Un segundo extra.

Por un necesario ajuste de relojes atómicos, el día de hoy, tendrá un segundo mas. Desde que supe la noticia pensé, qué hacer con ese segundo? En que invertirlo? Como hacerlo memorable. Hubiera preferido un par de horas, sobretodo siendo sábado hoy, pero algo es algo. Todos los regalos son valiosos y aunque sea solo un segundo extra, hay que hacer algo que magnifique el regalo, lo haga inolvidable.

Si estuviera en La Habana, caminando sus calles, con mami de mi brazo, ese segundo nos hubiéramos detenido y un beso especial, lo haría eterno. Estoy en Miami, solo en mi apartamento, casi a punto de salir para el gimnasio y aún no se qué hacer con ese segundo extra.

Se, que muchos amigos, pensaran; un segundo extra, sexo! No tengo un amante especial, uno de esos amantes que, “nos mueven el piso”, como dice un amigo, por tanto, no vale la pena gastar ese minuto extra haciendo el amor. Quiero invertirlo en algo que sea capaz de recordar con felicidad dentro de 10 años. Tengo un nuevo amigo, hábil en negocios, que seguro invierte ese segundo en hacer mas dinero, no con intenciones de hacerse millonario, solo quiere tener mas, para compartir con su familia, que aunque lejos, siempre la tiene presente y vela por ellos.

Algunos decidirán tener un segundo extra para irse de compras o un segundo mas en la playa, hoy el día promete sol y brisa. Otros, comelones, irán a un buen restaurante y se hartaran, hasta casi no poder levantarse de la mesa. No dudo que mitómanos incorregibles e intrigantes, lo aprovechen para soltar una mentirita corta, breve y dañina, como todas.

Muchos harán con su segundo extra algo especial, otros, lo dejaran pasar inadvertidamente. Terminara el día y no tendrán conciencia que dejaron pasar, sin hacerlo especial, un segundo extra.

No dudo que dictadores y malos políticos lo inviertan en dictar nuevas leyes, represivas y malignas, como ellos mismos. Leyes que nos hagan apretarnos mas el cinturón, en algunos países el de la cintura, en otros el de la mente o ambos inclusive.

No quiero guardar mi segundo extra con malos recuerdos, quiero evocarlo y que me haga feliz. No desperdiciarlo, malgastarlo, insisto, quiero hacerlo especial. Son casi las 12 del día y aún no he ido al gimnasio, ni decidido que hacer con mi segundo extra, con este regalo que relojes atómicos nos hacen.

Escucho, una y otra vez un video de un ama de casa cubana, que sentada en la sala de su casa, hace una versión de, Qué te pedí? Que haría aplaudir hasta a La Lupe. Escucharla, es como abrir las ventanas a un barrio habanero, para que entre libre y preciso y me acompañe, esta mañana de sábado. Miro fotos de mis viajes a Cuba, de abrazos y besos con mami, vuelvo a sentir y revivir la felicidad de esos segundos, siento el olor a Cuba, en mi casa. Trato de terminar este escrito y decidir qué hacer con mi segundo extra.

Que tonto! Mi segundo extra ya paso, lo consumí de la mejor manera posible, entre arte, recuerdos, evocaciones y escribiendo, así lo recordare, por siempre!

¡La Lupe!

la Lupe, Marvin Jui-Perez

Una noche de verano, en un  apartamento de Centro Habana, un grupo de amigos, tomábamos tragos, conversábamos y escuchábamos música. Alguien, llevo un disco compacto mixto con varios cantantes. De pronto, una voz mágica se escucho, pedí silencio; ¿quien es esa mujer que esta cantando? Pregunte asombrado y admirado, nadie la conocía, tuvimos que buscar en la cubierta del disco;¡ La Lupe, Puro teatro! Desde ese día, comencé a investigar sobre su vida, a buscar sus canciones. Su voz hacia el milagro de romper censuras, hacerla añicos, dinamitar ostracismos y prohibiciones.

Supe de su origen, la Yiyiyi, triunfo con una voz y una fuerza interpretativa que obligaba a rendirse a su embrujo. Cantaba al final de su tiempo en Cuba en un Club de La Habana, último refugio de su arte. En tiempos de absurdo, su estilo explosivo y temperamental, no encajaba en la televisión, ni en teatros. Terminó emigrando, en otras tierras se afinco su arte. Una vez leí que estaba llamada a ser la reina de la salsa, su vida desordenada, entre drogas y escándalos se lo impidieron.

La Lupe, es de esas voces sin tiempo, tal vez dentro de 50 años, alguien vuelva a escucharla en Buenavista o en la Habana Vieja y  sucumba ante el encanto de esa voz única. Quizás un día, un sobrino nieto mío, interrumpa alguna conversación al escucharla y pregunte, ¿Quien es esa mujer que canta?

Cuando viajé a España, converse con mis amigos madrileños sobre ella, sus discos se vendían y se agotaban en el mercado. Su arte la sobrevivía, vencía la muerte, censuras y olvidos. Murió pobre, se conservan sus últimas canciones religiosas, producto de su conversión al evangelismo. Dicen que fue capaz de dar un nuevo sentido a las canciones religiosas, aún en estos temas, no pudo despojarse de su peculiar forma de decir y hacer las canciones.

Genialidad, voz única, sentimiento, algo especial vive en sus canciones, algo que la hace eterna e incomparable. He escuchado grabaciones de cantantes que no conocí y alcanzaron altos reconocimientos y fama, glorias de Cuba, como dicen muchos. Escucho sus discos, comento, son buenas, pero sus voces no se apoderan de mi corazón, no me transportan a un teatro o cabaret habanero, donde me mezclo con fantasmas y aplaudo entre ellos. La Lupe, es única, inigualable, de su mano, recorro centros nocturnos de La Habana, me trasmite su frenesí, su energía en escena, su divino arrebato, el éxtasis de su locura.

Leí de su desenvolvimiento en escena, de cómo arrojaba las joyas al público, se quitaba la ropa o golpeaba con el zapato al pianista. En un video que descubrí navegando por Internet, la pude ver en algunas de estas acciones. Cuanto hubiera disfrutado verla en escena, aunque fuera una sola vez. Prohibiciones, censuras y absurdos, le impidieron continuar su carrera en Cuba, adicciones y escándalos, acortaron una carrera que pudo ser larga y aún mas brillante. Su voz y estilo, terminaron venciendo censuras y adicciones, siguen vigentes, cruzan fronteras y vencen el tiempo; se eternizan. Leí que una vez dijo; le gusto a la gente porque hago lo que ellos quisieran hacer y no se atreven. La Lupe gustó, gusta y gustara siempre, porque dueña de una voz y  estilo únicos, fue, es y será siempre, un fenómeno irrepetible, un arrebato artístico sui generis, transmitió a sus canciones, su divina locura, su arte con mayúsculas.

Su voz, que recorrió y recorre el mundo, vuelve una y otra vez a La Habana. Hace muecas a reglas y censuras, se burla de todo y de todos, arranca un enorme aplauso colectivo y en supremo gesto de entrega, arroja a su publico su ultima joya; ¡Su corazón en su voz!

 

Fotografia tomada de Google.