Iré a La Habana!

Iré a la habana en un corcel de fuego o en un rabo de nube, iré a La Habana.

A veces, sin proponérselo, lo malo de La Habana reina en Miami, lo trajimos con nosotros, se nos sale, se le sale a algunos, por costumbre o por vocación. Aparecen entonces quienes quieren revivir asambleas donde discrepar era casi un acto suicida. Esos que reviven, día a día, el modo de hacer que dicen criticar, que desconocen que es tolerancia y comprensión. Su oficio, es imponer su criterio a cualquier precio.

Iré a la habana, entre aplausos o gritos, iré a La Habana.

Recuerdo una vez que una amiga y yo estuvimos hablando sobre Bush, yo, en contra, ella a favor, la conversación duro más de dos horas. Nadie se molesto, nos despedimos con un beso, ninguno intento imponer su criterio, sólo dialogar, enriquecernos los dos. Hay muchos que se molestan cuando alguien discrepa. El asunto de Cuba y los viajes a la isla, irrita a algunos, molesta a otros y hace feliz a muchos. Mencionar el tema, es como revolver las avispas, alborotarlas.

Iré a la habana, cuando sienta deseos de abrazar a mi madre, iré a La Habana.

En una ocasión, comentando el tema de Cuba, con una señora que trabajaba conmigo, me dijo; si todos nos unimos y no mandamos ni un centavo, provocaríamos un cambio, le dije; conmigo no cuentes, el dinero a mi mama, para que coma, no le faltara nunca. (No le falto durante dos meses que estuve en casa por una fractura múltiple). Estuvo unos días sin hablarme, después comprendió que entre ella y yo hay una gran diferencia; toda su familia, vive en USA, mi madre, esta en Cuba, no podremos jamás pensar igual, si, podemos entendernos mutuamente. Ser diferentes, no implica convertirse en enemigos, tratar de imponer uno al otro su criterio. Ser diferentes, nos lleva al dialogo, la tolerancia, la comprensión.

Iré a la Habana, Oh ceibas y palmas hermosas, iré a La Habana. 

Creo que cada uno es dueño de sus actos y decisiones y asume dignamente las consecuencias de estos. Pretender imponer a otros un criterio es absurdo. Querer que otros paguen por heridas ajenas, es mas absurdo aún. Todos tenemos nuestras propias cicatrices, nuestros recuerdos. Mis heridas, son mías, no tengo derecho a hacer que otros sufran o paguen por ellas. Tampoco puedo pagar por heridas ajenas.

Iré a la Habana, en un avión de alas plateadas, iré a La Habana.

Cuando se acercaba el día de mi primer viaje de regreso a La Habana, quise compartir mi alegría con una señora que lleva muchos años aquí, sólo le dije: el viernes me voy a Cuba, a ver a mi madre! Su rostro se contrajo en una mueca desaprobatoria. De forma brusca me dijo: no le lleves mucho dinero al gobierno de allá. La mire, me sonreí, le dije: despreocúpate, no conozco a nadie que trabaje en el gobierno, todo lo que llevo es para mi madre, ojala tuviera más, para poder llevarle más. No volvió a saludarme, ella perdió un amigo, yo, comprendí que a veces la intolerancia daña a quien la practica.

Iré a la habana, retozando en canciones y recuerdos, iré a La Habana.

Respeto y admiro a los que nos abrieron el camino. Esos que tuvieron el valor de construir Miami, de hacernos el camino más fácil a todos los que llegamos después. Tengo entre ellos, amigos entrañables, cada conversación que tenemos es una lección de historia y de cubania. Imagino su dolor por esa Cuba cerca y lejana para siempre, sus lagrimas, su no ver a sus madres e hijos. Tuvieron la fuerza de convertir ese dolor en trabajo y creación, se hicieron a si mismos mejores, construyeron Miami. Escucho sus historias, sus dificultades para llamar por teléfono, la demora infinita de las cartas, un eterno cartel de no regreso, su familia, perdida para siempre, su Cuba, inaccesible. Fueron extraordinariamente fuertes, lo son aún, lo serán por siempre.

Iré a la Habana, cuando las ganas se conviertan en ansias y las ansias en orden, iré a La Habana.

Marti, nos convoco siempre a la unión, mas de una vez, la división de los cubanos, hizo fracasar nuestros intentos. El punto no es querer que todos pensemos igual, hace muchos años, decidí no ser uno más en el rebaño. El punto es unirnos, hacer crecer lo que nos une y engrandece, por encima de diferencias y criterios que algunos intentan imponer a ultranza. Cada cubano, dentro y fuera de la isla, tiene su propia historia que contar y tiene todo el derecho y todo el izquierdo del mundo, a que le escuchen y respeten. Una razón, no es mas fuerte, porque se grite mas alto o porque este en boca de una figura pública. A veces, muchas veces, la verdad esta en boca del mas humilde, de aquel que no necesita gritar y hacer gestos efectistas para ganar atención, fama y dinero.

