Nosotros somos y seguiremos siendo cubanos

Siempre he dicho y repetiré una vez mas; la patria es de todos. Nadie tiene el derecho de robarse símbolos o secuestrar la Isla, amparándose en posiciones de poder.

Somos cubanos y ese derecho de gritarlo con orgullo, no nos lo puede quitar nadie. Como cubanos tenemos el derecho de criticar y querer lo mejor para nuestro país, ahora y siempre.

Sé que críticas y señalamientos no son “bienbenidos” en un mundo de orientaciones de arriba y asambleas de votos por unanimidad, pero seguiremos haciéndolo a pesar de funcionarios irritados e incompetentes.

Nosotros, los que un día nos marchamos de Cuba, seguimos compartiendo carencias y dificultades con nuestros hermanos del otro lado del mar. Cada mes, cuando apartamos algo del salario para enviarselos, cuando recargamos teléfonos para estar en comunicación, cuando buscamos quien viaje a Cuba y nos venda unas libras para enviarles medicinas, café y mucho más; estamos compartiendo carencias y necesidades, hombro con hombro, ayudando a nuestros hermanos a paliar hambres y necesidades. Nosotros no renunciamos a nuestra condición de cubanos y nadie, por decreto o discurso nos la puede quitar

Tal vez nosotros, dispersos por el mundo, pero unidos a Cuba con lazos de una fuerza que funcionarios ineptos no pueden entender, compartimos necesidades y escaceses que esos funcionarios desconocen, que no han vivido nunca. Nosotros, no damos a nuestros hermanos lo que nos sobra, sacamos cuentas y hacemos economías para poder ayudarlos, porque a pesar de vivir lejos, seguimos siendo cubanos y sintiendo como cubanos.

Si las críticas molestan, si los señalamientos no son “bienbenidos” ese indica que son efectivos, que molestan e irritan, que cumplen su objetivo. Seguiremos haciendo uso del derecho de hablar libremente, criticar lo mal hecho y apostar por esa patria, “con todos y para el bien de todos”. Aunque una oscura funcionaria se crea en el derecho de mandarnos a callar. No señora, sus palabras, no son bienvenidas, por los cubanos dispersos por el mundo, ni bienvenidas, ni obedecidas. Usted dedíquese a organizar cursos de ortografia para los maestros y déjenos a nosotros el uso oportuno de la crítica y del derecho a hablar libremente.

Fotografía tomada de Twitter. ¡Alabao!

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Dos mujeres frente a frente.

Se encontraron frente a frente, se abrazaron. Todos comprendían que asistían a un abrazo especial, único y esperado, mítico. No era un abrazo, era el abrazo. El tiempo se detuvo, nadie quería perderse un detalle.

Ambas estaban cansadas de años de uso y abuso, de maltratos y vejaciones. Decidieron compartir sus secretos y angustias, desahogarse. La mas joven se apareció desnuda, la mayor descolorida y sucia.

