¡TALISMAN!

Arrancó un vuelo tricolor de su bata, lo lanzó al aire y una inmensa bandera cubana, cubrió la casa, protegiéndola de lluvias y vientos.

Habanero2000.

Andamos dispersos por el mundo. Nos hemos inventados nuevas casas, nuevas tierras, nuevos mundos. Otros cielos y nubes, adornan nuestros amaneceres y noches. Nosotros, los que nos fuimos, los que un día decidimos partir, cargando solo con recuerdos, sin mirar para atrás, por miedo a no poder irnos. Nosotros, los cubanos, más allá de religiones y creencias, llevamos siempre, en el alma, visible en la piel, tatuado en la frente y en los ojos! Un talismán o resguardo que nos protege de penas, tormentas y angustias. No es un resguardo del folklore, tampoco una estampita, oración o escapulario que tomamos en la mano en momentos difíciles, es algo más fuerte, más importante. Nos acompaña en las buenas y en las malas. Cuando faltan las fuerzas, cuando el cielo oscurece, lo desplegamos, nos cubrimos con él, seguros y confiados que nos basta para capear temporales y relámpagos. Bajo su protección, nada nos asusta, nada nos vence ni intimida; nuestro talismán es; nuestra bandera!

Basta mirarla ondear al viento y sabemos que todo va bien, no hay dolor que se le resista. No importa donde estemos, si muy al norte o muy al sur, entre hielos y nieves o sudando a mares, entre rayos de sol y sequías extremas. Nuestra bandera, cambia de forma, se adapta a climas, esta siempre con nosotros, no nos abandona. Es el brazo poderoso de la patria, que nos sostiene, nos levanta en alto, cuando el vacío se abre a nuestros pies. Lo dejamos hacer, seguros que a su sombra, todo esta bien. Talismán único e inigualable que no distingue entre cubanos, protege a todos por igual.

Sus poderes, le permiten ser puente, transporte, cielo y tierra, mar y viento. Alfombra mágica que nos lleva a recuerdos y nostalgias, mezcla inigualable de color y sabor cubano. En este, nuestro andar por el mundo, hemos aprendido a amar y respetar otras banderas, pero el lugar de la nuestra, permanece intacto, intocable, seguro.

No hay cubano, que no ame a su bandera, especialmente entre los que un día, decidimos o tuvimos que partir a luchar por nuevas vidas. La trajimos con nosotros, allí, donde decidimos quedarnos, la clavamos bien hondo. Ella, como nosotros, echo raíces en otras tierras, se rodeo de palmeras, girasoles, se ungió de miel, guarapo y ron. A su alrededor, revolotean colibríes y tocororos. Junto a ella, armamos vidas, familias y sueños, a su influjo nos trajimos nuestros barrios y ciudades, nuestros campos, nos inventamos una Cuba, en el exilio.

Muchos, la llevan en el auto, otros, la ponen en la casa, en el jardín, o la llevan en la camisa y la blusa. Cualquier pretexto u ocasión es bueno, para lucir una bandera cubana. En esta forma nuestra de gritar; cubano ciento por ciento!

Nuestra bandera, se despliega por el mundo, como nosotros. Va a nuestro lado, abre caminos. No nos deja olvidar nuestro origen, asegura el camino de regreso, se lo inventa en cada franja, lo ilumina con su estrella. Nos recuerda la sangre derramada, nos compromete y alienta, a regar la tierra con la nuestra, si fuera necesario.

Talismán gigantesco, que es a veces un nudo en el pecho, unas ganas inmensas de hacer algo. No son tiempos de esperar a verla deshecha en pedazos, para que muertos y vivos, se levanten a defenderla. Son tiempos de hacer algo por ella, antes que se nos rompa de tanto extenderse en esa ansia de cuidarnos, de tanta pena acumulada, de tantas lágrimas secadas. Pongamos la bandera en nuestro pecho y a su fuerza e influjo, seamos, entre todos, el asta que la levante a lo más alto, segura del futuro y la esperanza.

Fotografia de Yohandry Leyva.

Los cubanos y la teoria de la relatividad.

La relatividad para nosotros, los cubanos, no esta relacionada con curvaturas del espacio, ni  formulas matemáticas, ni siquiera  con la velocidad de la luz. Para nosotros, todo es relativo, incluidos espacio y tiempo. No enloquecimos tratando de hacer cálculos con complicadas ecuaciones, “enloquecimos”,  de escaseces, consignas y nostalgias, cuando no, podía ser si y un si, un no rotundo.

