Eternamente, ¡Rosita!

Siempre insisto en la magia de La Habana, en su modo de regalarnos recuerdos y milagros; ciudad alucinante que se basta para guardar vidas y memorias y sorprendernos con regalos cada mañana, en cada rincón,  como girasoles floreciendo entre palmas y ceibas.

Me levanto temprano, enciendo el televisor, la brisa de la mañana refresca y anuncia un nuevo dia en La Habana de todos. Mi ciudad se las ingenia para darme un regalo especial; Rosita en la tv cubana, un recuento de algunos de sus muchos y mejores momentos. Una pincelada de su vida y su hacer, de emociones y aplausos, exitos y flores.

Algunos kinescopios que aunque en blanco y negro, su arte y belleza le dan color y renuevan. Eternamente, Rosita.

Un desfile de canciones y arte que se me antoja un recorrer mi vida de la mano de Rosita, un desfile de la alegría, una cita inesperada, de repente en la mañana . Su sonrisa siempre ha tenido la magia de borrar años; hoy al influjo de su arte, revivos momentos guardados en la memoria como tesoros de la vida.

Magia de amor, Mentiroso y otros mas que me van llevando por su arte y mi infancia. Recuerdo noches con la familia reunida toda, frente a un viejo admiral. Mami fregando apurada para no perderse un minuto con Rosita,  nosotros luchando por un mejor puesto, papi en su intocable butacon, piropeando a Rosita,  extasiado en su belleza.

 El recorrido por su extenso e intenso hacer,  cierra con dos números cumbres en su hacer.  El comediante en el Guzmán,  con el teatro inmenso de la Habana de pie, aplaudiendola y aclamandola, como aclaman los  pueblos a sus diosas. Siboney en el festival internacional de Varadero,  Rosita de blanco, juvenil,  bella y cubanisima recreando la canción y obligando a una enorme ovación. Aún recuerdo al dia siguiente, al llegar de la escuela, a mi hermana menor, con un grupo de amigos, comentaban emocionados la belleza y la actuación de Rosita. Asi ha sido siempre Rosita, vencedora del tiempo, sin final,  ganándose el aplauso de nuevas generaciones, de todo un pueblo; ese es su misterio, su magia y hechizo.

El nombre de Rosita en la televisión,  su arte y belleza se me antoja  símbolo y emblema de nuestra cultura.  Recuerdo sus recitales en el Amadeo Roldan, su La Fornes tridimensional, que durante semanas desbordo el teatro inmenso de La Habana, sus actuaciones en el Musical y en el Lorca.  Su historia, es la historia de nuestros teatros, de nuestra televisión, de casi un siglo de nuestra cultura que Rosita prestigia e ilumina, es eternamente,  ¡Rosita!

Fotografías tomadas de la pagina de Alfredo Alvarez. 

Una Rosa en la intimidad.

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No se embullen con el título que no voy a develar secretos íntimos sobre Rosita. Solo quise jugar con la invitación que recibí el viernes en la noche para asistir a una cena íntima con Rosita Formes. Solo asistirían las personas vinculadas de un modo u otro a las actividades de Rosita en la ciudad en el mes de febrero, en ocasión de su cumpleaños. Será algo muy íntimo, me dijeron.

Como tantas veces, La hacienda, la casa de Alfredo y Jose, abría sus puertas para recibir amigos e invitados a una noche especial, a su voluntad y esfuerzo, agradecemos esta noche. Siempre le digo a mis amigos que compartir con Rosita, es una suerte de privilegio. Ella nos permite ser parte de la historia, de su historia, que es nuestra, de todos los que la amamos y queremos.

Converse con ella, volvió a agradecerme mi escrito, me conto anécdotas de su vida. A pesar de nuestros múltiples encuentros, siempre le queda algo por decir. Su vida artística de 75 años es todo un tesoro de hechos y esfuerzos, de hitos y glorias. Junto a ella, compartieron la noche, su hija, algunos de los artistas-amigos que la homenajearon en The Place of Miami y los más cercanos amigos y admiradores. Todos con un propósito, regalarle unas horas de felicidad a una Rosa sin final, hacerla feliz. Esa voluntad y acción, multiplica la alegría de los que la quieren y aman.

