Amigos, cumpleaños y arroz con pollo.

IMG_0020
Escribir es, muchas veces, atrapar momentos, hacerlos vivir para siempre en letras. Aquí estoy, con la disyuntiva de irme al gimnasio o narrarles una tarde especial, entre amigos y afectos. Desde la primera palabra adivinaran que van ganando las letras y pesas y barras, tendrán que esperar; al menos hasta que este escrito este publicado y compartido con amigos y seguidores.

La semana pasado, un grupo de amigos del trabajo había decidido reunirnos y almorzar juntos el día de mi cumpleaños. Por diferentes razones, el almuerzo se pospuso, pero el lugar elegido se mantuvo. Todos acordamos que fuera en Yoyito Restaurant. ¿Por qué Yoyito? La elección no se basó solo en la calidad de la comida o en el trato especial y familiar que se recibe en el lugar. Elegimos el lugar, porque almorzar o cenar allí, es borrar distancias y tiempos.
Yoyito, es un restaurant pequeño, familiar, abrir la puerta de la entrada es como traspasar un “portal” tiempo-espacio. Nos sentimos en nuestra Isla, almorzando en La Habana, olvidamos exilios y lejanías. Es un pedacito de Cuba en el Miami de las nostalgias y los suspiros. Aunque pagamos la cuenta, nos sentimos siempre, como si un amigo nos hubiera invitado a almorzar, a compartir un almuerzo cubano y familiar.

Mis amigos me habían oído elogiar el famoso arroz con pollo del lugar. Muchos de ellos trabajan el domingo, que es el día que lo hacen. Decidieron hacer un grupo de 10 y disfrutar del famoso mejor arroz con pollo del sur de la Florida.

Conversamos, disfrutamos una vez más del lugar, nos hicimos fotos; llego el momento de disfrutar del famoso y anunciado arroz con pollo. Mis amigos casi sufren un orgasmo alimentario; esto esta delicioso, que rico, así es como me gusta. Uno tras otro dedicaban su frase al plato, mientras lo disfrutaban.Todos pensaron que era mucho y todos terminaron dejando solo los huesos del pollo en el plato; estoy seguro que regresaran a saborearlo, es adictivo.

El postre fue inesperado y especial. Eduardo, me llevo a la mesa un cake con, ¡Felicidades Habanero! Una amiga me envió un mensaje; lo tuyo no es un cumpleaños, es más bien una fiesta patronal, ¡Cuantos días de celebraciones! Nos hicimos fotos, disfrutamos el cake, nos despedimos de todos, con la promesa de volver, de repetir esta tarde entre amigos. Siempre nos quedamos con ganas de más, cuando se pasa especialmente bien.

La tarde finalizó en casa de una amiga, tomamos tragos, escuchamos música. Terminamos viendo videos de Polo Montañez en alarde de cubanìa y palmeras al viento. No faltó quien aprovechara para “echar un pie”. Al final, otro cake y otra vela que soplar entre amigos, con un mismo deseo que se repitió 3 veces este año; Caridad del Cobre, reúne a tus hijos en esa “patria con todos y para el bien de todos”.
IMG_0008

Nuestros hermanos de la otra orilla.

Cubanos, bandera, hermanos, fotografia tomada de Google.
Siempre me han molestado las referencias en tono despectivo a los cubanos de la otra orilla. Como si de pronto emigrar nos hiciera mejores seres humanos y no poder emigrar o decidir quedarse en Cuba, convirtiera a nuestros hermanos en seres de 2da o 5ta categoría. Todos somos cubanos, a un lado y otro de este mar de olas e ideas que intentan separarnos, sin lograrlo. Ser buenos o malos seres humanos, no depende del lugar donde vivamos. Descarados, vives bien, aprovechadores, “chusmas”, oportunistas y hasta delincuentes, pueden existir en cualquier lugar, a un lado y otro de este mar profundo y azul.

Todos sabemos las condiciones en que viven nuestros hermanos de la Isla. De nuestra Isla, que será siempre nuestra aunque algunos renieguen de ella y otros pretendan arrebatárnosla y negárnosla, como si emigrar nos hiciera menos cubanos o cubanos a medias. Muchas veces el trabajo en la fábrica, la escuela o el hospital, no aporta lo necesario para subsistir y muchos tienen que “inventar” de una forma u otra, ‘lucharla” en buen cubano. Unos, tienen la suerte de tener familiares en el Extranjero, FE, como dicen algunos allá que los ayuda a capear el temporal y resolver necesidades. Otros montan negocios y se convierten en “ricos” de nuevo tipo. Cada cual escapa a la racionalización y a la crisis, como puede, unos mas y otros menos. Subsistiendo y adaptándose a situaciones que parecen sacadas de una mala y triste novela.

