Santiago de Cuba, despues del huracán.

Solo la visité en dos ocasiones; de niño, con mis padres y en el año 91 con un amigo que me invito a casa de su familia. Santiago de Cuba, es una ciudad, con un encanto especial, uno lo siente al llegar. No es solo el clima, el calor o las montañas, es su gente, su gracia natural. Nuestra islita, a pesar de ser pequeña, exhibe una diferencia marcada en paisajes y ciudades. Somos, siempre lo digo, un delicioso ajiaco donde puede incluirse todo, absolutamente todo, nada nos falta, ni nos sobra.

En estos días leímos y escuchamos sobre el paso de un huracán por el Oriente de  Cuba. Las noticias hablaban de destrucción, de gentes sin casa, de muerte. Vi algunas fotos, me preocupé, les confieso que deje un margen a la duda. A pesar del video de un locutor de la televisión cubana, informando de derrumbes y pérdidas de vidas, seguía pensando que acá, exageraban el daño, como al sur, exageran lo bueno. Algo en mi se negaba a aceptar tanta destrucción, tanto dolor.

Un nuevo amigo, uno de esos amigos virtuales que aunque desconocidos, terminan compartiendo con nosotros; amigos de nuevo tipo que nos regalan la Internet y la Globalización, se excuso hace un par de noches por no haber leído mi ultimo cuento. No puedo leerlo por ahora, me decía. Allá, en Oriente, su familia había perdido su casa, estaban sin techo, incluyendo a su abuela de 90 años. Yo, que tanto me gusta jugar con las palabras, me quede en silencio, no encontraba un par de ellas para consolarlo, devolverle la paz. La realidad es aún más terrible que las noticias.

Dicen que hasta El Cobre, llego la destrucción, que el viento daño la Catedral, que se ensañó con la ciudad, pretendiendo destruirla, borrarla. Se necesita muchos más que un huracán o un cataclismo para poder borrarla, para vencer al oriente cubano. Nuestro pueblo aprendió a sobrevivir a todo, a revivir la esperanza, aunque sea lo único que nos queda.

Imagino a nuestros hermanos, levantándose de las ruinas, muchos lo perdieron todo y no saben si algún día, lo podrán recuperar. En un país todo se guarda por si algún día se necesita, amanecer sin nada, es un golpe terrible, devastador. Se que miraran a su alrededor desolados, secaran sus lagrimas y se levantaran sobre ellos mismos. Nada puede ya vencerlos, quitarles la esperanza. Se inventaran un techo y un sueño y seguirán adelante, esperando el mañana que llega, seguro y prometedor.

¡Ha muerto un hombre libre!

Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión, se rompe; ¡empieza al fin con el morir, la vida!

José martí

Es domingo, la tarde languidece, poco a poco, anochece. Es hora de llamar a mi madre, entro al sitio de Internet que uso para hacer las llamadas a Cuba, pongo 10 dólares a mi cuenta. Mientras me preparo a nuestro encuentro telefónico, escucho a Ricardo Arjona, interpretando; Mi novia se me esta poniendo vieja. Reviso los comentarios de mis amigos en facebook, una noticia, me hace un nudo en la garganta, se me salen las lagrimas y se que no es a causa de la canción de Arjona; ha muerto un hombre libre! No se que hacer con este dolor por la muerte de alguien que nunca conocí, de alguien que nunca abracé, que ni siquiera le di la mano. Trampas de la Internet y la información, que nos hacen conocer y estimar, sentir afectos, por personas que no conocemos.

Ha muerto un hombre libre, no puedo decir, descanse en paz; espíritus como el suyo, nunca descansan. Agitados e insomnes, siguen andando por la vida y la gloria. Nunca pude conversar con él, discutir nuestras diferencias. Se puede admirar a una persona y no coincidir en todos sus puntos de vista. Otro mas que se me va, dejando una conversación pendiente.

Es hora de llamar a mami, pero tengo que esperar, con este dolor en el pecho, mi voz no sonaría como siempre, la dejaría preocupada. Mi novia, tendrá que esperar un par de horas.

Un hombre, realmente libre, siempre impresiona, gana seguidores.  No todos los días, nace o muere un hombre libre. Un par de lágrimas, no bastan para sacarme el dolor por su partida, por su ausencia. Pienso no solo en lo que hizo; lo que le quedo por hacer, me desconsuela, me hace pensar en el mañana sin él.

Me seco otra lágrima, tomo un poco de agua, pienso en sus familiares y amigos. Se me sale otra lagrima y otra, mi amigo, el hombre de las lagrimas, pensaría que le estoy haciendo la competencia. Tomo un poco del café de la esperanza, recobro fuerzas. Se que otros hombres libres, seguirán sus pasos, andarán su camino hasta el final. Antes de dejarnos, este hombre libre, supo sembrar la semilla de la esperanza y la libertad, en tierra fértil!

Nuestro hombre libre, no ira al cielo, se queda con nosotros, sin descanso, terminando su obra, nuestros sueños!

Mi muerte.

Cuando muera, si finalmente decido morirme algún día.
No moriré mientras duerma.
Tampoco en la cama de un hospital.
No moriré lentamente, ni entre espasmos o dolores.
Moriré un día de sol intenso y aguaceros,
Corriendo desnudo bajo el agua!

Terminare siendo agua, cristalino y feliz! Acuoso, eterno!
No me quedaré estancado en charcos, ni correré sin saber adonde, no iré por contenes y aceras desconocidas, como agua sin rumbo.
Yo guiare la ruta de mis aguas,
Iré directo al mar!

No se aún en cual de mis ciudades, me sorprenda, desnudo, mi aguacero final, definitivo.
Miami, Madrid, La Habana, en una de ellas, me confundiré con la lluvia, iré a encontrarme con el mar,
no me acompañaran mis letras, las dejare a mis amigos.
No quiero quedarme en océanos o mares mediterráneos, el mar Caribe, reclamara derechos sobre mí, los tiene.
Quedare, para siempre, siendo parte de esas olas que acarician mi isla.

Un día seré vapor y nube y volveré a andar sin ropas, ni ataduras, mis calles y mis campos.
Volveré al mar, a mi tierra, una y otra vez, en ciclos repetidos.
Cuando muera, desnudo y entre aguas, no habrá velorios, ni flores, ni lagrimas, seré agua, regresando a mis raíces.
Cuando muera, corriendo al mar, en mis aguas, llevare para siempre, disueltas, mezcladas y fundidas, partículas de mi tierra y mis recuerdos!