Un record de vulgaridad o echame el pellejo patra

Siempre recuerdo una frase que dice un personaje de “La duodécima noche” de Shakespeare; nunca se está tan bien que no se pueda estar mejor, ni tan mal, que no se pueda estar peor. Con la letra de las “canciones” del Reggaeton sucede algo parecido. Cuando creemos que hemos llegado al fondo de la vulgaridad y de las letras que hieren nuestros oídos, aparece una nueva que nos deja atónitos, turulatos, que nos hace creer que alucinamos y nos pone al borde del patatús.

La música cubana, la buena, la que resistirá el paso del tiempo, debe sufrir y mucho estas agresiones. Castigandome para estar seguro de que existe, busqué en YouTube un número al que un amigo virtual hacía alusión en su página de Facebook, para espanto mío era cierto; “Echame el pellejo patra” existe, no es una broma y esta en YouTube con un buen número de visitas

Allá en el Olimpo de la música cubana, Lecuona, Adolgo Guzman, Rodrigo Pratts, Maria Teresa Vera, el Benny y muchos más, la lista es larga, rica y abundante en valores, deben mirarse asombrados, decir; es hora de hacer algo, esto no puede continuar asi. Los imagino enviando buenas musas, inspirando a músicos, luchando porque la calidad se imponga.

¿Cómo es posible que alguien pueda escuchar o bailar y llegar a aplaudir ese espanto, ese engendro? La vulgaridad, el usar lenguaje fuerte en las letras, tiene un limite y si no lo tiene, lo imponen la educación y la decencia; el luchar por ser mejores y no peores cada día.

Tal vez mis amigos se pregunten como pude sobrevivir al “ataque acústico” de escuchar ese engendro; busqué desesperadamente el antídoto. Escuche al Bola en Vete de mi, a Esther Borja en Damisela encantadora, a Ivette Cepeda en Diario, a Mirian Ramos, al Benny, a Maria Teresa Vera. Me sumergí en las cálidas aguas de lo mejor de nuestra música. Me prometí ir al próximo de Maggie Carles y escucharla en Siboney, disfrutarla desgranando numeros de Meme Solis y de las hermanas Diego. Tengo que ir a ver a Malena recreando nuestra música, a Annia en canciones de Pablito. Pedirle a Fabio que nos traiga a Ivette Cepeda a Hoy como ayer, pronto. Pienso que todo no esta perdido, que aún hay esperanzas y talentos en cada esquina habanera, lo sé.

No podemos legarle al futuro vulgaridades y mala música. Cómo es posible que YouTube no revise los videos que suben los usuarios, ese video debe estar en la sección de pornografia, no en la de música.

Ay Sindo Garay, Matamores, esto es mucho para un sólo corazón.

Que alguien saque pronto un número que el estribillo diga, ¡Traiganme la buena musica de vuelta!

¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografía tomada de Google.

Nosotros y el mundo!

Para muchos de nosotros, Cuba, es el mundo. Emigramos, pero la llevamos con nosotros. Si hace cientos de años, en el descubrimiento del nuevo mundo o encontronazo entre dos culturas, el viejo mundo, vino a nosotros, ahora nosotros vamos al mundo, conquistándolo, cubanizándolo. Pintamos el mundo de azul rojo y blanco, lo hacemos nuestro. Cambiamos pinos, por palmeras, nubes, por cielo azul.

Somos capaces de cambiar la configuración de Europa en el mapa mundial.  Poco a poco, se asemeja a un gran caimán, tendido entre el Atlántico y el Mediterráneo. La Florida, tan cercana a nuestra islita, se llena de palmeras, de cubanos, que traen al hombro, un saco repleto de sueños, decididos a hacerlos realidad. En cada balsa que llega a sus costas, viene un pedacito de Cuba, a afincarse y crecer.

No necesitamos cincel y martillo, para rehacer costas y limites. No usamos dinamita, ni gigantescos taladros. A golpe de música, ron, café y trabajar duro, expandimos nuestra isla. Nos vamos de Cuba, pero la inventamos y recreamos, donde quiera que lleguemos. Hacemos del mundo nuestra islita y de nuestra islita el mundo.

Conquistamos el mundo, con una sonrisa y el mundo se deja conquistar, no se resiste, no podría. Llegamos un día a Miami, de aquella ciudad, solo queda el recuerdo, la hicimos crecer, ampliarse, desbordarse. Hoy, la compartimos orgullosos, con muchos.

Miramos el mapa del mundo y vemos Cuba donde quiera. No creemos en geografías, limites ni fronteras. Para conquistar el mundo, no necesitamos arcabuces, ni ejércitos. Ponemos a bailar nuestra música a todos. Los invitamos a un trago de ron o a un buen café y ya son nuestros. Si alguien se resiste, le damos un abrazo, le pasamos el brazo por el hombro y le hablamos de Cuba; le ponemos, para siempre, nuestra isla, en el alma!

Los cubanos, no creemos en Tsunamis, ni cataclismos. Si algún día ocurriera una nueva glaciación, si el calentamiento global aumentara. Nuestra islita sabría arreglárselas para sobrevivir, para mantenerse a flote. Tal vez entonces las balsas vengan del norte o desde Europa, a buscar refugio en la islita que sobrevivió a todo. Pedacito de tierra que el amor, hizo insumergible, capaz de vencerlo todo y de crecerse en el recuerdo y en el alma, para albergar al mundo.

Aprendimos a reírnos de todo, a no darnos nunca por vencidos, somos capaces de convencer a cualquiera que Cuba limita al norte con Groenlandia y al sur con Australia. Cambiamos el mapamundi, en una isla gigantesca, un gran caimán, tendido al mar.

Al final, para todos nosotros, el mapa del mundo, cabe en nuestra isla. Cuba, cabe, toda, en nuestros corazones. Cambiamos acentos, incorporamos nuevos platos a nuestra cocina, nos incorporamos al mundo. Así, ciudadanos del mundo, nos es más fácil conquistarlo, cubanizarlo. Todos llevamos en el pecho, una banderita roja, azul y blanca que ondea a vientos de esperanza. Hacemos del mundo Cuba y allá nos vamos, a andar el mundo, a conquistarlo. Donde quiera que estemos, llevamos a Cuba con nosotros, plantamos nuestra bandera, hacemos al mundo nuestro y a nosotros, el mundo.