Mediocres y oportunistas hay donde quiera, en cualquier lugar del mundo, no son exclusividad nuestra. Los hay entre los que viven en la Isla y entre los que emigramos. La gente es mejor o peor, por los sentimientos, por la forma que olvida o recuerda sus raíces, su familia, por la forma en que tiende la mano, abierta y franca o cerrada y agresiva, como un puño. Cruzar el estrecho de la Florida, no convirtió a nadie en mejor persona, lamentablemente. Del lado de acá, nos sobran estafadores del Medicare, gente que miente y vive de ayuda del gobierno, bisneros, traficantes y hasta algunos dispuestos a vender su alma al diablo por un minuto de fama o un puñado de centavos. Por suerte, esas personas no tipifican al exilio cubano, donde hay una mayoría trabajadora, dispuesta a ganarse con su sudor y esfuerzo el pan de cada día y un mejor futuro.

No me fui de Cuba para ayudar a mi familia, me fui en busca de libertad, ayudarlos es una obligación, un placer, un hacernos mejores seres humanos. Nunca le dije a mi madre en el breve beso de despedida; me voy para poder mandarte lo que necesites. Ella sabìa que me iba porque lo necesitaba, porque desde el Mariel con una carrera profesional truncada y una vida inventada, ese era mi sueño necesario y recurrente. Una vez conversando con mami, me dijo, no quiero morirme y saber que te dejo aquí. Ella que me ama con toda la fuerza e intensidad que una madre es capaz de amar, me apoyaba y unía sus deseos a los míos, aunque el precio que tuviéramos que pagar fuera vernos solo 15 días al año. Tengo una familia que jamás me ha pedido lujos, ni excesos, una familia a quienes no envío lo que me sobra, pero tampoco me someto a sacrificios extremos para enviarles dinero, ropa o medicina, ellos, no me lo permitirían.

Quejarse de que los familiares en Cuba viven una vida de “lujos” a costa de los que están aquí, es en buen cubano, “comprar cabeza y cogerle miedo a los ojos”. ¿Quien habitúo a esos familiares en Cuba a una vida cómoda, sin trabajar? ¿Quien se apretó el cinturón para mandarles mas de lo necesario y de lo posible? Esos familiares del lado de acá, son los responsables del “monstruo” que crearon del otro lado, no tienen ahora el derecho de criticarlos, si de cortarles la excesiva remesa y tratar de reeducarlos. Conversando con algunos que se que sus ingresos son mas bajos que los míos, me sorprendo por las sumas elevadas que envían a su familia y que hasta a mi, me harían pensar que viven una vida de opulencia y derroche; esos excesos, crearon esos supuestos “monstruos”. Estoy y estaré siempre a favor de las remesas familiares, no podría comer o dormir tranquilo, sabiendo que mi madre, mi hermana o mi sobrino-hijo, se acostaron sin comer o viven dificultades que yo podría resolvérselas. Es algo elemental y humano, como inhumano y cruel y absurdo es ayudar a alguien hoy y mañana echárselo en cara y pretender que sea capaz de cambiar el status de un país, que la mayoría de los que nos fuimos, no tuvimos bolas para cambiar. Ayudarlos, no nos da derecho a darles ordenes, son hermanos, no esclavos asalariados, como siempre, los extremos terminan tocándose, coincidiendo.

Cubanos, somos todos, emigrar no nos hizo mejores, pero tampoco nos resto cubanìa, amor a nuestra tierra. Que en Cuba hay gente que quiere vivir sin trabajar y vivir bien, lo sabemos todos, también los hay del lado de acá. Debemos ser cuidadosos a la hora de expresar opiniones públicamente, lanzar insultos entre hermanos, mostrarnos como una familia mal llevada, puede dar una imagen equivocada a amigos y enemigos.

Me conmueve el agradecimiento de nuestra gente de la otra orilla, hasta por un paquete de café Bustelo o unos zapatos baratos para que la niña pueda ir a la escuela. Los que siguen mi blog saben el caso de Martha, la muchacha cubana con cáncer que yo, no conocía y que un amigo me contó su historia. Recogí dinero entre amigos y se lo lleve, sus lagrimas de agradecimiento, no las olvidaré nunca. No tengo dudas, los cubanos de un lado y del otro, somos agradecidos y no olvidamos nunca al que nos dio una mano. También tenemos una memoria del carajo y no olvidamos a quien nos da un puñetazo o nos tira una pedrá.

Nuestros hermanos de la otra orilla, son, por encima de todo, nuestra sangre, a ellos mi abrazo, sincero y fuerte, apoyado en los brazos y hombros de mis hermanos de acá. Cuba es una sola, dispersa por el mundo, las penas, la nostalgia y el dolor. Cuba, enfrenta el presente, segura de alzarse un día con la gloria de esa ¡Patria con todos y para el bien de todos!