Más allá de las interminables sesiones de fotos, de sus historias, de mimos y halagos, la magia de la noche estuvo en el amor, en hacer revivir recuerdos e inventarnos escenarios y momentos que la hicieron soñar. Momentos que lograron borrarle años y penas, que la hicieron reír y evocar.

Malena Burke, Annia Linares, Lourdes Libertad, Samuel Calzado y Mimí Pérez Michel, improvisaron una descarga-homenaje a Rosita. Hicieron dúos con ella, le regalaron canciones, hasta la hicieron guarachear en reafirmación absoluta de su burlarse del tiempo, ella le hace guiños y termina seduciéndolo. En sus palabras de agradecimiento Rosita reafirmaba cuanto significa para ella el amor y el aliento de todos los que la queremos; “por ustedes estoy viva”, dijo emocionada, mientras años y dolencias se batian en retirada, sin fuerzas para enfrentarse a tanto amor.

Un momento especial fue cuando su fiel amigo y admirador, Robertico, le regalo un popurrí de algunos de sus éxitos, demostrando que es, sin dudas, su mejor imitador. Créanme que disfrutaba de su actuación y a la vez no me perdía las expresiones de la cara de Rosita, que reía y revivía momentos, que disfrutaba su actuación a plenitud. Little Jose, nuestro imitador de las estrellas, le regaló una de sus imitaciones, que Rosita y todos nosotros disfrutamos y aplaudimos.

La noche terminaba, los amigos y Rosa, se despedían y en el aire quedaban las ganas de celebraciones multiplicadas, de homenajes próximos, del seguro y esperado siglo con Rosita. Imagino dentro de ocho años, una noche similar, con Rosa sonriente y feliz, sonriendo y retando al tiempo, haciéndose eterna en el amor.

Rosita, una noche intima

Fotografias de Alfredo y Jose y Robertico Morales.

Una Rosita que vence al tiempo con sonrisas y aplausos.

Rosita, 92
Como siempre, como hace más de 75 años, basta su nombre en cartelera para convocar amigos y admiradores, para garantizar locales desbordados de públicos, aplausos y ovaciones. Rosita cumple años y los cubanos de esta otra orilla, lo celebramos junto a ella, disfrutando de esta suerte de ser parte de su historia, de nuestra historia.

Rosita pertenece a esa rara raza, en extinción, de artistas plenas, de esas que no necesitan estudios de grabación que le arreglen agudos y notas, ni padrinos poderosos para triunfar. Esa raza de artistas con mayúsculas, con atributos suficientes para arrancar aplausos a públicos y críticos. Se basta sola para imponerse en cualquier escenario y género. Lo ha demostrado en una larga carrera que suma aplausos de 4 generaciones de cubanos que la siguen y la hacen suya, que se dejan seducir por su arte y encanto, burlándose de años y de absurdos.

Hace aproximadamente un año en una de mis visitas a su casa en La Habana le dije que pronto celebraríamos “el siglo de Rosita”, me miro, sonrió y con su asombro de niña grande me dijo; un siglo, no, ¡te imaginas cumplir 100 años! Ambos reímos seguros que un siglo con Rosita es, sin dudas, un siglo de nuestro arte, de lo mejor de nuestros teatros. Un siglo de pasear todos los géneros por los escenarios de una Isla que la hizo suya. Es cierto que nació en New York y que a diferencias de muchos de nosotros, su ciudadanía americana es por nacimiento, no por naturalización, pero es cubana, nuestra, cubanísima, diría yo. Ha conservado en su casa, aún en momentos que las religiones eran condenadas, una imagen de La Caridad del Cobre. Cachita la bautizo con mieles y girasoles y la hizo cubana, la vistió con batas cubanas y la lanzo al mundo y a la gloria. El viejo Lázaro le agradece sus actuaciones, en pleno esplendor de su carrera, para los enfermos del Rincón, su darse a todos, sin esperar nada a cambio, solo amor. Un pueblo entero la ama y dice, nuestra Rosita, burlándose de actas de nacimientos y ciudadanías, de intentos de ostracismos y prohibiciones, a ambos lados del mar.

