¡Esperas!

En un lugar, donde nadie espera  nada, todos esperan, sin saberlo, sólo por la costumbre o el vicio de esperar. A veces un acto repetido, se incorpora a la vida, se hace hábito. Cuando no hay otra opción, esperar, da sentido a la vida.

Madres, sentadas en portales, que esperan hijos ausentes. Miran al horizonte, presienten llegadas, su oficio es esperar, con el alma servida de afectos, desencuentros y regresos. Se despiertan y acuestan esperando, mirando fotos que hablan y besan. Esperan con la fe inmensa de quien confía en el milagro del amor. Escuchan timbres, voces, la espera se congela, se espera a si misma.

Amantes, que esperan a otros amantes, amores truncados, terminados a la fuerza, que siguen en la espera. Penélopes, que desconocen la labor de tejer, cocinan, lavan, ponen ladrillos, cortan hierba, sin dejar de esperar, sin saber a quien o que esperan. Esperar, puede convertirse en una obsesión, una idea fija que puede ayudar a levantarse cada mañana.

Muchachos que dicen; estoy cansado de esperar por la hora de irme, para donde sea, pero irme! Estoy cansado de tanta espera. Cada día amanecen con la idea fija que hoy su espera puede terminar. Hoy puede ser el día de terminar una espera y comenzar otras, vivimos así, de espera en espera, por un futuro que no llega.

Ciudad, que reúne esperas, apoya sus codos en el muro de todos, suspira, y espera regresos que no llegan, sueños que no cuajan. A veces, la espera puede ser palpable, maciza, un cuerpo físico. De tanto sumar esperas, un día, la espera, tomo vida propia, es un personaje mas, anda entre nosotros. Se sienta en un muro junto a muchos, alarga su rostro y dice; ya ven, yo también espero, ni yo, puedo escapar a mi suerte.

A  veces, no sabemos que esperamos, lo hacemos por costumbre, estamos enfermos de esperas. Nos miramos reímos, soñamos, hacemos el amor, sin olvidar que esperamos, en una espera larga, interminable y angustiosa. Una espera de años. Una espera de muchos, anula soledades, se hace colectiva.

Las palmas, esperan, las montanas esperan, los ríos y el mar, se unen a la espera. Una espesa niebla, pegajosa, contaminante, obliga a todos a esperar. Cada uno espera a su modo, se suma a la espera colectiva, aportando su propio sueño, su esperar. Allá, donde la espera puede a veces romperse con un grito, una palabra o un abrazo.

Por instantes, estallidos de afectos, conjunción de recuerdos, hacen el milagro de iluminar la espera, de adelantar finales. Un aire de esperanza recorre la ciudad, se olvida la espera y se disfruta el minuto. Después, volvemos a la espera, nos sentamos, nos miramos sin ver y hablamos sin palabras.

Una mañana, tanta espera, será recompensada, arco iris de esperanzas y realidades adornaran un cielo nuevo. Un viento incontenible hará danzar palmas y olas, desbordara ríos. Un rayo de sol disipara neblinas, dibujara sonrisas. Será una mañana de fiestas, de encuentros, de esperas olvidadas y afectos. A partir de ese día, si esperamos, lo haremos con alegría, haciendo, de pie, con sonrisas en el rostro y miradas encontradas, con certezas, sin miedos. Una mañana así, vale la pena esperarla!

Fotografias de Yohandry Leyva. 

El dia del amor!

Día de la amistad, del amor, de San Valentín, sin dudas el 14 de febrero es una fecha, de la que no se escapa nadie, todos de una forma u otra felicitamos a alguien y recibimos felicitaciones, regalos y sorpresas. Siempre pensé que el día de los enamorados, era un invento, un arreglo entre comerciantes para vender mas, les garantizaba que todos, absolutamente todos, compraran algo en ese día. Con el tiempo, descubrí que estaba equivocado y su origen se perdía allá por el imperio romano. Tener esta información, le dio un tono especial a este día, realmente se rendía tributo al amor, no era un invento de comerciantes, para aumentar ventas y reventar cajas contadoras. San Valentín, en el tiempo, hacia el milagro de regalarnos un día especial para el amor.