– ¿No tienes frío así desnuda? ¿No sientes pena de mostrarte desnuda, de enseñar intimidades, arrugas, deterioros y horrores?
– ¿Acaso sientes pena de tu descolor, de estar marchita, de casi no tener fuerzas ya?
– Tienes razón, seguiremos siendo las mismas, unidas en la gloria y la desgracia. Inseparables, como hermanas, sosteniéndonos una a la otra, más allá de los tiempos y la razón.
– Invencibles mi hermana, sin importar que nos usen a su antojo y en nuestros nombres, por mas de un siglo, atropellos y negaciones, se repitan una y otra vez.
– Somos y seremos más que gobiernos y partidos, más que ideologías y hombres.
– Llegara un día que todos entenderán quienes somos, la razón de nuestra existencia. Hoy no me avergüenzo de mi pobreza, ni mi desnudez. No me quitan ganas, ni fuerzas mis arrugas, mis carnes flácidas, esta apariencia de estar muerta en vida.
– A ti, como a mi, no nos falta la fe en el futuro. Otros hombres se unirán a nuestro influjo y obra y otros amaneceres nos esperan.
– Tú recobraras tu color, tu brillo, yo renaceré como ave fénix y vestiré el traje de honor que corresponda. No me avergüenzan desnudeces, no escondo nada. Quienes deberían sentir vergüenza son los vivos y los muertos que nos han llevado a este estado.
– No aprenden aún que ellos nos conforman, que somos más que símbolos o tribunas, más que ruinas o frustraciones.
– Somos el pasado, el presente y el futuro. Somos la suma de todos y por todos seguiremos unidas e invencibles. Sin vergüenzas, sin odios, abiertas a los tiempos por venir.
– Muchos nos llevan en los labios, nos invocan para ganar batallas y partidarios, olvidan que deben llevarnos en el corazón.
– ¡Servirnos mi hermana y no usarnos! Mi desnudez no me avergüenza, me avergüenzan oportunismos y abusos, demagogias y mentiras. Que de un lado y otro, nos arrancan color y vestiduras, nos destruyen.

Se unieron en un fuerte y prolongado abrazo, la república y la bandera, mientras una le susurraba a la otra al oído.
– No pierdas la fe mi hermana, llegara el día que seremos, “con todos y para el bien de todos”.

Una tarde con El caballero de París  y Olga la tamalera.

Betty nacio en Miami, sus abuelos se fueron de Cuba, cuando los colores empezaron a cambiar de verde olivo a rojo.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban juntos. Betty es una de las muchas cubanas que nació en otras tierras, en esta larga y sufrida historia de cubanos por el mundo. Sus abuelos decidieron contarle de Cuba, sembrarle en el alma el amor por esa tierra con olor a palmas y cañaverales.  

Un día su papá le dijo a su abuelo.

-Viejo, esta bien que le hables de Cuba a la niña , de nuestra tierra, que la enseñes  a sentir el orgullo de ser cubana,  pero a veces creo que exageras. Le cuentas historias que ni yo conozco.  Estoy seguro que hay gente que vive en La Habana que ni saben quien era el caballero de París u Olga la tamalera.

-Son historias bonitas que la enseñan  a conocer mejor su tierra,  es como si La Habana viniera a contarle historias cada noche. Déjanos a nosotros que nos entendemos muy bien y uno nunca sabe lo que pueda suceder, es mejor que esté preparada para cualquier encuentro en el futuro; yo sé lo que hago..

Asi creció Betty oyendo historias fabulosas, parte realidad y parte fantasía que su abuelo agregaba a su antojo.

Pasaron los años, Betty se casó,  tuvo hijos, su abuelo murió,  pero en su mente siempre daban vueltas las historias del abuelo. Algunos de esos famosos personajes habaneros le eran tan familiares que hasta soñaba con ellos y le parecía conocerlos;  ellos y Betty, eran como viejos amigos..

Una tarde su amigo Pepe la invito a casa de unos pintores cubanos muy conocidos.

-Vamos Betty, sé  que la vas a pasar bien y te sorprenderán algunas de las figuras y pinturas que hacen,  son muy buenos.

-Está bien iré contigo, será  una tarde de arte y de cubania, la pasaré bien. Llevaré una foto de mi abuelo,  a él le hubiera encantado acompañarme. 

Llegaron  a la casa, entraron. Betty estaba extasiada mirando las pinturas de La fiesta del Guatao, de solares habaneros, de viejas chismosas y despojos. Todo le parecía conocido y lo disfrutaba intensamente de la mano de los recuerdos de su abuelito. Pasaron por un cuarto donde había algunas figuras, se paró en la puerta. Sintio como si la foto de su abuelo en el bolsillo de la blusa la empujara a ese cuarto, entró.  Allí la esperaban, El caballero de Paris y Olga la tamalera. La habitación se iluminó con luces rojas, azules y blancas, al influjo de ellas las figuras cobraron vida, de entre las luces apareció su abuelo sonriendo.

