Cuca y Mimì, dos hermanas, una noticia y el mañana.

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Cuca, se despertó esa mañana antes de lo habitual. Presentía que algo iba a suceder, coló su café, lo bebió sorbo a sorbo, encendió el radio. La noticia la sorprendió, aunque llevaba tiempo esperándola, ansiándola, como empujándola a que sucediera. La reja que separaba las dos aceras seria derribada, las dos aceras ya no serían más enemigas. Sonrió, enjugo una lágrima y puso a colar más café, esa mañana necesitaba una taza de más.

Se sentó en el portal y empezó a recordar. Los recuerdos cuando se sienten convocados, son como torbellinos, vienen todos de golpe a sacudirnos la vida, a estremecernos el suelo que pisamos. Recordó cuando su hermana Mimí decidió irse en el éxodo masivo del 80. Los vecinos gritando en la puerta de la casa, ¡que se vaya, que se vaya! Los huevos golpeando las paredes del portal. A su madre que abrió la puerta de golpe con su vestido azul, blanco y rojo y los enfrento a todos, los reto en el gesto y la palabra.
– Todos somos uno, basta de gritos y de consignas absurdas. No tiren ni un huevo más, llegara un día que se arrepentirán de huevos rotos y golpes entre hermanos. No importa de qué lado se viva, lo que importa es lo que hay en el corazón, ¡atrévanse conmigo y dejen a mi hija tranquila!
Todos bajaron la cabeza y se fueron.

Recordó a su mamá en su lecho de muerte con la foto de Mimí entre sus manos. Su hermana, en la acera de enfrente no pudo asistir ni al velorio, le toco llorar por las 2, con lágrimas que pesaban como piedras.

Recordó a Luisito, un compañero de estudios de su hijo, un día lo cogieron, de madrugada, tratando de cruzar la cerca que separaba las dos aceras. Uno que vigilaba la cerca, lo mato de un disparo. Su madre perdió la razón y termino colgándose de una ceiba, no pudo con tanto dolor.

Se acordó de Sergio, uno de los primeros en irse a vivir a la acera de enfrente, no tuvo otra opción. Se enfrentó en una asamblea a los que mandaban en esta acera y lo condenaron a muerte. Desde la otra acera, no dejo nunca de pensar en su hogar y en su familia, nunca más volvió. Estaba viejo, pero sus ojos brillaban cuando hablaba de su acera y sus palmas, sus noches y su sol. Todos los días lloraba por volver a su acera, por derribar con sus manos a los que la dominaban y sometían; no quería morirse sin que todo cambiara del otro lado.

Cuca fue al jardín, corto dos girasoles y se los puso a la Virgen que tenía en la sala. Se sentó en el sillón que fue de su madre, sintió su olor, su presencia. Sintió la risa de los niños jugando, en la risa de los niños, destellan la esperanza y el mañana.

Recordó a todos los que se habían enriquecido a costa del dolor del pueblo en las dos aceras. A esos que especulaban con dolores y sufrimientos de familias. A los que gustaban de fama y renombre, levantados sobre familias separadas y muertes sin anuncios, ni despedidas. Se pasó las manos por su pelo canoso, apoyo los codos en sus piernas; suspiro, un suspiro de más de 5 décadas. Escucho el timbre del teléfono.
– Oigo.
– Mi hermana soy yo, ¿Oíste la noticia?
– Si Mimí, estoy digiriéndola, bajándola con un buche de café.
– Acá esto está de locos, hay gente aplaudiendo y gente gritando, ¡Traición, traición! ¿Qué te parece a ti?
– ¿A mí? Yo me alegro Mimí, aunque tumben la cerca, por el momento del lado de acá, todo seguirá igual, en apariencia. Sin la cerca en el medio de las dos aceras, los que mandan de este lado, irán perdiendo el control absoluto poco a poco. Yo, ya estoy vieja, pero sabes, antes que llamaras escuchaba a unos niños reír, ellos se merecen un mañana mejor. Un futuro sin consignas, ni carteles. Ya no podrán culpar de todo a los vecinos de enfrente y como diría Chencha, la culpa no puede caer en el suelo, vamos a ver a como tocamos ahora.
– Yo también me alegro mi hermana. Si la cerca no resolvió nada y ustedes siguen cada día mas jodios y nosotros sufriendo por ustedes, tumbémosla y apostemos por los cambios, sin olvidar a muertos, ni sufridos.
– Así es mi hermana, sin olvidar, pero sin que el odio o las heridas personales, pesen más que el interés de todos. Prohibido olvidar, pero también prohibido manipular e imponer criterios.
– Así es mi hermana. Estoy contenta, pero respeto a los que están tristes, a los que no han ganado ni un centavo a costa de este dolor de años y se sienten traicionados. Los comprendo, admiro y respeto. Sería incapaz de ponerme a festejar delante de ellos. Hay que saber respetar los años y las heridas de esos viejos que lo único que quieren es ver a nuestra acera libre.
– Sin dudas es un momento histórico, apostemos porque la historia cambie a partir de hoy. Mi hermana, le puse dos girasoles a la Virgen, uno por ti y otro por mí. Mi hermana un beso, te quiero mucho. Vamos a colgar que esta llamada te va a costar un dineral.
– Un beso mi hermana del alma. Eso hemos sido siempre dos hermanas, capaces de saltarse ¡Todas las cercas del mundo!
Cuca, volvió a su sillón en el portal, vio un cartel, descolorido por el sol, que de pronto se había vuelto obsoleto, absurdo. Entro a la casa, busco en el escaparate donde guardaba recuerdos de familias y cosas de sus padres. Allí, en el fondo de una gaveta encontró lo que buscaba, la plancho con cuidado, la perfumo con agua de colonia y subió al cuarto de arriba. Abrió el balcón, y como quien desempolva sus sueños y esperanzas, desplego una bandera prohibida al sol. Anunciando en su gesto la voluntad de un pueblo, decidido a construir su historia, con ladrillos de recuerdos y futuros, con amalgama de historias y sueños. Una historia “con todos y para el bien de todos”, sin exclusiones, ni voces dominantes. Cuca desde su balcón sonrió al mañana y aposto por los cambios, mientras bebía un sorbo del café de la esperanza.