Coincidir en tiempo y espacio con Rosita Fornés, ser parte de esa suma de aplausos y bravos, decirle de una forma u otra; te queremos, es sin dudas un privilegio, un regalo. Nos quedan 8 años para cumplir el siglo de Rosita. Me imagino al Teatro García Lorca, al Martí, al Amadeo Roldan, disputándose entre ellos el homenaje central de esos 100 años de gloria y arte. Muchos teatros de provincias, como el Terry y La Caridad, dirán ¿y nosotros que? ¡Rosita también es nuestra! Ella nos pertenece a todos, lo sabe y disfruta. En Miami, esa fiesta del siglo de Rosita será, por derecho propio, en The Place of Miami, que bien puede reclamar como nombre; ¡El Lugar de Rosita!

A su fiesta de cumpleaños asistieron admiradores, amigos y compañeros de trabajo. Todos quisieron dejar constancia de su amor y agradecimiento, aportar su granito de arena y decirle al oído, te queremos y mucho. Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez entre muchos, se sumaron a este homenaje que fue un desfile del buen arte y el saber hacer. Un espectáculo que se extendió en el tiempo, pero que nadie quería que terminara. La magia de La Fornés, vencía una vez más al tiempo

Rosita, nos regaló 3 canciones y el público la aplaudió con el alma, recuerdos y emociones. Un bravo enorme estremeció a The Place of Miami, al finalizar su actuación. Nos quedamos, como siempre, con ganas de mas, alguien grito desde el público, ¡Balada para un loco! Los locos somos nosotros que no nos resignamos a un adiós de Rosita y la hacemos volver, una y otra vez, incansable y hermosa.

Desde el saloncito VIP de The Place of Miami, miraba a Rosita deleitarse con las canciones que le regalaban, disfrutar halagos y piropos, recibir regalos y flores. Les confieso que me asombra su fuerza, su no darse por vencida, su hacer al tiempo y los años sus admiradores. Su sonrisa tiene el raro encanto de borrar años y penas. Basta una sonrisa y vuelve a ser joven; es su misterio, su encanto, su secreto y magia. Rosita no se cansa de ser bella, de ser una Rosa sin final. La mantienen viva, la alientan en su acción e intento, el amor de 4 generaciones de cubanos que a fuerza de aplausos y bravos, de te quieros y piropos la atamos a la vida y los escenarios, iluminando nuestra escena, como un gigantesco arco iris de rosas multicolores. Nuestra estrella, La Fornés, cumple años y a un lado y otro de este mar, un pueblo le dice; gracias por existir, por ser nuestra y desde ya prepara flores, presentes y ganas para celebrar la llegada de ¡un siglo con Rosita!
rosita cumpleaños, The place of Miami

Fotografias cortesia de Robertico Morales

Un destierro, una isla y pertenencias.

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Si una mañana, una voz tronante me dijera; recoge lo imprescindible, vas para una isla lejana, solo.
Si amaneciera convertido, sin saberlo o merecerlo en un Robinson del siglo 21.

Si solo tuviera unos minutos para recoger y llevar recuerdos necesarios, objetos y presencias que hicieran soportable mi destierro, ¿Que llevar conmigo a la carrera, qué tomar y apretar contra mi pecho en noches frías, solitarias?

Una foto inmensa de mi madre, sus te quieros, sus palabras de aliento, su alegría. Su certeza de que todo estará bien, mientras el amor exista.

Algún que otro de mis escritos para repasarlos y mejorarlos en soledades duras y desiertas. Llevaría plumas y hojas en blanco. Acumularía historias y experiencias, en frenesí de letras y de musas. Los guardaría en un sobre inmenso, sobre él escribiría, Desde el destierro.

