El hombre que olvido su patria.

Ola tomado de Yo extraño a Cuba y tu.
Nació en un barrio habanero, uno de los tantos que aunque parecidos entre si, son todos diferentes. Asistió a una escuela primaria cercana a su casa. Los niños se burlaban de él, por el color azul intenso de sus ojos, sus labios rojos, de un rojo parecido a la sangre y su piel extremadamente blanca; muchos le decían el tricolor.

Carlos, al crecer, siguió siendo blanco de burlas, no solo por el color de sus ojos, labios y piel. Su amaneramiento, su afición al ballet y a vestir extremadamente a la moda, no encajaban en el entorno que le rodeaban.

Cuando estaba en el 2do año de la carrera, un día lo citaron a una reunión.
– Pensamos, dijo muy serio el que presidía la asamblea, que tu conducta y maneras no encajan dentro de un colectivo como el nuestro, es mas creemos que eres un mal ejemplo.

Carlos, quiso hablar, pero no lo dejaron, su suerte había sido decidida antes de efectuarse la asamblea. Fue expulsado de la Universidad. Sus sueños de ser medico, se esfumaron. Con mucho sacrificio logro graduarse de enfermero años mas tarde, algo es algo, pensó Carlos, al menos del lobo, un pelo.

Carlitos, era un tipo fatal, justo al mes de estar trabajando en el principal hospital de la ciudad, un domingo en la tarde, decidió ir al teatro. Bailaba su bailarina favorita el rol principal del Lago de los cisnes. Nunca pudo ver la función, cerca del teatro lo paro la policía, lo montaron en un camión. Junto a él, otros más que esa tarde no verían fouettes y vaquitas, solo maltratos, fotos y expedientes de peligrosidad.

Lo expulsaron del hospital al saber de su detención y procesamiento por peligrosidad. Meses después comenzó a trabajar en el policlínico del barrio, gracias a una amiga de su mamá que lo ayudo. El día antes de empezar a trabajar su mamá le dijo.
– Mi hijo no te vistas muy extravagante para trabajar, a mi, no me importa, pero Elena me lo pidió como condición para resolverte este trabajo, por favor.
– ¡Ay mamá este país de mierda que me tocó! Con un mundo tan grande y tener que venir a nacer justamente aquí.
– No es el país mi hijo, son los que lo gobiernan, el país no tiene culpa de nada.
– Es el país mamá, cuanto diera por ser francés, español, americano, hasta haitiano, cualquier cosa menos cubano.

Su mamá lo miro a los ojos sorprendida.
– Mi hijo ya no tienes los ojos azules, tus ojos son incoloros.

Carlos, se miro al espejo asustado, sus ojos, antes de un azul intenso, eran ahora incoloros. Como si algún poder superior hubiera borrado el color de su mirada. Decidió usar lentes oscuros, para que nadie notara sus ojos sin color.

Un día, la ciudad despertó con gritos; ¡que se vayan, que se vaya la escoria! Carlitos, no entendía muy bien lo que estaba pasando. Una amiga le contó que había cientos de botes en el Mariel y en algunos lugares, la gente como ellos, hacia cola para irse.

Irme, salir de este país de mierda, olvidarme que un día nací aquí, eso es lo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Mi lugar no esta aquí, cualquier lugar es bueno para mi, menos este rincón horrible donde me toco nacer, pensaba Carlos, mientras hacia la cola para apuntarse entre los que se iban. Le toco su turno, le hicieron pasaporte, todo.

– Mañana a las 5 de la mañana aquí, van directo para el Mariel, hay un barco grande y tenemos que llenarlo con gente como ustedes, dijo el oficial que dirigía al grupo.

Llego muy contento a su casa, no podía llevarse nada para el viaje, solo quería despedirse de su mamá, no sabia cuando la volvería a ver, ella siempre lo había apoyado y comprendido.
– Mamá, mamá, mañana me voy, al fin seré un hombre libre.
– Tu eres un hombre libre mi hijo, incomprendido, maltratado por las circunstancias, pero eres libre. Ser libre es una condición que nadie puede arrebatarte. ¿Que quieres decir con eso de que serás un hombre libre?
– Me voy mamá, me voy del país mañana, me largo de esta mierda. Cuando logre sacarte a ti de aquí, me olvidare hasta de su nombre.
– No hables así, esta es tu patria, un hombre sin patria, no es nada, es como el polvo, se lo lleva el viento. Has pasado malos ratos aquí, pero no por culpa de tu patria, no la culpes a ella, mi hijo.

Cuando Carlos fue a darle el beso de despedida a su madre, ella se sorprendió.
– Mi hijo, tus labios no tienen color, así no puedes irte, se pensaran allá, que estas enfermo.
Fue al cuarto y regreso con un creyón de labios.
– Toma, píntate esos labios sin color y esconde el creyón, que no se den cuenta que lo llevas, lo vas a necesitar.

Esa noche, Carlos no durmió, fue de los primeros en subirse al camión que los llevaría hasta el puerto del Mariel. Cuando estaban en el barco camaronero alguien dijo.
– Aguántense bien, somos muchos, por suerte la travesía será corta, tenemos buen tiempo.