Buscando información sobre este día, también leí que coincide con la época de apareamiento de los pájaros en los países nórdicos; recién me entero, siempre pensé que los pájaros, aprovechaban cualquier instante para aparearse.

Hace unos minutos, regrese de hacer algunas compras en Walgreens, tuve que esperar por un sitio para parquear,  adentro, decenas de personas. Compradores de  ultima hora, hacían largas filas para pagar. Me complació y alegro la noche ver comprando a señoras de mas de 70 y a niños de menos de 10 años, realmente, el amor, no tiene edad. Un  niñito de 7 u 8 años, sostenía en sus manos una caja de bombones, la mama, le trajo una rosa de chocolate, sus ojos brillaron, la mama, le dijo; una rosa, siempre viene bien.

El amor, siempre esta de fiesta, no exige regalos caros, basta una postal, un te quiero, un beso para ser felices. Me contaron de un joven habanero que no disponía de dinero para comprar un regalo, tomo el pétalo de una rosa y en ella escribió; te amare por siempre, creo que nadie recibió jamás regalo más original, sencillo y conmovedor.

En Miami, en La Habana, cada uno celebra  a su manera el día del amor y la amistad. El que dispone de mucho dinero, lo gasta en regalos caros, el que no lo tiene, inventa y crea; un te quiero sincero, al oído, sellado con un beso, vale mas que un brillante, entregado por cumplir u ostentar.

Mañana será un día que los enamorados habaneros, andarán su ciudad, se sentaran en el muro del Malecón, soñaran, se amaran. Muchos no tendrán regalos materiales para dar, no les importara, olvidaran por una noche escaseces y restricciones; la magia del amor, les regalara una noche feliz, la ciudad se desbordara en explosiones de amor, nadie escapara a su hechizo, sobraran estrellas, besos y te quieros para regalar. Aquí, en Miami, muchos irán a centros nocturnos, intercambiaran regalos, besos y te quieros. El amor, habita en todos los rincones y espacios, no exige sitios lujosos ni regalos caros, es el mismo en el banco de un parque en la Habana vieja que en el hotel mas lujoso de Miami Beach, cuando es verdadero.

Mientras escribo, recibo propuestas para mañana, algunas incluyen comenzar a celebrarlo desde ahora, no entienden que no puedo, cuando comienzo un escrito, nada logra apartarme de él y si escribo al amor, mucho menos. He recibido muchos regalos en diferentes 14 de febreros, de todos tipos, los cambiaria todos, por un pétalo de rosa con un, te querré siempre escrito!

La Habana en el recuerdo.

Cuando vivíamos en La Habana, soñábamos con irnos, con abandonar la ciudad, para siempre, salir de ella, a cualquier precio, de cualquier forma. Todo nos molestaba, la espera de las guaguas, las colas, las calles sucias, odiábamos carteles, consignas y prohibiciones. En mas de una ocasión escuche hasta maldecirla; maldita ciudad, dijeron mas de uno. Cansados de apagones y racionalizaciones, culpábamos hasta a las piedras de nuestra frustración y limitaciones. Queríamos alas y volar cuanto antes.

Muchos logramos irnos, después de intentos y sueños. La Habana, quedo lejos, inaccesible en cierta forma. Parte del pasado, no mas presente, ni futuro cierto. Entre ella y nosotros; recuerdos, luchas, mar y restricciones de un lado y del otro. Habana, inalcanzable del todo, inabarcable en el recuerdo.

Nos inventamos otra Habana, recreamos otra ciudad en nuestros sueños y memoria. Vestimos La Habana de blanco, la adornamos de girasoles y la hicimos nuestra eterna novia. Novia fiel que espera y no traiciona. Aprendimos a mirarla diferente, la despojamos de escombros y carteles. En la distancia, aprendimos a valorarla y  agradecerle por existir.

