaje y pedir las vacaciones en el trabajo?
– Me falta una maleta mami, ¡una maleta que estoy buscando y no encuentro por ninguna parte!
– ¡Otra maleta! Vas a tener que pagar un dineral por exceso de equipaje hijo.
– No, esta maleta es para traer, no para llevar, dijo Rodolfo, mientras sus ojos brillaban.
– ¿Traer? ¿Que piensas traer de Cuba? Ten cuidado que te pueden detener en la aduana al regreso, quitarte todo y multarte.
– Recuerdos, estoy buscando una maleta donde puedan guardarse recuerdos, la he buscado por toda la ciudad y no la encuentro.
Su mamá salio del cuarto sin decir una palabra, pensó que su hijo estaba bromeando con ella y no quiso entrar en detalles.

Buscando la maleta, Rodolfo fue al Dollarazo, a Valsam, recorrió todas las tiendas donde venden los “gusanos” para los viajes a Cuba. Todo el mundo se reía y lo tomaban por loco o bromista, cuando preguntaba por una maleta para guardar recuerdos. Una tarde al salir de una de las tiendas de la 20 y la 20, un anciano se le acercó.
– Yo tuve una maleta como la que buscas, te oí preguntarle a la dependienta. La vendí hace años a un mago de un circo que paso por Hialeah, si lo encuentras y logras conmoverlo con tu historia, te la dará por un buen precio.
-¿Cómo encontrarlo? ¿Dónde lo busco?
– No tendrás que buscarlo, él vendrá a ti cuando menos lo esperes ten todo listo, el tiempo es oro.

Rodolfo, vivió días de espera angustiosa, cada vez que algún extraño se le acercaba, el corazón daba un salto en su pecho. Una mañana, al salir del gimnasio, un señor vestido de negro se le acerco, le dio la mano.
– Hola Rodolfo, yo tengo la maleta que buscas, ¿Para que la quieres?
– Cuando salí de Cuba, deje a mi abuelo allá, él es mi mejor amigo, entre él y yo no hay secretos. Hay muchas cosas que recuerdo del tiempo que compartimos, otras se me confunden, también hay montones de recuerdos de mi vida que dejé allá y que necesito para seguir viviendo, para poder seguir siendo quien soy y no perderme por los caminos del mundo, por eso he buscado desesperadamente, ¡Necesito traerme esos recuerdos!
– Dame una semana, le respondió el mago, necesito buscar donde guardar mis recuerdos antes de darte la maleta, cada uno requiere un sitio especial, solo una semana.
Repitió el mago mientras se alejaba, Rodolfo le grito.
– ¿Donde nos veremos?
– En la vida, yo sabré encontrarte.
Desapareció ante él, sin dejar huella, como en un acto de magia.

Al día siguiente, Rodolfo pidió sus vacaciones para dentro de 8 días. Fue a la agencia de viajes y saco su pasaje para dentro de 8 días. Confiaba en la palabra del mago, estaba seguro que no le fallaría.

A la semana exacta, ni un minuto antes ni un minuto después, el mago se apareció frente a Rodolfo, con una maleta en la mano.
– Aquí la tienes, cuídala.
– ¿Cuanto le debo?
– Nada, los recuerdos, no tienen precio.
Desapareció ante él, dejándolo sorprendido y feliz en medio de la calle.

Esa noche, Rodolfo, no durmió, el nerviosismo del viaje, la alegría de volver a ver a su abuelo, apenas lo dejaban conciliar el sueño. Se despertó varias veces sobresaltado, buscando la maleta, termino poniéndola en la cama junto a él, solo así pudo dormir un par de horas.

Recogió el “gusano” y su maleta especial y salio feliz de la aduana habanera, su abuelo estaba esperándolo. Se abrazaron durante minutos, su abuelo le acariciaba el pelo y lo besaba mientras le decía.
– Te lo dije, sabia que volverías pronto, aún nos faltan muchos abrazos por darnos y recuerdos por compartir. Esta es tu tierra, sin los recuerdos, sin tu vida aquí no podrías construir tu vida allá, seria como una casa sin cimientos.