Fotografia tomada de Google.

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¡Adios!

Adios, fotofrafia tomada de Google.

Te digo adiós, agito una mano, con la otra, seco una inoportuna lagrima.
Te digo adiós y estrujo tu ultimo mensaje y escribo un enorme ¡No te vayas! En la pared del alma.

Me tatúo en el pecho tu nombre y lo borro con lágrimas, con fuego.
Te digo adiós y no lo escuchas, sigues aferrándote a recuerdos a besos que no existen, que borraste para siempre con tus miedos.
Te digo adiós, mi corazón grita un; no te vayas. Mis torpes manos, no saben de soltarte y te sujetan, aún en el momento de partir.

Te grito adiós y arranco la venda de los sueños,

mientras corre la sangre incontenible, de este perderte para siempre, de un vete ya, aléjate, no vuelvas.

Te digo adiós en mil idiomas y no entiendes que es definitivo.
Se acabaron juegos, oportunidades, mentiras, plazos, inventarme un mundo que no existe.

Levanto un muro enorme, cierro rejas, te dejo afuera para siempre,

te digo adiós y me invento un mañana, en que no estas.

 

Fotografia tomada de Google.

Santiago de Cuba, despues del huracán.

Solo la visité en dos ocasiones; de niño, con mis padres y en el año 91 con un amigo que me invito a casa de su familia. Santiago de Cuba, es una ciudad, con un encanto especial, uno lo siente al llegar. No es solo el clima, el calor o las montañas, es su gente, su gracia natural. Nuestra islita, a pesar de ser pequeña, exhibe una diferencia marcada en paisajes y ciudades. Somos, siempre lo digo, un delicioso ajiaco donde puede incluirse todo, absolutamente todo, nada nos falta, ni nos sobra.

En estos días leímos y escuchamos sobre el paso de un huracán por el Oriente de  Cuba. Las noticias hablaban de destrucción, de gentes sin casa, de muerte. Vi algunas fotos, me preocupé, les confieso que deje un margen a la duda. A pesar del video de un locutor de la televisión cubana, informando de derrumbes y pérdidas de vidas, seguía pensando que acá, exageraban el daño, como al sur, exageran lo bueno. Algo en mi se negaba a aceptar tanta destrucción, tanto dolor.

Un nuevo amigo, uno de esos amigos virtuales que aunque desconocidos, terminan compartiendo con nosotros; amigos de nuevo tipo que nos regalan la Internet y la Globalización, se excuso hace un par de noches por no haber leído mi ultimo cuento. No puedo leerlo por ahora, me decía. Allá, en Oriente, su familia había perdido su casa, estaban sin techo, incluyendo a su abuela de 90 años. Yo, que tanto me gusta jugar con las palabras, me quede en silencio, no encontraba un par de ellas para consolarlo, devolverle la paz. La realidad es aún más terrible que las noticias.

Dicen que hasta El Cobre, llego la destrucción, que el viento daño la Catedral, que se ensañó con la ciudad, pretendiendo destruirla, borrarla. Se necesita muchos más que un huracán o un cataclismo para poder borrarla, para vencer al oriente cubano. Nuestro pueblo aprendió a sobrevivir a todo, a revivir la esperanza, aunque sea lo único que nos queda.