-Me llevó años prepararte para este momento, sientate, no temas; es el pasado que viene a saludarte, a no dejarse olvidar.

Fueron minutos mágicos,  escuchó historias de abolengos y nobles, probó un tamal delicioso y besó  a su amado abuelo. Alguien la llamó,  las figuras volvieron a ser inmóviles,  su abuelo desapareció y las luces de colores se apagaron. Cuando Pepe entró  al cuarto se sorprendió al ver el rostro iluminado y feliz de Berty.

-¿Qué pasó?  Tienes algo raro en la cara.

-Soy feliz Pepe, muy feliz, gracias por regalarme la tarde mas maravillosa de mi vida.

Al despedirse, Betty le.dijo a los pintores.

– Si alguna vez se deciden a vender al Caballero de París  y Olga la tamalera, no dejen de avisarme, pagaré  lo que sea.

Betty se fue recordando las palabras de su abuelo al desaparecer entre las luces de colores; eres cubana Betty, tan cubana como las palmas y Cuba siempre vendrá por ti, no lo olvides.

Fotografías de las obras de Felix Gonzales Sanchez, El caballero de París  y Olga la tamalera.

Cuba, el milagro de la tierra.

Cuando Tita habló con su joyero para que le hiciera una isla de Cuba, con piedras preciosas, para colgar de su cadena, nunca imaginó que la usaría solo un par de horas.

Tita llegó  a Miami a principio de los 60s. Se afincó  a esta tierra que hizo suya, pero sin dejar de amar nunca su Cuba.  Educó a sus hijos, los preparó para la vida,  les trasmitio su amor por Cuba; ustedes son cubano-americanos, no olviden nunca que son ante todo, ¡Cubanos!.

Ayudó  a criar a sus nietos, los cuidaba como leona amantisima. Sus nietos eran productos de esa mezcla de nacionalidades que es Miami. Ellos a pesar de mezclas y de no haber estado nunca en Cuba, decian con orgullo que eran cubanos.

El día que Tita recogió en la joyería su Islita de Cuba, fue directo a casa de su hijo a enseñársela. Cuando llegó  a casa de su hijo, su nieto menor se enamoró de la islita dorada con destellos rojos y azules que colgaba del cuello de su abuela.

-Tita, Tita,  yo la quiero, yo quiero llevar esa islita siempre conmigo.

Todos miraron a Tita, esa era su obra, ella era quien habia mantenido vivo en la familia el amor por Cuba. Juanito siempre decia que era cubano, se burlaba de actas de nacimiento y de mezclas.  Amaba a Cuba como si hubiera nacido al sur, entre palmas y cañaverales, correteando por esas calles habaneras. Tita no pudo resistirse y colgo, feliz y orgullosa, del cuello de Juanito, su cadena con la isla de Cuba. Juanito sonreía feliz, como si tener a esa Islita colgando de su cuello, fuera a cambiar su vida definitivamente. 

Esa noche Juanito fue a dormir temprano, cuando amanecio sus ojos brillaban y su sonrisa tenia algo nuevo, un destello de felicidad que la iluminaba. 

A los meses, Tita decidio llevar a sus nietos a conocer a Cuba. Le escribio a Pancho, su amigo de la infancia que vivia en una finca en las afueras de La Habana. Le contó  de sus nietos y de su amor por Cuba, queria pasar con ellos una semana en esa finca donde ella y Pancho pasaron su niñez.  Vengan cuando quieran, los estaré  esperando,  fue la respuesta de Pancho.

Tita llegó con sus nietos,  se bajó  del auto y corrió  a los brazos de Pancho. 

-Mi hermano, que ganas tenía  de verte y de volver a ver a esta tierra. 

Se inclinó y beso la tierra, la acarició suave e intensamente, como quien rinde cuenta de ausencias y lejanías. 

Pancho les dijo a todos.

-Vamos a comer algo y despues los acompaño  a ver la finca.