Rodolfo llego a la casa, sus amigos lo esperaban en el portal, su abuelo había dejado la casa abierta para ellos, muchos hasta tenían la llave; Rodolfo y su abuelo, compartían amigos y recuerdos. Abrió el enorme “gusano” con los regalos para sus amigos y su abuelo. Dejo para el final el periódico con su artículo y los escritos de su blog impresos. Cuando el abuelo trajo el café y lo sirvió, le dio el periódico, el viejo lloraba leyéndolo y acariciaba el nombre de su nieto en el periódico.
– Lo sabia, tu triunfo, que logres tus sueños, es lo único que me consuela de tu ausencia, te prefiero allá haciendo realidad todos tus anhelos y ganas que aquí frustrado y sin futuro.
– También tengo un blog abuelo, dijo Rodolfo dándole todos sus escritos impresos.
– Estos los leeré después con más calma, dijo el viejo, mientras los apretaba contra su pecho.

Un amigo levanto la maleta regalo del mago.
– ¿Y esta maleta? , parece que esta vacía.
– Es una maleta especial, denme un minuto para llevarla al cuarto y abrirla.

Rodolfo fue al cuarto, coloco la maleta en la mesita de noche, la abrió. Poco a poco, convocados por algún conjuro especial fue llenándose de recuerdos. Su primera caída, su primera partidura de cabeza, su mamá cuidándolo cuando tenia fiebre alta, su abuelo, sentándolo en sus piernas y haciéndole cuentos de magos y fantasmas, el primer libro que le regalo su abuelo, su primer beso de amor, su primer orgasmo, su primera alegría y su primera tristeza, todos su recuerdos fueron llegando y acomodándose en la maleta, los buenos y los malos, ambos son necesarios para vivir. Rodolfo estaba paralizado, no pensó que podría reunir todos sus recuerdos tan rápido, algunos, los creía perdidos para siempre. Lagrimas y alegrías, sonrisas y penas olvidadas, escuelas al campo, almuerzos especiales con la familia reunida, caminatas por las calles de La Habana, besos robados, hasta una bandera tricolor ondeando al viento, se coló en la maleta. Nada faltaba a la cita obligada de sus recuerdos. Lo sorprendió su abuelo tocando en la puerta.
– Rodolfito, dijiste un minuto y ya llevas 3 horas en el cuarto, sal a compartir con tus amigos, el almuerzo ya esta listo.
¡Tres horas! Rodolfo se sorprendió, dejo la maleta abierta y salio.
– Discúlpenme, me entretuve con los recuerdos.

Se sentaron a almorzar, conversaron de mil cosas. Cuando se fueron sus amigos y se quedo a solas con su abuelo, le contó de la maleta y su intención de llevarse sus recuerdos.
– Es difícil llevarse todos los recuerdos, algunos quedaran aquí y tendrás que volver una y otra vez por ellos, otros son compartidos, si te los llevas todos, ¿Qué me haría entonces yo para recordarte, para compensarme de tu ausencia?
– No abuelo, los recuerdos compartidos seguirán siendo nuestros, esa maleta sabe lo que hace, ¿Recuerdas el primer libro que me regalaste y lo que me dijiste al dármelo?
– Claro que lo recuerdo, que un día tú me regalarías un libro escrito por ti, que leyeras mucho y ejercitaras tu memoria, solo así podrías ser un día un escritor.
– Ves, ese recuerdo ya esta en la maleta y sigue también contigo, lo seguiremos compartiendo.

Llego el día de la partida, Rodolfo le dio un fuerte abrazo a su abuelo.
– No me acompañes al aeropuerto, prefiero que nos despidamos aquí, con un hasta luego, volveré pronto, lo sabes.

Se abrazaron, intentando retener uno y llevarse el otro lo mejor de cada uno. Rodolfo tomo su maleta, subió al taxi. Hizo un viaje rápido, en Miami, los esperaban sus padres.
– Cuéntanos ¿Como esta el viejo? ¿Como te sientes?
– Vengo cargado de recuerdos, dijo, sin que sus padres pudieran adivinar el sentido exacto de esa frase.

