Salvando mi memoria y los recuerdos.

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Ahora que solo confundo lugares y olvido nombres, que conservo intacta mi memoria, que atesoro recuerdos y momentos, es el momento exacto de un recuento. De almacenar lo mas valioso, lo que no debo olvidar, ni aún en el olvido o la demencia.
Antes de terminar como la vieja Eulalia, dando brillo sin final a objetos y recuerdos, con la mirada perdida en el pasado. Quiero hacer un balance necesario, guardar para el olvido mis tesoros, mis mejores momentos, mis rostros mas queridos, mi ciudad, mi gente y mis palabras.

Hare un álbum inmenso, donde guarde fotos, diálogos, personas, amigos, hermanos. Escribiré en la puerta de mi casa un cartel enorme que recuerde; ¡Abrir el álbum cada mañana y cada noche! En la portada, la foto de mi madre sentada sobre mi, mientras la beso, sin comentario, sin palabras. Aún en el olvido más terrible, sabré que es ella, recordaré su aliento y sus abrazos.

Mis hermanos, mis amigos, todos tendrán su sitio exacto. Allí estarán sus fotos, nombres y sus huellas. Cuando vayan a verme, en algún sitio con luz, allá en La Habana, les diré entre risas; estas aquí, mira. Les mostrare sus fotos, los mirare con ojos de pasado, recordare cada instante compartido.

Estarán también todos mis escritos, los buenos y los malos; a todos los amo, no es culpa de ellos no ser mejores, solo es mía. Entre ellos, una foto de mi musa con su nombre y un comentario; todo empezó una tarde de noviembre cuando soplo el polvo de mis alas, no hará falta más en el recuerdo.

Tendré montones de fotos de La Habana, de sus calles, muros y su gente. Un breve; Mi ciudad, desatara memorias, olas. Andaré por sus calles en el recuerdo. Salvare para mi olvido, sus adoquines, sus huecos, sus columnas, sus largas caminatas, su alegría. Mirare sus fotos y uno a uno, se harán presentes instantes de mi vida.Convocados por la magia de mis raíces, escaparan del olvido o la demencia.

Guardare en un álbum mi memoria, no olvidare un detalle. Cuando abra mi álbum, cada día, entre colibríes y sinsontes, olas y soles; mariposas del recuerdo, alegraran mi vida, salvada, para siempre del olvido.

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Montse, mi musa transoceánica.

Nos conocimos en el mundo virtual, en una página de Facebook con un nombre especial, De La Habana al cielo. No recuerdo, como la descubrí, ni la primera vez que hablamos. Sin saberlo, sin darnos cuenta, nos fuimos haciendo amigos, amigos especiales, de esos que no se conocen, pero se nos hacen imprescindibles.

Siempre asumí que era una cubana que vivía en España, que años viviendo en Barcelona le habían cambiado el acento y decía querencia y a tu vera con soltura y gracia. Un día, descubrí que no era cubana, española de pura cepa, catalana. Un grupo de amigos, decidimos otorgarle por unanimidad el titulo de hija ilustre de La Habana, de Cuba. Años dedicados a promover nuestra cultura, amando nuestra isla, le ganaron con creces ese titulo.

Muchos amigos, me han oído mencionar a mi musa transoceánica, la mujer que un día me tomo de la mano y me llevo a retomar el oficio de escribir. Todo comenzó, una tarde de domingo, cuando publico en  su página, un cuento delicioso, donde narraba los amores  de Cusita y Papi. Un colaborador se lo envío, disfrute tanto su lectura, que escribí un breve articulo sobre la guagua y los amores y pasiones que vivimos en ella y en las paradas, le pedí a mi amiga, hasta la foto para publicarlo en su pagina.

Cuando leyó mi escrito, mi musa transoceánica, me envío un mensaje, más o menos decía así; tienes talento para escribir, me dejarías guiarte para que escribieras sobre algunos lugares de la Habana? Así nacieron, Coppelia, la Escalinata, la Rampa, el Malecón. Un día, soltó mi mano, se dio cuenta que podía seguir solo el camino. No me abandono, sigue a mi lado, a mi vera, como diría ella, me aconseja y alienta.

Cuando publique mi libro, mi primer libro, estoy un poco pretencioso, lo dedicare a dos personas; a ella y a mi madre. Un día, le dije; mi madre me dio alas y me enseño a volar, tú les quitaste el polvo! Del otro lado del mar, mi amiga, soplo con tanta fuerza, que le quito, para siempre, el polvo a mis alas, no se como lo logro. Algún conjuro mágico, nos unió para siempre.

Mi amiga, es todo un personaje, un misterio, su amor por Cuba, sorprende y deslumbra, como me dijo un amigo  común, “nadie sabe como ni por que, pero lo cierto es que nos ama…” Un amor extraordinario a todo lo nuestro la caracteriza, es como un tocororo viviendo en Barcelona o una palma real echando raíces en otras tierras. No se mucho de ella, para querer a alguien, no hacen falta preguntas, ni respuestas. La primera vez que le dije; te quiero mucho, se emociono, me dijo, de veras?

Se que conoce La Habana, que la ha andado, la andará por siempre. Ignoro en que momento exacto el amor por Cuba la poseyó para siempre, se convirtió en cubana con mayúsculas, con orgullo.

En algún momento, nos encontraremos, nos daremos un abrazo enorme. Un abrazo del que saldrán volando colibríes y palomas, que hará a la Giraldilla, girar en dirección contraria al viento, un abrazo que detendrá a Charin, justo en el fouette 32 y que Eliseo, desde La Habana, aplaudirá, con un nuevo amanecer.

Gracias Montse, por tu amor por Cuba, por nuestra cultura, por hacerme escribir de nuevo, por  tu aliento y por tu querencia, un beso sin final!