Juanito sonrio enigmáticamente. 

– Si, tengo ganas de volver a ver el pozo y tomar de su agua fresca, tambien quiero volver a correr por el camino rodeado de palmas y comerme un mango de la mata enorme que esta al lado del cañaveral.

Tita miro a Pancho y a Juanito, no podia creer lo que escuchaba.

-Pero niño,  si tu nunca has estado aqui, como sabes del pozo y el camino con palmas y de la mata de mangos. ¿Que broma es esta?

-¿Recuerdas cuando me regalaste esta cadena con la Islita de Cuba? Esa noche al dormirme, tuve un sueño que fue real. Estuve aqui, caminé toda esta finca, tomé agua del pozo y me comí  un mango riquísimo.  Cuando me desperté,  tenia tierra colorá  en los zapatos y sabor a mango en la boca. No dije nada porque no iban a creerme.

Tita y Pancho se miraron, Pancho dijo.

-Es la tierra Margarita, el milagro de la tierra que reclama lo suyo y va a buscarlo donde quiera que esté . Esta es Cuba, tierra de milagros y sacrificios. 

Todos se abrazaron,  Tita lloraba de felicidad mientras caminaban por el camino de palmas, como quien anda hacia al futuro.

¿Trump o Hillary? Una conversación en Hialeah.

 

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Pancho llego a Miami en los 60s. Cuando le intervinieron su bodega, allá en La Habana, decidió irse. Empezaría de cero, pero estaba seguro que volvería a triunfar. Lo mandaron a trabajar en la agricultura mientras esperaba la salida. No había trabajo duro para él. Mucho menos si era el precio que pagaba por irse del país, por una nueva vida. Soportó el tiempo de espera y el trabajo duro.  Se fue de Cuba con el dolor de dejar a su madre y a los suyos, pero con la certeza que volverían a reunirse; esa sería su meta.

Llegó a Miami, trabajo duro, muy duro, como solo trabajan los hombres decididos a triunfar, a darlo todo por un sueño. Logró ser dueño de un supermercado, demostró su fuerza y constancia, su tesón. Su 3er grado en la primaria y su desconocimiento total de inglés, no fueron obstáculo para triunfar; pertenecía e esa raza para la que la palabra imposible no existe. Logró reunir a la familia de este lado del mar; juntos se inventaron una nueva Cuba y sueños.

Tuvo dos hijos varones a los que educó y formó como hombres de bien. Ambos se hicieron profesionales exitosos, acumularon conocimientos y fortunas.

Pancho siempre estuvo en el partido republicano. Como la mayoría de los primeros cubanos que llegaron a Miami, pensaba que ese era el partido que más apoyaba la causa cubana. En todas las elecciones votaba por el candidato republicano. Él y sus dos hijos eran votos seguros para ese partido.  Este año Pancho andaba preocupado, pensativo, como quien lleva una pena grande en el alma y no sabe qué hacer con ella. Sus hijos fueron a visitarlo y el verlo en ese estado se preocuparon. El mayor le preguntó.

– ¿Viejo que te pasa? Tú siempre andas jodiendo y riéndote y tienes una cara que pareces un alma en pena.

– Ustedes saben como disfruto ser ciudadano de este país.  Soy cubano y muy orgulloso de serlo, pero también amo a este país que me acogió y me dio derechos. ¿Saben cuál es el derecho que más disfruto? Votar.

-Claro viejo, ese es el derecho más importante y todos los años vamos juntos a votar.

– Eso es lo que me tiene así. Este año, por vez primera, no iré a votar. El Trump ese es una verguenza para el partido republicano y para este gran país.  Elegirlo sería poner en peligro el destino de este país y del mundo entero.

– Viejo, este es el año que no puedes dejar de votar, iremos juntos a votar, pero por vez primera por un candidato demócrata.  Votaremos por Hillary; es la única forma de impedir que Trump tenga acceso al código nuclear, que levante muros y desate guerras, que divida y destruya al país y al mundo.  Juntos aportaremos nuestro granito de arena en impedirlo.  Ese hombre no puede llegar a ser el presidente de este país. ¿Entiendes papá?