Llego a su cuarto, coloco la maleta en su mesa de noche, la abrió. Su cuarto se inundo con su infancia, con toda su vida, sintió un ruido, como si una ola gigantesca golpeara contra la pared del cuarto, en la confusión reinante, le pareció ver a su abuelo sentado en la cama y hasta escuchar su voz diciéndole; los recuerdos Rodolfo, eso somos, solo lo que podemos recordar es lo que hemos vivido.

Fotografia tomada de la pagina de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.

Una adicción incurable.

Adiccion, tomada de la pagina, Yo extraño a Cuba y tu.
El centro de rehabilitación de adictos, estaba situado en un lugar céntrico, era amplio, rodeado de jardines. Después de enviar su solicitud de admisión, aguardar meses por su turno y de hacer una larga línea en la que tuvo que esperar más de 5 horas, por fin Manolo, recibió la identificación que le permitía libre acceso al lugar. Era miembro del centro de rehabilitación más conocido y prestigioso. No estaba muy seguro de poder curarse o disminuir al menos su adicción, pero quería intentarlo, probar suerte. En el fondo, no estaba muy seguro de querer curarse de su adicción, la disfrutaba.

Llego el momento de la primera reunión. Todos se reunieron en un salón inmenso, varios micrófonos estaban disponibles, grandes bocinas garantizaban un buen sonido, que todos pudieran escuchar.
El que dirigía la reunión saludo a todos los presentes, fue breve en su introducción a la sesión
– Nos hemos reunido para tratar de ayudarnos en nuestra adicción. Sabemos que no será fácil, requerirá esfuerzo, sacrificios, fuerza de voluntad, pero lo intentaremos. Recuerden que el primer paso para curar una adición, es reconocerla. Tienen ustedes ahora la palabra, no tienen que decir su nombre, solo reconocer su adicción y hablar de la última vez que sucumbieron a ella.

Todos se miraron, tenían miedo a ser el primero en hablar. Manolo, no lo pensó dos veces, tomo el micrófono, se puso de pie, su voz inundo el gran salón.

Soy adicto a Cuba, la última vez que pensé en ella, fue hace un segundo, antes de comenzar a hablar. Esta siempre en mi mente, aquí en mi corazón, se toco el pecho, señalando el sitio exacto donde tenía a esa Isla.

De pronto muchos se pusieron de pie, se escucharon cientos, miles de; Yo soy adicto a Cuba, I am addicted to Cuba, Je suis accro à Cuba, 我沉迷于古巴, Ich bin süchtig nach Kuba. Negros, blancos, amarillos, rosados, todos se ponían de pie y repetían la frase que los había reunido y convocado esa tarde.

El que presidía la reunión, pidió calma, intento que esta primera reunión del grupo de adictos, tuviera algún resultado positivo. Cometió un error al planificar la reunión, pensó que irían muchos cubanos, de esos que andan regados por el mundo, que por una razón u otra tuvieron que emigrar, a pesar del amor por su Isla. No tuvo en cuenta que esa adicción, era contagiosa, viral, que esos cubanos por el mundo, la habían contagiado a muchos. La adicción a Cuba, era un asunto mas complejo y difícil de resolver de lo que imagino. Estos adictos, disfrutaban su condición, la reconocían con orgullo, no tenían la más minima intención de curarse.

Manolo, aprovecho la confusión y volvió a tomar el micrófono.
– El punto es que ninguno de nosotros quiere curarse de esta adicción, la disfrutamos. Estoy convencido que todos vinimos no buscando una cura, vinimos buscando una vía para convertir nuestra adicción, en unión. Estamos cansados de extrañar a Cuba, de suspirar por ella. Cuba, es una realidad, existe, esta ahí, al alcance de la mano y de los sueños.

