Casos y cosas de Cuba.

Viajar a Cuba, aparte del reencuentro con nuestros familiares y amigos, de esa inevitable y esperada fiesta del alma. Es también un choque con realidades. Realidades,  que un día nos fueron cotidianas y hoy nos parecen salidas del mundo del absurdo. Es volver a vivir, Casos y cosas de Cuba!

Después de 3 horas de espera por las maletas y de engullirme uno de los pastelitos de guayaba, destinados a mami, logre salir. Detrás dejaba una línea de personas, esperaban por un carrito para su equipaje. La coincidencia de la Bienal de La Habana y El día de las madres, sobrepaso la capacidad de recepción y atención de un aeropuerto que normalmente no da un buen servicio, a pesar del intento de funcionarios de desearnos feliz estancia y una mejoría general en el trato.

Una vez que “aterrizamos” del todo, nos sumergimos en un mundo donde todo puede suceder.

Recuerdo una conversación que escuché,  entre dos vecinas; llegaron las intimas! Que bueno, voy a buscarlas! Y dobles! Le aclara una a la otra, están dando las de abril también. En abril, no dieron, pobres mujeres menstruantes que tuvieron que esperar hasta mayo! Una de las vecinas, respondió que no iba a cogerlas dobles que resolvía con una cuota, la otra, le respondió con una frase que es todo una oda a la escasez y al humor cubano; niña, si te toca, cogelo! Yo, no pude menos que reírme, si te toca, cogelo!, inventando frases somos unos bárbaros, la candela!

Un día viajamos a Varadero, uno de los lugares donde siempre llevo a mami en mi viaje de mayo. Esta vez, para obviar perdidas de tiempo e insatisfacciones con la comida, preferimos llevar el almuerzo. Un delicioso almuerzo, a la orilla del mar, mientras lo disfrutábamos, un grupo de trabajadores conversaban a nuestras espaldas. Sin querer, terminamos escuchando la conversación, la risa casi nos provoca atragantarnos con la comida. Un trabajador, al parecer encargado de velar por la seguridad de esa área de la playa, decía; quieren un reporte diario de incidencias, qué incidencias, aquí no pasa nada, voy a tener que pagarle a un par de negritos, para que la caigan a piedras a un turista y poder reportar incidencias! Otro trabajador decía; tú, no te preocupes haz como que trabajas, que ellos hacen como que te pagan!

Al finalizar casi la tarde, decidimos regresar a La Habana, nuestra ciudad, nos decía en la distancia; Hasta cuando, no piensan regresar? Mi adicción al café, nos hizo detenernos en el centro comercial de Varadero, buscando un buen café cubano. Nos decidimos por una pequeña cafetería de solo 4 mesas, acogedora y con una enorme taza de café Cubita a la entrada. La dependienta, hablaba por teléfono, asuntos personales, chismes. Junto con nosotros, entro una pareja, tuvimos que esperar que terminara su conversación, interrumpirla podía costarnos un café envenenado o algo peor. Cuando el café estuvo listo, la “dependienta”, nos dijo, vengan a buscarlo, estoy sola en el salón! Sola en el salón de solo 4 mesas! Se imaginaran que no le deje ni un centavo de propina.

En una  visita a las tiendas de área dólar, se me ocurrió hacerle una foto a la mesa-nevera de los productos carnicos. Enseguida se me acerco alguien que trabajaba ahí y me dijo; con esa cámara, no puedes hacer fotos aquí! No hay problema, tengo otra cámara en el auto, voy a buscarla, no usted, no entiende, que no puede hacer fotos. OK, le dije pero esta que hice, no voy a borrarla.

Una tarde, sentados en la terraza, pasa un vecino, le dice a mi hermana; llego el pollo! Pero tocaban huevos, responde mi hermana. Se habrán demorado en traer los huevos y los pollos habrán nacido y crecido, dice el vecino sin detenerse. Nosotros, seguimos saboreando el café de la tarde y riendo. Yo hacia apuntes en mi Black Berry, Casos y cosas de Cuba, un buen nombre para un escrito.

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Gracias por Miami!

Cuando publique,  La Habana y Miami, semejantes o diferentes?  Un amigo, me llamó para comentarlo, estuvimos más de una hora conversando. Me contó, que cuando llego a Miami, en el 80, marielito forzado, la ciudad, no le gusto, se fue a vivir a Tampa, tampoco le gusto. Buscando una ciudad, donde integrarse, llamarla suya, fue hasta Los Ángeles, allí sintió que había llegado a una gran ciudad. Logro, finalmente vivir en una ciudad que lo deslumbraba, pero donde, a pesar de luces y rascacielos, se sentía extranjero, inmigrante. Nunca logró integrarse a Los Ángeles, todo le era ajeno y distante, no podía hacer suya la ciudad. Era un extranjero más.

