¡Es primavera!

Es primavera y tú no estas, tal vez ni existes, para compartir versos y flores. No hay una mano que me extienda girasoles, ni besos que me animen al camino, pero sabes, es primavera y me regalo flores en tu ausencia. Estreno aromas y suspiros.

Es primavera anuncian en la tele y muchos le dan la bienvenida. Es primavera gritan y en sus almas, un eterno invierno los habita.

¡Mamá es primavera! Grito con la esperanza que me escuche. Ella sonríe desde La Habana, siempre lo es cuando tú y yo estamos juntos, susurra a mis oídos. No me anuncies estaciones hijo mío, dime solo el día del regreso. Ese día tendremos flores y sinsontes; estrenaremos primaveras los dos juntos, burlandonos de anuncios y reclamos.

Es primavera en el arbol del patio, en la sonrisa del niño, en el azul del cielo. Es primavera y alguien entierra a sus muertos y añora el olvido del invierno. El naranjo se muere de vergüenzas, alguien usa su color y lo degrada.

Es primavera, los jóvenes lo saben y marchan a su encuentro, sin miedos, sin tropiezos. Reclamos y discursos, palabras como puños, acciones, aseguran eternas primaveras; dibujan enormes girasoles, apuntando al futuro y libertades.

Es primavera mi amor ausente y no te necesito. Mamá me espera, los jóvenes me alientan y flores de sueños y esperanzas se bastan; estallan anunciando eternas primaveras.

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¡Todo no esta perdido!

papalotes-totografia tomada de Google
Se escuchó una voz profunda, grave, como del más allá, repitiendo una y otra vez; todo está perdido, todo está perdido. Las madres, allá en la gran ciudad, se taparon los oídos y abrigaron el alma y los recuerdos, arroparon en sus pechos y vientres el futuro, intentando no perderlo.

Los niños detuvieron sus juegos espantados, las chivichanas y carriolas pararon en seco, los papalotes detuvieron su vuelo, alguno se fue a bolina, lo dejaron ir. La voz repetía incansable, todo está perdido, todo está perdido.

Dos muchachos que intentaban echar al mar su balsa e ir en pos de sueños y ansias, se miraron serios. Escondieron su balsa entre arbustos y tomados de la mano, apoyándose para no caer, regresaron a sus casas. Se despidieron sin palabras, el eco de la voz no las permitía. Con gesto de derrota, desarmaron sueños y proyectos, dejaron morir ansias.

Al otro lado del mar se escuchaba el eco de la voz repetir; todo está perdido, todo está perdido. La gente dejo de hacer maletas y planificar viajes. Guardaron sueños y ganas, se entregaron a perdidas, al sin futuro.

Todo está perdido, todo está perdido, no cesaba de adueñarse de almas y proyectos. Alguien miro al horizonte y vio nubes, tormentas. La voz tiene razón dijeron cartománticas y astrólogos. La gente dejo de hacer y de soñar.

Los amantes detuvieron su sexo, no más orgasmos, ni desvelos ardientes; todo estaba perdido. La ciudad empezaba a apagar sus luces en un intento de adelantarse a perdidas y finales. Los edificios se dejaban vencer haciéndose polvo y escombros.

Un domingo la abuela quiso hacer arroz con pollo, abrió el congelador, solo dos muslos y contramuslos. Un poco de arroz y algo de puré de tomate en el estante. Sus nietos le dijeron; abuela, para qué, si todo está perdido, un poco de agua con azúcar está bien, no pases trabajo. La vieja los miro desconsolada, lloró por el desgano, la abulia, por éxodos y repudios, por dejar hacer a lo malo y callar lo bueno. Mis nietos tienen que vivir y luchar, se dijo la vieja, todo no puede estar perdido.

La vieja salió al portal, la voz retumbaba en toda la ciudad, adelantando derrumbes, finales y frustraciones, todo está perdido, todo está perdido. La vieja se paró en medio de la calle y soltó un ¡CARAJO! que hizo enmudecer la voz y al pueblo entero voltear el rostro en dirección al futuro. Nadie entendía de donde sacaba la vieja fuerzas para enfrentarse a la voz y hacerla callar. ¿Quién dijo que todo está perdido? ¿Quién pretende hacernos morir en vida? ¡Vivamos coño! ¡Hagamos! Vamos salgan de sus casas, vivamos, nada está perdido mientras estemos vivos. No se dejen vencer por una voz que ordena, si gritamos todos juntos, la haremos callar.

Cuentan que de pronto los niños tomaron sus chivichanas y corrían como locos por las calles, los amantes hacían el amor desenfrenadamente en orgasmos sin finales. Entre derrumbes y montones de basura florecían girasoles y revoloteaban mariposas tricolores. La ciudad encendía sus luces y los jóvenes armaban sueños y proyectos.

Como un coro enorme, todos empezaron a gritar, hay un futuro, todo no está perdido. Repetían sus palabras con fuerza y certeza. La voz fue bajando su tono, hasta enmudecer.

La vieja desde el centro de la calle y la historia, gritaba con más fuerza que todos. Un hagamos, hagamos, se hizo consigna y voluntad, presente. La gente se abrazaba en las calles, se ayudaban. Desde la otra orilla sus hermanos sonreían, secaban lágrimas y ayudaban a construir el futuro.

Hagamos, hagamos, se convirtió en acción y voluntad del pueblo. Nunca más volvieron a sentir miedo de voces, ni de malos augurios. Un pueblo y su voluntad de hacer, vencía voces y designios, se burlaba de miedos y años de parálisis y esperas. Colgaron a la entrada del pueblo un cartel enorme, ¡Nada está perdido, vivamos coño, hagamos, hagamos!

Fotografia tomada de Google.