Los aplausos interrumpieron a Manolo. Un mar de banderas cubanas, agitadas al viento de la esperanza, inundaron el local.
Alguien, desde una esquina del local, comenzó a cantar; ¡Al combate corred bayameses! Todos se sumaron, un torrente de voces, en diferentes idiomas y acentos cantaba el himno de los cubanos, en un acto supremo de adicción a esa isla pequeñita en el mapa, pero inmensa en el recuerdo y el amor.

Manolo, avanzo hasta la presidencia de la reunión, sin usar el micrófono, su voz se escucho en todo el recinto.
– Yo sabia que esto iba a terminar así, por eso vine preparado, tengo una amiga, tiene un montón de años, que cuando supo de esta reunión me pidió les trajera este termo enorme con su café recién colado. Les juro que no hay otro café como este. Con orden caballero pónganse en la cola que hay para todos. Después del café, seguiremos hablando.

Saboreando el café de la esperanza, preparado especialmente para esa reunión, intercambiaban abrazos y saludos. Terminaron unidos todos en un gigantesco abrazo colectivo.

Saboreando el último buchito de café, Manolo volvió a hablar.
– Creo que todos tenemos claros que nuestra adicción, debe transformarse en acción, en ganas. Hermanos, que el amor por nuestra islita, sea la fuerza que nos impulse a hacer y convertir la esperanza en realidad.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Un tipo duro.

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Manuel, siempre se considero un bárbaro, un machazo. Cuando reía su diente de oro brillaba como reafirmación que era un tipo duro, un hombre a to’. Siempre fue el primero en reunirse en la esquina a mirar las mujeres pasar y meterse con ellas. Vivía convencido que era un bárbaro, el mejor en la calle y en la cama. Cuando tomaban ron, era el que mas aguantaba, quien ha visto a un hombre de verdad dejarse tumbar por una botella de ron, por muy malo que sea. Así creció, convencido de su “hombría”, de ser un tipo duro, de la calle.

Juanita creció, sufriendo a un padre autoritario y abusador que golpeaba a su madre y la maltrataba a ella y a sus hermanos. Cuando cumplió 16 años, conoció a Manuel. Le gusto su aspecto, su caminar seguro. Una noche, después de hacer el amor, Manuel le dijo:
– ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? Desde que mi abuela murió, vivo solo en esta casa, me gustaría tenerte siempre aquí, esperando por mí, atendiéndome.

Juanita, no lo pensó 2 veces, a la mañana siguiente recogió sus cosas y se mudo con Manuel. Se sintió libre de su pasado, de maltratos y abusos. Amanecer abrazada a Manuel, la hacia muy feliz. Se acabaron las peleas y las borracheras de papá, ahora podré vivir tranquila, pensó Juanita esa mañana al lado de Manuel.

Es cierto que Manuel a veces llegaba tarde y borracho, pero nunca le había levantado la mano. Peleaba por la comida y cuando no tenía la ropa limpia y planchada, pero era bueno en la cama y desde que estaba con él, nada le faltaba. Ella trataba de complacerlo en todo, como siempre vio a su mamá hacer con su papá, en cierto modo lo quería, aunque también le temía.

Cuando tenían 6 meses viviendo juntos, una amiga le llevo una planilla para un curso de cajera en tiendas de área dollar. Muerta de miedo, pero con la esperanza que aceptara que ella trabajara en la calle, Juanita le enseño la planilla a Manuel.
– ¿Y esto que coño es?
– La planilla para un curso, pagan bien y siempre se resuelve algo en esas tiendas.
Manuel la miro, rompió la planilla, le dio un galletazo en pleno rostro y le grito.
– Tu lugar es aquí, atendiéndome, en la cocina. Como te atreves a pensar en trabajar, tu trabajo es aquí en la casa esperando por mi, si no te gusta, coge la puerta y vete.
Le grito Manuel, mientra tiraba la puerta de la sala y se iba para la esquina a reunirse con sus amigos.

Juanita, lloró toda la tarde, convencida que todos los hombres eran iguales y las mujeres tenían que aguantarle todo, hasta golpes, si querían tener un marido al lado.

