Despedidas, partidas y regresos.

He decidido irme un día de lluvias y mucho viento, un dia horrible, de tempestades, truenos y granizo.

Si hay sol y brisa, flores y pájaros cantando, demoraría mi partida, no me iría. Si un arcoiris apareciera, mi cortejo seguiría sólo, mientras yo me siento a contemplarlo y demoro mi partida, una alegría mas.

Debo arreglarlo todo para irme antes de que me venza el olvido y los años se ceben en mi cuerpo. Quiero irme de golpe, sin terribles agonías, sufrimientos; una partida asi, debe prepararse a conciencia.

Quiero despedirme a mi mismo, escribir mi epitafio, despedir mi duelo, con mi memoria intacta, con mi intención aún viva y la palabra ardiente. Confesar el mal que pude hacer un día y recordar el bien, mis manos extendidas, mi pecho abierto, mis ganas de dar siempre.

Quiero ser yo y no otro en el momento del adios. Que mi voz se escuche y mi memoria asista, que no falte nada, todo mi yo presente, despidiéndose . Quiero irme feliz del camino recorrido, de mis inicios, triunfos y tropiezos. Seguro que en cada esquina de mi vida, una esperanza guió mis intentos y mis ansias; las llevaré a todas en mis bolsillos. No puedo irme sin nada de este mundo.

A mis amigos les dejaré mis sueños, unos cuentos y sonrisas. A falta de dinero, joyas, propiedades, les dejo mis historias mal escritas.

Me iré confiado que volveré algún día, no olvidaré el camino de regreso . Me ayudaran en el retorno, las palmas, girasoles, me orientará el canto de sinsontes. El olor invencible de mi madre, marcará el sitio justo del regreso.

Volverán a parirme allá en La Habana. No habrán consignas, marchas ni discursos, sólo banderas libres, esperanzas y sueños. No será un parto doloroso, renaceré feliz, confiado, humano.

Tal vez un día una ola enorme me salpique, allá en el muro enorme de La Habana y sonriendo le diga a mis amigos, juraría que conozco estas olas, que he estado antes en este muro enorme . A lo mejor piensen que deliro si les digo que conozco la ciudad y sus misterios, que anduve entre éxodos y adioses, que iba y volvía cada día, que me invente una vida al otro lado que dividí en dos mi corazon en el intento .

Mientras llega el momento, existo y sueño, espero. Preparo despedidas y regresos, seguro de ambas. Asi es mi vida; entre partidas y regresos.

Fotografía tomada de Google.

Advertisements

Un regalo para mamá

Los que nos fuimos de Cuba, dejando atrás afectos y lazos fuertes e irrompibles, siempre sentimos la necesidad de ayudarlos. Cuando allá en La Habana de todos, quedó nuestra madre, ayudar se convierte en urgencia.

Hace años escribí, “Flat screens TVs en La Habana “. Comenté sobre la ayuda a nuestras familias y les conté a mis amigos que, finalmente, mami disfrutaba de su televisor último modelo. Recuerdo sus palabras cuando la llamé después de recibirlo; vas a tener que devolverlo, no puedo ver mis programas favoritos, cada vez que lo enciendo veo tu rostro.

Los años han pasado, mami ya pronto cumplirá sus 90. El tiempo es implacable, terrible; sólo el amor puede enfrentársele e intentar vencerlo. Entre aquella tarde que hablaba con mi madre sobre su televisor nuevo y hoy, hay lágrimas y penas en abundancia, hay angustias y desvelos. Como le decía a una amiga muy querida hace unos días; no hay día que al pensar en ella no llore. El tiempo cruel se empeña en arrebatarmela y yo lo desafío sin mas armas que el amor, besos y palabras de cariño; guerreando contra la distancia y el olvido, como un gladiador de nuevo tipo.

Mientras muchos celebraban el 25 de noviembre del pasado año, mi madre sufría una caida. Pasé días terribles esperando por mi pasaporte para ir a verla, finalmente pude darle el primer beso del nuevo año y pedir, junto a ella, por nuevos amaneceres y encuentros.

La semana pasada, en conjunción de amistades y afectos pude enviarle a mami mi mas reciente y necesario regalo; un colchón de gel anti escaras.

Una amiga de Facebook, a quien había saludado por vez primera en el pasado concierto de Lourdes Libertad me envió un mensaje; tengo un colchón de gel antiescaras nuevo, en su caja, dime si lo quieres para tu mamá. El domingo siguiente pasé a recogerlo con un amigo. Mi amiga me abrió las puertas de su casa, de su corazón y de sus tesores mejor guardados. Pasamos una tarde deliciosa, conversando como viejos amigos. Llegué a mi casa y le envié un mensaje a una amiga que trabaja en una agencia de viajes y envíos a Cuba, pidiendole ayuda para enviarle el colchón de gel a mami. El lunes me respondió; una amiga va para Cuba el miercoles, sólo tendrás que pagarle lo que le cobren a ella aquí, ni un centavo mas, ella te lo lleva de gratis. El miércoles en la noche, mami dormía en su colchón de gel antiescaras, cómoda y tranquila y todos nosotros más felices.

