Envejecer.

Una vez, conversando en el gimnasio, con un muchacho, de pronto, comenzó a  criticar a las personas que pasaban de cierta edad e insistían en visitarlo. Para él el gimnasio, era un imperio de muchachos jóvenes, con pieles tersas y brillantes. Me reí, le dije mi edad (no se embullen que no voy a decirla), se sorprendió y trato de arreglar lo que había dicho, mientras yo,  reía a mis anchas. Termine aclarándola que cualquier edad es buena para querer estar en forma, tonificar los músculos o solo pasar un buen rato en el gimnasio. También cualquier edad es mala para decir; no puedo, ya estoy viejo, para darse por vencido, tirar la toalla.
Para los que no renunciamos a los sueños y cada día amanecemos con montones de proyectos por realizar; envejecer, es un trabajo pendiente, una tarea que no tenemos apuro en comenzar. Mientras quede algo por hacer, la vamos relegando, posponiendo. No hay apuro en ser viejos. Hoy, le decía a una amiga; no esta en mis planes para los próximos 50 años

A veces, converso con amigos, recordamos figuras del arte que fueron importantes y populares en nuestra juventud, algunas, ya han partido, otras, retiradas, ya no forman parte del quehacer artístico diario. Nos sirven de indicador que vivimos otros tiempos. El avance tecnológico, a veces, nos deja como atontados, o lo asimilamos o nos quedamos definitivamente atrás. Nos damos cuenta que los años pasan. Como diría Pablito, el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos. Yo, le hice un arreglo a  la letra; el tiempo pasa, alguna gente se va poniendo vieja. Otros, entre los que me incluyo, tenemos conciencia de que ya no tenemos 20 años, pero no somos culpables de sentirnos como si los tuviéramos, los invito a sumarse a este grupo.

Soy de los que creen que envejecer, es una opción, en parte una decisión personal. Conozco personas muy jóvenes, que decidieron ser viejos, sin arrugas o canas, optaron por renunciar a sueños, vegetar, ver la vida pasar como, espectadores. Renunciaron a papeles protagónicos y solo, algunas veces, aplauden, cuando algo logra motivarlos mucho. Desde el balcón de la vejez prematura, ven la vida transcurrir, suspiran, y hasta sufren achaques en su voluntario vestirse de vejez.

Hace años, conversando con una amiga mucho mayor que yo, le dije que; todas las personas, nacen con una luz. A algunos se les apaga a los 20 años a otros mas tarde, algunos poco la conservan hasta el final de sus vidas. Esa luz, es el reflejo de nuestro yo interior, del no renunciar a los sueños, de pensar en el mañana con optimismo y fuerza, del no darnos por vencidos.

Hay personas que son y serán eternamente jóvenes, nos dirán un día adiós, con una sonrisa y un gesto de juventud eterna. Vencen años y problemas, siguen en la lucha por la vida. No tienen edad, solo sueños!

En ocasiones, he ayudado a personas de más de 80 años, me dicen que malo es llegar a los 85! Siempre les respondo, malo? Bueno, el que no llego, es porque se quedo en el camino! Terminan riendo conmigo, dándome la razón y felices de pasar los 80s.

Si, no tengo dudas, somos tan jóvenes como nuestros sueños, nuestras ansias de conquistar el futuro, tan viejos, como querer darnos por vencidos o detenernos, para siempre, en los fracasos. Lamentarnos, auto compadecernos, no ayudara a vencer años y problemas; nos hará envejecer, sin importar la edad que tengamos. Ensayemos la mejor de las sonrisas, inventémonos un sueño, decidamos, para siempre, ser jóvenes, sin importar años, arrugas, ni canas. Como dice la canción “joven ha de ser, quien lo quiera ser”. Si lo dudan, pregúntenle a La Habana!

Un encuentro especial.

Supe de su existencia en octubre pasado. Saber su historia, me conmovió e inspiro un escrito que lleva su nombre. Me comprometí públicamente a visitarla en mi próximo viaje a La Habana, a recoger, entre amigos, alguna ayuda y llevársela, darle un abrazo, darle gracias por su sonrisa. Hacerle saber que no esta sola.

Ella, se enfrenta, en una batalla desigual, a una  terrible enfermedad, no siente miedo, no se da por vencida. Sonríe y sueña, sabe que un mañana feliz la espera.

Cuando escribí sobre ella, imagine su rostro, visualicé el cuarto del solar donde vive. Nos hicimos amigos, aún sin conocernos. Con mi escrito en el bolsillo, el dinero recogido para ella y un abrazo enorme entre mis brazos, llegue a la calle Oquendo en Centro Habana, entre al solar donde vive. Pregunte a  una vecina, donde vive Martha? Allí, donde ve el tanque con el jarro encima, en la puerta de al lado, vive ella, me respondieron. Toque a la puerta, Martha, abrió, nos abrazamos, le di un beso.

Encontrarme con Martha, fue realmente un reencuentro, la había visto antes, la noche que las musas y un amigo, me llevaron hasta ella.  Martha, no me conocía, pero adivinaba, que ese loco que la abrazaba, era un amigo, le solté de pronto; pero estas gorda, en octubre, no estabas así; es la dexametasona, ayer recién termine un ciclo, me respondía. Me presente, le explique el por qué de mi visita, le di mi escrito, se sentó a leerlo. Se emociono, me dijo, tengo que leerlo después a solas, con calma. Le explique que muchas personas se solidarizaron con ella y ofrecieron su ayuda.

Martha, sonreía feliz, sabe que se basta sola para enfrentarse al peor enemigo, su sonrisa y su optimismo, son sus mejores armas. Ahora, sabe que muchos están junto a ella, dispuestos a darle apoyo material y espiritual, eso la reconforta, da un nuevo color y brillo a su sonrisa. Sabe que ahora, junto a ella, tiene a un ejército de amigos, orando por ella, enviándole su energía, dispuestos a sacar cuentas y enviarle algo. Amigos que no la conocen y preguntan por ella, casi a diario. Le dije; no te sorprendas si alguien te llama o viene a verte y te trae vitaminas, algún dinero a alguna ayuda, tu nombre y datos, están en mi blog. Muchos han prometido visitarte o enviarte algo; el agradecimiento y el asombro, aumentaban el tamaño de sus bellos ojos, la emoción, humedecía sus ojos, que brillaban de alegría y esperanza.

Hasta ahora, Martha se enfrento sola al cáncer, decidida a vencerlo, a no desmayar, ahora, muchos estamos junto a ella, la lucha, dejo de ser desigual. Nuestro apoyo a Martha, inclino, definitivamente, la balanza a favor de la vida, del futuro, ella lo sabe. No encuentra palabras para agradecer, sus grandes ojos, se expresan mejor que sus labios.

Soy yo, nosotros, quienes tenemos que darle gracias a Martha, su valor, su optimismo, su sonrisa, nos dieron a todos una lección. Después de conocerla, no soy el mismo, aprendí que, para ser feliz y ser fuerte, bastan las ganas de vivir, que Dios, actúa de formas misteriosas y teje hilos, abre caminos, nos lleva a donde quiere, donde nos necesita. Gracias Martha, nos veremos muchas veces mas, tu cuartito en el solar de la calle Oquendo, será siempre un sitio obligado en mis visitas a La Habana. Nos veremos pronto, Dios, la vida, La Habana, nos unieron para siempre.

Datos de Martha.

Martha Emilia Martinez Diaz Calle Oquendo # 73 entre Animas y San Lazaro, Centro Habana. C. Habana Telefono: llamando desde Estados Unidos 011 53 7 876-3417