Un domingo, en la casa de al lado, se mudaron dos hombres jóvenes. Vestían muy a la moda y siempre estaban muy arreglados, en pocos días transformaron la casa, dándole un toque diferente. Juanita, se hizo amiga de ellos, conversaban por el muro del patio. Eran muy educados y correctos al hablar. Juanita, nunca había tratado con personas así, terminaron haciéndose grandes amigos. Lo único que no le gustaba de ellos es que no estaban de acuerdo con ella en eso de aguantarle todo a un hombre. Cuando les contó que Manuel a veces le pegaba, se indignaron, le dijeron que no debía permitírselo que eso era un abuso. Esas ideas de los vecinos nuevos, confundían a Juanita.

Una tarde, cuando llego Manuel del trabajo, mientras ella le quitaba los zapatos y le ponía las chancletas, él le dijo.
– ¿Y esa blusa y ese peinado nuevo que te hiciste? ¿Donde estuviste?
– Fui un momentito mientras ablandaba los frijoles a visitar a los vecinos nuevos. Uno de ellos me regalo esta blusa, la estaba vendiendo, pero me la regalo. Me dijeron que si me recogía el pelo, luciría mejor, quise arreglarme para ti.
– Ven acá, acércate.
Cuando Juanita estuvo al alcance de su mano le dio una galleta, mientras con la otra mano le desbarataba el peinado y le arrancaba de un tirón la blusa nueva.
– Lo único que me faltaba, que mi mujer se haga ahora amiga de los maricones de al lado. Como te vuelva a ver hablando con ellos, te reviento, ¿¿entendiste??

Juanita, no dijo nada, le sirvió la comida a Manuel y comió poco, en silencio. En su cabeza daban vueltas las palabras de sus nuevos amigos; no tienes porque soportar golpes y maltratos, eso es un abuso, si los aguantas es porque quieres o por miedo.

Era la primera vez que desobedecía a Manuel, siguió conversando con sus nuevos amigos. Le gustaba escucharlos, le hablaban de un mundo diferente. Luisito, le contaba que sus padres nunca habían discutido, no recordaba una pelea entre ellos. Esas historias, le parecían cuentos de hadas a Juanita, les gustaba oírlas, pero no las creía del todo.

Luisito, una tarde le dijo.
– Sabes, conozco a Roberto, si un día te oye gritar cuando te golpee Manuel, es capaz de hacer una locura, ese no le tiene miedo a nadie y no soporta las injusticias.

Una noche, Manuel llego tarde, pasado de tragos y con manchas de crayón de labios en el cuello. Juanita, lo miro y sin saber como, de sus labios salieron las palabras fatales.
– ¿Donde estabas? Son pasadas las 12.
Manuel, la miro sorprendido, del primer golpe la tiro contra la mesa. El estruendo se escucho en todo el barrio. Cuando Manuel iba a darle una patada a Juanita que lloraba en el suelo, la puerta de la cocina se vino abajo. Roberto se enfrento a Manuel, retándole. Manuel, sorprendido miro a Juanita.
-¿Que es esto? Ahora tus amigos maricones vienen a defenderte.
– De los dos, el maricón eres tú, que abusas con una mujer. Le grito en la cara Roberto.
– Con una mujer y contigo, ¡que pinga te pasa!!!
Todo paso muy rápido, un solo piñazo de Roberto le partió la cara a Manuel que cayo al piso sangrando y quejándose del dolor.
– Si quieres mas, me avisas, porque yo me quede con ganas de seguirte dando. Le grito Roberto.

Roberto miro a Juanita, la ayudó a levantarse del suelo.
– Vamos, recoge tus cosas, no puedes seguir viviendo con este animal, vente con nosotros.
– ¿Con ustedes?
– Claro, para eso están los amigos, no lo pienses mas, tienes derecho a una mejor vida, a encontrar un hombre de verdad, que te quiera y respete.

