¡Adios!

Adios, fotofrafia tomada de Google.

Te digo adiós, agito una mano, con la otra, seco una inoportuna lagrima.
Te digo adiós y estrujo tu ultimo mensaje y escribo un enorme ¡No te vayas! En la pared del alma.

Me tatúo en el pecho tu nombre y lo borro con lágrimas, con fuego.
Te digo adiós y no lo escuchas, sigues aferrándote a recuerdos a besos que no existen, que borraste para siempre con tus miedos.
Te digo adiós, mi corazón grita un; no te vayas. Mis torpes manos, no saben de soltarte y te sujetan, aún en el momento de partir.

Te grito adiós y arranco la venda de los sueños,

mientras corre la sangre incontenible, de este perderte para siempre, de un vete ya, aléjate, no vuelvas.

Te digo adiós en mil idiomas y no entiendes que es definitivo.
Se acabaron juegos, oportunidades, mentiras, plazos, inventarme un mundo que no existe.

Levanto un muro enorme, cierro rejas, te dejo afuera para siempre,

te digo adiós y me invento un mañana, en que no estas.

 

Fotografia tomada de Google.

¡Esperas!

En un lugar, donde nadie espera  nada, todos esperan, sin saberlo, sólo por la costumbre o el vicio de esperar. A veces un acto repetido, se incorpora a la vida, se hace hábito. Cuando no hay otra opción, esperar, da sentido a la vida.

Madres, sentadas en portales, que esperan hijos ausentes. Miran al horizonte, presienten llegadas, su oficio es esperar, con el alma servida de afectos, desencuentros y regresos. Se despiertan y acuestan esperando, mirando fotos que hablan y besan. Esperan con la fe inmensa de quien confía en el milagro del amor. Escuchan timbres, voces, la espera se congela, se espera a si misma.

Amantes, que esperan a otros amantes, amores truncados, terminados a la fuerza, que siguen en la espera. Penélopes, que desconocen la labor de tejer, cocinan, lavan, ponen ladrillos, cortan hierba, sin dejar de esperar, sin saber a quien o que esperan. Esperar, puede convertirse en una obsesión, una idea fija que puede ayudar a levantarse cada mañana.

Muchachos que dicen; estoy cansado de esperar por la hora de irme, para donde sea, pero irme! Estoy cansado de tanta espera. Cada día amanecen con la idea fija que hoy su espera puede terminar. Hoy puede ser el día de terminar una espera y comenzar otras, vivimos así, de espera en espera, por un futuro que no llega.

Ciudad, que reúne esperas, apoya sus codos en el muro de todos, suspira, y espera regresos que no llegan, sueños que no cuajan. A veces, la espera puede ser palpable, maciza, un cuerpo físico. De tanto sumar esperas, un día, la espera, tomo vida propia, es un personaje mas, anda entre nosotros. Se sienta en un muro junto a muchos, alarga su rostro y dice; ya ven, yo también espero, ni yo, puedo escapar a mi suerte.

A  veces, no sabemos que esperamos, lo hacemos por costumbre, estamos enfermos de esperas. Nos miramos reímos, soñamos, hacemos el amor, sin olvidar que esperamos, en una espera larga, interminable y angustiosa. Una espera de años. Una espera de muchos, anula soledades, se hace colectiva.

Las palmas, esperan, las montanas esperan, los ríos y el mar, se unen a la espera. Una espesa niebla, pegajosa, contaminante, obliga a todos a esperar. Cada uno espera a su modo, se suma a la espera colectiva, aportando su propio sueño, su esperar. Allá, donde la espera puede a veces romperse con un grito, una palabra o un abrazo.

Por instantes, estallidos de afectos, conjunción de recuerdos, hacen el milagro de iluminar la espera, de adelantar finales. Un aire de esperanza recorre la ciudad, se olvida la espera y se disfruta el minuto. Después, volvemos a la espera, nos sentamos, nos miramos sin ver y hablamos sin palabras.

Una mañana, tanta espera, será recompensada, arco iris de esperanzas y realidades adornaran un cielo nuevo. Un viento incontenible hará danzar palmas y olas, desbordara ríos. Un rayo de sol disipara neblinas, dibujara sonrisas. Será una mañana de fiestas, de encuentros, de esperas olvidadas y afectos. A partir de ese día, si esperamos, lo haremos con alegría, haciendo, de pie, con sonrisas en el rostro y miradas encontradas, con certezas, sin miedos. Una mañana así, vale la pena esperarla!

Fotografias de Yohandry Leyva.