Cambio la imagen de nuestra ciudad, nuestros pasos al andarla, real o imaginariamente, nos llevaron a nuevos sitios. El sol de la nostalgia, ilumino cada rincón de nuestra ciudad. La memoria, reedito lo mejor de nuestras vivencias. Nuestros ojos, tras lentes de inmigrantes, descubrieron colores, arco iris y palmeras al viento, se deslumbraron ante tanta luz. Poco a poco, se fue hermoseando, nuestra ciudad, como mujer embarazada de futuro, se hizo mas bella y mas amada, especial!

La  ciudad, que un día cargamos con culpas ajenas, fue declarada inocente. En juicio publico con miles de testigos y abogados defensores, fue liberada de cargos. La ausencia de acusadores, garantizo su absolución total. El juez, dio su veredicto, cuando golpeo sobre la mesa con su mazo, cientos de colibríes volando, ratificaron sus palabras; inocente de  culpas, culpable de provocar amor y añoranzas, libre para siempre, condenada a amar y ser amada eternamente.

La ciudad, un día maldecida, se lleno de bendiciones, donde hubo molestias y hastíos, descubrimos amor, sueños por realizar, tareas por hacer. Donde pensamos existía sólo pasado, descubrimos, poco a  poco, el futuro. Donde había oscuridad, poco a poco, anunciando un mañana mejor, la luz, se fue abriendo paso.

No, La Habana, no es una ilusión óptica o un recuerdo de algo que un día existió, es real, tangible, nuestra. No existe solo en nuestras mentes, no la inventamos una tarde de nostalgias, esta allá, esperando, soñando junto a nosotros y el futuro.

La ciudad, de la que tanto quisimos huir un día, termino, para siempre, atrapándonos, no nos resistimos, la dejamos hacer. Terminamos enredados en recuerdos y sueños. El amor, la nostalgia, rompieron velos que no dejaban verla, apreciarla plenamente. Fantasmas amigos, se encargaron de habitarla y cuidarla por nosotros, nos la muestran en cada reencuentro, nos la traen al exilio. La Habana, abre sus brazos, reclina su cabeza en el malecón y espera. Sabe que el futuro que lleva en sus entrañas, no tardara en nacer, acaricia su vientre, nos mira, sonríe, sabe que no esta sola, cuenta con nuestro amor y presencia.

¡Corazon Cubano!

Un corazón que no se rompió al abandonar nuestra isla, que nos permite ser ciudadanos del mundo y llevar, para siempre, a Cuba en el alma. Un corazón, que no tiene de 60 a 100 pulsaciones por minuto, que puede parecer que se para y luego desbocarse, querer salirse del pecho. Un corazón, donde cabe todo, la pena, la dicha, la angustia, la paz, la tristeza y la alegría; ¡un Corazón cubano! Que dice adios, vuelve pronto, te espero, que se estruja de dolor y se disfraza con sorisas, en espera de tiempos mejores.

Alguna razón especial, algún hechizo mágico o decisión divina, decidieron darnos un corazón sui generis. Un corazón, capaz de soportar la pena de dejar la patria, para siempre y la fuerza para inventársela donde quiera que llega. Un corazón echao pa’lante, sin miedo a nada.

Nosotros, los cubanos, no tenemos un corazoncito, tenemos un corazón gigante que no nos cabe en el pecho, que se inventa islas y malecones. Un corazón, que no acepta derrotas, que no se da nunca por vencido. Se echo un día al mar, no lo pensó dos veces, se hizo ciudadano del mundo, sin olvidar sus raíces. En él, caben La Habana y Madrid, Santiago de Cuba y Miami, Paris y Trinidad. Aprendió a hablar ingles y sigue diciendo, ¡Qué bola, acere! Habla francés y suelta, ¡Compadre, usted esta loco! Salpica La Cibeles con olas del Malecón, derrite hielos en Copenhagen. Se inventa palmeras y ceibas, tocororos y colibrìes, entre hielos y en desiertos.