Fotografia tomada de Google.

Importando productos y recuerdos.

Duralgina, novatropin y vitanuova
Desprendernos del todo de nuestra Isla, es difícil; imposible. Se nos metió tan adentro que esta con nosotros, donde quiera que vayamos. Siempre en el alma y el recuerdo, la hacemos presente a veces de un modo especial, a nuestra manera. Cambiamos nombres, nos negamos a renunciar del todo a recuerdos, los materializamos y traemos al exilio de una forma u otra.

En días pasados, estuve indispuesto, con nauseas, cuando me incorporé al trabajo, una compañera me pregunto; ¿Que tomaste? Gravinol, le respondí, alguien me pregunto ¿Qué es eso? Un medicamento para los vómitos, aquí lo llaman Dramamine, pero yo lo sigo llamando; Gravinol. Era como si cambiarle el nombre, cubanizarlo, hiciera el milagro de hacer presente las manos de mi madre llevándomelo a la cama. Un nombre, lograba cambiarle el efecto, mejorarlo, hacerlo capaz de curar el cuerpo y el alma.

Cuando me recuperé y conversé con uno de mis grandes amigos, sobre el malestar que había tenido me dijo; ¿Cómo no me avisaste? Yo tenía Novatropin que mande a pedir de Cuba, eso te lo hubiera quitado todo. Cuando vivíamos en Cuba, el Peptobismol, el Tylenol y otros medicamentos nos parecían la panacea universal, el non plus ultra de la medicina moderna. Ahora que estamos del lado de acá, cuando nos llega un medicamento de nuestra islita, nos parece estar a salvo; no hay enfermedad o malestar capaz de resistírsele.

Conozco un medico, especialista de 2do grado, que mando a pedir Duralgina a su mamá. Recientemente tuvo una gripe terrible y asegura que lo único capaz de bajarle la fiebre, fue la Duralgina salvadora. ¿No seria el amor con que su madre se la envío lo que hizo el milagro de mejorarlo?

Se de una persona, que manda a pedir frijoles negros, cosechados en Pinar del Río, me la imagino recibiéndolos y cocinándolos como un manjar especial; ¡Ambrosía directo desde Pinar! Hay quienes mandan a pedir la mermelada de abuela, ninguna otra, puede comparársele, solo esa tiene el sabor exacto, para convocar memorias, familiares, ciudad e Isla. Que Conchita, ni Goya, la de abuela, es la que es.

La lista de los productos de Cuba, que pedimos desde acá, es larga. Una vez un amigo me pidió, casi me suplico le trajera unas latas de Vitanuova, según me dijo; ninguna salsa para pastas podía compararse con la fabricada en nuestra Isla. Más de una vez me han pedido frazadas de piso. Les explico que siempre le llevo a mi mamá las de aquí, y que las amigas de mi hermana cuando las ven, siempre suplican les regalen una y se van felices con su frazada amarilla, que vino directo de la Yuma. De nada valen mis explicaciones; frazadas como las de Cuba, no hay, son las mejores.

De pronto, por decreto nuestro, acuñado por la nostalgia y las ganas inmensas de traernos a nuestra islita y a nuestros seres queridos hasta acá; Cuba se ha convertido en exportadora de medicinas y artículos para el hogar. Me han contado de algunos que, ahora que pueden comprar los mejores perfumes, mandan a buscar aquellos que venden en la Isla. Es solo un intento de traerse olores familiares, evocar lugares momentos, burlar la distancia y el tiempo.

Así somos, nada podrá cambiarnos. Yo, cada vez que puedo, mando a pedir las croquetas de pollo que hace mami, como esas no hay otras. Ni siquiera las que vendían en Cheesecake factory, podían parecérsele. Las ultimas, las disfrutamos un amigo y yo, seguros que ni el mejor restaurante de Miami, podría ofrecer un manjar así.

Nosotros los cubanos, si nos dejan, cubanizamos al mundo. Me imagino a Publix, vendiendo la mermelada de la abuela de mi amiga y las croquetas de mami. A Walgreens, anunciando la venta de Duralgina, Novatropin, Gravinol y otros medicamentos nuestros. En televisión, en las cadenas ABC o FOX, un anuncio de un ama de casa trapeando con una frazada cubana y diciendo feliz; la mejor del mundo. Si nos dejan, nos inventamos una Cuba en cada esquina, en cada rincón de la ciudad, porque al final y con tremendo orgullo; nuestra Isla, esta y estará presente siempre, donde exista un cubano que la ame.

Fotografía cortesia de mi hermano, Higinio Castro.( Lo descubrí)