Pediría, de ser posible, plantaran en la isla un par de palmas, una ceiba, girasoles. Me gustaría llevaran colibríes, tocororos, un perro. Una cotorra, para escuchar palabras, aunque sean las mías repetidas.

Llevaría conmigo un par de olas rompiendo contra el muro de la Habana, su fuerza, su olor, su espuma blanca. Un rayo de sol de un amanecer en mi Habana, una brisa de verano, dos lunas llenas.

Guardaría fotos y palabras de amigos, sus abrazos, sus promesas de verme pronto, sin importar destierros, lejanías. Mis amigos no soportarían estar sin verme, romperían las reglas del destierro.

Para protegerme de fríos y tormentas, una inmensa bandera tricolor. Su estrella alumbraría las noches más oscuras, asegurando amaneceres y retornos.

No llevaría ropas ni relojes, andaría desnudo por la isla. Vestido de recuerdos y de sueños, soportaría fríos e inclemencias.

Unos libros de Martí, Loynaz, Arenas. Unos discos de Elena, Pablo, Ivette. Un fouetté de Charìn, una Rosa en su esplendor y su belleza.

Un beso de amor, un buen orgasmo, para noches de ganas y abstinencias.

Hasta una balsa, por si una noche me crecen las bolas que no tuve en los 90s y me hago balsero y me libero.

Un saco enorme de café, que me alcanzara para colar cada mañana la esperanza. Poder tomarme mi café, sorbo a sorbito, mientras me digo; esto termina pronto. Mi madre, mis amigos, hasta La Habana, vendrán muy pronto a rescatarme. No temen a poderes absolutos, a voces tronantes o decretos, el amor los alienta y los sostiene, se bastan para rescatarme o venir a quedarse conmigo para siempre.

¡Estos quince de Florita, se tienen que celebrar!

Luis Carbonell, el acuarelista
Florita, entra en la casa llorando y gritando.
-Mamá, mamá, hay que suspender la fiesta de mis quince, sin él, nada será igual.
-Mira mi hijita, si alguien dijo que “los quince de Florita se tienen que celebrar” fue él. Celebrártelos, es el mejor homenaje que podemos rendirle. Si hasta hablo con la Aragón y van a venir a tocar, todo lo dejo planeao. La Fornés, te va a prestar el vestido para el vals, el mismito se lo pidió y hasta tu turno pa’l dentista te consiguió. No mi hijita, tus quince van. Serán como un arcoíris en La Habana, ¡una acuarela!
Mi hijita “¿y tu abuela donde esta?” debe estar arreglándose esas pasas pa’ lucir regia en tu fiesta. Cuando sepa la noticia va a llorar y va a gritar ellos eran muy amigos. El fue quien le consiguió que ella bailara en la comparsa Las Bolleras. De joven estaba loca por ser “comparsera” y el movió cielo y tierra hasta que la complació y dicen que había que verla arrollando por Prado; la vieja era tremenda de joven. A su madre le dio un ataque, pero no pudo evitarlo, termino aplaudiéndola a rabiar y esperándola bailando; eso lo llevamos todos en la sangre.
-Mamá, voy a casa de “la negra Fuló”.
-Si mi hijita, dile que después paso por allá y que no se olvide de la fiesta, tenemos que estar todos, así lo haremos feliz.

Florita llega a casa de la negra Fuló, la puerta está abierta, entra sin tocar, en un sillón con las pasas revueltas y luciendo un “Refajo marañón”, Fuló, llora sin consuelo.
-Se me fue mi negrito, se me fue, dijo entre sollozos cuando vio a Florita, “Se me murió mi negrito, Dios lo tenía dispuesto, ya lo tendrá colocao, como angelito del cielo”.
-Si Fuló, es duro, pero palante, pa mí, “el negrito esta dormio”, la gente como él, nunca se muere del todo. Muchos estamos “en trance”, pero creo que hay que recordarlo con rumba y alegres, no con llantos, mi mamá me lo dijo. No faltes a mis quince que de todas maneras, se van a celebrar.
-Tienes razón Florita, avísale a “la negra Asunción” ello lo quería mucho, debe estar desconsolá.
-Si les avisare a todos, no faltara nadie. Hasta Cristina ira, aunque dicen que sigue con “la alergia, esa alergia que camina”, espero que siga los consejos de Narinacea y este bien pa’ la fiesta.

