Dame una mano.

manos y manos
Dame una mano, solo un rato, con eso basta.
Una mano grande, solidaria, que me permita descansar, recostarme, recuperar fuerzas.

Sabes, necesito una mano enorme con urgencia, aunque sea solo un rato, no por siempre.

No quiero palmadas en la espalda, tampoco un apretón frío, protocolar, lejano. Necesito una mano conmigo, por un rato. Que me ayude a cerrar esas heridas, que por más que trato, se resisten, casi juegan a esconderse y reabrirse, haciéndome sangrar hoy, ayer, mañana.

Dame una mano, solo una. Prometo devolverla después de usarla, de tenerla conmigo por un rato, componiendo desarreglos, malas notas, acotejando futuros, amaneceres.
Una mano así ayuda a partos, provoca orgasmos, furias, desata envidias. Mano necesaria, imprescindible, para una pausa de luchas y desgarros.

No temas, prometo tenerla solo un rato. Seria peligroso acostumbrarme, lo sé y evito.
Con ella izaría banderas en las torres, abriría mentes milenarias, quitaría telarañas gigantescas, detendría mentiras, histerias, rencores, mala leche.

No temas, prometo devolverla, es solo un rato, un minuto de mi vida. Esa mano regresaría satisfecha, acariciando futuros y certezas, convocaría a uniones y suspiros, recuentos, sueños. Dame esa mano pronto que me diluyo en el intento o me matan los odios y la rabia.

fotografia tomada de Google.

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La lluvia necesaria.

Hombre bajo la lluvia, fotografia tomada de Google.
Llueve en Miami y en La Habana, lluvia intensa, prolongada, fresca, necesaria diría yo. Cae la lluvia con ganas, limpia calles, autos, arrastra suciedades, polvos, fangos.
Después de la lluvia las ciudades resplandecen, baño celestial que las despoja de basuras acumuladas. El agua en torrentes cae sobre la ciudad, muchos esperan que escampe para comenzar su domingo. La ciudad y nosotros, somos como amigos, esperando que su baño termine para salir juntos.

Mirando la lluvia, ver el agua correr arrastrando basuras, limpiando todo a su paso, dan ganas de pedir lluvias personales. Bañarnos todos, aunque sea una vez al año, en un tremendo y esperado aguacero. Desnudarnos y dejar que la lluvia se lleve lo malo, lo que sobra, los desechos.
Abrir los brazos y el alma. Mientras dejamos al agua hacer su trabajo de limpieza anual. Renovarnos el alma y la piel. Estrenarnos después de la lluvia. Una lluvia así, seria necesaria, imprescindible, casi invocada. Dejarla llevarse odios sin sentido, rencores, malos recuerdos, sueños rotos, miedos, que nos deje la esperanza reluciente, brillante, hermosa. Que renueve y pula nuestros sueños y ganas. Una lluvia así seria bienvenida por todos.

Pidiendo lluvias, se me antoja pedir lluvias para países y gobiernos. Que se abran las puertas y ventanas de cada país, que se abran las puertas y ventanas de cada casa de gobierno, de cada palacio presidencial. Que una lluvia torrencial imparable, incontenible y tenaz, se lleve funcionarios corruptos, oportunistas, dictadores indeseados, leyes absurdas, partidos obsoletos. Una lluvia que dure días, que limpie cada país y gobierno de prohibiciones absurdas, que desate voces y libertades. Un aguacero que se lleve el miedo de los pueblos a reclamar sus derechos, que desate las ansias y las ganas de un futuro mejor para cada pueblo y cada hombre. Un torrente de agua que nos ponga a todos de pie, que una nuestras manos en un reclamo mundial, que borre fronteras, diferencias. Una lluvia impredecible que escape a pronósticos, no quiero gobiernos con gigantescos paraguas y carteles prohibiendo salidas a la calle, ordenando a todos permanecer bajo techo. Lluvia inesperada, sorpresiva que moje y destruya títulos y decretos, que borre leyes totalitarias e impopulares, que imponga libertades y derechos. Señor, concédenos la lluvia necesaria, no demores.

Fotografia tomada de Google.