Regalos de La Habana.

La Habana, tiene una magia especial, es una ciudad capaz de mejorarle el día y la vida a cualquiera. Cuantas veces, cuando vivíamos allá, nos levantamos mal humorados, molestos hasta con nosotros mismos. Maldecíamos al despertador, al cepillo de dientes, al café mezclado, a  la guagua que no llegaba, al centro de trabajo, al almuerzo escaso y a todos con los que tropezábamos. Nuestra ciudad, nos miraba, se burlaba de nuestro mal genio, guiñaba un ojo y hacía el milagro. Se las ingeniaba, para hacernos algún regalo que nos hiciera olvidar disgustos y molestias. Bastaba caminar por sus calles, sentir una mirada sobre nosotros, detenernos a conversar, intercambiar teléfonos. Las muecas de disgusto, se transformaban en sonrisas, las miradas adquirían un brillo especial. Nuestra ciudad, experta en asuntos de amores y de la vida, sabe como dibujar sonrisas, hacer regalos especiales, guarda siempre, una carta de triunfo, para sacarla en el momento justo, cuando creemos que todo esta perdido.

Me cuenta un amigo que su último viaje a La Habana, fue un poco desafortunado, a pesar de su amor por la ciudad, casi jura no regresar más. La Habana, se las arreglo para hacerle un regalo que compensara malos ratos, que le dejara un sabor dulce en el alma y en los labios. Casi a punto de cancelar su viaje y regresar a Miami, mi amigo se reencontró con un amor de  20 años atrás. Paso días maravillosos entre te quieros y recuerdos evocados. El viaje que amenazaba convertirse en el último y dejarle un  eterno sabor amargo en el alma, tuvo un final feliz, inesperado. Fue como si La Habana,  dijera; te vas y no piensas regresar? Ya veras como vuelves pronto, yo se como hacerlo!

No hay otra ciudad capaz de hacer regalos especiales, es algo que se fue conformando desde sus orígenes,  su posición en el mar, los vientos que la acarician o algún conjuro u oración dicha a tiempo, hicieron el milagro! La Habana, regala amores, sonrisas  y te quieros capaces de cambiarnos la vida, de volver un día gris, en un día de soles y arco iris.

Mi amigo, habanero por amor y por decisión, hijo adoptivo de nuestra ciudad, no escapo a su magia. Estoy seguro que se imagina andando de nuevo entre columnas, esquivando la lluvia, negándose a despedidas, escondiéndose en el bolsillo de su amante, para escapar del tiempo y de finales.

La Habana, carga un saco enorme de oportunos y necesarios regalos. Hace uso de ellos como el hada del cuento, en el momento justo; cuando todo oscurece, un rayo de luz ilumina la esperanza y la vida. Hace años que mi ciudad, no me regala una aventura de amor, muchos. Es inteligente, sabe que necesito otro tipo de regalos, otro tipo de aventura de amor. Ella y mi madre, se alistan para mi regreso, intercambian entre si secretos para regalarme una estancia feliz, inolvidable. Me esperan los brazos de mi madre, los únicos que necesito para ser el hombre mas feliz. Brazos mágicos que tienen la rara virtud de convertirme en niño y hacerme olvidar penas y años, desencuentros y ausencias. Gracias Habana, por regalarme cada mes de mayo, la mejor aventura de amor, del brazo de mi madre!

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Fin de año, balances y proyectos.

Terminar un año, es siempre motivo de balance y proyectos. Es el momento del, que hice, que quedo por hacer y que haré. Cuando se termina un año positivo, de logros, de sueños realizados, el momento del balance, se adorna con una sonrisa, se perfuma de satisfacción, se acompaña de amigos.

Si continuara la costumbre que acompaño nuestra vida en Cuba, de  nombrar los años, este año que termina, sería el año de Habanero2000. Para mí, un blog, era algo lejano, inalcanzable, veía a los blogeros como seres especiales, míticos, jamás imagine ser uno de ellos. Este año mi musa transoceánica, sopló con tanta fuerza, que un buen ciclón, desde Barcelona, quito para siempre el polvo a mis alas, a las alas que me dio mi madre, que ella enseño a volar. Mis alas, que empolvadas, casi habían olvidado volar, al influjo de mi musa, se deshicieron de polvos y penas y decidieron volar, indetenibles!

Un amigo poeta, me animo a comenzar a escribir en un blog. Inspirado por mi musa, alentado por amigos, una noche de abril, nació, Habanero2000.

