Todos somos La Habana.

Hoy todos somos La Habana, aunque sólo a nosotros nos duela e importe.

La Habana, amanecio golpeada, herida. A años de abandono y desidia del Gobierno, se suma la furia de un tornado que destruyó todo a su paso. El tornado de anoche dejo más dolor en los hogares que todos los huracanes de los últimos años. Tomó desprevenidos a vecinos y amigos, que espantados vieron sus propiedades destruidas. Muchos tiene familiares afectados, más de 170 heridos, también hay muertos, el hospital materno infantil, Hijas de Galicia tuvo que ser evacuado.

La Habana se estremece de dolor, las oraciones no bastan para ayudarla, las consignas aburren y los discursos no interesan a nadie ya. Actuar, dar una mano a nuestros hermanos, gritar con el pecho lleno de orgullo y amor, ¡Yo soy La Habana! Se impone en este momento de dolor.

Todos sabemos de escaseces y miserias, de la ciudad donde lo perdido, se vuelve irrecuperable. De guardar todo y no botar nada para cuando haga falta; se imaginan el dolor y espanto de amanecer sin nada, de perderlo todo.

Hagamos el intento de que la historia no nos condene por indiferentes y desmemoriados que no quede por nosotros. Unámonos en la intención y acción de ayudar a nuestros hermanos. Que allá donde se estan comiendo un cable, sepan que no están solos, que cuentan con nosotros.

En estos días he leído críticas y burlas, por parte de cubanos exiliados, al pueblo cubano, comparándolo con el de Venezuela, pidiendoles que hagan lo que ellos no tuvieron bolas de hacer, cuando vivían allá . Burlándose, como si de pronto olvidaran represiones y realidades. Quisiera verlos, con la misma fuerza dando una mano a nuestros hermanos, demostrando en el gesto y la acción que seguimos siendo cubanos donde quiera que estemos.

Si el gobierno de Cuba impide nuestra ayuda, sobre ellos quedará el negarla, no sobre nosotros ofrecerla.

Hoy cumple años Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, el que abogó y soñó con esa ” patria, con todos y para el bien de todos”. El mejor homenaje que podemos brindarle es la unidad, ofrecer nuestra ayuda, demostrar que el dolor de ellos es nuestro. Que los que nos fuimos, llevamos en el alma un puñao de tierra colorá donde germina y crece cada día el amor por nuestra patria; amor que sabe distinguir entre patria y gobierno y tiende una mano al hermano en desgracia.

A mi me duele La Habana, estoy seguro que a muchos también.

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