Cuando hablé con mami, me decía que le gustaba el colchón y como siempre, entre besos, me reprochaba gastos y me agradecía desvelos. Sé que si la terrible desmemoria le diera una tregua me hubiera dicho; que bien dormí mi hijito, te sentí abrazándome todo el tiempo, aliviandome dolores, alentandome, es como dormir abrazada a ti. Ella y yo nos comunicamos a nuestro modo burlandonos de olvidos y desmemorias, adivinandonos pensamientos , inventadonos nuevos modos.

Porque amigos, sé que de un modo u otro el amor hace milagros y dibuja sonrisas, enjuga llantos. Amo a Cuba y a mi madre que es como mi ancla a mi Isla y a lo mejor de mi. Allá, al sur de mis memorias, sus brazos me esperan, vencedores de olvidos, triunfadores del amor, siempre me esperan. Yo preparo próximos encuentros, me alienta el amor, me sostienen mis amigos que hacen suya mi angustia y alivian mis penas. Son muchos los que de un modo u otro me ayudan y sostienen, ellos están a mi lado, hoy y siempre, secan mis lagrimas y comparten mi carga.

Cuando mami duerme en su colchón de gel nuevo, siente mi abrazo y el de todos mis amigos. Un abrazo inmenso que la obliga a postergar despedidas, que la encadenan a la vida.

Arroz con pollo con sabor a Cuba.

Arroz con pollo con sabor a Cuba!
No se embullen con el titulo, no los estoy invitando el domingo a Yoyito’s a comer su arroz con pollo, tampoco me ha dado por empezar a vender cajitas con arroz con pollo en Hialeah. Este arroz con pollo es especial, lleva algo mas que pollo, viene cargado de recuerdos y aromas que se pierden allá, por un barrio habanero.

Me cuenta una amiga que cada domingo cocina arroz con pollo, es como un rito, un homenaje a la nostalgia, un dejarla hacer. En su casa, allá en La Habana, todos los domingos hacían arroz con pollo. Su abuela iba a compartir el almuerzo, la familia se reunía. Después de saborear el arroz con pollo dominical, iban todos al cine Rex. El arroz con pollo de mi amiga es especial, ni siquiera Nitza Villapol, podría dar la receta. No solo tiene pollo, arroz, cebolla, ajo ají, condimentos. Este arroz con pollo alcanza su punto con un tim de recuerdos, una pizca de nostalgia y un montón pila burujón puñao de amor por su barrio, por La Habana, por Cuba, por su madre que la espera y sueña a cada instante.

El arroz con pollo de mi amiga, se cocina al fuego lento del amor a la familia, se protege de los vientos del olvido a fuerza de amor, de amor del bueno. Estoy seguro que de vez en cuando alguna lagrima le da el punto justo y su hijo, sin saber el condimento exacto, le dice; ¡mami, hoy te quedo especial! Mi amiga, sabe que no esta sola cuando cocina, desde el sur su madre le sopla ingredientes y mezclas, la asiste en la distancia, garantizando esa sazón única y especial que solo ellas logran.

Hablando con mi amiga sobre su arroz con pollo, recordé al poeta que decía que Cuba, la patria “podía ser un plato de comida, de arroz con frijoles negros, ropa vieja, carnita de puerco, yuca con mojo y ese platico es Cuba y me lo como y me llena y me alimenta”. La patria, el amor por lo nuestro, nuestras raíces, están en todas partes. Un café, un postre, un arroz con pollo, adquieren matices especiales, míticos, evocan momentos vividos, adelantan momentos por vivir, viajamos con ellos en el tiempo. Hace días me invitaron a almorzar, te haré enchilado de camarones, dijo mi amiga. Me negué, quiero moros y picadillo con pasitas, aceitunas y papitas fritas picadas en cuadritos. Quería, al final, una comida como la que hacìa y hace mi mamá en Cuba. Así somos, inventándonos el barrio, la familia, la patria en cada esquina, llevándolos en el pecho a todas partes, orgullosos de nuestras raíces y origen. Cubanos que desayunan los domingo en Denny’s y después corren a un buen restaurante cubano y piden arroz, frijoles negros y carne e’ puerco.

Cuando mi amiga destapa su cazuela de arroz con pollo cada domingo, es una fiesta de los sentidos, no solo del olfato. Siente olas rompiendo contra el Malecón, vendedores ambulantes anunciando sus productos, vecinas llamándose y pidiéndose un poquito de sal o comino. La cazuela deviene mágica y trae su barrio habanero a Miami, lo reinventa para ella. Mi amiga siente un viento que la refresca, que inunda su casa, la limpia de olvidos y distancias. Cada domingo se inventa a Cuba en su arroz con pollo, sienta a su madre a la mesa y al influjo de olores y recuerdos, vuelve a ser niña.

Mi amiga, sin saberlo ha creado un arroz con pollo especial, con sabor a Cuba, una receta que no puede escribirse, solo pasarse de alma en alma, como nuestro amor por nuestra Isla.

Aclaración, gracias a Joaquín Pérez que me contó la historia y a Lourdes Yañez, que algún día me invitara a probar su arroz con pollo. La fotografía es del arroz con pollo de mi amiga, no doy la dirección para evitar colas y desordenes los domingos, frente a casa de mi amiga.