Hace días, una pasajera en el aeropuerto, me pregunto de donde era, cuando le dije, Cuba, sonrío, me dijo; Cuba, tan cerca y tan lejos! Ese es un punto importante en nuestra teoría de la relatividad, aprendimos que aunque algo este cerca, puede resultar muy lejano.  Los que vivimos en Miami, o en general en el sur de La Florida, somos, en el sentido geográfico de la palabra, los inmigrantes mas cercanos a su país de origen, aunque somos, a la vez, los que mas lejos estamos; Cuba! Tan lejos y tan cerca! Un viaje a Cuba, se nos hace difícil. Incluso, ahora en tiempos que muchos viajan a Cuba, sin restricciones del lado de acá, para muchos, Cuba sigue lejana, inaccesible, para otros que podemos visitarla, sigue distante y difícil. Preparar y hacer un viaje a Cuba, se nos dificulta casi tanto como un viaje a otra galaxia y más caro que un viaje a Europa.

Hubo años que una llamada telefónica, una carta, era algo muy difícil, casi imposible, para los que salieron de Cuba. Los primeros en irse, los que le siguieron después, por muchos años, pertenecían a un país que no existía en el espacio conocido, inalcanzable, hablarnos a nosotros de relatividad y curvaturas del espacio. Aprendieron sobre la marcha el significado de la relatividad, casi podían tocar con la mano, un país, perdido en el espacio, para siempre. Tenían familia cercana y lejana, voces perdidas en un teléfono, madres y hermanos que muchos no volvieron a ver. De cierto modo, tenían familia y no la tenían, aunque esto, también era relativo, el afecto por ellos, nunca fue mas fuerte que en esos tiempos difíciles.

Decidir emigrar, sin dudas, abre portales a curvaturas del espacio desconocidas, agujeros negros, donde las reglas de la física y la lógica, dejan de cumplirse. Aún viviendo en Cuba, la relatividad se hizo presente de muchas formas. Cuantas veces a la hora de preparar el almuerzo, para 5 ó 6 personas, las amas de casa cubanas, se enfrentaron a un pedazo de pollo que alcanzaba, cuando más, para dos!  Terminaban haciendo un delicioso almuerzo para todos, demostrando que poco, puede ser mucho  o al menos suficiente. Todo puede ser relativo para nosotros, desde la comida, la ropa y un sin numero de cosas mas.

Nos convertimos en el único país del mundo donde los alimentos, tenían vida propia, viajaban y llegaban cuando mejor les parecía. Cualquier extranjero hubiera enloquecido de escuchar gritos en el barrio; llego la carne! Llego el café! Corre que llego el jabón y hay un faltante! O en el colmo de la relatividad; llego el aceite del mes pasado! Solo nosotros, podíamos entenderlo.

En la época de la famosa libreta de la ropa, más de una vez, fuimos a comprar algo que necesitábamos con urgencia y nos paralizo un: hay pero no te toca! En este mundo nuestro, donde todo puede suceder y es relativo o usabas pañuelo para sonarte la nariz o tenias calzoncillos.

Para nosotros, poco, a veces es mucho y mucho, puede ser poco, depende de que hablemos y con quien hablemos. No, no estudiamos la teoría de la relatividad de Einstein, ni falta que nos hace, para saber que el tiempo es diferente, que se acorta y extiende, que al final todo es relativo. Lo único absoluto es y será siempre nuestro amor por Cuba y la certeza de un mañana que se anuncia entre arco iris y rayos de sol, un mañana con todos y para el bien de todos.

¡LAZARO!

lazaro
San Lázaro, uno de los santos mas conocidos en Cuba, suma devotos y seguidores cada año. Su día, convoca a miles, millones a rendirle homenaje y cumplir promesas.