Florita llega a su casa, su mamá se mece en el sillón con la mirada perdida en los recuerdos.
-Florita tengo “el problema resuelto”; “Madeimoselle Mercé”, la bailadora de bembé, la que se hace la francesa, llamo para decirme que el buffet va por ella. Dice que es lo menos que puede hacer. Me aclaro bien que no quiere a nadie vestido de negro ni con lloriqueos, muchos colores y risas, como le gustaba a él.
-Mamá, voy a llamar a Mariana.
Florita coge el teléfono, marca el número, habla bajito con su amiga Mariana. Su madre trata de escuchar algo, solo alcanza a oír el final de la conversación.
-“Espabílate Mariana que te me vas a quedar”.

Llego el día de los quince de Florita y nadie falto a la fiesta. Hasta la Habana llego, con su bata de colores, su pelo al viento y un ramo de girasoles y mariposas en las manos. Cuentan los que allá estaban que después del vals, un negro saco un cajón y en cuanto el cajón sonó, todos salieron bailando, esa “rumba de cajón”. Iban por el Malecón, priquitipu, priquitipu, pu, pu y al frente de la rumba, del brazo de la hermosa Habana, iba él, con su camisa de vuelos, diciendo a gritos, ¡Hasta siempre!
luis carbonel

Fotografias cortesia de Marvin Jui-Pérez

Una Rosa vencedora del tiempo.

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En cada viaje a La Habana, siempre reservo un par de horas a visitarla. Mi viaje, estaría incompleto si no pasara a saludarla, a deslumbrarme con su sonrisa y reflejarme en sus ojos que juegan a confundirse con el mar. Desde aquella tarde que a pedido de un amigo común fui a visitarla en el cuarto de un hospital, su casa es un punto obligado en mi recorrido por mi ciudad y mis recuerdos. Cada minuto junto a ella, se convierte en un tesoro en el recuerdo.

Hace días que me dije; vas a ver a Rosita y no tienes un nuevo escrito que leerle, ¿Vas a aparecerte con las manos vacías? ¿Te perderás el privilegio de verla soñar mientras le lees? Me la imagino abriéndome la puerta de su casa y mirando mis manos vacías, sin una sola palabra que regalarle. Esta noche, sin apenas tiempo, me decidí a unir palabras que pudieran arrancarle suspiros y risas, no sé si lo logre, les cuento a mi regreso.

Puedo dejar de visitarla en su estancia en Miami, le sobran los amigos que la visitan, que se sientan junto a ella a escuchar sus historias, a disfrutarla, mi presencia no le es imprescindible o necesaria. Tiene muchos amigos y admiradores en esta orilla, tantos que una noche un grupo de ellos nos reunimos en un teatro de Miami y le regalamos una de las ovaciones más grandes que esta orilla recuerda. Allá en La Habana, el pueblo la ama de un modo especial y cubanísimo, la convierte en símbolo. Rosa, vive alejada del centro de la ciudad, a muchos les es difícil visitarla, el transporte, la lejanía, ponen un límite a sus visitas. Ella es una rara flor que necesita palabras y amigos cercanos, para nutrirse y alentar a su influjo; para existir. Sé que mi visita le es más necesaria en esa otra orilla y me doy el gusto de disfrutarla en familia, con mi madre al lado. De aportar mi granito de arena en mantener a Rosa eterna y vital, vencedora del tiempo y designios.