Cuando el barco zarpo, muchos miraron a la costa que se alejaba. Todos querían irse, comenzar una nueva vida, pero les dolía dejar a sus familias, a su tierra. La patria, es algo más que un montón de tierra y recuerdos. Solo Carlos, estaba de espaldas a la costa, no le interesaba mirar por última vez a la isla perderse en el horizonte, miraba hacia adelante, a la nueva vida. Se sorprendió cuando un desconocido le dijo.
– Compadre, ¡que color de piel mas rara tienes!
– Soy muy blanco, pero tampoco es para tanto.
– ¿Muy blanco? Yo diría que eres color cenizo o verdoso, ni se, es un color muy raro.

Carlos se miro las manos, el desconocido tenía razón, su piel no era blanca como antes. Sin saber como, sin poder explicarlo, Carlitos, había dejado de ser el tricolor. No mas azul, ni rojo, ni blanco haciéndolo sobresalir, se sintió extraño, raro. Pensó, buenos esos tres colores nunca me ayudaron, al contrario, en mi nueva vida me ira mejor sin ellos.

Después de pasar un tiempo viviendo en el lugar donde los internaron, una prima segunda de su mamá, fue a buscarlo. Al finalizar los tramites de rigor, se subieron al auto, su parienta hablaba sin parar.
– Tu mamá y yo siempre nos llevamos muy bien, hace días supe que estabas aquí, tuve que esperar hoy que es mi día libre en el trabajo para poder ir a buscarte. Estarás conmigo unos días, hasta que encuentres trabajo y te independices. Todos pasamos por esto, la llegada es siempre dura, uno extraña la familia, el barrio, las calles, hasta las palmas nos hacen falta.
– Yo solo extraño a mamá, solo la recuerdo a ella, nada más.
Su parienta lo miro sorprendida y dejo de hablar, el resto del viaje lo hicieron en silencio.

Como siempre se hace en estos casos, lo llevó a comprarse ropa.
– Vamos a comprar una ropa bien seria, mañana tienes una entrevista de empleo en un hospital y debes causar una buena impresión. Entraron a una tienda enorme. Su parienta fue quien selecciono la ropa.
– Pruébate estas, son las apropiadas para una entrevista de empleo, debes causar buena impresión si quieres que te den ese trabajo.
Se probó las ropas, no le gustaba esa camisa de mangas largas y esos colores tan serios, mucho menos la corbata que se le antojaba ridícula. No dijo nada, entro al probador, salio con las ropas en la mano.
– Si me quedan bien, dijo Carlos, con desgano.

Por fin llego el momento de la entrevista de empleo. Carlos, llego bien vestido y tratando de aparentar una seriedad y aplomo que no tenia, pero su parienta le había repetido un montón de veces; tienes que causar buena impresión. Le entregaron una planilla.
– Llene la planilla y espere a que lo llamemos.

Carlos, se sentó y comenzó a llenar los espacios en blanco. Lo llamaron, entrego su planilla o aplicación, como decía el hombre que lo atendió en la recepción.
El hombre que lo recibió en su despacho, sin levantar la vista del papel, le dijo.
– Falta poner su lugar de nacimiento, dejo en blanco ese espacio.
Carlos se quedo pensativo y respondió.
No se, olvidado.

El hombre levanto la vista del papel, se sorprendió, frente a él no estaba el hombre que buscaba empleo en el hospital, había solo un montón de polvo, un gran montón de polvo gris frente a su buró. Intentó apretar un botón para llamar a seguridad, antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió empujada por un viento fuerte que disperso el polvo por la ciudad, rumbo al sur.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Conversando con Eliseo.

Cuando caminaba por las calles habaneras, me pareció oír una voz, susurrándome temas al oído, soplándome, sugiriéndome nuevos escritos; calles habaneras, el musical, personajes de la habana y muchos mas, pregunte en silencio, Eliseo? Una brisa con olor a mariposas, guarapo y café recién colado, respondió mi pregunta. Conversamos en silencio, mientras juntos, caminábamos por nuestra Habana.

Sabia que nos encontraríamos en la ciudad de todos, que  él, no vendría a descansar. Sabía que renacería en cada palma, en cada Ceiba, en cada amanecer, amaneciendo para nosotros una y otra vez. Sus cenizas, no descansan allá en el puente de Arroyo Naranjo, donde fueron arrojadas. Volvieron a juntarse, el talento y el amor, hicieron el milagro. Por La Habana, anda Eliseo, riendo a carcajadas, piropeando muchachas, asistiendo a funciones de ballet. Charin, en su esplendor, baila el Lago para él, cada noche.

Le pregunte por que nunca acepto mi solicitud de amistad en Facebook; estaba tratando de no abandonarlos, luchando por la vida, me dijo. Te fuiste, cuando mas falta me hacías, recién retomaba el oficio de escribir, un par de consejos tuyos me hubieran ayudado mucho, le dije en tono de reproche, no te preocupes, los leo todos, no interfiero en ellos, son tuyos y debes madurar poco a  poco. Solo te soplo al oído algún tema, después espero a ver el resultado. Algunos me gustan, otros no, pero sigue, no dejes de escribir, se que aunque quisieras, ya no podrías dejar de hacerlo.