– Si mis hijos lo entiendo. Aunque me duela votar por un demócrata, votaré por la Clinton este año; Trump no puede llegar a ser el presidente de este país.

 

Fotografia tomada de Google.

Un cubano que nacio al influjo de un grito de libertad.

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Uno de mis primeros escritos en mi blog, estuvo dedicado a Sergio Herrera, Sergito como le decimos todos. Un patriota que ama y sueña con Cuba, cada minuto de su vida.
Sergito es un hombre sencillo, vive ignorando su grandeza, su historia. Pertenece a ese primer grupo de cubanos que se afinco en Miami, que echó raices en esta tierra, pero que ha mantenido vivo el orgullo de ser cubano. Ese grupo de cubanos que aunque en ocasiones pensemos diferentes, amo y respeto. Siempre digo que cada conversacion con él,  es una leccion de historia y patriotismo, un canto a la vida y un derroche de amor por Cuba. Para él,  Cuba es la eterna novia que espera su regreso. Sabe que allá,  entre palmeras, girasoles  y sinsontes, ella lo espera, sabe que volverá  algun dia. En sus manos un ramo de rosas rojas, en el pecho la bandera cubana y en el alma la certeza de la victoria del amor. Se arrodillara, besara la tierra que tanto ama, la amasara con lagrimas, se tenderá sobre ella, le contará sus historias de estos años.  Se tomaran las manos y andarán juntos al futuro, sin absurdos, sin dos orillas separando hermanos, sin discursos ni consignas, libres como el viento, viento ellos mismos.
Por esas deliciosas coincidencias de la vida y la historia, Sergito nacio un 24 de febrero, el dia del grito de Baire. Tal vez esa fecha marcó  su destino; su vida ha sido siempre, un eterno grito de independencia, de amor a la libertad y de lucha por su patria.
El y yo sabemos que un dia, cercano en el tiempo, volveremos a andar esas calles habaneras.  Me contará  su vida, en el sitio exacto donde se le escapó  a la muerte y denunció traiciones. La Habana le espera, Cuba le espera, alistan batas cubanas, pactan con el tiempo y se preparan para ese día del regreso  de Sergito y de muchos. Un dia de sueños  realizados y banderas al viento, un dia de nosotros.  Sin imposiciones,  ni ordenes de arriba. En ese tiempo que se avecina, incontenible y seguro, Sergito volverá  a ser joven. El amor hará  el milagro y sus manos y acción,  seran parte de ese futuro, lo sé.  Mi amigo del exilio como le llamé una vez, tiene fuerzas de sobra cuando de hacer por su patria se trata, a ella se debe.  Tendremos 24 de febrero entre cañaverales  y palmeras, sones y risas desbordadas;  Cuba lo espera y él  tiende sus manos a ese abrazo cercano.
Felicidades Sergito, de tus 84 años,  bastaron los primeros, para marcar tu destino y tu lucha, tu esencia  de cubano que no se rinde, que no cede, lucha y espera, seguro de su razon y su victoria.

Un café vencedor de la Coca Cola del olvido.

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Manolo salio de Cuba una mañana de abril. Su vuelo era para Ecuador, les dijo a todos que iba a buscar algunas cosas para hacer un negocio. Les mintió, su destino real era Miami. Los días previos a su viaje, anduvo por la ciudad, visito las casas de amigos y familiares, hasta fue a las escuelas donde había estudiado; fue como un recorrido por sus recuerdos, su historia. No faltó la visita a casa de abuela. Acumulo pedazos de su vida, de su ciudad, su Isla, como si quisiera llevarse todo lo necesario para hacer los cimientos de su nueva vida. Es difícil eso de irse con mas de 25 años a cuestas, a iniciar una nueva vida.