Recuerdo la frase de una amiga refiriéndose a Rosita; “lo que más admiro de ella, es que es una sobreviviente”, es cierto. Rosita, ha sobrevivido al tiempo y a problemas, los ha vencido. Supo reinventarse más de una vez y sin dejar de ser, ser más luz y más flor.
Sí, no tengo dudas, Rosita es una sobreviviente, no solo por su larga vida, por su fuerza para luchar, estar y continuar. Es una sobreviviente porque ha logrado ganarse el corazón de un pueblo y habitar en él, por más de 3 generaciones; esa es la acción suprema de sobrevivencia. Cuando un artista lo logra, vive para siempre, en esa memoria colectiva que la hace suya, borrando finales y retiros. Para muchos Rosita, sin proponérselo es la Giraldilla de varias generaciones de cubanos; su sonrisa apunta siempre al futuro, a sueños por realizar. Es una mezcla rara de mito y flor, sueños y hechos, pasado y futuro. Decidida a continuar eterna y vital en el corazón de su pueblo, vive y renace en cada aplauso, en cada halago o piropo, a su influjo adquiere matices de eternidades.

Faltan 9 años para celebrar el siglo de Rosita, de una Rosa vencedora del tiempo y dificultades, sin final. Una Rosa que se ha hecho eterna en el amor de un pueblo que la hizo suya y la mantiene vital y sonriente, dispuesta desafiar el tiempo con una sonrisa o un destello de sus ojos. Se imaginan mi escrito; ¡Un siglo con Rosita! Esa fiesta, en La Habana o Miami, no me la perderé por nada; ¡Lo prometo!

Un almuerzo entre amigos, recuerdos y sueños.

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Llevaba tiempo planeándolo, dándole vueltas a la idea. Un lunes se levanto decidido; ¡Este sábado será el almuerzo con todos mis amigos!

Cuando a Jose, se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta lograrlo. Envío mensajes de texto y por Whatsapp, emails, hizo llamadas telefónicas. Se comunico con amigos en Paris, Barcelona, New Jersey, Hialeah, Canadá, Bruselas, Suecia y un montón de países y ciudades más. Armó un arroz con mango de anjá, pero estaba resuelto, esta reunión de amigos en el patio de la casa de Alfredo y The little Jose, seria histórica.

A todos los amigos les dijo bien claro que cada uno tendría que llevar un plato especial, algo que le gustara y que estuviera vinculado a su vida, a sus recuerdos. Todos pasaron la semana en los preparativos, algunos sacando pasajes y haciendo reservaciones en hoteles, mientras pensaban en que plato llevar a la reunión, otros buscando ingredientes, alistándose para el esperado almuerzo.

Jose, llamo a su mamá en La Habana para pedirle consejo.
– Haz un picadillo con pasitas, aceitunas y papitas picadas en cuadritos fritas, de postre un flan con mi receta personal, recuerda no agregarle azúcar, con la de la leche condensada basta.
– Gracias mami, un besote, te llamo el domingo para contarte del almuerzo.

Hiram, no se preocupo mucho, compró 4 paquetes de chuletas de puerco en Publix. No quiso complicarse, después se decidió por hacer un potaje de garbanzos de esos que él hacia imitando la sazón de Concha, la mamá de Jose. Recordó la primera vez que lo probó y le supo a gloria.

María de Jesús, preparo una ensalada sueca idéntica a esa que hizo el día de su cumpleaños en el 2011, cuando conoció a Jose e Hiram y juntos comenzaron a “cocinar” su primera presentación ante el público de Miami.

Higinio, pidió la ayuda de su mamá, juntos hicieron una fuente enorme con croquetas idénticas a las que hacia María Elena en La Habana, cuando él y su hermano eran niños. Esas croquetas sirvieron, en su momento, para mucho más que servirlas en la mesa. Hacerlas juntos los hizo revivir esos años en que, enfrentaron dificultades y las vencieron.

Así todos pasaron la semana ocupados en los preparativos, muchos guardaban celosamente el secreto sobre el plato que llevarían; no querían competencia, querían deslumbrar a los demás cuando mostraran su plato.

Llego la tarde del sábado. Jose, fue el primero en llegar a casa de Alfredo y Little Jose, fue directo al patio. Una mesa enorme ocupaba casi toda el área, coloco su fuente con el picadillo que su mamá le habia enseñado a cocinar sobre la mesa y guardo su flan en el refrigerador, lo sacaría a la hora de los postres. De uno en uno, en grupos de 2 o de 3 fueron llegando todos. No faltó nadie.