Una tarde, conversaba con un cura, mientras esperaba el agente que lo llevaría  a recoger equipaje y tomar el auto, una persona encantadora. El agente que llego a recogerlo es muy católico, lo reconoció al instante dijo su nombre, era el párroco de la Iglesia de San Lázaro. Le comente que cada año, iba con amigos a esperar el 17 de diciembre en su iglesia, A cual vas?  Me  pregunto; la del Rincón en la 4 avenida del East. Me aclaro que no pertenecía a la iglesia católica, que ellos la respetaban y atendían. Por más que me explico, termine sin entender. Mis amigos, saben que no se mucho de religiones, de divisiones de la Fe. A veces pienso que, las religiones, como las fronteras, dividen en vez de unir.

Respeto, aunque no las practique, a todas las religiones. Siempre digo a mis amigos, que si Dios, quisiera que todos pensáramos igual, nos hubiera dado un cerebro colectivo y no uno a cada uno. Fue sabio al hacerlo, si no, padeciéramos de constantes y terribles dolores de  cabeza.

San Lázaro, santo o solo el viejo Lázaro, como le decimos con esta acostumbrada confianza nuestra de tutear a santos y hacerlos miembros de la familia, sabe que no solo el 17 de diciembre, todos los días del año, sus fieles, miran al cielo o al altar, le piden con Fe. No nos abandona, ni quiere, ni puede, es parte nuestra.

Dicen que siempre se ocupa de cumplir lo que le piden y que a la vez es celoso y estricto con las promesas que le hacen, si se le promete algo, hay que cumplirlo Hace días, una señora me decía; nunca le pido nada, tengo muy mala memoria y se que es de los que cobran las promesas incumplidas. No me imagino a un ser de luz, a un espíritu cercano a Dios, cobrando promesas incumplidas, por si acaso y por aquello de; mas vale precaver que tener que lamentar, siempre cumplo lo que le prometo. La última fue ir con un amigo ateo a dar gracias por su recuperacion, si intercedia por su vida. Una operacìon a corazon abierto y su complicacion, casi le arrebatan la vida. cuando mi amigo se recuperó le dije, vete preparando que un domingo iremos al Rincon de San Lázaro a dar gracias. no costo trabajo llevarlo; alli juntos, dimos gracias y oramos.

Lázaro, obispo o mendigo, con anillo de oro o arrastrando sus muletas, sabe que muchos le piden por problemas de salud. La fe en su interseción, es como una gran vacuna para muchos, la mejor medicina, el cocimiento exacto que cura males y alivia dolores. En su día, allá en La Habana, desde todos los lugares del país, acuden sus fieles a pagar promesas, a rendir homenaje, a pedir, renuevan votos, magnifican su Fe. He sido testigo de promesas cumplidas y renovadas, a veces me asombra la fuerza de la Fe.

Visito sus dos casas, allá en el Rincón y aquí en Miami. En ambas converso con Dios, oro por mi madre, mis amigos, por mí. Recién llegado a Miami, vivía muy cerca de su iglesia, una mañana en que nostalgias y situaciones me agobiaban, me senté en su iglesia, no pedía, solo lloraba en silencio. Un río de lagrimas, una tras otra mojando el piso de la iglesia, de pronto, les juro que escuche la voz de mi mama, llamarme,¡Joseito! Su voz retumbo en mis oídos y en toda la iglesia. Me levante del asiento y empecé a buscarla; no estaba. Dios y Lázaro, me trajeron su voz, como única vía para contener mi llanto, escucharla, cancelo lagrimas y revivió esperanzas, me dio la paz necesaria. Al Rincón, en La Habana, regreso, cada año, del brazo de mi madre, a pedir por amigos, a conversar los 3, seguro de mi fe y mis principios.

El Rincón de San Lázaro en la Habana desbordado de creyentes y hasta no creyentes preside cada 17 de diciembre un acto de Fe, único y especial. Aún en tiempo de religiones prohibidas, supo burlarse de prohibiciones y absurdos. Lázaro, desde su altar convoca a su pueblo que le rinde tributo y amor.

San Lázaro, Babalu Aye, el viejo Lázaro, Lázaro obispo o mendigo, al final, es igual, una vía un camino para llegar a Dios, el nombre y el traje púrpura o de harapos, es lo de menos, ìsolo cuenta la fe! Y esa, ¡es enorme!

Balcones habaneros.

Muchas ciudades, tienen y exhiben balcones. Los balcones no son patrimonio exclusivo de La Habana, pero en ninguna otra ciudad del mundo, tienen la característica, el calor, el toque folklórico que los distingue en nuestra ciudad. Los balcones habaneros, son únicos, como nuestra ciudad, como nosotros.

