Un Hombre en la mitad del tiempo y del camino.

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Quien fuera ola recurrente y necesaria para golpear una y otra vez contra obstáculos y muros y poco a poco, partícula a partícula, irlos venciendo. Borrarlos, con mi fuerza y mi constancia.

Quien fuera brisa o viento y rozar cada mañana tu mejilla con un te quiero dulce, pequeñito, casi imperceptible, pero cierto, real, imprescindible, mío.

Quien fuera lluvia o nube, ¡Huracán! y dueño de olas y vientos, cambiar el curso de mi vida y de la historia. Empezar los tiempos de mi cuento, sin magos ni hechiceros, sin caminos de espinas y caídas, sin gigantes gritando por bocinas, sin decretos absurdos, sin barrotes, sin salidas y regresos.

Quien fuera tiempo relativo, exacto y preciso y detenerme justo en el mejor segundo, burlarme de relojes y almanaques y gritar para siempre; ¡Aquí me quedo! Detenido y feliz, burlón e inmóvil, disfrutando de lo bueno de esta vida, aunque fuera solo un segundo detenido.

No soy ni tiempo, ola, huracán, ni brisa, soy solo un hombre en la mitad del tiempo y del camino. Me conformo con ser un beso intenso, imborrable, inolvidable, deseado, mítico y estallar en tu mejilla, una y mil veces.

El tiempo y yo.

el tiempo en mis manos.

Si un día, andando por la vida, me encontrara una bolsa enorme, gigantesca y una voz tronante me dijera; aquí lo tienes, todo el tiempo del mundo, ¡es tuyo!
¿Qué haría con ese regalo inesperado, inmerecido y fantástico? Si un día, con un segundo extra, armé una fiesta, ¡Se imaginan! ¡Todo el tiempo del mundo para mí!! No se si podría moverme en el tiempo, me conformo con tenerlo, extenderlo o acortarlo a mi antojo. Con eso basta.

Me compraría una laptop, me iría con ella al gimnasio; he comprobado que las mejores ideas se me ocurren levantando hierros y sudando. En una tarde, una sola, escribiría cuentos, historias, inventaría personajes e ilusiones, libertades y sueños.  Se que terminaría esa tarde exhausto de músculos e ideas; feliz de haber dado salida a historias y proyectos. Los publicaría de uno en uno, disfrutándolos, como disfrutan los niños golosinas. Mentiría, diría a mis amigos y lectores; es solo una buena racha, una fiesta de las musas, de mi musa; no podría confesarles mi secreto. Ser dueño del tiempo, tiene sus compromisos y misterios.

Una tarde de sábado, reuniría a mis amigos, una gran fiesta. Repartiria abrazos especiales, prolongados, casi eternos. Conversaríamos, haríamos chistes, nos olvidaríamos de la noche que no llegaría, hasta 7 u 8 días después, tal vez mas, en tiempo humano. Charìn bailaría, sin cansancio, el Lago, una y otra vez, interminables fouettes y vaquitas, arrancarían bravos y aplausos, como hace años. Rosita, nuestra Rosita, cantaría mis canciones preferidas, haría cambios de ropas y de peinados y dulce y complaciente me diría; ¿Ahora que quieren que les cante? Con esa magia que solo ella tiene, borraría años y accidentes, mis amigos mas jóvenes, asombrados, dirían; que mujer mas bella. Aplaudiríamos no una ni dos, un montón de veces, regalándole rosas y piropos. Dueño del tiempo, le regalaría el aplauso de una generación mas de cubanos, serian 4. ¡Que sigan sumándole años y cirugías, mientras yo la disfruto eternamente!

Mis amigos saben que antes de fiestas y escritos, si un día, fuera dueño del tiempo, si pudiera extenderlo y a mi antojo usarlo, lo primerito que haría, serìa; sacar pasaje pa’ La Habana, en el primer vuelo del domingo. Llegaría temprano, ¡Inesperado y feliz! Mi madre y yo, desayunaríamos más de 500 veces, almorzaríamos, mirándonos como novios, otras tantas. Andaríamos esas calles de La Habana, gastaríamos dos o tres pares de zapatos, tal vez mas, nos sentaríamos en los bancos de la plaza, disfrutándonos. Mientras mi ciudad, casi en orgasmo, se deleita en mi presencia ilimitada. Nos besaríamos cientos, miles, millones de veces y apoyada ella en mí, sostenido yo por ella, inventariamos felicidades y dichas, sin preocuparnos por la hora, ni la noche. Le preguntaría; ¿Cansada? respondería radiante y sonriendo, para nada, ¡Sigamos andando hijo mío! Me miraría a los ojos, me diría; ¿No te parece un poco largo el día o son solo ideas mías, me estaré poniendo vieja? Reiremos besándonos, abrazándonos, sin miedo a un adiós o a un vuelvo pronto. No le diría nunca mi secreto, podría asustarla saberse eterna. Regresaría a Miami, justo el lunes, empezaría a trabajar, como si nada. Tal vez algún amigo note algo extraño; la felicidad, no puede esconderse, pero nadie notaria que el domingo, duró meses, casi años. Repetiría ese domingo muy seguido, burlándome de almanaques y relojes. Quien sabe, tal vez desde la eternidad alguien me mire y me diga; usted se  atreve, ni yo hubiera podido imaginarlo.

Escribir, gimnasio, ver a mi madre, andar mi ciudad, compartir con amigos, disfrutar mis artistas, solo me falta un buen amante, disfrutarlo sin limites ni adioses, sin desamores. No se preocupen, tengo todo el tiempo del mundo para hallarlo. Cuando lo encuentre, lo llevare corriendo al aeropuerto, nos iremos en el primer vuelo a mi ciudad. Viviremos un día eterno mientras mi madre, entre nosotros, se ríe de achaques y designios y sonríe dichosa al infinito.

Fotografia tomada de Google.