Hace días hablaba con mi madre, se asombraba de la frecuencia con que escribía.  Pensaba que escribía una vez a la semana o cada 15 días. Nos reímos cuando le dije; no he ganado un centavo con mis escritos, pero me han hecho tan  feliz que valen, para mi, por todo el dinero del mundo.

Este año, he sumado amigos y consolidado amistades, afectos. Si continuo así, un día tendré; un millón de amigos! Mis amigos yo, nos hemos reunido en nuestros encuentros, otro logro del año. Todos fueron valiosos, importantes; el encuentro con Rosita, fue un extra, un regalo especial de mis amigos y del oficio de escribir.

Este año, a pesar de intentos de restricciones y algunas criticas, fui a La Habana, regrese a los brazos de mi madre. Volví a andar las calles habaneras, colgué mi corazón, a tomar el sol, en balcones habaneros. Converse con fantasmas vivos, en mí transitar por mi ciudad. Me nutrí de vivencias, desate mi inspiración, al influjo de mi ciudad, mi madre y recuerdos. El resultado, ustedes lo conocen, lo hemos compartido día a día, es nuestro.

No puedo terminar, sin desearles fuerza, tesón y voluntad, para luchar por  la felicidad, por hacer del próximo año, uno muy feliz. La felicidad, no es un don, es una conquista.

También quiero nombrar, bautizar, a mi manera, el próximo año. No lo duden, será el año de la publicación de mi libro, de mi primer libro, que muchos amigos me piden ya insistentemente. Desde el otro lado del mar, mi musa, casi me lo ordena, miro a mi madre y sonríe orgullosa, imaginando mi libro en sus manos. Vuelvo la vista a  mi ciudad, sonríe coqueta, me guiña un ojo, será mío también, susurra, se tiende al mar y lo espera, no puedo negarme. El 2012, será el año de la publicación de mi primer libro, le ponemos titulo?

¡LAZARO!

lazaro
San Lázaro, uno de los santos mas conocidos en Cuba, suma devotos y seguidores cada año. Su día, convoca a miles, millones a rendirle homenaje y cumplir promesas.

Una tarde, conversaba con un cura, mientras esperaba el agente que lo llevaría  a recoger equipaje y tomar el auto, una persona encantadora. El agente que llego a recogerlo es muy católico, lo reconoció al instante dijo su nombre, era el párroco de la Iglesia de San Lázaro. Le comente que cada año, iba con amigos a esperar el 17 de diciembre en su iglesia, A cual vas?  Me  pregunto; la del Rincón en la 4 avenida del East. Me aclaro que no pertenecía a la iglesia católica, que ellos la respetaban y atendían. Por más que me explico, termine sin entender. Mis amigos, saben que no se mucho de religiones, de divisiones de la Fe. A veces pienso que, las religiones, como las fronteras, dividen en vez de unir.

Respeto, aunque no las practique, a todas las religiones. Siempre digo a mis amigos, que si Dios, quisiera que todos pensáramos igual, nos hubiera dado un cerebro colectivo y no uno a cada uno. Fue sabio al hacerlo, si no, padeciéramos de constantes y terribles dolores de  cabeza.

San Lázaro, santo o solo el viejo Lázaro, como le decimos con esta acostumbrada confianza nuestra de tutear a santos y hacerlos miembros de la familia, sabe que no solo el 17 de diciembre, todos los días del año, sus fieles, miran al cielo o al altar, le piden con Fe. No nos abandona, ni quiere, ni puede, es parte nuestra.

Dicen que siempre se ocupa de cumplir lo que le piden y que a la vez es celoso y estricto con las promesas que le hacen, si se le promete algo, hay que cumplirlo Hace días, una señora me decía; nunca le pido nada, tengo muy mala memoria y se que es de los que cobran las promesas incumplidas. No me imagino a un ser de luz, a un espíritu cercano a Dios, cobrando promesas incumplidas, por si acaso y por aquello de; mas vale precaver que tener que lamentar, siempre cumplo lo que le prometo. La última fue ir con un amigo ateo a dar gracias por su recuperacion, si intercedia por su vida. Una operacìon a corazon abierto y su complicacion, casi le arrebatan la vida. cuando mi amigo se recuperó le dije, vete preparando que un domingo iremos al Rincon de San Lázaro a dar gracias. no costo trabajo llevarlo; alli juntos, dimos gracias y oramos.

