Yo sí recargo y envío ayuda en enero y siempre.

No me gustan las discusiones en internet, bastante problemas tenemos en el mundo real, en el día a día, para empezar a discutir y vociferar en el virtual. Lamentablemente hay veces en que callar, puede tomarse por aprobar y entonces no hay otra opción que dejar claros principios y razones.

Considera absurdo pedirle a los cubanos de este lado que dejen de ayudar a sus familiares que están en Cuba. Considero ridículo decir que la mitad del exilio no está de acuerdo. Más de la mitad del exilio ignora al promotor de esa idea, más de la mitad del exilio, aprendió a no hacerle caso a oportunistas y a supuestos Mesías, disfrazados de lideres.

Mi madre ya no está en esta dimensión, hace año y medio se hizo luz y gloria. Mientras vivió, viví para ayudarla, jamás le faltó mi ayuda material. Hoy, saber que no quedo nada material por darle, que todo se lo dí en vida, ayuda a paliar el dolor de su ausencia. Si viviera, créanme nadie impediría que llegara a ella mi ayuda, así de sencillo.

No quiero profundizar en los “derechos” que le asisten al autor de esta campaña; la vida me ha demostrado que esos supuestos líderes duran lo mismo que un merengue a la puerta de una escuela.

Ningún hijo amante de sus padres o abuelos, ningún hermano con principios, seguirá esta campaña. Seguiremos recargando celulares, no como lujos a amigos o amantes, a familiares como vía de estar en contacto y saber de ellos en cada momento. Ojalá mi madre hubiera vivido en estos días de internet y pudiera despertar cada mañana, con la alegría de su sonrisa y su voz, no seré yo quien le diga a amigos que condenen a familiares al silencio y a mayores miserias, siguiendo orientaciones que se parecen mucho, a esas que venían de arriba y nadie entendía.

Tengo una amiga con sus hijos y nietos del otro lado, esperando por una reunificación familiar detenida por decreto, ¿ Quién podría prohibirle ayudar a hijos y a nietos?

La Cuba nueva, esa patria prometida y postergada de ” con todos y para el bien de todos”, no puede alzarse sobre palabrería barata, odios y mucho menos siguiendo a falsos líderes, así de simple.

Martí habló muchas veces de la división entre cubanos, sus palabras, cobran una vigencia que espanta. Seguimos divididos, fomentadores del odio de un lado y otro azuzan lo peor de un pueblo en aras de causas perdidas, a un lado y otro de este mar que guarda hermanos, recuerdos y distancias.

Del otro lado, sólo tengo una hermana, la que cuidó con amor y devoción a nuestra madre, en enero le recargaré su celular, le enviaré su café y todo lo que necesite. A mi, que esos que mientras vivían en Cuba no le tiraron un hollejo de naranja al gobierno, no se atrevan a decirme lo que debo o no hacer, que guarden su palabrería para el grupo que lo escucha y sigue. Pagué un precio muy alto por ser libre, para venir a ponerme las cadenas que me ofrece ningún payaso.

Que cada quién siga su conciencia y sus principios, ya estamos cansados de orientaciones e imposiciones. Usted haga lo que el amor o el odio le aconseje y no se deje manipular por falsos profetas.

Fotografía tomada de Google.

Todos somos La Habana.

Hoy todos somos La Habana, aunque sólo a nosotros nos duela e importe.

La Habana, amanecio golpeada, herida. A años de abandono y desidia del Gobierno, se suma la furia de un tornado que destruyó todo a su paso. El tornado de anoche dejo más dolor en los hogares que todos los huracanes de los últimos años. Tomó desprevenidos a vecinos y amigos, que espantados vieron sus propiedades destruidas. Muchos tiene familiares afectados, más de 170 heridos, también hay muertos, el hospital materno infantil, Hijas de Galicia tuvo que ser evacuado.

La Habana se estremece de dolor, las oraciones no bastan para ayudarla, las consignas aburren y los discursos no interesan a nadie ya. Actuar, dar una mano a nuestros hermanos, gritar con el pecho lleno de orgullo y amor, ¡Yo soy La Habana! Se impone en este momento de dolor.

Todos sabemos de escaseces y miserias, de la ciudad donde lo perdido, se vuelve irrecuperable. De guardar todo y no botar nada para cuando haga falta; se imaginan el dolor y espanto de amanecer sin nada, de perderlo todo.

Hagamos el intento de que la historia no nos condene por indiferentes y desmemoriados que no quede por nosotros. Unámonos en la intención y acción de ayudar a nuestros hermanos. Que allá donde se estan comiendo un cable, sepan que no están solos, que cuentan con nosotros.

En estos días he leído críticas y burlas, por parte de cubanos exiliados, al pueblo cubano, comparándolo con el de Venezuela, pidiendoles que hagan lo que ellos no tuvieron bolas de hacer, cuando vivían allá . Burlándose, como si de pronto olvidaran represiones y realidades. Quisiera verlos, con la misma fuerza dando una mano a nuestros hermanos, demostrando en el gesto y la acción que seguimos siendo cubanos donde quiera que estemos.

Si el gobierno de Cuba impide nuestra ayuda, sobre ellos quedará el negarla, no sobre nosotros ofrecerla.

Hoy cumple años Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, el que abogó y soñó con esa ” patria, con todos y para el bien de todos”. El mejor homenaje que podemos brindarle es la unidad, ofrecer nuestra ayuda, demostrar que el dolor de ellos es nuestro. Que los que nos fuimos, llevamos en el alma un puñao de tierra colorá donde germina y crece cada día el amor por nuestra patria; amor que sabe distinguir entre patria y gobierno y tiende una mano al hermano en desgracia.

A mi me duele La Habana, estoy seguro que a muchos también.