Conversábamos, tomaba fotos de balcones, me decía; mira para allá, que buena foto para un escrito. Me recosté a un muro, ¿cansado? Me pregunto, ustedes, los de Miami, acostumbrados siempre a andar en carro, se cansan pronto. Vamos, ya mañana te vas y hay que hacer fotos, quiero enseñarte algunas cosas.

Para todos los que pasaban por mi lado, yo era un “turista”, tomando fotos y a veces hablando solo. Cuando alguien se me quedaba mirando, Eliseo, soltaba la carcajada; apúrate, van a pensar que estas loco. Sabes, si la patria puede ser un plato de comida, tu mama, es una gran patriota, cada  vez que hace frijoles negros, el olor lo siento donde quiera que este, me dijo cuando pasamos cerca del Floridita.

Casi al despedirnos, me hablo de una amiga en común que tenemos. Puedes contar siempre con ella, sus consejos, son como si te los diera yo, me dijo. Ustedes, no se conocen  y se quieren, eso es lindo, cuídala siempre!

En el ultimo minuto, le dije, y la eternidad, comienza un lunes o cualquier día, que es? La eternidad, es vivir en el recuerdo de amigos  y de gentes como tú, que no me conocieron, comienza cualquier día. Cuando se hace algo realmente bueno e importante, la eternidad, comienza!

¿Quieren una colada?

No se el momento exacto, en que se coló, por vez primera, café cubano en Miami. Ignoro quien fue la primera cubana, que ofreció café cubano, endulzado y nostálgico a una visita en el sur de la Florida. Tampoco sé quienes fueron los felices mortales que se tomaron la primera colada de café cubano en Miami. Solo sé, que todos los días, cientos, miles de coladas son pedidas, tomadas, codiciadas y hasta perseguidas en esta ciudad, que sin resistencia alguna, se rindió ante el café cubano.

Colar café cubano, tomarlo, compartirlo entre amigos, es todo un rito. Acción repetida diariamente en el aeropuerto, oficinas, hospitales, factorías, casas de familia. Donde hay un cubano, llega seguro nuestro café, se invita a cualquiera a compartirlo, así, en un grupo, conversando, bajo los efectos de su aroma, se disfruta mejor.

A veces, cuando compramos café en el aeropuerto, nos reunimos  4 o 5 alrededor de una colada, cubanos, dominicanos, ecuatorianos, americanos nativos que no entienden ni jota de español y hasta haitianos. A su influjo, todos nos hermanamos y nos entendemos, hace el milagro de traductor. Nuestro café borra fronteras y tradiciones, su aroma nos envuelve, mientras dura, convierte a todos en cubanos. Cuando ofrezco café cubano a alguien en el aeropuerto y me dice; no, gracias, no lo tomo, siempre le digo; si quiere ser un buen agente de American Airlines en Miami, ¡tiene que tomar, café cubano!

Recién llegado, me invitaron un fin de semana a Naples, el amigo que mi invito, tenia la cocina, sólo como parte de  la escenografía, no la usaba, ni siquiera colaba café. Al segundo día, le dije; soporto almorzar tacos y comer un hamburger, hasta desayunar un café americano, pero  no aguanto ni una hora más sin tomarme un buen café cubano. Llamo a una amiga, le dijo, pon la cafetera, voy para allá con un amigo; les aseguro que ese café, me supo a gloria.

Hace años, salíamos del Miami Dade County Auditorium, acabábamos de ver a Charin bailar, “Cecilia Valdés”, fuimos a tomar café en el Versalles. El amigo que me invito, me dijo; la señora que hace el café es todo un personaje, obsérvala. No se equivoco, manipulaba la cafetera, ponía el  café, preparaba todo, como si la estuvieran observando paparazzi del mundo cafetalero. Estoy seguro, que  ni aún en palacios o estudios cinematográficos, el acto de colar café, se hace con tanto glamour.

Muchos amigos, cuando vienen a recogerme para salir, me llaman  y me dicen; ve poniendo la cafetera, estoy cerca. Tengo amigos virtuales y reales con los que comparto café en la mañana, gracias a la magia de Internet. Si demoro en mandárselos, un  ¿Y MI CAFÉ! Me lo recuerda, son adictos a este café virtual.

En este emigrar constante, muchas ciudades se han rendido al café cubano. Colamos café hasta en el polo norte, lo brindamos a tribus africanas, lo compartimos con aborígenes de Australia. Colada gigantesca que alcanza para todos, humeante y aromática, irresistible.

Café cubano, despidiendo su aroma, invitando a todos, sin distinción de raza ni color a tomarlo. Todos lo tomamos, descendientes directos y fieles de Mama Inés, que a falta de solares o esquinas habaneras donde tomarlo, recreamos, donde quiera que lleguemos, a nuestra Habana, nuestra Cuba. Una tacita de café, puede traernos a Cuba, donde quiera que estemos, a veces miramos a través de sus vapores y vemos  nuestra isla, sentimos brisas y nos salpican olas. No soy lector de tazas de café, pero en todas, al final, adivino, segura y prometida a nuestra Patria “con todos y para el bien de todos”

Nosotros y el mundo!

