Maria de Jesus, entre rosas y palmeras del querer.

La conocía de verla por televisión hace años, cuando tuvo un triunfo arrasador en Cuba. Como muchos, seguí su breve, pero intensa carrera en nuestro paìs. Como muchos, fui atrapado en la magia de su voz. Nunca mas supe de ella, algunos decían que vivía allá por Suecia, entre nieves y  vikingos. Pensé que la habíamos perdido para siempre, que nunca mas volveríamos a escucharla. A pesar del tiempo y la distancia, su voz seguía regalándonos rosas.

Soy de los que creen en la magia de la Navidad, en su encanto especial. Hay navidades especiales, de esas en que recibimos regalos inesperados, que desbordan nuestras expectativas.

Este año, al influjo de la Navidad, me reencontré con ella. Su nombre, por si solo, es un canto a la Navidad, resume el espíritu de la mejor época del año. Las navidades pasadas, recibí el regalo de su amistad, de su voz. No fue un reencuentro con una artista admirada, fue ganar, para siempre, una amiga; ¡María de Jesús! La muchacha que siempre viste de blanco al cantar, tal vez en un intento de mostrarnos su alma, su transparencia.

La amistad, rompe barreras, dinamita obstáculos, hace realidad sueños. Un grupo de amigos nos propusimos presentarla en Miami, regalarle un reencuentro con su público, en un escenario de prestigio. Apenas una semana tuvimos para prepararlo. The Place, como siempre, abrió sus puertas a un nuevo Encuentro entre amigos, corrimos la voz, logramos presentarla en televisión, sobre la marcha ultimamos detalles.

Sin planificarlo, solo por ser la única noche disponible del lugar antes de la partida de María, el Encuentro, se  planifico para el viernes 6 de enero. Ese seria el regalo del Dia de Reyes para ella y para nosotros. Su nombre hacia el milagro de reencontrarnos en Navidad y materializar su presentación un 6 de enero y aún hay quienes no creen en los milagros.

Cuando les hablaba a mis amigos de María de Jesús, les confieso que todos los que estaban en Cuba y fueron testigos de su éxito, la recordaban; la muchacha que vestía de blanco, la de te llegara una rosa. Otros, más jóvenes, no la conocían, ayer en la tarde una amiga, me confirmaba su asistencia, la vio cantar por televisión; canta como los ángeles, me decía, tengo que ir a verla.

Así, por las redes sociales, de boca en boca y con la ayuda de su participación estelar en el Show de Fernando Hidalgo, muchos decidieron asistir a un Encuentro entre amigos, donde María de Jesús, seria nuestra invitada especial.

Siempre confíe en ella, en su talento, carisma, su extraordinaria voz. Como me dijo mi amigo-hermano, solo hay que dejarla cantar, ella sola se gana al público.

Poco a poco, el público, comenzó a llegar a The Place, todos los asientos disponibles fueron ocupados, la noche prometía hacer historia. Entre el público, familiares de María de Jesús, que quisieron saludarla en el camerino, más de 30 años sin verse. El reencuentro arranco lágrimas a todos los presentes, el parecido de  una prima segunda con su mama, emociono a María, que rompió a llorar. Tal vez Dios, se la envío para compensarla de ausencias, para dejarle saber que su madre, en una rosa, en un aplauso o en la luz que la iluminaba, también estaba presente esa noche, junto a  ella, tomándole la mano, apoyándola.

Cuando María de Jesús, apareció en escena cantando, sin previo aviso, convocada por un escrito mío que inspiro su canción, el sueño, el propósito de  un grupo de amigos, se materializaba. María, cantaba y el público, se dejaba seducir por su voz. Muchos, la descubrieron esa noche y se sumaron, para siempre, al grupo de sus admiradores. En el público, Juana Bacallao, la aplaudía y le dedicaba halagos a su modo, haciéndonos reír a todos, dando un toque de humor cubano a la noche. Aymee Nuviola, hizo un dúo con ella, evocando el inicio de ambas en “Todo el mundo canta”, un extra de la noche, así es la magia, una vez desatada, todo puede suceder.

María, canto alrededor de 10 canciones, pudo estar horas cantando, todos nos quedamos con ganas de seguirla escuchando. De su voz, salían palmeras, arco iris, girasoles y  giraldillas, que se adueñaban de la noche y nosotros, que abrían el camino a un próximo concierto de María de Jesús, donde, ténganlo por seguro, ¡nos  regalara un montón de rosas!

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Palmeras del querer!

Las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!

José Marti

El viernes pasado, una nueva, especial y talentosa amiga, me invito a su cumpleaños. Una fiesta diferente, la homenajeada, regalaba a los invitados canciones y recuerdos, su talento, su arte. Una canción, me cautivo, me dejo pensando, por suerte la grabe en video. Una parte de la canción, se repite en mi mente, una y otra vez, “y en la intensidad de mi soledad, siento palpitar, palmeras del querer…” El gesto del brazo de María de Jesús, como una palma al viento, acompaña la canción, en mi memoria.

Desde hace días, pienso mas en las palmas, las mismas palmas que otros, en gestos y frases de autonegación, dicen que no extrañan. Aquí también hay palmas, repiten. Se que también son nuestras, pero ustedes y yo, sabemos que no son iguales, aquellas son; palmeras del querer!

Las palmas, son uno de nuestros símbolos, como nosotros, soportan huracanes, se riegan por el mundo, lo resisten todo, nada las vence. Cuando hay tormenta, el primer rayo es para ellas, lo soportan estoicas, saben que también les llegara la primera lluvia de abril, el primer sol de la mañana.

No se, si por útil o gallarda, si por bella, numerosa o altiva, pero la hicimos nuestra. Reina en nuestros campos y paisajes, en nuestros corazones, desde su altura, sonríe, se mece al viento y espera.

No elegimos cualquier palma, para hacerla nuestro árbol nacional. Miramos al campo, nos dijimos; aquella, la mas alta, la que sobresale entre todos; la palma real, esa, la haremos nuestra. Muchos al irnos de Cuba, la llevamos con nosotros, no en fotos, ni en bonsáis, ni en recuerdos; en el corazón, como a una novia que espera en la distancia.

Poetas, cantantes, novelistas, todos, de una forma u otra le han rendido homenaje. Ella, es altiva, pero no altanera, saberse amada, no la hace sentirse superior, tiene sus raíces, muy adentro de la tierra, de nuestra tierra. No solo vive en el campo, también La Habana, se dejo conquistar por ella, crece en nuestra ciudad, fundiéndose con ella y nosotros. Recuerdo mi escuela primaria, con palmas gigantescas en el jardín, amanecían todos los días con alguna ofrenda folklórica. En aquellos años, no entendía por que esos plátanos con citas a los pies de las palmas. Hoy y ayer, siempre; los veo, como un homenaje a su belleza, como el regalo de un enamorado que no encontró joya digna y se invento un tributo.

Nunca he olvidado a las palmas, no podría aunque quisiera, no querré jamás. Parafraseando a Benedetti; no se como algunos sacuden la cabeza, cometen el error de pretender sacarse recuerdos y memorias, que no saldrán jamás del corazón.

Las palmas, saben que un día volveremos todos, nos esperan en los campos, en la ciudad, en nuestro escudo. Saben que bastara un gesto para convocarnos. Se mecen al viento, nos miran en la distancia, esperan, seguras y tranquilas, palmeras del querer, de nuestro querer!