Un corazón cubano, soporta penas gigantes, sin romperse, late al ritmo de palmas al vientos y olas saltando el malecón. Llora y ríe, sin límites, sin pausas. Capaz de guardar la tristeza y la pena más inmensa, deja siempre espacio a la alegría, no pierde la ternura. No late en pulsaciones regulares, explota, estalla, se desborda.

Llevamos una tumbadora en el pecho y nuestras penas y alegrías se encargan de tocarla. Nuestra vida, con otro corazón, seria diferente, hubiéramos muerto un montón de veces en el intento. Estaría cansado de vaciarse soñando, seco de tanto llorar, arrugado de tanto reír. Cansado, usado, viejo, casi inservible.

Un corazón cubano, es eternamente joven. Sabe que si no puede andar, baila sentado y hace mover los hombros, cuando no puede correr, camina lento, pero no se detiene nunca, sabe que siempre hay un mañana y sale a su encuentro, a conquistarlo.

Nuestro corazón, no conoce de rejas, ni prohibiciones, se sabe libre. Se mece al ritmo de palmeras, se desata indetenible en las alas de un colibrí. Convierte el vinagre en miel, sabe de milagros y hechicerías, de remedios y soluciones. Se  las sabe todas y si no, las inventa. No se da nunca por vencido, borro, para siempre la palabra imposible. Lleva años inventándose colores en otras banderas. Late desde el centro de  un solar y en lo alto de una loma, en una nube  y en un rayo de sol. LLega hasta el Rincón y va al Cobre, le pide al viejo Lazaro y a Cachita, se los lleva con él.

Corazón cubano, que busca hijos dispersos por el mundo, los convoca a la unión, a derribar muros. No conoce de infartos, mucho menos de paros. No acepta, ni necesita operaciones  a corazón abierto, lleva anos, abriéndose a nosotros, al mundo. Sabe que un día, en un latido poderoso e inmenso, hará el milagro. Mientras tanto, no nos falla, sigue ahí, modesto y exagerado, en medio del pecho, cocinando el mañana, ¡Latiendo a ritmo de futuro y esperanzas!

Fotografia tomada de Google.

Un monumento al puerco!

En mi ultimo viaje a La Habana, escuche la canción del grupo Buena Fe, “El puerco, mamífero nacional“. Me reí muchísimo, mientras reía, pensaba que estaban en lo cierto. Si algún día, se deciden a reconocer meritos; el puerco, será declarado mamífero nacional, no tengo dudas.

En que comida especial, reunión de amigos o familiares no esta presente el puerco? Quedo en Cuba, fiel a los que decidieron o no tuvieron otra opción que quedarse. Vino con los que decidimos partir, divide su vida y ejercicio, entre dos orillas. Sirve de sustento a unos, a otros de alimento nostálgico y necesario.

Junto al arroz, los frijoles negros y la yuca, integra el selecto grupo de alimentos que años de escaseces, no pudieron desaparecer. Asiste puntual y necesario a nochebuenas, fin de años y cumpleaños. Sabe que sin él, cualquier reunión de cubanos esta incompleta. Cuando todo falta, él, nos tira un cabo de sobrevivencia.

En tiempos difíciles, cuando neuropatías y anemias reinaban por La Habana y toda Cuba, asumió la difícil tarea de paliar hambrunas. Acudió, sacrificándose y ofrecido.

Aún ahora, cuando regreso a casa, mami, en su comida de bienvenida, tiene que incluir un buen bistec de puerco. Tributo o gesto de reconocimiento, no puede faltar a mi regreso.

Los años y el exilio, le obligaron a asumir nuevas funciones, aprendió idiomas e incorporo días festivos. No falta a thanksgivings o pool parties, cubanizo feriados de otros países, ganó seguidores y admiradores. Tengo un amigo ecuatoriano, que cuando me invita a fiestas y le digo que no estoy  seguro de poder ir, que tratare, me aclara: habrá carne de puerco y hasta me envía fotos  ese día, para tentarme. Sabe que un buen cubano, nunca desprecia una invitación a saborear carne de puerco.