Para muchos de nosotros, Cuba, es el mundo. Emigramos, pero la llevamos con nosotros. Si hace cientos de años, en el descubrimiento del nuevo mundo o encontronazo entre dos culturas, el viejo mundo, vino a nosotros, ahora nosotros vamos al mundo, conquistándolo, cubanizándolo. Pintamos el mundo de azul rojo y blanco, lo hacemos nuestro. Cambiamos pinos, por palmeras, nubes, por cielo azul.

Somos capaces de cambiar la configuración de Europa en el mapa mundial.  Poco a poco, se asemeja a un gran caimán, tendido entre el Atlántico y el Mediterráneo. La Florida, tan cercana a nuestra islita, se llena de palmeras, de cubanos, que traen al hombro, un saco repleto de sueños, decididos a hacerlos realidad. En cada balsa que llega a sus costas, viene un pedacito de Cuba, a afincarse y crecer.

No necesitamos cincel y martillo, para rehacer costas y limites. No usamos dinamita, ni gigantescos taladros. A golpe de música, ron, café y trabajar duro, expandimos nuestra isla. Nos vamos de Cuba, pero la inventamos y recreamos, donde quiera que lleguemos. Hacemos del mundo nuestra islita y de nuestra islita el mundo.

Conquistamos el mundo, con una sonrisa y el mundo se deja conquistar, no se resiste, no podría. Llegamos un día a Miami, de aquella ciudad, solo queda el recuerdo, la hicimos crecer, ampliarse, desbordarse. Hoy, la compartimos orgullosos, con muchos.

Miramos el mapa del mundo y vemos Cuba donde quiera. No creemos en geografías, limites ni fronteras. Para conquistar el mundo, no necesitamos arcabuces, ni ejércitos. Ponemos a bailar nuestra música a todos. Los invitamos a un trago de ron o a un buen café y ya son nuestros. Si alguien se resiste, le damos un abrazo, le pasamos el brazo por el hombro y le hablamos de Cuba; le ponemos, para siempre, nuestra isla, en el alma!

Los cubanos, no creemos en Tsunamis, ni cataclismos. Si algún día ocurriera una nueva glaciación, si el calentamiento global aumentara. Nuestra islita sabría arreglárselas para sobrevivir, para mantenerse a flote. Tal vez entonces las balsas vengan del norte o desde Europa, a buscar refugio en la islita que sobrevivió a todo. Pedacito de tierra que el amor, hizo insumergible, capaz de vencerlo todo y de crecerse en el recuerdo y en el alma, para albergar al mundo.

Aprendimos a reírnos de todo, a no darnos nunca por vencidos, somos capaces de convencer a cualquiera que Cuba limita al norte con Groenlandia y al sur con Australia. Cambiamos el mapamundi, en una isla gigantesca, un gran caimán, tendido al mar.

Al final, para todos nosotros, el mapa del mundo, cabe en nuestra isla. Cuba, cabe, toda, en nuestros corazones. Cambiamos acentos, incorporamos nuevos platos a nuestra cocina, nos incorporamos al mundo. Así, ciudadanos del mundo, nos es más fácil conquistarlo, cubanizarlo. Todos llevamos en el pecho, una banderita roja, azul y blanca que ondea a vientos de esperanza. Hacemos del mundo Cuba y allá nos vamos, a andar el mundo, a conquistarlo. Donde quiera que estemos, llevamos a Cuba con nosotros, plantamos nuestra bandera, hacemos al mundo nuestro y a nosotros, el mundo.

¡El milagro de Caridad!

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Leí varias noticias sobre miles de cubanos, reunidos, convocados por la Caridad del Cobre, tanto en Cuba, como en Miami. Millones por el mundo, reunidos en oración, encendiendo velas, pidiendo milagros. Asistíamos, sin saberlo a uno de los tantos milagros de la Virgen. Cubanos, reunidos en torno a ella, olvidando diferencias, dejando a un lado odios, el milagro de la unión, aunque sea solo por un día.

La Caridad del Cobre, ha devenido símbolo de cubania, ha escapado a religiones y creencias, pertenece al pueblo. Si al inicio de la construcción de su iglesia, cambiaba de lugar, aparecía y desaparecía, ahora viaja por todo el mundo, nos arenga a la unión, a olvidar diferencias. No habita solitaria en El Cobre, esperando la visitemos, sale a nuestro encuentro, nos habla de frente. Sabe como llegar a nuestros corazones, nos conoce.

¿Por qué esperar al día de la Caridad del Cobre para reunirnos todos y olvidar desacuerdos, para abrazarnos como hermanos y cargarla en hombros? Los cubanos, no podemos, no debemos ser como esas familias mal llevadas que solo se reúnen en velorios o bodas, se saludan, se abrazan, se dicen; tenemos que vernos mas a menudo. Después se dan la espalda y se olvidan, se dividen, toman rumbos distintos.

No podemos dejar todo el trabajo a la Virgen, no bastan 24 horas de unión para salvar la patria. No basta llevarla virgen en hombros un solo día. Debemos llevar la patria en hombros todos los días. Reunidos todos junto a ella, por encima de diferencias y desacuerdos.

La Caridad del Cobre, se eleva sobre si misma, basta un gesto y todos acudimos solícitos. 24 horas de tregua al odio, a la división entre hermanos, de querer imponer criterios e ideas, de creernos todos que nos asiste la razón. La Patria, lleva años convocándonos, suplicándonos y nosotros haciéndonos los sordos, tirando cada uno para su lado. Es hora de tirar todos juntos, en dirección al futuro, no son tiempos de dividir, si no de sumar.

