Mercedes!

Es una mujer común y corriente, no es una escritora, ni una cantante conocida, cumple hoy, 78 años. Mercedes, es una cubana que en 1960 abandono Cuba. Puede usar joyas visibles, pero siempre lleva con ella, prendida en su corazón, su joya mas valiosa; su isla, sus recuerdos, que ni siquiera un alzheimer’s que comienza, lograra arrancarle.

Mercedes, tiene toda la cubanía a flor de piel. La descubrí mientras esperaba su vuelo a Atlanta. Su hija y sus nietos, la esperan para celebrar juntos, su cumpleaños. Solo pude separarme de ella, cuando la deje sentada en el avión. Su gracia criolla, su sonrisa, sus anécdotas, tejieron una red, que me atrapo, para siempre.

Encontrarme con esta mujer, reír con sus historias, fue como si La Habana, viniera a saludarme. Su esposo de origen argentino, amo intensamente a Cuba. Allí, conoció a Mercedes. Tal vez, por estar casada muchos años, con un diplomático, mi ciudad, la eligió a ella de embajadora, para enviarme su risa y su alegría. Mercedes, es como un cascabel, no para de reír y de contar historias.

Tiene mil historias que contar, me hablo de su primer amor, aún mantienen contacto. Se conocieron en España, en Oviedo, en la verbena de San Mateo, el patrón de Oviedo, fue la primera vez que bailo sobre la hierba. Aún recuerda la canción que bailaron. Busca en su cartera y me muestra una foto reciente, con su primer amor. Me convenzo, esta mujer, la envío mi ciudad. Ella, como La Habana, no olvida un amor, tiene el raro privilegio de una vida larga y la frescura de un primer amor en su sonrisa y en su alma. Ríe a carcajadas, me contagia su risa.

Mercedes, me cuenta, que una vez, en Madrid, le preguntaron si era cubana, se asombraron; rubia y con ese pelo, ese no es pelo de cubana! Aclaro que Cuba, exhibe todas las “razas” y todas con igual orgullo. Le soltó a la española; a ustedes son lo que mas les gusta la carne negra. Me mira y me dice, el mejor invento español, no es el submarino, es la mulata, eso lo sabe todo el mundo.

Conversando con Mercedes, le conté que escribía, de mi blog, de mis encuentros entre amigos, en The Place, me dio su email. Le encanto la idea de reunirse a compartir escritos y anécdotas, de reír juntos.

No se me ocurrió tomarle una foto, dejar constancia de su existencia, compartirla con ustedes. En el momento de abordar, Mercedes, no encontraba el ticket, entre risas, me dijo, se me olvidaba que lo puse en el bolsillo mas seguro, lo sacó de su pecho. Esta mujer, como La Habana, se ríe de achaques y de arrugas, habla del mañana y vive a plenitud el presente.

Guardo en el balckberry su email, ya le envíe un mensaje, tal vez nunca responda. Tal vez Mercedes, no es un ser real, fue un regalo que mi Habana quiso hacerme, la creo para mi. Su nombre aparecía en la lista de los pasajeros, pero se que mi Habana, lo puede todo. Tal vez mañana u otro día reciba respuesta de Mercedes, no me extrañaría que al abrir el mensaje, una ola del malecón, me salpicara el rostro o un colibrí, saliera volando.