Antes de salir de casa rumbo al aeropuerto, se despidió de su mamá.
– Vuelvo pronto, le dijo con la certeza que da el amor y la voluntad.
– Yo estaré esperándote siempre, le susurro al oído. Mi hijo y esa mochila tan pesada, ¿Qué llevas ahí?
– De todo mamá, mi vida entera, la voy a necesitar. Me voy, pero mi vida entera va conmigo. Costo trabajo reunir todos los recuerdos, pero lo logre. Dijo mientras acariciaba su pesada mochila.

El recorrido desde Ecuador hasta la frontera de México con Estados Unidos, fue duro y lleno de dificultades inesperadas. Al pasar la frontera entre Panamá y Colombia en Playa de Miel, tuvieron que subir una montaña. La pesada mochila de Manolo le hacia casi imposible avanzar.
– Vas a tener que botar algunas cosas de la mochila o tendremos que separarnos y dejarte atrás, no podemos seguir demorando nuestro avance, tampoco queremos dejarte solo.
Le gritó uno del grupo. A pesar que no se conocían, los trabajos pasados, el objetivo común, los había hermanados y se trataban como si se conocieran de años.

Manolo abrió su mochila, miro sus recuerdos, los acaricio. No sabia cual de ellos sacar para aligerar su marcha; tomo la mejor decisión. Dejo la mochila con sus recuerdos en la montaña, juntos se bastarían para cuidarse; ellos sabrían el camino de regreso a casa. Los miró por última vez y siguió con el grupo. Los dejo como quien abandona la vida en una esquina; sin valor para mirar para atrás, con miedo de quedarse con ellos.

Sin el peso de su mochila, Manolo avanzo rápido, era de los que iban al frente del grupo. Tenían prisa, el miedo a que quitaran la ley de ajuste cubano o que cualquier país de los que atravesaban tomara medidas para impedir su paso, les daba fuerza y aceleraba su paso. A última hora decidieron cambiar el punto en que cruzarían la frontera de Estados Unidos. Por donde pensaban hacerlo habían recibido cientos de cubanos y demoraría mas de una semana procesarlos. El sitio escogido fue perfecto; en solo horas ya estaban del otro lado, se despidieron entre si con promesas de mantener el contacto. Cada uno del grupo tomo un rumbo distinto, tal vez nunca más volverían a verse.

Manolo llego a Miami, su tía lo recibió feliz. Siempre lo considero el hijo que la vida no le dio, tenerlo junto a ella la hacia feliz y mucho. Lo ayudo en sus tramites, Children and Family, Social security, licencia para manejar, el permiso de empleo. Nada se le escapo a Juana que averiguo bien todo, cuando supo que su sobrino estaba en camino.

El permiso de empleo le llego pronto. Ya su tía le había hablado a varias amistades que tenían negocios que su sobrino era “un bárbaro” con la computadora, que se las sabía todas, que se había graduado con honores de la Universidad de Ciencias Informáticas. Su primer empleo supero todas sus expectativas, comenzaría ganando 50 mil al año, con muchas posibilidades de promoción y mejora de salario.

Tía Juana estaba feliz y orgullosa de su sobrino, pero había algo en la mirada de Manolito que le preocupaba; como una tristeza sin consuelo.
– ¿Qué te pasa Manolito? Deberías estar muy feliz, esta es tu casa, tú eres para mí como el hijo que Dios no me dio, tienes un trabajo muy bueno. Hay mucha gente que lleva años aquí que no gana lo que vas a ganar tú. ¿Qué te angustia mi hijo? Háblame claro.
– Los recuerdos tía, los recuerdos que dejé. Yo no quiero tomarme la Coca Cola del olvido, yo necesito tomarme el café de los recuerdos; sin él no podría comenzar mi nueva vida. No quiero ser como esos muchachos que he conocido que niegan que son cubanos y se creen gringos y hasta el nombre se cambian; prefieren ser Joe que José o Alfred que Alfredo. No quieren ni hablar español, toman whisky y coffee americano. Yo quiero seguir siendo cubano ciento por ciento. Cuba esta aquí en mi corazón y lo que soy y seré, es por mi patria, mi infancia, mi vida, mi madre y mis recuerdos. Necesito los recuerdos que deje allá en Loma de Miel.
– Ahora mismito llamamos a tu mamá, ella sabrá como hacer para reunirte tus recuerdos y mandártelos.