La Caridad del cobre, es la patrona de Cuba, llegó un día sobre olas, vivió en las montanas. Ahora anda por el mundo, tocando puertas y corazones. Cuando el frío es fuerte, se cubre la espalda con su manto azul, rojo y blanco, toma un buen café cubano y sigue, incansable, indetenible, llamándonos a la unión.

Ella, hizo el milagro de unir a los cubanos a todos, aún a los ateos, por 24 horas. Dejo de ser un símbolo religioso, para ser un símbolo patrio. La virgen, no quiere que la llevemos en hombros un día, quiere caminar, junto a un pueblo unido por siempre. No olvidemos que dondequiera que estemos; la patria, es lo primero.

Llevemos todos los días, en el corazón, el mensaje del milagro de la unión de todos los cubanos. Entreguemos a la Virgen, para que los arroje lejos de la Isla, nuestros odios y diferencias. Dejemos que el amor que brota de ella, nos invada y mejore en una patria “con todos y para el bien de todos”. La Virgen ,Nuestra Patria y la historia, nos lo agradeceran.

Fotografia tomada de Google.

Entre el amor y el odio.

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos dado espacio al odio en nosotros. Lamentablemente, odiar, no daña a quien odiamos, guardar odios y rencores, dejar que el odio y no la razón hablen por nosotros, solo daña al que conjuga ese verbo en presente. La mayoría de las veces, casi todas, el sujeto del odio, la persona odiada, no se entera y si llega a saberlo, eso no le quita el sueño, ni el apetito.

En mi primera juventud, odie con todo, con la razón y con la sin razón. De esa época, en que di albergue en mí, a odios, sólo quedan algunas arrugas en el rostro y en el alma. Las del rostro, cualquier día, las hago desaparecer, las del alma, quedaran ahí, para siempre. Muda advertencia que cerrara la entrada a futuros odios, que pasaran de largo, sin encontrar refugio en mí.

Cuba, es una islita, tendida al mar y al amor. Los cubanos no nacimos para odiar. Sabemos ajustar cuentas cuando llega el momento oportuno. Mientras tanto, elegimos, para siempre, hablar entre sonrisas, desechamos por decreto del amor, hablar entre espumas rabiosas que apenas dejan salir las palabras.

Hay quienes, prefieren hablar rabiosamente. Las palabras, terminan balbuceadas, entre espumas de odio, la rabia, les impide expresarse correctamente. Entre tanta espuma y tanta rabia, a veces solo ellos entienden lo que dicen. Muchos no entendemos el idioma del odio, ni lo entenderemos jamás, por suerte.

En ocasiones, leo algo y no logro atrapar el mensaje, no logro sacarlo de la espuma de la rabia, lamentablemente ahí queda para siempre la intención del mensaje indescifrable, diluyéndose en espumas rabiosas.

Cuba, nuestra patria, ha sufrido divisiones entre sus hijos por largos años. Marti, tuvo que luchar contra odios y divisiones, hasta un día que una bala de odio intento silenciarlo. Ahora sus escritos, los lleva la patria bajo el brazo, los relee una y otra vez, nos los muestra. Nos pregunta, cuando terminaran odios entre hijos que debieran ser hermanos, se sabe “ara y no pedestal”, aunque muchos la usen como tal, para lanzar largos discursos de odios.

Elegir conjugar el verbo amar en todos los tiempos y solo en pasado al verbo odiar, nos ayudara a entender mejor el presente, a construir un futuro luminoso y merecido a nuestra Cuba.

Elegir amar y no odiar, no significa olvidar, no quiere decir, borrón y cuenta nueva. Ahí quedan cicatrices, heridas a medio cerrar, para recordar injusticias, en nombre de ellas, debemos dar espacio al amor entre cubanos.

Nadie, por mucho que sufriera, por grandes cicatrices que guarde puede, en nombre de ellas, pretender silenciar la razón, con discursos de odio. Gritar, no da la razón, proferir improperios e insultos, no apuntalan la sin razón. Respeto profundamente a todos los que hemos sufrido injusticias, a todos los que en algún momento recibimos una bofetada en el rostro, a todos los que nos cansamos de voltear la mejilla, los respeto a todos y me respeto a mi mismo, pero dialogar, aprender a conversar entre hermanos que se aman, se impone.

Nuestra patria, aún espera, impaciente, se haga realidad ese sueño de “con todos y para el bien de todos”. El odio, en general y el odio y los insultos lanzados contra hermanos, contra figuras cimeras, contra cumbres, termina rebotando contra quien lo lanza y destruyéndolo. El odio es un sentimiento oscuro, cuando se libera, termina devorando y aniquilando a su libertador. Odiar, no significa recordar mas, tampoco amar, equivale a olvidar. Corren tiempos nuevos hemos de andar a su ritmo y voluntad.

Cuba, impone el amor entre sus hijos, con una dulce sonrisa. Cuida y atiende las tumbas de los que ya no están, no los olvida nunca, pero no habita en cementerios. Anda entre palmas y colibríes, tejiendo arco iris de esperanza, crea y recrea el amor, como fuerza suprema que acelera y magnifica el futuro que esperamos. Ella eligió, para siempre el amor, la sonrisa y no la lagrima, el abrazo entre hermanos.