Lázaro, obispo o mendigo, con anillo de oro o arrastrando sus muletas, sabe que muchos le piden por problemas de salud. La fe en su interseción, es como una gran vacuna para muchos, la mejor medicina, el cocimiento exacto que cura males y alivia dolores. En su día, allá en La Habana, desde todos los lugares del país, acuden sus fieles a pagar promesas, a rendir homenaje, a pedir, renuevan votos, magnifican su Fe. He sido testigo de promesas cumplidas y renovadas, a veces me asombra la fuerza de la Fe.

Visito sus dos casas, allá en el Rincón y aquí en Miami. En ambas converso con Dios, oro por mi madre, mis amigos, por mí. Recién llegado a Miami, vivía muy cerca de su iglesia, una mañana en que nostalgias y situaciones me agobiaban, me senté en su iglesia, no pedía, solo lloraba en silencio. Un río de lagrimas, una tras otra mojando el piso de la iglesia, de pronto, les juro que escuche la voz de mi mama, llamarme,¡Joseito! Su voz retumbo en mis oídos y en toda la iglesia. Me levante del asiento y empecé a buscarla; no estaba. Dios y Lázaro, me trajeron su voz, como única vía para contener mi llanto, escucharla, cancelo lagrimas y revivió esperanzas, me dio la paz necesaria. Al Rincón, en La Habana, regreso, cada año, del brazo de mi madre, a pedir por amigos, a conversar los 3, seguro de mi fe y mis principios.

El Rincón de San Lázaro en la Habana desbordado de creyentes y hasta no creyentes preside cada 17 de diciembre un acto de Fe, único y especial. Aún en tiempo de religiones prohibidas, supo burlarse de prohibiciones y absurdos. Lázaro, desde su altar convoca a su pueblo que le rinde tributo y amor.

San Lázaro, Babalu Aye, el viejo Lázaro, Lázaro obispo o mendigo, al final, es igual, una vía un camino para llegar a Dios, el nombre y el traje púrpura o de harapos, es lo de menos, ìsolo cuenta la fe! Y esa, ¡es enorme!

El SIDA y nosotros.

Cuando comenzó la terrible epidemia vivía en La Habana, poco a poco la noticia se extendió, el espanto, el miedo y el dolor hicieron presa de muchos, de la ciudad. Nuestras vidas, el sexo, la humanidad, nunca volvieron a ser iguales, un antes de y un después de, nos marcaron para siempre.

Las noticias eran terribles, contradictorias, de pronto alguien conocido, un amigo, se convirtió en uno de los portadores de la enfermedad que aunque casi desconocida, cobraba vidas, limitaba placeres, cambiaba conductas y espantaba a todos. El SIDA nos golpeo con fuerza, se ensaño en jóvenes, en talentos, no distinguía sus victimas. Al principio fue conocido como una enfermedad de los gays. No falto algún extremista que pensara era un castigo divino, por conductas inapropiadas, como si el Dios del amor y la comprensión, fuera capaz de castigar a sus hijos, solo por ser diferentes a los demás. Poco a poco, la epidemia se extendió, no distinguía razas, edades, ni orientación sexual, nadie estaba a salvo; el espanto se generalizó.

La conducta sexual, el sexo, cambiaron para siempre. Recuerdo en una de mis visitas a La Habana, mi hermana me comenta que mi sobrino de 14 años, ya tenía relaciones sexuales, me dijo; yo le explico, le hablo de protegerse, pero no es igual si se lo dices tú. Lo llame al cuarto, le mostré los preservativos que siempre traía conmigo, le  dije; no es solo el SIDA, que puede matarte  o no, hay un montón de enfermedades mas que aunque no matan, tu vida nunca será igual si las adquieres, incorpora el preservativo, como algo normal al sexo, has tenido la suerte o desgracia, de despertar al sexo, cuando su uso es obligatorio, mi generación, tuvo que adaptarse a usarlo a la fuerza  y mas de una vez, arruino un acto sexual por falta de practica y costumbre. Mis palabras hicieron el efecto esperado, no solo se acostumbro a usarlo, siempre lleva más de uno en el  bolsillo y se los da a los amigos diciéndoles; ¡tenemos que cuidarnos!

La Habana asistió espantada, a la reclusión de muchos de sus hijos en Los Cocos, un sitio habilitado para internar a los enfermos del SIDA, medida absurda, costosa e inhumana, para tratar de frenar, inútilmente, el avance de la enfermedad. Cuando aparecieron medicamentos capaces de alargar la vida de enfermos y portadores, cuando la epidemia se extendió, comprendieron que Los Cocos, como le llamaban todos era insostenible y absurdo, inhumano y cruel.