En mi último viaje a La Habana, me detuve a observarlos y fotografiarlos. Los balcones habaneros, son como una vidriera de la ciudad. No se en que momento dejaron de ser  un lugar para tomar fresco y mirar el paisaje, se independizaron de casas y edificios, se decretaron libres, cambiaron funciones y diseños.

Tengo una amiga, hace años que no la veo, que en otra época, perteneció a la clase media alta, aún conserva una casa esplendida, de lujo, algunas joyas y recuerdos. En una ocasión, le pregunte por que no se había ido, su respuesta fue sencilla; no podría vivir en otra ciudad, yo tengo que salir a la calle  y ver sabanas blancas en los balcones, si no, me muero!

Los balcones habaneros, son emblemáticos, como postales de la ciudad. Si en La Habana, todo puede suceder, en sus balcones, todo cabe y todo puede hacerse, desde el amor, hasta criar gallinas o un puerco. No se en que momento exacto, conquistaron su libertad, dejaron de ser parte de apartamentos y casas. Un balcón habanero, es como un poeta loco, mezcla palabras de amor con ropa recién lavada, cultiva plantas, cría animales, acumula tarecos y flores. Son ventanas a un mundo alucinante, donde el imposible, no existe.

Quien no ha escuchado conversaciones de  balcón a balcón; vecina, te llaman por teléfono o llegaron los huevos, apúrate que dicen que hay un faltante! Aportaron a la arquitectura e ingeniería su inventiva, con sistemas de poleas para subir cubos de agua, panes, mandados y periódicos, hasta teléfono inalámbricos vi subir por uno de ellas.

Tener un buen balcón en La Habana, es como tener reservado, para siempre, un palco especial, en primera fila en el gran teatro de la ciudad. Desde un balcón habanero, visitando amigos, vi por vez primera a Juan Pablo II, en su histórica visita a Cuba, también vi los restos del maleconazo, que llegaron hasta al Hospital  de Centro Habana. Quien tiene un balcón, nunca se aburre, ante el desfilan personajes. Cada minuto, comedias o tragedias, ocurren ante él.

Cuando no hay nada que hacer o cuando la atmosfera se caldea dentro, asomarse al balcón, es como practicar yoga, relajar. No se como sobreviven los que tienen apartamentos sin balcones, se pierden su encanto, desconocen su magia.

Mientras caminaba por La Habana, miraba los balcones, sentía su magia, mezcla de museos y solares, de sopranos y rumberas de guapos y estilistas. Sitios sin abolengo ni limitaciones, sin clases sociales. Si la ropa sucia, se lava en casa, la ropa limpia, se muestra a la ciudad, desde medias, ropa interior, hasta sabanas blanquísimas, destellando al sol y meciéndose al viento, ignorantes de canciones  y poemas. Miraba las sabanas al viento, parecían saludarme, alentarme, competían entre si para llamar mi atención.

Me adentre en calles persiguiendo destellos de sabanas, me deje llevar por la sinfonía de la Habana, que como directora de orquesta, ordenaba destellos y vientos. Parecía decirles; ahí vienen, arréglense, muévanse con gracia, van a salir mal en las fotos.

Otras ciudades, tienen balcones, pero ninguna otra cuelga en ella sabanas blancas, amores, recuerdos y sueños. He visitado otras ciudades y no vi salir magia y fantasía de balcones, solo La Habana, lo logra. Así, de balcón en balcón, anduve por  nuestra ciudad, redescubriéndola, dejándome seducir, enamorándome de sabanas y sueños.

REGRESAR!

Partir, la primera vez, todas las veces; partir, es siempre difícil. Regresar, volver una y otra vez, es una mezcla de sentimientos y  emociones. Regresar, aunque solo sea por unos días, acelera el ritmo cardiaco, provoca un estado de ansiedad, que no disminuye ni el mejor ansiolítico conocido, ni siquiera hacer el amor.

Mucho hablamos de cuando nos fuimos, de esa primera vez, que nos desgarro el alma, que tenso el cordón umbilical que nos une a tantas cosas, que casi lo rompe! Partir, fue, es sin dudas, difícil, regresar, también lo es. Cada viaje de regreso, nos revuelve los sentimientos, los recuerdos. Aunque sepamos que la felicidad, esta garantizada, que nos esperan brazos amorosos y todo el amor del mundo en un beso. Regresar, nos alegra, pero también nos tensa, nos desata emociones contenidas, nos desboca en una carrera a un abrazo, a una nueva partida.