Un amanecer, nos despertara una voz tronante; Dije, amaos los unos a los otros, no odiaos los unos a los otros! Confio que los que alimentan odios, no amanezcan sordos esa mañana.

Vientos de esperanza!

                

A veces, para los que vivimos lejos de ella, Cuba, sin proponérselo, se nos acerca, se hace presente de súbito. Basta una palma, la imagen de nuestra bandera, un recuerdo y  Cuba, acorta distancias y borra años. A veces es suficiente un plato de comida, como dijo el poeta, un plato de frijoles negros y picadillo, nos trae de nuevo a nuestra islita. La patria, puede ser muchas cosas.

En ocasiones, nuestra bandera remonta vuelo y decide visitar a cubanos, dispersos por el mundo por más de medio siglo. A todos, lleva un mensaje de unión, de  igualdad, de hermandad. Muchos, entre los que me cuento, recibimos el mensaje con amor y abrimos los brazos y el alma para recibirlo plenamente. Sentimos como nuestro pecho se ensancha al recibirlo.

Veo mi bandera en el aire, libre, sin amo, ni ataduras, nunca los tuvo, ni tendrá. Recuerdo la misa en Santiago de Cuba, durante la visita de Juan Pablo II, escucho de nuevo las palabras de monseñor Pedro Meurice Estiú . Vuelvo a sentir el asombro y la emoción de aquella mañana de enero.

Hay quienes, tal vez sin querer, dejan que las heridas hablen. Hay quienes, olvidan que el odio, daña mas a quien lo guarda y alimenta, que al odiado. Hay quienes cuando hablan de nuestros hermanos de allá, de los que decidieron quedarse  o no pudieron irse, se refieren a ellos en tono despectivo. Hablan de educarlos, de valores perdidos para siempre, de la necesidad de cambiarlos. Sin saberlo, tal vez sin proponérselo, al hacerlo, desde ellos sopla un viento negro que aleja la nube que nos trae la patria.

Nuestros hermanos, los que viven allá, los que han soportado tormentas, los que sin proponérselo y sin saberlo, se ven atrapados en comentarios despectivos, en proyectos de re-educación, ellos, no nos odian. El cubano no es dado a odiar esta hecho para amar y hacer, más allá de absurdos y pesadillas, de odios ajenos. Nuestros hermanos, nuestro pueblo, no nos odia, no nos odiaran nunca. Nos critican cuando comentemos un error, cuando hablamos despectivamente de balseros, cuando protagonizamos penosos incidentes frente a oficinas de congresistas, cuando dejamos que el odio y no la razón hable. Ellos tienen mucho que enseñarnos, también tienen mucho que aprender de nosotros, es un camino de doble vía, un puente ancho que hemos de  transitar, una y otra vez, en ambas direcciones. Ambos, ellos y nosotros, somos la oruga que lleva años esperando para desplegar sus alas de colores y remontar vuelo al infinito.

Todos tenemos que cambiar  y todos estamos obligados a ser parte del cambio.Todos somos imperfectos, los de allá, y los de acá. Emigrar, no nos hizo mejores, quedarse en Cuba, no los degrado para siempre. Evolucionar juntos, tomados de la mano o mejor aún, abrazarnos y comenzar a cambiarnos mutuamente es la mejor opción.

Todos tenemos el derecho a ser escuchados, los de aquí y los de allá. También tenemos la obligación de saber escuchar a los demás, aunque su discurso, no coincida del todo con el nuestro. Se impone el dialogo, sin ofensas, sin tonos despectivos. Somos hermanos y nuestra madre, la patria, nos quiere unidos. Seamos parte del puente  y no obstáculo, sumemos, no restemos, Cuba, lo necesita. Se que no todo esta perdido.

Si mañana, ves en una nube  la bandera cubana, si en una  palma se confunde nuestra bandera, no dejes que el viento negro del odio la espante. Abramos los brazos, el corazón y la mente al llamado de la patria, hacerlo, nos hará mejores, luzcamos, para siempre, con orgullo, en la frente, “la estrella que ilumina  y mata“, recibamos a la patria de pie  y con los brazos abiertos, sin odios, sin vientos oscuros, dejémonos llevar por el amor, no por el odio e impulsemos a esa nube con el viento fuerte de la esperanza!

Eliseo!

“Si me obligan, me robaré La Habana.

La romperé, verás, con un martillo.

Traeré de contrabando, en el bolsillo,

la noche, nuestro mar y tu ventana.

Si me obligan, me robaré el pasado.

Me llevaré mi calle y sus portales,

tu juventud, un verso, las postales
de esa islita que el odio me ha negado.

Si me obligan, me robaré La Habana

piedra por piedra, amor, pena por pena.

Mi vida rompo, guardo los pedazos.

Escapo antes que sea de mañana.

Me verás dando tumbos por la arena

como quien lleva a su mujer en brazos”

No Eliseo, no tuviste que robarte lo que siempre estuvo contigo. Parte de La Habana se fue contigo para siempre, La Habana, no es la misma sin ti. Vives, multiplicado en tu ciudad, en nuestra Habana. Aunque todos tenemos derecho a equivocarnos, estabas en lo cierto al llamarla tuya.