Lourdes trajo una cazuela enorme con un delicioso arroz con pollo, al destaparlo, un fuerte olor a barrio habanero, a comida del domingo en familia, inundo el patio. Todos se quedaron en silencio, disfrutando ese olor que los transportaba a La Habana y a otros tiempos. Montse, vino directo del aeropuerto, traía una tina de helado de mandarina y una cazuela con fabada, sabia que era uno de los platos obligados que Jose pedía a su mamá en sus viajes a La Habana, lo coloco sobre la mesa, lo destapo.
– Pruébalo Jose, dime si te recuerda algo.
– Parece que lo hizo mami, ¿Como lo lograste?
– La llame, ella me dijo como hacerlo, quería sorprenderte.
Se dieron un abrazo largo e intenso, un abrazo que se debían hacia años, esperado y necesario, imprescindible.

Samuel llego, puso sobre la mesa una fuente con jamón ibérico y corrió a bajar el piano eléctrico del auto, después del almuerzo cantaría algunas canciones junto a otros invitados y los acompañaría al piano. María de Jesús e Hiram, llegaron juntos, colocaron sus platos sobre la mesa y se pusieron a conversar con Samuel, planificando la sobremesa musical.

Margarita llego agitando pulseras y riendo a carcajadas, destapo su cazuela de caldo gallego antes de ponerla en la mesa.
– Huelan esto, me quedo especial.
Todos se deleitaron en ese olor, se extasiaron en recuerdos e historias convocadas a su influjo. Jose, viajo en el tiempo en alas de ese olor, recordó cuando su mamá lo hacia allá en La Habana, se lo daba a probar y él solo decía; ¡Exquisito!

Sobre la mesa había una variedad de platos capaz de satisfacer al gusto más exigente. En el patio una mezcla de olores revivían infancias y hogares, nostalgias y alegrías. Magda llego con las primitas recién estrenadas, cada una traía algo, pastas, papas rellenas, mermelada de guayaba, ella cargaba orgullosa y nostálgica una fuente con frituras de malanga. Jose, no pudo resistirse y cogio una.
– En mi primer almuerzo en La Habana, cada vez que voy, mami me hace frituras de malanga, este sabor me trae la alegría del encuentro, de sus besos, vuelvo a sentir la felicidad de ese momento. Sus lágrimas cayeron sobre la fritura de malanga dándole un gusto especial, un toque mágico.

Daniela y Mirka llegaron juntas, ambas traían una cazuela enorme con tamal en cazuela, pesaba tanto que tuvieron que pedir ayuda para ponerla en la mesa.

– Jose dale ayúdanos, para algo tiene que servirte hacer pesas todos los días.
Entre Jose y Javier levantaron la enorme cazuela, mientras Luis, hacia espacio en la mesa para ella.

Bárbara, llego con su hijo, orgullosa y feliz, traían una fuente inmensa de spaghetti, idénticos a esos que vendían en la esquina de Tejas cuando estudiaba en la secundaria. Puso la bandeja en la mesa, abrazo a Jose.
– Créeme que volví a ser adolescente mientras los hacia, cuando los pruebe, sentiré la risa y las voces de mis amigos de esos tiempos, volveré a andar por la esquina de Tejas.

Jorge, se apareció con una fuente enorme de frijoles negros y un montón de flautas de pan cubano recién horneado. Coloco todo sobre la mesa, abrazo a sus amigos.
– Que trabajo me costo decidirme, no sabia que hacer, toda la comida cubana me recuerda a nuestra islita, saben que yo extraño a Cuba y ustedes ¡también!

Miriam, se apareció con unas judías fritas, Jose se extasío mirándolas.
– Si supieras, mami acostumbraba a hacerlas, hija de españoles, crecimos comiendo fabadas, muñetas, garbanzos fritos y caldos gallegos, ¡Cuantos recuerdos! Gracias, se ve muy rica.