Perdimos amigos en esta batalla, a talentos que aún les quedaba mucho por darnos. Conozco de madres, que no pueden hablar del hijo perdido sin romper en llanto, que no se recuperaran nunca de la ausencia del hijo, vistieron, para siempre, de luto su corazón.

Cuidarnos, aprender a convivir con la enfermedad, estar alerta, saber que esta ahí, acechándonos, esperando un descuido, es la única forma de evitar lágrimas, arrepentimientos y dolor. Aprender a tratar a enfermos y portadores, cuidarnos sin discriminar, son aspectos que no debemos olvidar. En cualquier ciudad  y lugar del mundo, el SIDA espera un descuido, depende de nosotros no ser la primera victima.

Regresar del regreso!

Regresar del regreso es, tal vez, el mas difícil de todos los regresos. Uno cuenta los días, las horas que faltan para que se nos acabe el tiempo del regreso. Queremos como la Massiel, un reloj de 30 horas o la semana de Manzanero, con más de 7 días. Mientras dura, disfrutamos los días al máximo, nuestro regreso, me recuerda aquel anuncio de mi infancia, “tiene vida limitada”. Me sorprendo siempre por todo lo que hago en tan pocos días; la intensidad, puede vencer al tiempo. Cuando regresamos, los días son nuestros aliados, se extienden y valen por meses y las semanas por años.

Una noche antes de regresar del regreso, me llamo la mamá de un amigo su pregunta fue; ¿estas triste? ¿Triste?  En un segundo repase los días vividos, me sitúe en tiempo y espacio, mi respuesta no tardo; triste, no ¡feliz! Inmensamente feliz por poder regresar dos veces al año a los brazos de mi madre, a recorrer las calles de mi Habana, a andarlas del brazo de mi madre. Feliz, por dibujar sonrisas en el rostro de mis seres queridos.

Cada vez que regreso a Cuba, a  mi madre, mi corazón se desborda de felicidad. Cuando el capitán dice; en unos minutos aterrizaremos en La Habana, miro por la ventana, me parece sentir el olor de las palmas dándome la bienvenida, el perfume de mi madre acariciarme. Cada regreso es un regalo de Dios, una bendición, un motivo mas para dar gracias mirando al cielo más azul y hermoso del mundo.

Los vecinos y amigos me dicen; Concha, sólo sale cuando tú vienes. A veces, cuando creo que he exagerado un poco en las salidas en un día, le pregunto; ¿estas cansada? Ella sonríe, me dice que no, sigue de mi brazo, incansable en salidas que duran más de 8 horas con almuerzo y cena incluidas.

No, cuando el regreso termina, no me invade la tristeza, siento esa extraña sensación que tenemos todos cuando algo que disfrutamos termina. Cuando consumo los últimos minutos del regreso, no estoy triste, llevo conmigo la alegría compartida y multiplicada de mi madre. Llevo  en mis zapatos el polvo de las calles habaneras, en mi cámara cientos de fotos y en el alma, una fiesta sin final.

Regresar del regreso, volver a Miami, es llegar a casa. Regresar a donde decidí vivir, a la ciudad donde hago realidad muchos de mis sueños, donde invento y recreo nuevos sueños. Regreso del regreso, sin angustias ni tristezas, feliz y agradecido. Miami me recibe, abriéndome los brazos. Mis amigos, la Caridad del Cobre, desde su ermita, San Lázaro desde su rincón, me dan la bienvenida.

Desciendo del avión con una sonrisa de felicidad, en mis oídos aún siento, las sentiré por siempre, las palabras de mi madre al darnos el breve beso de despedida, he sido muy feliz, muy, muy feliz estos días. No, no regreso del regreso triste, vuelvo feliz y renovado, ¡llegue a casa!

Mami, el barrio, recuerdos y yo.

Anduvo todo el barrio, una y mil veces, hizo mandados, colas. Recorrió tiendas buscando lo necesario para la casa, para nosotros. Nunca fue de visitar vecinos, no tenía tiempo para visitas, cocinar para 7 personas, limpiar la casa, tener la ropa de todos lista, le consumían prácticamente, todo el tiempo del día, del año, de su vida.