Puerco salvavidas nacional, cuando las vacas desaparecieron, El permaneció, venció enfermedades, prohibiciones. Se repetía incansable, yo puedo, yo puedo. Se negó a ser plato exclusivo del turismo. Si el perro, es el mejor amigo del hombre, el puerco es, el mejor amigo del cubano. Los cubanos, nos burlamos del colesterol, cuando el asunto es sobrevivir y llevar algo a la mesa, no importan ácidos grasos, ni triglicéridos.

Cuando estudie zoología, la profesora, no pudo explicar muy bien su hábitat. Hoy, un libro de esa materia que se respete, tendrá que decir; vive en campos, balcones, apartamentos y hasta en bañaderas.

Cuando llegue el momento de hacerle un monumento, cada provincia, le hará uno, La Habana, lo pondrá en el malecón, en un lugar bien visible, recordatorio de tiempos difíciles. Tal vez no necesitemos hacerle un monumento, en cada estomago sobreviviente, gracias a él, estará su mejor monumento, en cada niño satisfecho, en cada sonrisa digestiva. En las mesas cubanas, existe, desde ya, un monumento de agradecimiento al puerco. Si quieren firmas para declararlo mamífero nacional, será un nuevo censo de población y viviendas, que incluirá, por vez primera, a muchos cubanos por el mundo.

Atardecer en La Habana.

El sol, no dice adiós igual en todas partes, un atardecer en La habana, tiene un encanto especial, un toque mágico. Un atardecer en La Habana, es la despedida de dos amantes.

Mis amigos, saben que tengo un estrecho vínculo con el sol, tal vez por ser un signo de fuego, tal vez sólo porque amo la luz. Entre un amanecer y un atardecer, prefiero siempre ver la salida del sol. Aún así, no puedo dejar de amar las puestas del sol en La Habana.

Ver al sol marcharse, decir adiós a la ciudad, despedirse casi con un beso, es un espectáculo único. Los que lo hemos visto, no lo olvidaremos nunca y lo evocamos en la distancia. A veces, me ha parecido ver a La Habana, tender los brazos en un desesperado intento por retener a su amante, solo lo deja partir cuando le susurra al oído, vuelvo mañana. Desde el malecón, al horizonte estalla, en colores, un estruendoso beso de despedida.

Siempre digo que La Habana, es una ciudad donde el amor habita en cada esquina. Los habaneros, los cubanos en general, somos dados al amor. Amamos a plenitud, sin trabas ni racionalizaciones, tal vez porque el amor aún en los momentos más difíciles, nunca pudo ser medido, ni asignado en cuotas. Disfrutamos esta abundancia única y feliz, la disfrutaremos siempre. Aunque amamos a cualquier hora del día, bajo lluvias, ciclones, truenos, amenazas de guerra y movilizaciones, cada puesta de sol, nos trae siempre una invitación al amor. Nosotros, obedientes, nunca rechazamos la oferta.

En algunos lugares, el sol se pone de pronto, anuncia su partida y desaparece en segundos. En La Habana, una puesta de sol, es una fiesta de los sentidos, conlleva tintes rojizos por toda la ciudad, es un despedirse sin querer, un alargar intencionalmente la partida, un beso que se alarga y disfruta intensamente. El sol, se despide lentamente y las sombras y fantasmas, comienzan a salir, se adueñan de la ciudad.

Cada viaje a mi ciudad, a los brazos de mi madre es un amanecer a toda luz, cada despedida, un atardecer. Mi madre, no me retiene, sabe que me faltarían las fuerzas para desprenderme de sus brazos. No le digo vuelvo pronto, ella sabe, con certeza que lo haré. Nuestro atardecer, no tiene tintes rojizos, tiene el color y el sabor de lágrimas retenidas, de besos aplazados. Yo, seré siempre su sol, ella, mi ciudad que me espera. Entre amaneceres y atardeceres, transcurre nuestra vida, la de muchos.