Gino, contradictorio y ocurrente, trajo una fuente de tostones. Gabriela, Carlitos y Henry, se pusieron de acuerdo y llevaron arepas y hayacas. En un intento de traerse su Venezuela a Miami y compartirla con nosotros. Iliana, trajo una cazuela con moros y una fuente con fricase de guanajo, tal y como su abuela lo hacia. Mirta se apareció con una cazuela de arroz blanco y una fuente con huevos fritos.
– No traje el picadillo porque sabía que tú ibas a hacerlo, hoy voy a darme banquete. Como saques un batido de proteínas, ¡Te mato!
Todos rieron, seguros que esa tarde nadie calcularía calorías y todos olvidarían las dietas.

La Fornés, llego con Robertico y Colina, traía una fuente con colas de langosta.
– Cada vez que me he presentado en The Place, es el plato que me han ofrecido, me recuerda mi reencuentro con mi público fiel, mis amigos, los aplausos de Miami.

Higinio, llego con su mamá, Albert, su hija y María Antonieta, todos lo ayudaron a freír la barbaridad de croquetas que habían preparado.

Joaquín, se bajo del taxi todo sudado y agitado.
– Termine una conferencia y cogi el avión directo para Miami, solo tuve tiempo de pasar por “El palacio de los jugos” y comprar unos tamales. Ya se que jamás son como los de Cuba, pero todos dicen que son los que mas se les parecen.

Guille, Gabriel, Deiss, Charisse, Alfredo, Radel, Esperanza, Ariel, Tania, Bris, todos fueron llegando y colocando sus platos especiales sobre la mesa. Todos aportaron su plato y sus recuerdos a esa reunión de amigos.

Kleber, llevo carne e’ puerco preparada por él y su mamá. Haciendo gala del titulo que Jose le había dado, de ser el más cubano de todos los ecuatorianos conocidos.

Jose, saludo a todos, a muchos los conocía solo por la magia de la Internet. Allí estaban Tony, Fregny, Zenaida, Lissete y un montón más de amigos, ninguno falto a la cita.

Antes de comenzar el esperado almuerzo, todos se tomaron las manos alrededor de la mesa, disfrutaron esas mezclas de olores que los hermanaba en el pasado y aseguraba el futuro. Sobre la mesa, había fuentes con moros, cazuelas de potajes, negros, colorados, garbanzos, judías, carnes de todos tipo, cocinadas de casi todas la maneras posibles, arroz blanco, amarillo, frito, ensaladas, tamales, chicharrones de puerco, croquetas, papas rellenas, mariquitas, un montón de postres, desde torrejas hasta buñuelos. El enorme patio de la casa resulto pequeño de pronto, al influjo de olores y sabores, madres, abuelas, tías y hermanas ausentes, se hicieron presentes, fue una fiesta de recuerdos y sueños. Por unos minutos vivimos sin ausencias, sin partidas ni lejanías. Todos quisieron compartir ese almuerzo especial que más que una fiesta del paladar, se convertía en un torbellino de recuerdos, una celebración de momentos especiales, una fiesta de sentimientos que multiplicaba la alegría y la vida.

Comenzaron a comer entre lágrimas y sonrisas, abrazos y besos. Sonreían a la vida, olvidaron problemas, cuentas por pagar, asuntos pendientes. Compartir entre amigos y recuerdos, con ausentes y presentes, tener a lo mejor de nosotros al alcance de la mano y disfrutarlo entre hermanos, hace crecer la felicidad, ensancha pechos y adelanta mañanas con arco iris y carcajadas resonando estrepitosamente en el Caribe, multiplicadas en cada rincón de nuestra Islita.

Sin dudas ninguno olvidaría este almuerzo especial entre amigos, recuerdos y sueños. Un almuerzo así, alimenta mas el alma que el cuerpo, todos lo sabían. Mientras disfrutaban de las canciones de los artistas presentes, acordaron repetir la reunión cada año, seguros que alguna vez, el almuerzo seria en La Habana, tal vez en la Plaza Vieja, con banderas al aire y palomas volando. Todos sabían que ese almuerzo, llegaría, seguro y necesario.