Cada vez que regresamos, cambiamos planes, gastamos más de lo debido, sacamos mil cuentas. Siempre se nos quedan un montón de cosas por llevar. Vamos una y mil veces a las tiendas y al mercado, todo nos parece poco.

Recuerdo mi primer regreso, mientras esperaba la salida del avión, escuche a uno de los pasajeros decir; he regresado mas de  20 veces a Cuba, cada vez que veo desde el avión a La Habana, no puedo contener las lagrimas! Volver, es siempre un reencuentro con nosotros mismos, con recuerdos, con raíces.

Muchas veces, fui al aeropuerto a recibir a amigos y hermanas, regresando de visita. Presencie encuentros desgarradores, hermanos, hijos y madres, reencontrándose, después de años de separación. Un día, fui yo, el que regresaba, mi sobrino-hijo, se abrazó a mi llorando. En el auto, rumbo a casa, al reencuentro con mami, me tocaba y lloraba a gritos, se decía a si mismo; existe, esta aquí, no desapareció para siempre. Tuve que hacer un gran esfuerzo, solo le dije; ayúdame, aún me falta ver a mami. Poco a poco controlo sus emociones, se bebió sus lágrimas. Hice el viaje a casa, pensando en el momento del abrazo a mami. Dios, La Habana, mi madre, hicieron el milagro; cuando abrí la reja del jardín, fue como si regresara del trabajo, como si nunca me hubiera ido. Mami y yo, nos abrazamos, como si solo ayer me hubiera ido. Dios, estuvo con nosotros, en ese primer regreso, ha estado en todos.

Son las 5 de la mañana,  me desperté y vinieron a mi mente los preparativos del viaje, del próximo regreso, faltan apenas 4 días, no pude volver a conciliar el sueño. Los últimos días, antes del regreso, son los más difíciles, dormimos poco, el corazón, se nos quiere salir del pecho. Quisiéramos que los días volaran, estar ya en nuestro destino. Siempre le digo a mis amigos, que quisiera obviar preparativos y tramites, transportarme directo a La Habana, a los brazos de  mi madre.

Se que muchos, no han podido regresar nunca, sueñan con hacerlo, imagino  su dolor. Conjugaron el verbo partir una sola vez, para todos los tiempos y esperan por su regreso. Los respeto, pero esconder mi alegría y emoción por mi regreso, seria hipócrita de  mi parte.

Estoy feliz, para serlo, basta la certeza que me esperan los brazos de mi madre, que ella es feliz, repletando congeladores de tamales y croquetas, adornando, aún más, su alma, para la fiesta que se avecina.

Si, el regreso, desata emociones, nos desboca el corazón, nos quita el sueño. Aunque solo sea por unos días, aunque al final, volvamos a partir, regresar, es mirarnos nosotros mismos a los ojos, hacer balance, ensanchar el pecho. Regresar, partir, ser nosotros, ser otros, tener dos casas, dos ciudades. Al partir, solo habrá un pequeño beso, un vuelvo pronto, al regresar, los abrazos serán interminables, los besos inundaran la ciudad. Los brazos de mi madre me esperan; iré a La Habana!

Gracias por Miami!

Cuando publique,  La Habana y Miami, semejantes o diferentes?  Un amigo, me llamó para comentarlo, estuvimos más de una hora conversando. Me contó, que cuando llego a Miami, en el 80, marielito forzado, la ciudad, no le gusto, se fue a vivir a Tampa, tampoco le gusto. Buscando una ciudad, donde integrarse, llamarla suya, fue hasta Los Ángeles, allí sintió que había llegado a una gran ciudad. Logro, finalmente vivir en una ciudad que lo deslumbraba, pero donde, a pesar de luces y rascacielos, se sentía extranjero, inmigrante. Nunca logró integrarse a Los Ángeles, todo le era ajeno y distante, no podía hacer suya la ciudad. Era un extranjero más.

