Cusita, Regla y las memorias de un habanero.

Un domingo en Miami, Cusita visita a su amiga Regla, mientras le hace las uñas, conversan y toman café

– Ay Reglita, ¿viste la pagina del tal Habanero2000? Yo de lo más contenta porque creí que ya estaba pasando el furor con su librito y de pronto se aparece con el lanzamiento oficial de su libro. Esto es mucho para un sólo corazón.

– ¿Y dónde va a ser mi santa? Yo quisiera ir, a ver si logró que me lo firme y me escriba algo bonito, el tipo se manda y se zumba con las dedicatorias, ¿leíste la que le hizo a Rosita Fornés?

– Alabao, así que tú también andas con el librito ese y la majomia de las Memorias de un habanero que emigró con el siglo, ya esto está pasando de castaño a oscuro. El lanzamiento va a ser en Books and Books en Coral Gables, el 21 de septiembre a las 5:00 pm de la tarde. Esa tarde me voy pa’ los Cayos, pa’ estar bien lejos de to’ eso. Ya estoy cansá que si el link para comprarlo en la editorial La Pereza, que si lo pueden comprar en Amazon, ¿ Quien se cree él que es pa’ querer que to’ Miami le compre el librito ese? ¿Chakespeare? No lo soporto, no sé quién me cae más mal, si Otaola o el habanero ese con ínfulas de escritor.

– Ay chica deja al pobre hombre en paz que no se ha metido con nadie. Ese libro es de todos nosotros, como él bien dice, nuestro libro. Sus memorias son las de todos los que un día armamos maletas y dejamos Cuba, pero nuestro corazón se quedó allá, enredao en las palmeras y los recuerdos.

– Ave María purisima, Santa Bárbara bendita si ya hasta hablas como él, eso es un virus que se pega. Pa’ llá, pa’ llá que no quiero que se me pegue la guanajera esa y cuando llegue mi negro del trabajo le diga que los girasoles y los sinsontes inundan la casa.

– Eres la pata del diablo Cusita, yo creo que la única amiga mía que no ha leído el libro eres tú, léelo mujer a lo mejor va y te gusta.

– Primero muerta que desprestigia, nananina jabón candao, yo no pierdo mi tiempo leyendo sandeces.

Mientras Cusita y Regla conversan llega Manolo a recoger a Cusita. Besa a Cusita, saluda a Reglita y dice.

– Mi watermelon heart, al fin pude darle el libro a Claudia, la que trabaja en el aeropuerto con el habanero ese que lees todas las noches. Me dijo que lo ve el jueves y le va a hablar de ti, para que te escriba una dedicatoria especial.

Cusita y Regla se miran y terminan riendo. Regla le dice a Cusita:

– Entonces mi santa, nos vemos el sábado 21 de septiembre en Book and Books en Coral Gables para pasar una tarde cubanisima con el habanero y sus memorias .

– ¡Seguro que yes!

Yo, juntando mis pedazos.

Amanecí esa mañana fatal, roto en mil pedazos. Pequeños fragmentos del que fuí, dispersos por el suelo, sin fuerzas para juntarse, distantes, sin vida, sin aliento.

Me miré a mi mismo, al que un día fuí. Se acabó todo, no hay quien junte fragmentos, polvo, partículas, me dijé en un susurro. Era yo deshecho por toda mi vida, disperso en mil pedazos .

Pasaron horas, días, continuaba en pedazos, roto, convertido en fragmentos minúsculos. Me miré temeroso de mi suerte, moví algunos pedazos, agité el polvo, busqué alientos y razones.

De pronto un rayo de luz iluminó una vieja foto, su reflejo hizo moverse a dos fragmentos, se juntaron, se negaron a andar dispersos por la vida. Será una ardua tarea, pero lo lograremos, gritaron mi memoria, mis recuerdos.

Así, al influjo de memorias, poco a poco, mis partículas comenzaron a juntarse; la historia de mi vida en cada gesto, me ayudaba a rehacerme apoyándome en recuerdos, en el amor.

Sobre el suelo quedaban grandes pedazos de mi, sin fuerzas para juntarse y conformarme, hacía falta un recuerdo mayor; un estremecimiento que los obligará a unirse, a darme forma. Su luz se hizo presencia, volví a andar de su brazo por La Habana, volvió a apoyarse en mi, a sostenerme Nos sentamos riendo en un banco, nos contamos historias. Yo miraba de reojo mis pedazos, ¡Se movían buscándose ansiosos en el espacio! Una ola gigante nos salpicó en el muro inmenso, sentí el olor de sus potajes deliciosos, su café me devolvía mis intentos. Unos niños corriendo por la calle, nos saludaron gritandonos, ¡Los amamos! Un arcoiris inmenso adornó la ciudad, el sol nos regalaba su esplendor, sinsontes, colibríes, revoloteaban entre memorias y recuerdos. El cielo azul, el mar, la brisa, un beso de ella y en un susurro,¡ Estoy aquí hijo mió!

Una explosión enorme, un estampido; yo, de nuevo conformado, ¡ yo de pie!