Iré a la habana, con sol o con lluvia, iré a La Habana.

Al final de la historia, Cuba nos espera a todos, no hace distinciones. Cura todas las heridas y ayuda a borrar cicatrices. La Habana se levanta sobre el malecón, nos saluda dándonos la bienvenida, agitando al viento su pañuelo azul, blanco y rojo. 

Iré a la habana, convocando espíritus, lanzando conjuros al viento,  iré a La Habana!

Advertisements

La Habana, ¡Ciudad alucinante!

Hace años, cuando aun no había conjugado en presente, ni pasado el verbo partir, viajando en una de las famosas máquinas de 10 pesos de Playa a CentroHabana, compartí espacio con un grupo de españoles jóvenes entre 20 y 25 años. Miraban asombrados y extasiados la ciudad. Se decían unos a otros, es una ciudad alucinante, pretendían llevarse para siempre en sus ojos el recuerdo de una ciudad que los deslumbraba y seducía. Confieso que no entendía del todo su deslumbramiento. Yo, veía edificios sin pintura, en mal estado y montones de basuras acumulados, tan acostumbrado estaba a mi Habana y a su magia que casi la ignoraba, me perdía en detalles.

La mayoría de nosotros, no teníamos punto de comparación, nunca habíamos viajado, no conocíamos otras ciudades. Un día, mis ansias rotas por emigrar y las alas de mis amigos, me llevaron a Madrid, busque en sus calles el recuerdo de mi ciudad, lloré frente al mapa de Cuba en el Parque del Retiro. Me inundé en lágrimas una noche, cuando al saber que acabábamos de salir de Cuba, un hombre, con su acordeón, nos cantó, “Cuando salí de La Habana”. En la distancia, comprendí la magia de mi ciudad y entendí entonces en toda su magnitud la frase que un día escuché en el taxi, es una ciudad alucinante, ciudad mágica que se baña en el mar y en el amor; La Habana de nuestros sueños.

La Habana, es una señora que aún conserva su belleza y encanto, como escuché decir una vez, es una mulata de esplendorosa belleza, no es blanca, ni negra, resultado de mezclas mejoradas, exhibe con orgullo su belleza criolla acumulada por años. Lava a escondidas sus vestidos viejos, refresca su rostro en el mar, se maquilla un poco y espera. Esperar es el oficio de muchas madres que de una forma u otra esperan por sus hijos. Nuestra Habana espera con la certeza del que lleva años esperando y no pierde la fe, sabe que todo llega.

La Habana, vive multiplicada y engrandecida en la memoria de sus hijos, desatada y libre, bella y perfecta. No le falta nada, solo sus hijos y en ellos viaja por el mundo, los sostiene y alienta, los cuida. Se sabe fuerte para todos y acude puntual en la memoria a la cita diaria con nosotros.

Un día despertará de su largo sueño,se arrancara con desdén consignas y carteles, se sacudirá el pelo al viento y con ese andar seguro de mujer que se sabe hermosa, marchará al encuentro de los siglos y de nosotros. No hará preguntas, se sabe dueña de todas las respuestas. Alguien curioso, le dirá, ¿Es cierto que hubo un tiempo que anduviste sucia, mal vestida, casi viviendo de limosnas? Sonreirá con picardía y dirá, sabes, no me acuerdo. Refrescará sus pies en la espuma de las olas que rompen junto a ella y seguirá indetenible, conquistando sueños guardados. Ciudad alucinante, mi ciudad, nuestra!

Mi amigo del exilio!

                 

Tengo un amigo que se acerca  a los 80 años, salio de Cuba, hace mas de 50. La misma visa que obtuvo para huir de la persecución del gobierno de Batista, por ser miembro del movimiento 26 de julio, le sirvió para salir de Cuba, cuando la revolución comenzó a cambiar su color de verdeolivo a rojo. Me gusta escucharlo hablar de La Habana, del malecón, de los cabarets, de sus andanzas nocturnas, de las veces que, casi por milagro, escapó de las balas de la policia de Batista. Me cuenta como se enfrentó a oportunistas que estuvieron en contra de Fidel y despues del triunfo se subían al carro de la revolución, de esa terrible asamblea, donde se nego a hablar y casi provoca una tragedia. Escucharlo es acompañarlo en sus viajes por el tiempo.