Imagino a nuestros hermanos, levantándose de las ruinas, muchos lo perdieron todo y no saben si algún día, lo podrán recuperar. En un país todo se guarda por si algún día se necesita, amanecer sin nada, es un golpe terrible, devastador. Se que miraran a su alrededor desolados, secaran sus lagrimas y se levantaran sobre ellos mismos. Nada puede ya vencerlos, quitarles la esperanza. Se inventaran un techo y un sueño y seguirán adelante, esperando el mañana que llega, seguro y prometedor.

¡Sentirse cubano!

No basta haber nacido en Cuba, para ser cubano, hay que sentirse cubano. Ser cubano, va mas allá de jugar domino en una esquina habanera, tomarse una botella de ron entre amigos, jugar a la pelota o bailar casino. Sentirse cubano, es mucho mas que eso, no hay que ser un “asere”, para ser cubano, aunque muchos “aseres” son 100 por ciento cubanos. Sentirse cubano, es tener una mezcla rara y única de sentimientos en el alma y razas en la piel. Se relaciona con nudos en la garganta al escuchar nuestro himno, con enrizamientos en la piel al ver palmeras al viento, con lágrimas de emoción cuando hablamos de nuestra isla. Ser cubano, es decir, CUBA y sentir palomas volando, sinsontes cantando, escuchar olas rompiendo en el Malecón, desatar arco iris.

Lamentablemente, hay cubanos a los que sólo los une a nuestra Isla, una partida de nacimiento, son capaces de sumarse a conversaciones, donde se habla mal de la Perla de Caribe. Por suerte, son minoría, toman ron, juegan domino, bailan casino y hasta juegan a la pelota, pero su patria pudo ser cualquiera, nacieron en Cuba, por accidente. Carecen de ese cordón umbilical que siempre nos unirá a la tierra más hermosa.

Hay quienes dudan que Cuba, un día, como ave fénix, renacerá de si misma, volverá a ocupar el lugar que por derecho y vocación, le corresponde; la Perla del Caribe, la llave del golfo, será un brillante resplandeciente y luminoso que abrirá todas las puertas, sin forzarlas, se rendirán a su encanto. Un amigo, me decía ayer; si los primeros cubanos que llegaron a Miami, convirtieron un pueblo en una gran ciudad, que no podrá hacer todo un pueblo unido! Coincido con él, no dudo del futuro de Cuba, de nuestro explosivo renacer. A veces, lo que mas trabajo cuesta, se disfruta mas haciéndolo. Todos aportaremos algo y granito a granito, encenderemos la luz que iluminara el Caribe y el mundo, con nuevos y multicolores resplandores.

Sentirse cubano es un orgullo infinito de serlo, un gritarlo una y otra vez, saboreando cada palabra, cada letra de ser cubano. Sentirse cubano, es hablar de nuestra islita y sentir los ojos humedecerse, es llorar con lagrimas rojas, azules y blancas. Sentirse cubano, es tener un corazón inmenso en el pecho, que late a ritmo de palmeras al viento, es llevar, para siempre, en la piel y en el alma, el calor de nuestro sol, es una unión de sones, guarapo y café que nos bautiza y marca para siempre, al nacer.

Si, me siento cubano, aunque no juegue pelota, apenas tome ron y solo sepa “botar gordas” jugando al domino. Cuba, vive en mí, con la misma fuerza e intensidad que yo vivo en ella. Se puede ser ciudadano del mundo, amar y adoptar otros países como nuestros y seguir amando, con todo, a nuestra islita.

Nuestra isla, es tan inmensa, tan segura de si, que nos deja amar otras tierras, sabe que su lugar esta seguro. Juramos antes otras banderas, pero en nuestro corazón, ondea, por siempre, la bandera de la estrella solitaria.

Siempre recuerdo mi primer viaje a Cuba, esperando el avión, uno de los pasajeros decía; he ido a Cuba, más de veinte veces, cada vez que el avión sobrevuela la isla, que veo mi tierra, no puedo contener las lágrimas. Sentirse cubano, es llevar a Cuba, con orgullo y amor, en el alma, donde quiera que estemos.

Ser cubano, es tener siempre a Cuba, bien hondo, sufrirla. Nacimos de ella, se nos metió en la piel y en el alma, tenemos alegrías y penas comunes. Un cubano, no puede ser feliz del todo, si sabe que su islita sufre. No basta llevar una bandera cubana en el auto o vestir de guayabera en días especiales. No es suficiente escribir Cuba, cuando preguntan país de nacimiento, es decir con auténtico orgullo; si volviera a nacer, quisiera nacer cubano otra vez! Como decimos muchos; si no fuera cubano, pagaría por serlo!