La conversación telefónica fue mas corta de lo que Juana y Manolo pensaban. Juana puso el teléfono en altavoz (speaker), quería que Manolito escuchara toda la conversación.
– Pancha mi hermana, soy yo Juana. Aquí tengo a Manolito angustiado porque perdió sus recuerdos y no sabe si tú podrás reunírselos y enviárselos. ¿Te será muy difícil mi santa?
– El único problema es tener con quien mandárselos. Todos sus recuerdos están aquí en su cuarto. Aparecieron una mañana y se acomodaron solitos en su cuarto, se sabían muy bien el camino de regreso.
Manolito lloraba de la alegría, sin poder hablar. Juana siguió con la conversación.
– Pues de eso me encargo yo, si no encuentro quien vaya a Cuba, voy yo misma a buscarlos, déjame eso a mí. Te quiero mi hermana, después te llama Manolito, ahora esta emocionado, un beso y cuídate.

A la semana exacta Juana le entregaba a Manolo su mochila repleta de recuerdos. Los tomó, mientras acariciaba la mochila y se encerraba en su cuarto. Paso allí 4 largas horas. Salio con una cajita con un polvo verde oscuro, fue directo a la cocina. Le pidió a su tía la manga de colar café que guardaba de recuerdo, mientras ponía agua a hervir. Cuando todo estuvo listo, a punto de colar su café especial, llamo a sus amigos, los que se habían cambiado el nombre y no querían ni oír el nombre de Cuba.
– ¡Vengan pronto es urgente!

Mientras sus amigos llegaban, Manolo colaba su café especial. La cocina, la casa se inundaba de un olor extraño y agradable. Juana grito desde la sala.
-¡Ese arroz con pollo huele como el de mima! ¿Qué le pusiste? ¿Y ese olor que siento a la colonia bebito que te poníamos cuando eras niño? Ay Santa Bárbara bendita, si siento el olor de mima, a su perfume, también el olor a tabaco de mi difunto esposo ¿Qué es esto Manolito, que estas haciendo en la cocina? Eso es brujería, pero coño, es una brujería bendita que me ha recordado toda mi vida. Gracias Caridad del Cobre.
– Toma un buchito tía, toma.
Juana saboreo ese néctar que sabía a vida, a recuerdos, que despertaba rincones dormidos de su memoria, que la volvía niña, joven y mujer de nuevo, que le traía a su Cuba de vuelta.

Tocaron a la puerta, Alfred y Henry entraron a la casa, abrazaron a Manolito, besaron a Juana.
– ¿Qué pasa en esta casa acere? ¡Que olor más rico carajo!
– Manolito tendrás un poquito de Habana club por ahí, tengo ganas de sonarme un buen trago.
Manolito reía, mientras les servia el café. A su influjo las olas del mar golpeaban contra las paredes de la casa, el agua les salpicaba el alma. Los cuadros de las paredes se convirtieron en balcones habaneros y los pasillos de las casa en esas calles habaneras llenas de historia y recuerdos. Hasta pregones se escucharon desde el patio. Los vecinos venian corriendo. Convocados por el olor del café especial que como el flautista del cuento, los reunía y llevaba a lo mejor de sus vidas. Alguien saco un cajón y empezó una rumba, la casa se convirtió en solar y los recuerdos en vida.

Alfred y Henry se abrazaron mientras gritaban a coro.
¡Esto si es vida mi hermano! ¡Que viva cuba libre! Y un viva enorme retumbo en todas las calles de Miami.

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Fotogarias de obras del pintor cubano Ladron de Guevara.