 Gracias a mi amigo, he conocido La Habana de los 50s, le he pedido que grabe sus vivencias, tiene una hermosa voz y espero que un dia lo haga. Otros deben escuchar sus anecdotas y disfrutarlas, mi amigo, es capaz de adornar con olores y sonidos su conversacion. Cuando lo abrazo, se que tengo un pedazo de historia entre mis brazos!

La voz de mi amigo, me toma de la mano y me lleva  a una Habana que no conocí, recorro lugares habitados, visito sitios que ya no existen, conozco una historia nueva para mi. Cada nuevo viaje en su voz, deja las ansias por el próximo.

Mi amigo, ha visto partir a casi todos sus amigos cubanos del exilio, el último, lo había invitado a almorzar un fin de semana e ironias del destino, ese mismo sábado él y su esposa, se vistian para acudir a su velorio. Como él dijo; otro mas que se ha ido sin volver a Cuba. Mi amigo volvera a Cuba, lo se, le debo un almuerzo en mi casa, sentarnos juntos en el portal a hablar del futuro y no del pasado, él me debe una caminata juntos por La Habana. Ambos nos debemos un sueño, una conversación en la que él, no termine ahogado por las lágrimas y si hay lágrimas, que sean de la alegría multiplicada por el futuro! 

No se cuantos años vivira mi amigo, no se cuantos mas durara el absurdo, pero se que mi amigo sobrevivira al absurdo, aunque solo sea por unos días; los días de su regreso a Cuba!

Despues de escribir esta reflexión, consulté con la esposa de mi amigo la posibilidad de entregarsela a él, asi lo hize, mi amigo la guarda como una medalla, una de las tantas que le debemos.

Hola amigos!

Varios amigos me aconsejaron comenzar un blog, estaba indeciso, me parecia algo dificil. Mis amigos, no se dieron por vencidos y volvieron a insistir. En mi pagina de facebook habia publicado varias notas sobre La Habana, reflejada por mis recuerdos y vivencias. Cada vez que publicaba una nueva nota, mis amigos volvian a insistir, ya tienes material para un blog, comienzalo. Esta noche, casi sin proponermelo , abri la pagina que un amigo, me recomendo hace meses. Aqui estoy, al fin, en un blog!

Quiero iniciarlo con uno de mis escritos favoritos,sobre mi madre.

“Como no creer en Dios”

Mami, se ha inclinado con el paso de los años, solo inclinado en un intento fracasado de años y penas por doblegarla. Pienso que a veces los años se pregunten; tan fragil que parecia y no podemos, nos vence. A veces, basta un beso para que vuelva a alcanzar toda su estatura. A veces menos, un te quiero telefonico la ilumina y los años y  las penas, espantados, se alejan de ella.
Hubo un par de años que sus ojos se cansaron tanto, que apenas podia ver, ella me seguia mirando sin verme y me decia, que lindo estas! Despues en su batallar indetenible, volvio a tener toda la luz del mundo en sus ojos, pense que entonces me diria; han pasado por ti los años, pero me equivoque. Cuando me miro con su mirada recien estrenada, solo me dijo; estas igualito, la mire como diciendole, me engañas. Me miro a los ojos y me dijo, no, ahora luces aún mejor. Para ella, siempre sere el joven de hace años y el mas bello del mundo, nunca envejecere. Me ve con ojos de madre que me adornan  y rejuvenecen. Para todas las madres, sus hijos son siempre los mas hermosos del mundo.

Es mi madre y mi amiga, le cuento de mi, no hay secretos entre nosotros, no me juzga, me ama.

Ella, siempre espera, hace años,guardaba potajes, arroz, algo de pollo o carne, o restos de un revoltillo gigante, para cuando yo llegara de escuelas o reuniones. Me acostumbro a nunca comer solo, se sentaba a mi lado y hablabamos de cualquier cosa mientras yo comia. Aún espera, solo que  ahora es una espera mas larga. No se a quien dara a probar su comida para el visto bueno y quien la hara feliz con solo decir; exquisito. Su larga espera, su constante sentarse en el portal a esperarme, es ahora todo un rito, ella, sabe que podré tardar, pero que siempre volvere. Aún me pregunta antes de llegar; que quieres comer? Y  yo,  eterno malcriado, diseño exquisitos menus que hacen la envidia de mis amigos. Sigue sentandose conmigo a la mesa y me mira extasiada cuando como, a veces, dejo los cubiertos un rato, la acaricio, la miro, sigo comiendo.
Como no creer en Dios, teniendola a ella en mi vida!