Mi amigo, me dijo, que al cabo de  5 o 6 años, regreso a Miami. Se reencontró con el café cubano, recién colado. Entraba a los restaurantes, disfrutaba feliz, de frijoles negros, picadillo, puerco asado, yuca hervida. Visitaba las dulcerías y cafeterías, endulzaba el alma con pastelitos de guayaba. Escuchaba hablar cubano, sus oídos agradecían ese acento, que hacia años no escuchaban. Por vez primera, en muchos años, no se sintió extranjero. Cuba, se hacia presente en cada esquina, en cada rincón de la ciudad. Mi amigo, comprendió que, había llegado a casa. Miro hacia atrás, recordó a los primeros cubanos que llegaron a Miami, con lágrimas en los ojos, en silencio, les dio gracias, por hacer de Miami, nuestra casa, por traer a Cuba, hasta la Florida.

A los primeros cubanos que llegaron a Miami, todo les fue más difícil, mas duro. Tuvieron que inventarse la ciudad que no existía, hacerla crecer, forjarla. Cuba, era un recuerdo. No tenían posibilidad de regreso, ni siquiera una vez cada 5 años, nunca!  Las llamadas telefónicas, eran dificilísimas y las cartas, tardaban meses o no llegaban nunca. No se como pudieron, si les preguntara, se que ni ellos mismos tienen la respuesta. Convirtieron la nostalgia y el  dolor en fuerza creadora, construyeron una ciudad y la hicieron suya. Se inventaron a Cuba, 90 millas al norte.

Muchos, hemos llegado después a Miami, todos hemos aportado algo  a la ciudad, nos hemos integrado a ella. Ninguno de nosotros, ha sido nunca extranjero en esta ciudad, los primeros cubanos que llegaron, se encargaron de hacerla nuestra, todos los que llegamos después, tenemos mucho que agradecerles cada día.

Ser inmigrante, aprender otro idioma, enfrentarnos a una nueva vida es mucho más fácil, desde Miami, como me dijo mi amigo; aquí, no somos extranjeros! Al salir de Miami, termina la magia, no importa los años que llevemos en el país, somos extranjeros.

Recuerdo la sobrina de un amigo especial, llego de Cuba, directo a New York, lloraba todos los días. Cuando llego a Miami,  el sol la calentó, las palmas le alegraron el alma, se sintió de pronto en Cuba. No lloro mas, la nostalgia y las lagrimas, se rindieron a la ciudad, que en cada esquina, le recordaba a Cuba.

Una vez, fui a Tampa, a visitar amigos, con un amigo-hermano que la vida y el exilio me regalaron. Antes de salir de viaje, los llamamos, les preguntamos si querían algo; por favor, traigan pastelitos de guayaba! Fue lo único que pidieron. Se que no era un antojo, era la necesidad de algo nuestro, que aquí en Miami, es cotidiano y en otros sitios, solo recuerdos.

No, nunca hemos sido extranjeros en Miami, es nuestro. Aunque al principio, la ciudad no nos gustara, termino robándonos el corazón. Tomamos juntos una colada gigantesca e inagotable de café cubano, miramos el cielo azul, respiramos el viento que viene del sur y nos decimos entre recuerdos; estamos en casa. Miami, no nos conquisto, los cubanos, conquistaron a Miami, la ciudad, no ofreció resistencia, dejo hacer a esos primeros cubanos que llegaron, segura que estaba en buenas manos.

Yo, también doy gracias, junto a mi amigo, junto a todos los cubanos que llegamos después, a esos primeros cubanos que conquistaron y engrandecieron a Miami. Levanto mi tacita de café, brindo por lo mejor de ellos, por la ciudad que nos hicieron, por los recuerdos que trajeron con ellos. Saboreo el café, seco una lágrima, les doy gracias de nuevo, ser inmigrante y no sentirse extranjero, es una bendición. Traerse un país, reinventarlo, no es fácil, ellos lo lograron, nosotros, solo continuamos, lo que ellos comenzaron, hace ya, muchos años, cuando todo, era mas difícil. A ellos, gracias multiplicadas cada día, en cada rincón de esta ciudad, nuestra!

Enamorarse en La Habana.