Recuerdo cuando se arreglaba, para acompañar a mi padre a recepciones en embajadas y a comidas importantes. La mirábamos salir del cuarto, transformada, bella. Los que la saludaban y hasta piropeaban en sus salidas, no podían imaginar que antes de maquillarse y con las uñas pintadas, fregó hasta el ultimo plato, la ultima cazuela. Al regresar, siempre nos traía algo en su cartera, no podía disfrutar la noche, si no compartía aunque fuera un bombón con nosotros.

El tiempo ha pasado, ha visto partir a muchas de las vecinas de años, a todos sus hermanos. Un día, me miro a los ojos, me dijo; sabes tu padre, siempre me decía que yo iba a vivir muchos años, que seria muy longeva. Suma años, amores y afectos, muchos se dejan conquistar, no se resisten a su encanto. Sin saberlo, se ha convertido, poco a poco, en un símbolo en el barrio. Es como si los años y su experiencia, le hubieran otorgado un cargo especial, es punto de referencia, un ejemplo.

En uno de mis viajes a La Habana, una amiga de mi hermana, experta en asuntos de amores, demasiado experta tal vez, me dijo; es increíble, ella, me aconseja, le cuento mis problemas y su consejo es siempre el mas acertado. No se si un día irán personas de diferentes rincones del país o el planeta a pedirle consejo. Ella, los recibirá, les sonreirá, los escuchara y les dirá que hacer, sin alzar la voz, como acariciándolos con las palabras.

Se sienta en el portal, mira la gente pasar, la saludan. Muchos, le dicen; tomando el fresco? Sonríe, asiente, no es capaz de decirles que espera. Aunque falten meses para mi regreso, se sienta en su sillón, se mece, cierra los ojos, me imagina junto a ella. Siempre espera, en un lugar, donde muchos ya no esperan nada. Ella, no pierde la esperanza, ni la sonrisa. Desterró, para siempre, las lagrimas, solo se da el lujo de llorar de felicidad en cada reencuentro, en cada emoción compartida.

Hace unos años, la primera vez que mi sobrino, pasaba días fuera de casa,  mi hermana desolada y triste, le pregunto; como pudiste soportar la partida de todos tus hijos, como puedes soportar tener lejos a Joseito, su respuesta fue corta; sólo yo se de ese dolor!

Siempre pareció frágil, hasta débil, tras esa aparente fragilidad, hay una mujer de acero, que ni penas ni ausencias, logran vencer. Recuerdo cuando murió mi padre, llegue a La Habana a las 3 de la tarde, el entierro había sido en horas de la mañana. Cuando entre en la casa, mami dormía, llevaba dos noches sin dormir. Mi hermana, la despertó, se abrazo a mi llorando y riendo, fue la primera vez que comprendí que alguien puede estar muy triste y muy alegre a la vez, sus ojos lloraban  y su boca reía. Esa imagen se grabo en mí, para siempre.

Una vez, en unos de mis viajes, aprovechó unos minutos  a solas, me miro a los ojos y me dijo; cuando ya no este, no quiero que llores, ni sufras, me iré, sin que me debas nada, todo me lo diste en vida, eres el mejor hijo del mundo, cuando ese momento llegue, quiero que estés tranquilo. La abracé llorando, solo le dije, pero mami, para eso faltan como 50 años, nos reímos juntos.

Me confeso algo que nadie sabe, cada noche besa dos fotos mías, en una estoy alegre, en otra triste, pensativo; es una forma de estar junto a ti, en tus alegrías y en tus tristezas, me dijo. Tal vez por eso, mis alegrías se multiplican y mis tristezas duran poco, ella, desde La Habana, hace el milagro.

Una tarde, conversando con una amiga, me decía, nada malo puede pasarte, cuando se tiene una madre como la tuya, pensando constantemente en ti, pidiendo por ti, estas protegido. Mami, desde La Habana, mira al cielo, habla con Dios, sabe que él la escucha. Se interpone ante las penas y abre el camino a alegrías. A veces, me pregunta, cuando vas a enamorarte? Quiero verte con una buena persona a tu lado, tal vez, me enamore pronto y la complazca, tal vez no y así se quedara muchos años mas entre nosotros, sabiéndose necesaria, imprescindible.

Una vez, escribí algo corto, dedicado e inspirado por un joven mejicano, que fue abandonado por su madre. El la busca desesperadamente, solo para darle un abrazo y decirle que es un hombre de bien, que no tiene que avergonzarse de él. En mi escrito, yo, que guardo montones de besos y abrazos de mi madre, le regalaba uno, uno solo bastaba para hacer el milagro y darle la fuerza necesaria para continuar en su búsqueda.

