Lourdes en plena Libertad

El sábado pasado asistí a la presentación de Lourdes Libertad en “El Divino”. Especie de pre-Nochebuena entre amigos y canciones.

En los últimos días Lourdes se vio, sin proponerselo, en el ojo del huracán. Declaraciones contradictorias, opiniones y asumir lo pensado por lo hecho, provocaron inquietudes entre amistades y seguidores. A su regreso de un corto viaje a La Habana, sin sacudirse el polvo, hizo unas breves y contundentes declaraciones. Demostró que, como el cisne, puede rozar el fango sin ensuciarse sus plumas. Cuando vi su video le envié un breve mensaje; muy bueno, no esperaba menos de ti. Es que en este andar por la vida uno aprende a mirarle a la gente al corazón, terminamos adivinando virtudes y defectos.

Lourdes Libertad ha sabido, poco a poco, hacerse de un público que la sigue y quiere, que la siente suya; algo que sólo verdaderos artistas logran. Al nacer heredó arte y empeños, maduró y creció en el tiempo, son muchos años en escena, dando lo mejor de sí; entregándose.

Su presentación incluyó algunos números de su repertorio habitual. Supo eludir hacer mención a problemas, un artista pleno sabe como usar el escenario y el arte. Algunos de sus números respondieron por ella, “No bajare la cabeza, para que mi corona no se caiga al suelo” y su público la aplaude en reafirmacion de apoyo, “que hablen, no me importa que hablen…”, una ovación cierra su actuación.

Agradece a amigos su apoyo y asistencia, se lamenta por los muchos que no pudieron asistir, por la capacidad del local. Anuncia su próxima presentacion el 6 de enero, en celebración de cumpleaños y regalo de reyes magos.

Lourdes Libertad continuará brindando lo mejor de sí, segura y confiada, le sobra talento y fuerza para no detenerse, para no bajar la cabeza y no preocuparse por esa gente que habla. Continuaremos encontrándonos, lo sé . Éxitos y adelante Lourdita, desde la gloria te guían y protegen.

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Elena, Malena y Lena, ¡Las Burke!

Elena
Mis amigos más cercanos, saben que hace tiempo tengo en mente un escrito sobre Elena Burke. Un escrito sobre la Burke mayor como dicen con orgullo su hija Malena y su nieta Lena. Un escrito que de cierta manera rinda homenaje a Elena y a Las Burke, esa excepcional trilogía de mujeres que dan continuidad y brillo a un apellido ilustre, que son una en tres tiempos.
lena

Tengo un amigo que sabe de mi amor por La Habana, que me dice que para él, La Habana es olor a salitre, a bahía, es aventuras inconfensables en esas calles habaneras, es tiempos amargos y difíciles, todo eso endulzado con el toque mágico de la voz de Elena que salva lo mejor de sus memorias. Así de importante e imprescindible, es para muchos la voz y presencia de Elena Burke.

Elena fue, es, de esas cantantes capaces de dar un nuevo sentido y matiz a una canción, de estrenarlas en su voz haciéndolas nuevas. Escucharla es hacer silencio obligado, convocar emociones, recuerdos, seguros que en su voz, siempre cantara lo sentimental.

He tenido la oportunidad de asistir a conciertos de las Burke. Las he disfrutado en teatros y sitios nocturnos de La Habana y Miami. No importa el lugar, ni el momento, las experiencias internacionales o la juventud, en las venas de Las Burke, corre la cubania desbocada, dispuesta a saltar en cada nota y gesto.

En mi intento de acercarme a la esencia de estas mujeres, asistí, hace días, a un concierto de Lena. Me sorprendió su vitalidad y su talento en escena, su devoción y amor por su madre y su abuelita, a quien dedico una canción, “Eterna pasajera”. Se que Lena andará un camino largo, que el éxito y las ganas le acompañaran siempre, que enriquecerá la herencia de abuela y madre, prestigiando y amando, el apellido que lleva con orgullo.

Anoche asistí al concierto de Malena Burke en Hoy como ayer. Fue el modo, a lo cubano, de muchos, de celebrar el 4 de julio. Mi ultimo “empujón” para dar forma a mi modesto homenaje a Elena y Las Burke.

