Llegar!

La llegada! Un momento difícil para muchos, para todos. Hace días, llego a Miami, la hija de mi mejor amigo, un hermano que la vida, el exilio y la voluntad de mi madre, me regalaron. Hizo una llegada digna de un cuento de hadas, su abuela, viajo a La habana, para hacer el viaje con ella, en el aeropuerto la esperaba el abrazo de  papa. Fueron directo para The Place, allá nos reunimos un grupo de amigos, celebrábamos su llegada y disfrutábamos del concierto de Moneda dura. Yo, mirándola, sentí envidia sana por ella, qué diferente de  mi llegada, de la llegada de muchos, ella no sabia, no sabe el regalo inmenso que le dio la vida.

Enfrentarse a un mundo nuevo, es siempre difícil, a veces la vida, lo suaviza, lo adorna con amores y afectos que sirven de almohada, que evitan golpes y ayudan a soportar nostalgias. Mi llegada, no fue de las mas duras, pero tampoco fue color de rosa, fue color naranja, en Krome, menos de 24 horas, pero estuve allí. No todos tuvimos abrazos y afectos esperándonos en el aeropuerto, muchos, ni siquiera llegaron por él, otros, aún buscan afectos y abrazos que los sostengan.

Conozco de muchos que llegaron en balsas, aún guardan cicatrices en la piel y en el alma de esos momentos. Se de muchos que llegaron incompletos, en el viaje perdieron familiares, se vieron de pronto solos. Siempre digo que detrás de la sonrisa de cada inmigrante, hay una historia, en muchos casos, historias terribles, de esas que agotan lágrimas, que estrujan almas.

La llegada, es como un terrible choque, un detenerse de los sueños por un instante, un decirnos por un segundo; esto es con lo que tanto soñé? Después pasa, damos gracias por haber llegado, nos inventamos un coraje y unas bolas gigantescas y conquistamos el mundo.

Lo importante, es que llegamos, después de soñarlo, intentarlo, planearlo, al final, lo logramos. Los malos momentos, van quedando atrás, vamos haciendo, poco a poco, a este país, nuestro; lo cambiamos y nos cambiamos. Rara fusión de pueblos y costumbres que sin proponérselo, en extraña simbiosis, amanecen a los sueños.

Partidas, regresos, llegadas, forman parte de la vida de muchos de nosotros. Decidimos partir, enfrentar riesgos, desafiar derrotas, conquistar triunfos, inventarnos sueños.

Anoche, esperando el nuevo año, sin ponernos de acuerdo, mi amigo, su hija y yo, vestimos de morado, como si el color quisiera ratificar, aún más, los fuertes lazos que nos unen. Abrazado a ellos, di la bienvenida al nuevo año, el abrazo mas fuerte, el beso que me arranco lagrimas, fue el de mi amigo. Se que trato de compensarme de besos y abrazos lejanos, me conoce muy bien. Los tres, llegamos de forma diferentes, los tres conquistamos sueños y extrañamos afectos. Unidos en un abrazo, sin final, dimos gracias por estar aquí, no lo duden, a pesar de ausencias, por encima de malos ratos, todos sabemos que; valió la pena!

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Una historia triste.

Hay historias muy tristes, de esas que preferiríamos no tener que contarlas nunca. No producen alegría al compartirla, seria mejor que nunca hubieran sucedido. Les confieso, que hasta intente no escribirla, daba vueltas en mi cabeza, me bloqueaba otras ideas. Finalmente, hoy, trabajando, le envíe un mensaje a un amigo, pidiéndole detalles. Sin querer, empecé a escribir una historia triste.

Siempre que alguien dice adiós, que un amigo se nos va, sin tiempo para un abrazo de despedida, pensamos en cuanto nos quedo por decir. Cuanto tiempo por compartir perdimos. Si supiéramos que su tiempo se acababa, lo hubiéramos aprovechado más intensamente. Cada minuto con ese amigo, con esa persona, hubiera sido una fiesta, un regalo, sin embargo, sólo al no tenerlo a nuestro lado, recién comprendemos cuanta falta nos hace. El vacío que deja para siempre en todos los que le conocieron. Por eso, con los amigos, con los seres queridos, no podemos escatimar abrazos, ni te quieros, nunca sabemos cual será el último.

Hace días, leí en la página de uno de mis amigos, excompañero de trabajo, la noticia de la muerte de un amigo. Solo 23 anos y se fue sin avisar, sin despedirse, sin un nos vemos. Mi amigo y otros amigos mas, estaban, están, desconsolados. No se resignan a la partida, a la ausencia, a no volverlo a ver cada día. Cuando la realidad es muy dura, pensamos que es un mal sueño, que no es verdad, en este caso es real; el muchacho, ya no esta con nosotros.

Leí, los comentarios, en Facebook, de  mi amigo y de sus  amistades. El muchacho, trabajo un tiempo en el aeropuerto con nosotros, pero creo que no lo conocí. Lo conocí ahora, a través de las lágrimas de otros amigos y llore con ellos su partida. Sin conocerlo, llore junto a sus amigos y me conmoví con el dolor ajeno, lo hice mío. Cada vida que se pierde sin madurar, sin completar un ciclo de vida, es como una luz que intenta apagarse, una estrella que parece extinguirse.