Mi amigo, me dijo, que al cabo de  5 o 6 años, regreso a Miami. Se reencontró con el café cubano, recién colado. Entraba a los restaurantes, disfrutaba feliz, de frijoles negros, picadillo, puerco asado, yuca hervida. Visitaba las dulcerías y cafeterías, endulzaba el alma con pastelitos de guayaba. Escuchaba hablar cubano, sus oídos agradecían ese acento, que hacia años no escuchaban. Por vez primera, en muchos años, no se sintió extranjero. Cuba, se hacia presente en cada esquina, en cada rincón de la ciudad. Mi amigo, comprendió que, había llegado a casa. Miro hacia atrás, recordó a los primeros cubanos que llegaron a Miami, con lágrimas en los ojos, en silencio, les dio gracias, por hacer de Miami, nuestra casa, por traer a Cuba, hasta la Florida.

A los primeros cubanos que llegaron a Miami, todo les fue más difícil, mas duro. Tuvieron que inventarse la ciudad que no existía, hacerla crecer, forjarla. Cuba, era un recuerdo. No tenían posibilidad de regreso, ni siquiera una vez cada 5 años, nunca!  Las llamadas telefónicas, eran dificilísimas y las cartas, tardaban meses o no llegaban nunca. No se como pudieron, si les preguntara, se que ni ellos mismos tienen la respuesta. Convirtieron la nostalgia y el  dolor en fuerza creadora, construyeron una ciudad y la hicieron suya. Se inventaron a Cuba, 90 millas al norte.

Muchos, hemos llegado después a Miami, todos hemos aportado algo  a la ciudad, nos hemos integrado a ella. Ninguno de nosotros, ha sido nunca extranjero en esta ciudad, los primeros cubanos que llegaron, se encargaron de hacerla nuestra, todos los que llegamos después, tenemos mucho que agradecerles cada día.

Ser inmigrante, aprender otro idioma, enfrentarnos a una nueva vida es mucho más fácil, desde Miami, como me dijo mi amigo; aquí, no somos extranjeros! Al salir de Miami, termina la magia, no importa los años que llevemos en el país, somos extranjeros.

Recuerdo la sobrina de un amigo especial, llego de Cuba, directo a New York, lloraba todos los días. Cuando llego a Miami,  el sol la calentó, las palmas le alegraron el alma, se sintió de pronto en Cuba. No lloro mas, la nostalgia y las lagrimas, se rindieron a la ciudad, que en cada esquina, le recordaba a Cuba.

Una vez, fui a Tampa, a visitar amigos, con un amigo-hermano que la vida y el exilio me regalaron. Antes de salir de viaje, los llamamos, les preguntamos si querían algo; por favor, traigan pastelitos de guayaba! Fue lo único que pidieron. Se que no era un antojo, era la necesidad de algo nuestro, que aquí en Miami, es cotidiano y en otros sitios, solo recuerdos.

No, nunca hemos sido extranjeros en Miami, es nuestro. Aunque al principio, la ciudad no nos gustara, termino robándonos el corazón. Tomamos juntos una colada gigantesca e inagotable de café cubano, miramos el cielo azul, respiramos el viento que viene del sur y nos decimos entre recuerdos; estamos en casa. Miami, no nos conquisto, los cubanos, conquistaron a Miami, la ciudad, no ofreció resistencia, dejo hacer a esos primeros cubanos que llegaron, segura que estaba en buenas manos.

Yo, también doy gracias, junto a mi amigo, junto a todos los cubanos que llegamos después, a esos primeros cubanos que conquistaron y engrandecieron a Miami. Levanto mi tacita de café, brindo por lo mejor de ellos, por la ciudad que nos hicieron, por los recuerdos que trajeron con ellos. Saboreo el café, seco una lágrima, les doy gracias de nuevo, ser inmigrante y no sentirse extranjero, es una bendición. Traerse un país, reinventarlo, no es fácil, ellos lo lograron, nosotros, solo continuamos, lo que ellos comenzaron, hace ya, muchos años, cuando todo, era mas difícil. A ellos, gracias multiplicadas cada día, en cada rincón de esta ciudad, nuestra!