Malena inicia su concierto con una canción que en la letra recorre los barrios habaneros. Nos lleva entre notas y acordes, desde la esquina de Tejas, hasta el Vedado. Pasamos por Buenavista y Miramar y aprovecho para darle un beso a mami, que sonríe dormida, ajena al milagro de la música y la voz de Malena. Hasta la mamá de Hiram sale a saludarme desde su balcón en Centro Habana y alcanza a gritarme, ¡Regreso pronto! Es como una comparsa arrollando por La Habana a todo tren, de cubanos nostálgicos que no renunciaran jamás a sus raíces.

Rinde homenaje a la mora y desde el cielo Moraima aplaude y siente el alivio de su voz. Malena, guarachea, canta a capella, improvisa, baila, hace chistes. Dueña de la escena, lo sabe hacer todo y lo hace bien, con esa gracia y picardía cubana que bebió al nacer, en la mejor de las fuentes.
Dedica una canción a sus cuatro hijos y las lágrimas me nublan la vista, su imagen se me confunde con la de mi madre. Me parece que es ella quien me canta y me da alas, me enseña a volar, que intenta hacerme más feliz, en suprema entrega de amor maternal.

En el escenario, entre el piano, guitarras, tumbadoras y micrófonos, adivino a Elena, apuntándole la letra, ayudándola en el agudo, asintiendo feliz al final de cada interpretación. Le trae a Lena al escenario y el dúo de madre e hija, se me antoja trío y casi escucho la voz de Elena, feliz e inmortal, sumando su voz a la noche.
Malena concierto

Sonrío y el nombre del lugar se me antoja una trampa. He disfrutado de las Burke, Hoy como ayer y como siempre, en derroche de arte y cubania, deleite de mulatas que entre notas, acordes, mieles y girasoles, regalan arte y sonrisas, talento y raíces, afianzadas en la tierra que las vio nacer y echando ramas nuevas por el mundo.

Un estribillo final termina un concierto donde no falto nada ni nadie. Donde tres generaciones de Burkes nos volvieron a regalar una noche habanera, un 4 de julio, entre fuegos artificiales y aplausos; ¡Se acabo lo que se daba, la botella esta vacía, vámonos!

Voy hasta el camerino en busca de una foto, saludo a Favio Días, hacedor de arte y milagros, tren impulsor de nuestra cultura en Miami. Malena me recibe sonriente, accede a una foto, me pregunta, ¿Te gusto?
lena y malena

Celeste Mendoza, La reina del guaguancó.

Celeste Mendoza
No pensé escribir hasta mi regreso. Un viaje a La Habana, siempre dispara nervios y ansiedades. No tengo la paz necesaria y la concentración para convocar las musas y sentarme a escribir. En este caso ha sido mi musa transoceánica, mi querida Montse Ordoñez quien, sin intención, ni propósito me revolvió en el recuerdo la figura de Celeste Mendoza.

En la página de mi musa transoceánica, encontré el link al blog de Pedraza Ginori. En el escrito que me atrapo, hablaba de las famosas “listas negras”, de la sin razón de artistas prohibidos, del ostracismo absurdo. Termine llorando la muerte de Celeste Mendoza, sola, sin poder lucir la bata cubana que se mandó a hacer para ese gran regreso a la televisión cubana que le volvieron a vetar. Sin el adiós de un pueblo despidiéndola a ritmo de rumba y guaguancó.

En ese blog descubrí que Celeste nunca estuvo presa por matar a su esposo, como decía mucha gente en Cuba. Achacándole a esto su ausencia de programas y escenarios, que el absurdo la condeno a ella y nos privó de su arte, de sus mejores años.

Como leí en otro artículo, la soledad en que murió fue tan absoluta que solo notaron su muerte cuando el olor que salía de su apartamento en Línea Y F, se hizo insoportable. Me dolió en lo más profundo esa soledad en su adiós, de la reina del guaguancó. Me imagino otro final a su vida, otra luz a su talento y arte. Si el programa estelar que Pedraza Ginori le estaba preparando se hubiera podido realizar, si hubiera lucido esa bata cubana, blanca, en su modo de dar gracias a los santos, tal vez todo hubiera sido distinto. Tal vez el alcohol le servía para olvidarse de lo que pudo hacer y ser y le prohibieron, de la bata cubana que se quedó sin hacer, sin el regreso que no fue.

Por suerte, nos quedan sus discos, sus actuaciones en películas y algunos videos, que aunque no logran atrapar del todo su actuación en un escenario, dan una idea de la grandeza de esta mulata que paseo arte y belleza por escenarios del mundo.

Leyendo sobre Celeste, supe de su amistad con Benny Moré, de las descargas que hacían en su apartamento, en el piso 18. Cerca del cielo que ganaron con su arte.