Cuando dijimos adiós a nuestra ciudad, no cargamos piedras ni pedazos de ella en nuestros brazos. En nuestros bolsillos, no llevamos nada material, solo recuerdos. Llenamos nuestro corazón con todo su amor. Nada ni nadie, tiene  o tuvo fuerza para negarte tu islita. Ella se te entrego toda y a ella vuelves en un regreso definitivo a fundirte para siempre con tu tierra, entre palmas  y ceibas que te esperan.

Cuando supe de tu muerte, sentí  el dolor de perder a un ser querido a alguien que quise y admire, sin  conocerlo. Revisando tu profile en Facebook, vi me pedido de amistad aún pendiente. Imagino que tu salud, te impidió aceptarlo. Cuanto hubiera disfrutado honrarme con tu amistad virtual y soñar con darnos un día un abrazo frente al malecón. Enviarte un escrito y tener tu opinión, como a veces hago con una amiga especial.  Aprender de ti, hubiera sido muy importante para mí.

Espero no te moleste te tutee, cuando quiero o admiro a alguien, el usted se me hace difícil, forzado. Tenemos una gran amiga en común, alguien, que aunque aún no conozco personalmente, es muy importante para mi. Trate de consolarla por tu partida, se que aún no se han inventado las palabras que den consuelo en un momento así, pero lo intente. Una pena compartida, se hace a veces, menos dolorosa.

Converso contigo, se que aunque no respondes, me escuchas. Nuestra Habana, sirve de  puente, médium sui generis, no hacen falta palabras. Ambos miramos en la misma dirección, yo, sabiendo que regresare pronto, tú, con la certeza del que llega a casa, después de un largo viaje.

Una vez dijiste que los cubanos éramos todos poetas, músicos o peloteros. No se donde encajo yo, pero seguro estoy de ser cubano 100%, aunque no juegue a la pelota, ni haga música y solo tenga algunos escritos y ni un solo poema que mostrar. Me ayudarías a auto clasificarme un día?

No quiero cansarte, solo darte el abrazo que te debo, que te debemos muchos. Nos encontraremos en esas calles de La Habana. Mi fantasma te dará la bienvenida, te hablara de mí, no le hagas mucho caso, me quiere y exagera mis virtudes. En unos meses, cuando regrese a La Habana, te veré  en las palmas, en las ceibas, en las olas que rompen en el malecón, en el viento que despeina la ciudad. Regresas a nuestra ciudad, no a un descanso eterno, a vivir intensamente en la gloria que ganaste para siempre. Queda prohibido olvidarte!

Iré a La Habana!

Iré a la habana en un corcel de fuego o en un rabo de nube, iré a La Habana.

A veces, sin proponérselo, lo malo de La Habana reina en Miami, lo trajimos con nosotros, se nos sale, se le sale a algunos, por costumbre o por vocación. Aparecen entonces quienes quieren revivir asambleas donde discrepar era casi un acto suicida. Esos que reviven, día a día, el modo de hacer que dicen criticar, que desconocen que es tolerancia y comprensión. Su oficio, es imponer su criterio a cualquier precio.

Iré a la habana, entre aplausos o gritos, iré a La Habana.

Recuerdo una vez que una amiga y yo estuvimos hablando sobre Bush, yo, en contra, ella a favor, la conversación duro más de dos horas. Nadie se molesto, nos despedimos con un beso, ninguno intento imponer su criterio, sólo dialogar, enriquecernos los dos. Hay muchos que se molestan cuando alguien discrepa. El asunto de Cuba y los viajes a la isla, irrita a algunos, molesta a otros y hace feliz a muchos. Mencionar el tema, es como revolver las avispas, alborotarlas.

Iré a la habana, cuando sienta deseos de abrazar a mi madre, iré a La Habana.

En una ocasión, comentando el tema de Cuba, con una señora que trabajaba conmigo, me dijo; si todos nos unimos y no mandamos ni un centavo, provocaríamos un cambio, le dije; conmigo no cuentes, el dinero a mi mama, para que coma, no le faltara nunca. (No le falto durante dos meses que estuve en casa por una fractura múltiple). Estuvo unos días sin hablarme, después comprendió que entre ella y yo hay una gran diferencia; toda su familia, vive en USA, mi madre, esta en Cuba, no podremos jamás pensar igual, si, podemos entendernos mutuamente. Ser diferentes, no implica convertirse en enemigos, tratar de imponer uno al otro su criterio. Ser diferentes, nos lleva al dialogo, la tolerancia, la comprensión.

Iré a la Habana, Oh ceibas y palmas hermosas, iré a La Habana. 

Creo que cada uno es dueño de sus actos y decisiones y asume dignamente las consecuencias de estos. Pretender imponer a otros un criterio es absurdo. Querer que otros paguen por heridas ajenas, es mas absurdo aún. Todos tenemos nuestras propias cicatrices, nuestros recuerdos. Mis heridas, son mías, no tengo derecho a hacer que otros sufran o paguen por ellas. Tampoco puedo pagar por heridas ajenas.

Iré a la Habana, en un avión de alas plateadas, iré a La Habana.