Pensé no escribir mas hasta mi regreso de Cuba, pero la cercanía del viaje, la certeza que me esperan los brazos de mami, han revuelto ideas y recuerdos en mi mente. Mami, allá, en el barrio, desde su portal, me espera, los vecinos pasan, la saludan, preguntan por mí, una sonrisa gigante les responde, vuelve pronto!

REGRESAR!

Partir, la primera vez, todas las veces; partir, es siempre difícil. Regresar, volver una y otra vez, es una mezcla de sentimientos y  emociones. Regresar, aunque solo sea por unos días, acelera el ritmo cardiaco, provoca un estado de ansiedad, que no disminuye ni el mejor ansiolítico conocido, ni siquiera hacer el amor.

Mucho hablamos de cuando nos fuimos, de esa primera vez, que nos desgarro el alma, que tenso el cordón umbilical que nos une a tantas cosas, que casi lo rompe! Partir, fue, es sin dudas, difícil, regresar, también lo es. Cada viaje de regreso, nos revuelve los sentimientos, los recuerdos. Aunque sepamos que la felicidad, esta garantizada, que nos esperan brazos amorosos y todo el amor del mundo en un beso. Regresar, nos alegra, pero también nos tensa, nos desata emociones contenidas, nos desboca en una carrera a un abrazo, a una nueva partida.

Cada vez que regresamos, cambiamos planes, gastamos más de lo debido, sacamos mil cuentas. Siempre se nos quedan un montón de cosas por llevar. Vamos una y mil veces a las tiendas y al mercado, todo nos parece poco.

Recuerdo mi primer regreso, mientras esperaba la salida del avión, escuche a uno de los pasajeros decir; he regresado mas de  20 veces a Cuba, cada vez que veo desde el avión a La Habana, no puedo contener las lagrimas! Volver, es siempre un reencuentro con nosotros mismos, con recuerdos, con raíces.

Muchas veces, fui al aeropuerto a recibir a amigos y hermanas, regresando de visita. Presencie encuentros desgarradores, hermanos, hijos y madres, reencontrándose, después de años de separación. Un día, fui yo, el que regresaba, mi sobrino-hijo, se abrazó a mi llorando. En el auto, rumbo a casa, al reencuentro con mami, me tocaba y lloraba a gritos, se decía a si mismo; existe, esta aquí, no desapareció para siempre. Tuve que hacer un gran esfuerzo, solo le dije; ayúdame, aún me falta ver a mami. Poco a poco controlo sus emociones, se bebió sus lágrimas. Hice el viaje a casa, pensando en el momento del abrazo a mami. Dios, La Habana, mi madre, hicieron el milagro; cuando abrí la reja del jardín, fue como si regresara del trabajo, como si nunca me hubiera ido. Mami y yo, nos abrazamos, como si solo ayer me hubiera ido. Dios, estuvo con nosotros, en ese primer regreso, ha estado en todos.

Son las 5 de la mañana,  me desperté y vinieron a mi mente los preparativos del viaje, del próximo regreso, faltan apenas 4 días, no pude volver a conciliar el sueño. Los últimos días, antes del regreso, son los más difíciles, dormimos poco, el corazón, se nos quiere salir del pecho. Quisiéramos que los días volaran, estar ya en nuestro destino. Siempre le digo a mis amigos, que quisiera obviar preparativos y tramites, transportarme directo a La Habana, a los brazos de  mi madre.

Se que muchos, no han podido regresar nunca, sueñan con hacerlo, imagino  su dolor. Conjugaron el verbo partir una sola vez, para todos los tiempos y esperan por su regreso. Los respeto, pero esconder mi alegría y emoción por mi regreso, seria hipócrita de  mi parte.

Estoy feliz, para serlo, basta la certeza que me esperan los brazos de mi madre, que ella es feliz, repletando congeladores de tamales y croquetas, adornando, aún más, su alma, para la fiesta que se avecina.

Si, el regreso, desata emociones, nos desboca el corazón, nos quita el sueño. Aunque solo sea por unos días, aunque al final, volvamos a partir, regresar, es mirarnos nosotros mismos a los ojos, hacer balance, ensanchar el pecho. Regresar, partir, ser nosotros, ser otros, tener dos casas, dos ciudades. Al partir, solo habrá un pequeño beso, un vuelvo pronto, al regresar, los abrazos serán interminables, los besos inundaran la ciudad. Los brazos de mi madre me esperan; iré a La Habana!