No Celeste, los grandes como tú, no mueren del todo. Todos los días tu pueblo te recuerda en tu “Fiesta brava”, paseando con “Chencha la gamba”, pidiendo “Que te perdone Dios”, en “Una rumba, echando candela”, “Pero no voy a llorar”, “Hay un poder mayor” dándole gracias a “Papá Oggún”. Te recuerdo bella y escultural, sonriendo, negando esa muerte absurda, solitaria. Vives eterna e incansable en cada solar habanero, en cada calle santiaguera, en cada rumba de cajón, en cada guaguancó que suena y resuena en esa Isla, que te coronó reina y te recuerda en tu música, vencedora de ostracismos y condenas.

http://elblogdepedrazaginori.blogspot.com.es/2014/01/television-cubana-listas-negras-y.html

Forografia tomada de Google.

Miriam y un ramo de canciones.

mirian ramos
Gracias a las redes sociales y a mi blog, que me han permitido sumar amigos, reales y virtuales, supe de la presentación de Miriam Ramos en una de las salas del Miami Dade County Auditorium. Me puse de acuerdo con amigos, reservé entradas y me prepare para disfrutar de una noche de buena música cubana por una de sus mejores intérpretes. Estaba seguro; la noche del sábado seria inolvidable.

La primera parte del concierto fue la presentación del pianista Ulises Hernández. Recorrió piezas de Lecuona, Cervantes, entre otros. Su interpretación de la Malagueña, arranco aplausos prolongados. Cuando interpreto a Cervantes, recordé la primera vez que lo escuche, interpretado por su hija María, con esa gracia cubana que la acompaño hasta el último instante. Seguro desde el cielo, abrazada a su padre le decía; mira papá ¡Como aplauden tu música en Miami! Abrir un concierto donde el plato fuerte es Miriam Ramos, consciente que el público asistió convocado por su arte y encanto es sin dudas un reto. Ulises supo ganarse al publico que le dedico aplausos y ovaciones, que lo disfruto en cada nota y lo hizo suyo.

Un piano, una luz, Miriam, su voz y presencia, no hace falta más para desencadenar la magia y convocar lo mejor de la canción cubana. Se presenta y se adueña de todos, la noche le pertenece, se vuelve cubana a su influjo. No estamos en la sala de un teatro, somos un grupo de amigos en una plaza o parque habanero, sentados en un banco o en el muro del Malecón, mientras una amiga de lujo, nos regala canciones, nos embruja.

Sus dos primeras canciones las dedica a La Habana, “Habana, sirena que sueña dormida a la orilla del mar y solo acierto a llorar cuando en ti pienso…” Dedicar dos canciones a nuestra ciudad, traérsela en la voz y soltarla libre y hermosa entre nosotros, convierte el invierno en primavera. Casi nos quitamos bufandas y abrigos y dejamos que la brisa del mar nos refresque en esta noche, especialmente cubana y nuestra.

Miriam se disculpa, el frío, una inoportuna gripe, conspiran contra su presentación. Nos pide, casi nos suplica que la escuchemos con el corazón, no con los oídos. La Habana se las arregla para tensarle y arroparle las cuerdas vocales. Termina diciendo; es casi un milagro este concierto. No tengo dudas, un milagro del arte y el profesionalismo, un milagro de una noche habanera que la envolvió y cuido y le permitió pasearse por lo mejor de nuestras canciones.

No falta Lecuona en su presentación, sabe que todas esas canciones, están en nuestros corazones las regala una a una. Dejándonos disfrutarlas en éxtasis, con la cubania desbordada y el buen arte de fiesta.

Sencillamente exquisita, llama a escena a Lecuona, al Bola, al Benny. No me pidan “explicarles como fue, no se decirles como fue”, terminamos todos con la emoción desbordada y en el alma esa sensación de disfrute que solo el buen arte produce.

Sabe que su voz basta para la magia de la noche y se propone regalos extras. Se trae un pianista acompañante que al decir de una de las asistentes; es un monstruo. Rolando Luna, excelente pianista que recrea y crea arte y música en cada interpretación. Complemento perfecto para la voz de Miriam, para la magia de la noche habanera que se burla del frío y la geografía.

Termina el concierto, nos negamos a su adiós, regresa y ofrece a capella, Mariposa. De nuestros corazones brotan mariposas tricolores de agradecimiento que inundan el teatro y la noche, que reclaman otro concierto, otra cita con Miriam y nuestra música ¡La esperamos en otra noche inolvidable!