 

A pesar que la partida del sol, durante muchos años, ha estado acompañada por la pregunta; tendremos apagón esta noche? Los habaneros se recrean con el atardecer, aprendimos a ver el lado bueno de todo, apostamos siempre por la alegría y el amor. Nos sentamos en el muro del malecón a deleitarnos con cada puesta de sol, olvidamos por unos minutos dificultades y sueños rotos. Dejamos que el embrujo de una puesta de sol en nuestra ciudad, nos posea. Cuando llegue la noche, nos haremos preguntas que tal vez quedaran sin respuesta, pero guardaremos en el corazón un poco de la maravilla repetida día a día, de la puesta de sol en La Habana.

 

El sol se pone, llega la noche, soñamos, suspiramos y amamos. Cada puesta del sol, trae la esperanza de un luminoso amanecer, de un nuevo y especial día que esperamos y que poco a poco, empieza a asomarse en el horizonte de la patria.

Fantasmas en La Habana.

Fantasma de Yohandry Leyva.

Fantasmas en la Habana, recuerdos que se cruzan y confunden, ir a un lugar y creer ver a alguien que ya no esta que se fue. Ciudad que ha visto partir a sus hijos, algunos para siempre, pero retiene con fuerza sus fantasmas, segura que ellos no la abandonaran jamas. Por allá andamos todos, deshaciendo caminos, andando sus calles, buscando algo en tiendas vacias, fantasmas de recuerdos que pese a todo, decidieron quedarse.

Me contó un amigo, que en este, su último viaje a La Habana, fue a la casa del té y le parecio por un instante que el tiempo le jugaba una trastada. Vio amigos que ya no estan moverse entre las mesas y casi los toca. Fantasmas fieles que quedaron, donde muchos decidimos partir.

A veces, todos los fastasmas deciden salir, muchos desfilan felices hasta el Lorca, ven bailar a otros fantasmas y aplauden entre sábanas blancas, en funciones que sólo ellos disfrutan. Los fantasmas se van hasta el Almendares y allí hacen una orgía de amor a la luz del sol, seguros que nadie los descubrirá. Corren por los jardines del Capitolio, se llegan hasta el Payret, conscientes que no encontraran camiones ni guaguas capaces de recogerlos.  Fantasmas que no temen a redadas, no tienen carnet de identidad, escaparon para siempre a la racionalización y la compartimentación, no pueden ser medidos, censados ni reprimidos. Fantasmas que deambulan por toda la ciudad, corren por Obispo, llegan a la plaza de armas, se sientan, descansan, fantasmas temerosos del mar que nunca montaran la lanchita de Regla.

Fantasmas que saben que su fuerza termina en el Malecón, mas allá, no son nada, no existen en las olas que rompen, sólo en tierra firme.

Muchos que nunca han podido volver, saben que su fantasma fiel, cumple la tarea de caminar por ellos La Habana, de cuidar a los que dejamos atrás cuando partir se conjugó en todos los tiempos y personas. Tengo un amigo especial que tiene correpondencia secreta con su fantasma en La Habana, sólo asi, logra mantener sus recuerdos frescos y me repite historias que entre los dos mantienen vivas y actuales. Su fantasma no le cuenta de ruinas, le salva la ciudad del deterioro, no quiere darle mas penas a mi amigo, que sueña despierto con su Habana y cuando habla de ella, intercambia lagrimas con su fantasma y conmigo.

Fantasmas que viven entre otros fantasmas que ignoran su condición, otros que aún llevan identificación en el bolsillo, que miran sin ver, que caminan lento. Habana que vive en el recuerdo y del recuerdo. Remolino de fantasmas que cuando las penas ahogan, desatan nudos y secan lagrimas.

Fantasmas que se quedaron y cuerpos, que se fueron, todos juntos se reencontraran un día, se tocaran y en una explosión de luz iluminaran toda la ciudad que despertando dirá; hijos mios, ¡al fin juntos!

Fantasma, fotografia de Yohandry Leyva