Cualquier ciudad, puede ser buena para enamorarse, para sucumbir ante Cupido, para dejarse llevar por la pasión y el deseo. Por alguna extraña y desconocida razón, la mañana, que iban a repartir la cuota diaria de enamoramientos por ciudad, La Habana madrugó. Se levanto temprano, coló su café cubano, marco primera en la cola. No se movió, tardaban en comenzar el reparto, colgó un cartel que decía; solo la presencia física, le dará el derecho a su turno. Terminada la asignación de enamoramientos por días, se fue feliz, dichosa. Cargo, para siempre, con el mayor número  posible por día, por minuto. Ciudad enamorada, donde entregarse al amor, enamorarse, es tan cotidiano y normal, como andarla.

En La Habana, para enamorarse, cualquier día es bueno. Cuantas veces despertamos solteros, jurándonos solterías largas, seguros de no enamorarnos más. Subíamos agresivos y malhumorados a la guagua, bajábamos, sonrientes, felices, guardando un teléfono en el bolsillo o con la promesa de una cita en alguna esquina habanera. A veces, ese amor a primera vista, era más fuerte, dejábamos pasar paradas, viaje sin final, hasta el amor. En otras ocasionas, nos seguían o seguíamos, al bajarnos de la guagua y convertíamos bancos y parques, esquinas y paredes en monumentos al amor.

Quien no camino cansado por esas calles de La Habana y de pronto, sintió una mirada que lo atrapaba o atrapo a alguien con la mirada. Así tejiendo redes, atrapando a dejándose atrapar, transcurre la vida de los que andan por sus calles, en esa ciudad, donde el amor, espera a la vuelta de cada esquina. Donde a veces, no espera, sale a buscarnos y siempre nos encuentra. Nacer en La Habana, nos marcó para siempre, necesitamos amar.

Hay ciudades, donde el amor es esquivo, puede encontrarse sexo, citas, noches de locura, pero el amor se vuelve inatrapable, difícil. Cuando termina la noche, borramos teléfonos y recuerdos, sufrimos de amnesia amorosa. En La Habana, de escaceses y racionalizaciones, el amor habita, seguro y eterno, constante. Lanza flechas, hace blanco una y mil veces, vive en nosotros.

Recuerdo  que mis amigos, me llamaban y decían; estoy enamorado, quince dias después les preguntaba si seguían enamorados, me respondían; si, claro, pero de otra persona. Así somos, enamorados del amor, viviendo pasiones intensas aunque duren  un par de días. Entregándonos al amor, sin temor a decepciones ni a  lagrimas, sin miedo a nada.

La Habana, una ciudad, donde todo puede suceder, el amor sucede a cada instante. Nace de una mirada, basta ese contacto y la flecha hace diana, el amor se manifiesta. Andamos enamorados la ciudad y ella, nos da amor, nos lo ofrece, constante  y multiplicado, en cada rincón.

Hace días, comentaba que hace tiempo que no me enamoro, que no siento una pasión que me trastorne, no encuentro unos ojos que me cautiven y enloquezcan. Siempre recuerdo la frase; “de amor, hasta morirse es bueno” Si, quiero volver a enamorarme, aunque dure poco, aunque me cueste alguna pena, quiero volverme a enamorar.

Quiero volver a esperar encuentros, a extrañar voces y besos. Los habaneros, los cubanos, sin amor, nos marchitamos un poco. Un buen amor, aunque dure poco, es como una inyección de vida, de ilusiones y fuerzas. Enamorarse, en La Habana, Miami o Madrid, es reestrenarse, desplegar alas, volar al sol, sin importarnos nada, sólo el amor.

Un habanero, un cubano, donde quiera que se encuentre, sin amor, esta incompleto. El punto no es necesidad de pareja, aunque parezca lo mismo, no lo es, es necesidad de  amor, de días  o horas, de años o meses, pero de un amor que nos trastornes los  sentidos y las hormonas. No tenemos la culpa de haber nacido en una ciudad, en una isla, a la sombra del amor. Acostumbrados a enamorarnos  a diario, a estrenar amores  y amantes, aún lejos de La Habana, necesitamos la fuerza del amor, de su impulso. Nacimos del amor y  para amar, nos enamoramos hasta de las sombras. Lejos de La Habana, seguimos intentando encontrar unos ojos que nos cautiven, un rincón donde enamorarnos del amor! Allá en La Habana, los que quedaron y nuestros fantasmas, estrenan el amor cada día, sin creer en crisis, ni limitaciones. Estallan, enamorados, en explosiones de amor incontenibles, interminables, seguros que, el amor, hará el milagro.

Fotografia tomada de Google.