Cuando se acercaba el día de mi primer viaje de regreso a La Habana, quise compartir mi alegría con una señora que lleva muchos años aquí, sólo le dije: el viernes me voy a Cuba, a ver a mi madre! Su rostro se contrajo en una mueca desaprobatoria. De forma brusca me dijo: no le lleves mucho dinero al gobierno de allá. La mire, me sonreí, le dije: despreocúpate, no conozco a nadie que trabaje en el gobierno, todo lo que llevo es para mi madre, ojala tuviera más, para poder llevarle más. No volvió a saludarme, ella perdió un amigo, yo, comprendí que a veces la intolerancia daña a quien la practica.

Iré a la habana, retozando en canciones y recuerdos, iré a La Habana.

Respeto y admiro a los que nos abrieron el camino. Esos que tuvieron el valor de construir Miami, de hacernos el camino más fácil a todos los que llegamos después. Tengo entre ellos, amigos entrañables, cada conversación que tenemos es una lección de historia y de cubania. Imagino su dolor por esa Cuba cerca y lejana para siempre, sus lagrimas, su no ver a sus madres e hijos. Tuvieron la fuerza de convertir ese dolor en trabajo y creación, se hicieron a si mismos mejores, construyeron Miami. Escucho sus historias, sus dificultades para llamar por teléfono, la demora infinita de las cartas, un eterno cartel de no regreso, su familia, perdida para siempre, su Cuba, inaccesible. Fueron extraordinariamente fuertes, lo son aún, lo serán por siempre.

Iré a la Habana, cuando las ganas se conviertan en ansias y las ansias en orden, iré a La Habana.

Marti, nos convoco siempre a la unión, mas de una vez, la división de los cubanos, hizo fracasar nuestros intentos. El punto no es querer que todos pensemos igual, hace muchos años, decidí no ser uno más en el rebaño. El punto es unirnos, hacer crecer lo que nos une y engrandece, por encima de diferencias y criterios que algunos intentan imponer a ultranza. Cada cubano, dentro y fuera de la isla, tiene su propia historia que contar y tiene todo el derecho y todo el izquierdo del mundo, a que le escuchen y respeten. Una razón, no es mas fuerte, porque se grite mas alto o porque este en boca de una figura pública. A veces, muchas veces, la verdad esta en boca del mas humilde, de aquel que no necesita gritar y hacer gestos efectistas para ganar atención, fama y dinero.

Iré a la habana, con sol o con lluvia, iré a La Habana.

Al final de la historia, Cuba nos espera a todos, no hace distinciones. Cura todas las heridas y ayuda a borrar cicatrices. La Habana se levanta sobre el malecón, nos saluda dándonos la bienvenida, agitando al viento su pañuelo azul, blanco y rojo. 

Iré a la habana, convocando espíritus, lanzando conjuros al viento,  iré a La Habana!

Mi amigo del exilio!

                 

Tengo un amigo que se acerca  a los 80 años, salio de Cuba, hace mas de 50. La misma visa que obtuvo para huir de la persecución del gobierno de Batista, por ser miembro del movimiento 26 de julio, le sirvió para salir de Cuba, cuando la revolución comenzó a cambiar su color de verdeolivo a rojo. Me gusta escucharlo hablar de La Habana, del malecón, de los cabarets, de sus andanzas nocturnas, de las veces que, casi por milagro, escapó de las balas de la policia de Batista. Me cuenta como se enfrentó a oportunistas que estuvieron en contra de Fidel y despues del triunfo se subían al carro de la revolución, de esa terrible asamblea, donde se nego a hablar y casi provoca una tragedia. Escucharlo es acompañarlo en sus viajes por el tiempo.

 Gracias a mi amigo, he conocido La Habana de los 50s, le he pedido que grabe sus vivencias, tiene una hermosa voz y espero que un dia lo haga. Otros deben escuchar sus anecdotas y disfrutarlas, mi amigo, es capaz de adornar con olores y sonidos su conversacion. Cuando lo abrazo, se que tengo un pedazo de historia entre mis brazos!

La voz de mi amigo, me toma de la mano y me lleva  a una Habana que no conocí, recorro lugares habitados, visito sitios que ya no existen, conozco una historia nueva para mi. Cada nuevo viaje en su voz, deja las ansias por el próximo.

Mi amigo, ha visto partir a casi todos sus amigos cubanos del exilio, el último, lo había invitado a almorzar un fin de semana e ironias del destino, ese mismo sábado él y su esposa, se vistian para acudir a su velorio. Como él dijo; otro mas que se ha ido sin volver a Cuba. Mi amigo volvera a Cuba, lo se, le debo un almuerzo en mi casa, sentarnos juntos en el portal a hablar del futuro y no del pasado, él me debe una caminata juntos por La Habana. Ambos nos debemos un sueño, una conversación en la que él, no termine ahogado por las lágrimas y si hay lágrimas, que sean de la alegría multiplicada por el futuro! 

No se cuantos años vivira mi amigo, no se cuantos mas durara el absurdo, pero se que mi amigo sobrevivira al absurdo, aunque solo sea por unos días; los días de su regreso a Cuba!

Despues de escribir esta reflexión, consulté con la esposa de mi amigo la posibilidad de entregarsela a él, asi lo hize, mi amigo la guarda como una medalla, una de las tantas que le debemos.