Manuel, pensó que Juanita, no se atrevería a dejarlo, estaba muy seguro de si, a pesar de la cara partida, de dos dientes flojos y de la sangre corriéndole por la cara. Vio a Juanita entrar al cuarto y volver a salir con un bulto con sus cosas, ni adiós le dijo, no miro para atrás.

Allí en la casa de al lado, poco a poco Juanita empezaba una nueva vida, ayudada por sus dos amigos diferentes. Poco a poco se encontraba a si misma, aprendía a confiar en su fuerza y su valor.

Manuel, siguió con sus borracheras y de vez en cuando metía alguna mujer en la casa. Le duraban poco, no todas están dispuestas a soportar golpes y maltratos.

Una tarde, mientras leía el periódico, leyó unas noticias sobre el matrimonio gay y la igualdad de derechos. Salio corriendo para la esquina, busco a sus amigos.
– Tenemos que hacer algo, lean esto, ¡Matrimonio gay! Seria el colmo, tenemos que reunirnos e ir a protestar eso es un disparate, ¡Que coño se habrán creído los mariconcitos estos!

Amanecer.

Me despierto, salgo al patio, una vez mas los olores me tienden trampas, me hacen confundir tiempo y espacio; mi patio, acá en Miami, huele exactamente como el de mi casa en La Habana, allá en Playa. Un olor a tierra y sol inunda mis sentidos. Cierro los ojos, me transporto, olvido donde estoy, los olores, pueden ser también, un medio de transporte. Me parece que voy a escuchar a mi madre llamarme; Joseito, el café!

El sol, me acaricia, el mismo sol que entra por la ventana allá en La Habana y despierta a mi madre, nos da los buenos días a ambos. Borra distancias, nos acerca. Entro a la casa, preparo mi café de la mañana. Recuerdo amigos que vienen a menudo a compartirlo, un olor, también puede hacer presente a personas. Evoco el café que me llevan a la cama, allá en mi ciudad, es el mismo olor, pero algo falta a este café para ser perfecto; las manos de mami, dándome la tacita. Este primer café del día, tiene un encanto especial. Algo mágico lo endulza, ¿Será la esperanza de un nuevo y maravilloso día? ¿La certeza que basta proponérmelo, para materializar sueños y anhelos?

Comienzo el día entre olores que revuelven esperanzas y sueños. Olores que borran distancias y disminuyen ausencias. Preparo mi nuevo desayuno, con claras de huevos, frutas y avena, quaker, como decimos nosotros, allá en la Isla y acá. Créanme cada yema de huevo que echo a la basura, me recuerda escaseces. Pienso cuantos serian feliz allá, al sur de la abundancia, con un plato lleno de yemas de huevo. No puedo evitarlo, se incorporó a mis genes la necesidad de ahorrar. Aprendimos, para siempre, a ahorrar y guardarlo todo. Este desperdicio alimentario duele en los recuerdos cada mañana.

Intercambio mensajes de texto con un nuevo y especial amigo, reímos juntos. Reír temprano en la mañana, es como asegurar todas las risas del día, sonreírle a la alegría, invocarla  y asegurarla para el resto del día. Despertar sonriendo, es como sonreírle a la vida, a los sueños, una sonrisa, puede hacer el milagro de hacernos felices.

Vuelvo al patio, tomo otro poco de café, miro al cielo, las nubes dibujan figuras que se me antojan regalos, hechos especialmente para mí. Disfruto este despertar, este comienzo del día. Un amanecer, siempre tiene un encanto especial, no importa donde estemos. Cada salida del sol, es un canto a la vida, a la esperanza.

Me pregunto si la libertad, tiene algún olor característico, si puede sentirse, olerse, mas allá de sentirse y disfrutarse. Recuerdo otros amaneceres, otras mañanas. Todos tenemos despertares especiales, que estarán siempre con nosotros, evocados y presentes, en cada salida del sol. En este regarnos por el mundo, cargamos con ellos, serán parte de un amanecer gigante, que entre todos, vamos amasando y soñando, seguros que tendrá un olor característico, nuestro y libre!

Fotografia tomada de Google.