Sentirse cubano, garantiza el futuro, la unión de todos en el futuro de la patria. Arrancamos uno a uno los pétalos de un gigantesco girasol, preguntándonos cada vez; libres o libres? No hay otra opción, Cuba, lo sabe, confía en nosotros y en el futuro. Nos sentimos cubanos, convertimos la lágrima en sonrisa, con la certeza que todo, no esta perdido. Mientras Cuba, viva en cada uno de nosotros, el arco iris del mañana, desde nuestro corazones, poco a poco, anuncia un amanecer multicolor.

Anoche, mientras terminaba este escrito, un amigo poeta publicaba el poema, ¡Te extraño Cuba! Casualidades o coincidencias de sentimientos en almas de inmigrantes? Les dejo el link a su poema, para que puedan disfrutarlo.

http://tonycanterosuarez.wordpress.com/2012/03/29/te-extrano-cuba/

Fotografia tomada de Google.

¡Corazon Cubano!

Un corazón que no se rompió al abandonar nuestra isla, que nos permite ser ciudadanos del mundo y llevar, para siempre, a Cuba en el alma. Un corazón, que no tiene de 60 a 100 pulsaciones por minuto, que puede parecer que se para y luego desbocarse, querer salirse del pecho. Un corazón, donde cabe todo, la pena, la dicha, la angustia, la paz, la tristeza y la alegría; ¡un Corazón cubano! Que dice adios, vuelve pronto, te espero, que se estruja de dolor y se disfraza con sorisas, en espera de tiempos mejores.

Alguna razón especial, algún hechizo mágico o decisión divina, decidieron darnos un corazón sui generis. Un corazón, capaz de soportar la pena de dejar la patria, para siempre y la fuerza para inventársela donde quiera que llega. Un corazón echao pa’lante, sin miedo a nada.

Nosotros, los cubanos, no tenemos un corazoncito, tenemos un corazón gigante que no nos cabe en el pecho, que se inventa islas y malecones. Un corazón, que no acepta derrotas, que no se da nunca por vencido. Se echo un día al mar, no lo pensó dos veces, se hizo ciudadano del mundo, sin olvidar sus raíces. En él, caben La Habana y Madrid, Santiago de Cuba y Miami, Paris y Trinidad. Aprendió a hablar ingles y sigue diciendo, ¡Qué bola, acere! Habla francés y suelta, ¡Compadre, usted esta loco! Salpica La Cibeles con olas del Malecón, derrite hielos en Copenhagen. Se inventa palmeras y ceibas, tocororos y colibrìes, entre hielos y en desiertos.

Un corazón cubano, soporta penas gigantes, sin romperse, late al ritmo de palmas al vientos y olas saltando el malecón. Llora y ríe, sin límites, sin pausas. Capaz de guardar la tristeza y la pena más inmensa, deja siempre espacio a la alegría, no pierde la ternura. No late en pulsaciones regulares, explota, estalla, se desborda.

Llevamos una tumbadora en el pecho y nuestras penas y alegrías se encargan de tocarla. Nuestra vida, con otro corazón, seria diferente, hubiéramos muerto un montón de veces en el intento. Estaría cansado de vaciarse soñando, seco de tanto llorar, arrugado de tanto reír. Cansado, usado, viejo, casi inservible.

Un corazón cubano, es eternamente joven. Sabe que si no puede andar, baila sentado y hace mover los hombros, cuando no puede correr, camina lento, pero no se detiene nunca, sabe que siempre hay un mañana y sale a su encuentro, a conquistarlo.

Nuestro corazón, no conoce de rejas, ni prohibiciones, se sabe libre. Se mece al ritmo de palmeras, se desata indetenible en las alas de un colibrí. Convierte el vinagre en miel, sabe de milagros y hechicerías, de remedios y soluciones. Se  las sabe todas y si no, las inventa. No se da nunca por vencido, borro, para siempre la palabra imposible. Lleva años inventándose colores en otras banderas. Late desde el centro de  un solar y en lo alto de una loma, en una nube  y en un rayo de sol. LLega hasta el Rincón y va al Cobre, le pide al viejo Lazaro y a Cachita, se los lleva con él.

Corazón cubano, que busca hijos dispersos por el mundo, los convoca a la unión, a derribar muros. No conoce de infartos, mucho menos de paros. No acepta, ni necesita operaciones  a corazón abierto, lleva anos, abriéndose a nosotros, al mundo. Sabe que un día, en un latido poderoso e inmenso, hará el milagro. Mientras tanto, no nos falla, sigue ahí, modesto y exagerado, en medio del pecho, cocinando el mañana, ¡Latiendo a ritmo de futuro y esperanzas!

Fotografia tomada de Google.