Este joven, era cubano, uno de los tantos jóvenes cubanos que viven hoy en Miami. De esos jóvenes, para los que es normal, tener un auto, celular, de esos jóvenes que han vivido siempre con Internet y  estar conectados con el mundo, es algo normal, cotidiano. De esos jóvenes que solo conocen de escaseces y racionamiento por historias. Perdió la vida en un accidente de auto, tal vez mirando el celular o en un pestañazo fatal, regresando cansado,  temprano en la mañana. La noticia, estremeció a sus amigos, por lo que he leído y me han contado, supo ganarse el cariño de todos los que lo conocieron. El dolor, los dejo sin lágrimas, sin palabras, los paralizo.

Los amigos, nunca dicen adiós, no dan un abrazo de despedida, no piden permiso para irse. Si pidieran permiso, quedarían para siempre con nosotros, enredados en nuestros brazos, que no los dejarían partir. Repasando lo que leí sobre este muchacho, lo que me contaron, pienso, se, que no se fue del todo, lo mejor de él, queda para siempre en el recuerdo de sus amigos y familiares. Su luz, no se apago esa mañana terrible, una estrella, no se extinguió esa mañana. Su sonrisa, desde el cielo, alienta a amigos y desconocidos a continuar. La alegría y felicidad de todos los que han llorado su partida, harán que cada día, su sonrisa de luz, tenga mas fuerza. Convirtiendo las lagrimas en deseos de vivir, recordarlo alegre y sonriente, pueden cambiar una historia triste, que empezó con lagrimas, en un homenaje constante a su sonrisa.

Partir!

Irnos, por vez primera, por segunda o tercera vez, irnos un montón de veces, es cortar ataduras, pretender romper lazos, desgarrarnos. Volver a ver, desde la ventanilla de un avión, como se aleja nuestra Habana, nuestra isla.

Todos recordamos la primera vez que nos fuimos es algo imborrable, por ansiada, soñada e intentada un montón de veces. Esa primera vez, fue, para todos, un suceso. En mi caso, tuve la suerte de partir junto a un amigo, un hermano. Recuerdo que empujaron el avión, de pronto lo regresaron, se oyó la voz del capitán; por problemas con la lista de inmigración, el avión tuvo que regresar. Nadie hablo, nadie respiro, un minuto mas de demora y todos hubiéramos muerto por asfixia, a los cinco minutos volábamos rumbo a Madrid.  Sentí, como un desgarramiento, un desprendimiento, algo de mí, quedo para siempre en esa Isla, junto a mis seres queridos. No tuve valor de mirar por la ventanilla del avión; no me atrevía a ver a Cuba alejarse en la distancia, sin saber cuando volvería a verla. Alli quedaba mi madre, esperando mi regreso.

He tenido la suerte, prohibida para muchos, de regresar varias veces a Cuba. He vuelto una  y otra vez a los brazos de mi madre, he vuelto a partir otras tantas. Recuerdo cuando la muerte de mi padre, pase 21 días con ella, dándole fuerzas y aliento. Mami, nunca me despide ni recibe en el aeropuerto, esa vez, cometí el error de mirar para atrás, cuando el auto se alejaba rumbo al aeropuerto. La imagen de mi madre, de pie, en el portal, tratando de retenerme con la mirada, me desgarro. No pude hablar durante todo el viaje, hice el chequeo, un dolor en el pecho me ahogaba, minutos antes de despedirme, sentí un alivio, solo pude decir; gracias Dios mío. Mi hermana, se sorprendió, le dije, creí que me moría de angustia, ya paso.

Cada regreso, es como si nunca hubiera partido, mi sitio exacto, permanece esperando por mí, en mi casa, en el corazón de los míos. Llegar a casa, es sentir los lazos que creía rotos, mas fuertes que nunca, por unos días, somos los de antes, los de siempre, los que nunca  nos fuimos. Cada partida, tiene el desgarramiento de la primera. Bastan solo unos días, unas horas, para borrar años de lejanías y ausencias. Tal vez, nunca nos fuimos del todo. Somos felices donde vivimos, adoptamos nuevas tierras como nuestras, no vivimos del recuerdo y añoranzas. Tener a Cuba, en el corazón, es vivir en el futuro, en la luz. Su presencia, no impide luchar y afincarse en otros países. Nuestra Isla, es, sin saberlo nosotros, el puente a un futuro mejor de todos sus hijos. La raíz y la flor, que nos afianza y adorna.

Cada vez, que el avión despega, los lazos intentan romperse, la uniones, parecen que se quiebran. El piloto, da toda la fuerza al motor, son muchos corazones, de un lado y del otro, que se resisten a  separarse. La Habana tiende sus brazos, pretendiendo retenernos, Cuba, nos envuelve en  un viento que frena las alas, mi madre, suspira, enjuga una lagrima, mira una foto mia y se dice; volverá pronto.

Nunca puedo ver la imagen de mi madre perderse en la distancia, ni mirar por la ventanilla del avión y ver mi ciudad, mi Isla desaparecer poco a poco. Cada partida, tiene un poco, o un mucho de la angustia de la primera vez. Cuando el avión aterriza en Miami, se que llegue a casa, donde vivo y trabajo, donde soy feliz y realizo sueños. Reviso mi mochila, mi alma, siempre se me queda algo allá en La Habana, junto a mi madre, siempre me traigo algo de ellos, conmigo.